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"Soy un hombre de armas, un guerrero, scout. Paradójicamente, al único de mi especie que admiro, empuñó solamente la palabra, su técnica fue la humildad, su táctica la paciencia y la estrategia que le dio su mayor victoria fue dejarse clavar en una cruz por aquellos que amaba".

Desde La Trinchera Del Buen Combate en Argentina. Un Abrazo en Dios y La Patria.

30 de mayo de 2017

PATRIA, PATRIOTISMO Y NACIONALISMO. MEMORIA E IDENTIDAD - San Juan Pablo II.

“A LA MADRE NO SE LA VENDE, NO SE LA PUEDE VENDER… Y TAMPOCO A LA MADRE PATRIA”. 
“En la escuela nos enseñan a hablar de la Madre Patria, a amar a la Madre Patria. Aquí precisamente se enraíza el sentido patriótico de pertenencia: en el amor a la Madre Patria”. En ese sentido, señala que “Los argentinos usamos una expresión, atrevida y pintoresca a la vez, cuando nos referimos a personas inescrupulosas: "Éste es capaz de vender hasta la madre". Pero sabemos y sentimos hondamente en el corazón, "Que a la madre no se la vende, no se la puede vender… y tampoco a la Madre Patria”. (Carta del PAPA Francisco - Mensaje por el Bicentenario de la Independencia Argentina (08/07/16)).
Este monumento, diseñado por Yevgueny Vuchetich, tiene el nombre completo de “¡La Madre Patria llama!” (Rodina Mat' Zovyot!).
LA PATRIA
Patria hace referencia, subjetivamente, al pasado, es decir, a la tierra de los padres y de las generaciones que nos han precedido, y, objetivamente, al patrimonio, es decir, al caudal o herencia material, cultural y religiosa que de ellos recibimos.
La Revelación (Sagradas Escrituras) nos enseña que nuestra Patria definitiva es el Cielo. Y para llegar a tal meta, debemos arraigar en un marco geográfico determinado, donde resulte posible vivir según una tradición, un patrimonio de valores, recuerdos, costumbres, para cumplir un destino propio. Lo telúrico y la misión o empresa que tiene frente a sí una comunidad responden a las exigencias de nuestra naturaleza, sensible y espiritual. Ésta es la razón por la cual el hombre necesita una Patria, que es objeto de amor espontáneo. (Padre Leonardo Luis Castellani (Santa Fe 16/11/1899 - Buenos Aires 15/03/1981))

DEFINICIÓN DE PATRIA
La Patria (del latín patria, familia o clan > patris, tierra paterna > pater, padre)
La patria es la tierra natal o adoptiva que está ligada a una persona por vínculos afectivos, jurídicos y/o históricos. La patria puede ser, por lo tanto, el lugar de nacimiento, el pueblo de los ancestros o el país donde un sujeto se radicó a partir de un cierto momento de su vida.
Por ejemplo: “Vivo desde hace quince años en Australia, pero mi patria es Colombia”, “Los anarquistas se consideran hombres del mundo y afirman que no tienen patria”, “Un soldado debe estar dispuesto a dar su vida por su patria”.
En otros casos, la patria es más bien un acervo cultural e histórico compartido por personas que pueden estar separadas desde el punto de vista geográfico. Este sería el caso de la patria gitana, que no tiene un centro físico.

MADRE PATRIA
Se denomina a la nación que dio origen a otra, sea que se trate del lugar físico en el que nació o bien del país desde el cual partió un grupo de inmigrantes para conquistar un nuevo territorio. Asimismo, este término puede servir para referirse a la relación de tipo político, cultural e histórico que hay entre las naciones colonizadoras y sus colonias. Cabe mencionar que se trata de un concepto que no forma parte del habla cotidiana, sino que suele encontrarse principalmente en contextos académicos.
Así como ocurre en varias regiones de Latinoamérica, es común que el término madre patria siga teniendo vigencia años, décadas e, incluso, siglos después de la independización de un país. En Argentina, por ejemplo, muchas personas se refieren a España de este modo.

LAS PATRIAS
En cuanto suponen un patrimonio natural y moral, de especialísimo valor en aquellas que han sido conformadas por el cristianismo, deben ser defendidas a toda costa.
San Miguel Arcángel alentó a Santa Juana de Arco en su lucha por la piedad del reino de Francia, y la Iglesia calificó de Cruzada la guerra de Liberación Nacional de 1936 a 1939, en la que se libró "a toda costa" un duro combate por Dios y por España.

EL AMOR A LA PATRIA
Viene exigido y está embebido en el cuarto mandamiento, que nos obliga honrar al padre y a la madre; y Jesús, llorando sobre Jerusalén, revela cuán profundamente amó a la suya de la tierra el que era a un tiempo la Verdad y Maestro de la Verdad, Hijo de Dios e Hijo del hombre.

SANTO TOMÁS
La religión como virtud se dirige a Dios, "La piedad se dirige a la Patria, porque ésta es, respecto de nosotros, un cierto principio de nuestro ser"

SAN AGUSTÍN
Nos describe la línea, ascendente, jerárquica y ortodoxa del amor a la Patria: "Ama siempre a tus prójimos; y más que a tus prójimos, a tus padres; y más que a tus padres, a tu Patria, y más que a tu Patria, a Dios".

CONCEPTO DE PATRIOTISMO
Una forma de pensar que une fuertemente a una persona con su patria. Se trata de un profundo orgullo por formar parte de un territorio (tanto el natal como uno adoptivo) y equivale al sentimiento de apego y admiración por la propia familia. Es importante señalar que su uso no debería tener connotaciones negativas, dado que ser patriota no indica ser capaz de cualquier cosa por defender a la patria, sino sentir un fuerte lazo con sus rasgos culturales y con su historia.

EL PATRIOTISMO
"Es virtud cuando ese apego natural a lo propio entra en los ámbitos de la razón; y es una virtud moral perteneciente al cuarto mandamiento, cuando se ama a la Patria por ser "patria" o "paterna"; y una virtud teológica que ingresa en el primer mandamiento cuando además se ama a la Patria por ser una cosa de Dios; y así tenemos el patriotismo común y el patriotismo heroico, que poquísimos poseen hoy en día. Así siempre se puede amar a la Patria, por fea, sucia y enferma que ande; y así amó Cristo a su nación. La Patria es la tierra donde el hombre recibe una tradición, que da sentido a la vida y la orienta a la realización de una empresa común: le propone un ideal". (Padre Leonardo Luis Castellani (Santa Fe 16/11/1899 - Buenos Aires 15/03/1981))

DIFERENCIAS CLAVE ENTRE NACIONALISMO Y PATRIOTISMO
Tanto el nacionalismo como el patriotismo muestran la relación de los individuos con su nación. A menudo los dos términos son confundidos y se cree con frecuencia que se refieren a la misma cosa. Sin embargo, existe una gran diferencia entre el nacionalismo y el patriotismo.
En el patriotismo la gente expresa amor por su país de manera pasiva, mientras que el nacionalista se esfuerza por la independencia, los intereses y la dominación de su nación sobre otra y expresa su amor o preocupación por el país de una manera activa.
El nacionalismo no tolera críticas, mientras que el patriotismo las acepta y busca mejorar su país.

NACIONALISMO
Nacionalismo significa dar más importancia a la unidad por medio de la formación cultural, incluyendo la lengua y el patrimonio.
El patriotismo hace referencia al amor por una nación, con más énfasis en los valores y las creencias.
Cuando se habla de nacionalismo y patriotismo, uno no puede evitar la famosa cita de George Orwell, quien dijo que el nacionalismo es” el peor enemigo de la paz”. Según él, el nacionalismo es el sentimiento de que la patria propia es superior las otras en todos los aspectos, mientras que el patriotismo no es más que un sentimiento de admiración por la forma de vida de una nación. Estos conceptos muestran que el patriotismo es pasivo por naturaleza, mientras que el nacionalismo puede ser un poco agresivo.
El nacionalismo piensa solamente en las virtudes de un país y no en sus deficiencias. Además, puede sentir desprecio por las virtudes de otras naciones.
El patriotismo, por el contrario, valora las responsabilidades en lugar de valorar la lealtad hacia el propio país.
El nacionalista trata de encontrar una justificación a los errores cometidos en el pasado, mientras que el patriota permite a la gente entender las deficiencias y las mejoras de su país.

PATRIOTISMO
El patriotismo se basa en el afecto y el nacionalismo tiene sus raíces en la rivalidad y el resentimiento. Se puede decir que el nacionalismo es militante por la naturaleza y el patriotismo se basa en la paz.
La mayoría de los nacionalistas asumen que su país es mejor que cualquier otro, mientras que los patriotas creen que su país es uno de los mejores y se puede mejorar en muchos aspectos.

LOS PATRIOTAS
Los patriotas tienden a creer en las relaciones de amistad con otros países, mientras que algunos nacionalistas no.
Para los patriotas, la gente de todo el mundo son considerados iguales, pero para los nacionalistas sólo las personas que pertenecen a su propio país deben ser considerados como sus iguales.
Una persona patriótica tiende a tolerar la crítica y trata de aprender algo nuevo de ella, pero un nacionalista no puede tolerar ninguna crítica y considera que es un insulto.
Alegoría del Patriotismo (F. Pérez) en el Monumento a los Héroes del Dos de Mayo de Madrid (España).
MEMORIA E IDENTIDAD - PATRIA - PATRIOTISMO. Juan Pablo II
San Juan Pablo II
CONCEPTO DE PATRIA (Capítulo 11)
Después de la erupción del mal y las dos grandes guerras del siglo xx, el mundo se está convirtiendo cada vez más en un conjunto de continentes, estados y sociedades interdependientes, y Europa —al menos una buena parte de ella— tiende a ser una unidad, no sólo económica sino también política. Más aún, el ámbito de las cuestiones en las cuales intervienen los respectivos organismos de la Comunidad Europea es mucho más amplio que el de la simple economía y la política ordinaria. La caída de los sistemas totalitarios confinantes ha permitido a Polonia recuperar la independencia y abrirse al Occidente. Actualmente estamos ante la necesidad de definir la relación de Polonia con Europa y con el mundo.

Hasta hace poco se discutía sobre las consecuencias —beneficios y costes— de su ingreso en la Unión Europea. Se discutía en particular sobre el riesgo de que la nación perdiera su propia cultura y el Estado la soberanía. La entrada de Polonia en una comunidad más grande obliga a recapacitar sobre las consecuencias que esto podría tener en una actitud interior tan apreciada en la historia polaca como es el patriotismo. Guiados por este sentimiento, muchos polacos a lo largo de los siglos estuvieron dispuestos a entregar sus vidas luchando por la libertad de la patria y muchos la sacrificaron de hecho.
Según Usted, Santo Padre, ¿qué significado tienen los conceptos de «patria», «nación», «cultura»? ¿Cómo se relacionan entre sí tales conceptos?
La expresión «patria» se relaciona con el concepto y la realidad de «padre» (pater). La patria es en cierto modo lo mismo que el patrimonio, es decir, el conjunto de bienes que hemos recibido como herencia de nuestros antepasados. Es significativo que, en este contexto, se use con frecuencia la expresión «madre patria». En efecto, todos sabemos por experiencia propia hasta qué punto la herencia espiritual se transmite a través de las madres. La patria, pues, es la herencia y a la vez el acervo patrimonial que se deriva; esto se refiere ciertamente a la tierra, al territorio. Pero el concepto de patria incluye también valores y elementos espirituales que integran la cultura de una nación. He hablado precisamente de esto en la UNESCO, el 2 de junio de 1980, subrayando que, incluso cuando los polacos fueron despojados de su territorio y la nación fue desmembrada, no decayó en ellos el sentido de su patrimonio espiritual y de la cultura heredada de sus antepasados.

Más aún, estos se desarrollaron con extraordinario dinamismo. Es notorio que el siglo xix representa en cierta medida la cima de la cultura polaca. En ninguna otra época la nación ha producido escritores tan geniales como Adam Mickiewicz, Juliusz Sl-owacki, Zygmunt Krasin´ski o Cyprian Norwid. La música polaca no había alcanzado antes el nivel de las obras de Frédérik Chopin, Stanisl-aw Moniuszko y otros muchos compositores, que enriquecieron el patrimonio artístico del siglo xix para la posteridad. Otro tanto puede decirse de las artes plásticas, la pintura y la escultura. Es el siglo de Jan Matejko, de Artur Grottger y, entre el xix y el xx, aparecen Stanislaw Wyspian´ski, extraordinario genio en diversos campos, y después Jacek Malczewski y otros más. Y, ¿qué decir, en fin, del teatro polaco? El siglo xix ha sido el siglo de los pioneros en este campo.

Al comienzo encontramos al gran Wojciech Boguslawski, cuyo magisterio artístico lo han seguido y desarrollado otros muchos, sobre todo en el sur de Polonia, en Cracovia y en Lvov, ciudad en aquel tiempo en territorio polaco. Los teatros vivieron entonces su edad de oro; se desarrolló tanto el teatro burgués como el popular. No se puede dejar de constatar que este período extraordinario de madurez cultural durante el siglo xix preparó a los polacos para el gran esfuerzo que les llevó a recuperar la independencia de su nación. Polonia, desaparecida de los mapas de Europa y del mundo, volvió a reaparecer a partir del año 1918 y, desde entonces, continúa en ellos. No logró borrarla ni siquiera la frenética borrasca de odio desencadenada de oeste a este entre 1939 y 1945.

Como se puede ver, en el concepto mismo de patria hay un engarce profundo entre el aspecto espiritual y el material, entre la cultura y la tierra. La tierra arrebatada por la fuerza a una nación se convierte en cierto sentido en una invocación, más aún, en un clamor al «espíritu» de la nación. Entonces, el espíritu de la nación se despierta, se reaviva y lucha para que se restituyan a la tierra sus derechos. Norwid lo ha expresado de una forma concisa, hablando del trabajo: «[…] La belleza existe para fascinar el trabajo, el trabajo existe para renacer.»

Una vez adentrados en el análisis del concepto mismo de patria, conviene hacer referencia ahora al Evangelio. En efecto, en el Evangelio aparece el término «Padre» en labios de Cristo como palabra fundamental. De hecho, es el apelativo que usa con más frecuencia. «Todo me lo ha entregado mi Padre» (Mt 11, 27; cf. Lc 10, 22); «El Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que ésta» (Jn 5, 20; cf. 5, 21 etc.). Las enseñanzas de Cristo contienen en sí los elementos más profundos de una visión teológica, tanto de la patria como de la cultura. Cristo, como el Hijo que viene a nosotros enviado por el Padre, entra en la humanidad con un patrimonio especial. San Pablo habla de esto en la Carta a los Gálatas: «Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer […], para que recibiéramos el ser hijos por adopción […]. Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios» (Ga 4, 4-7).

Cristo dice: «Salí del Padre y he venido al mundo» (Jn 16, 28). Esta venida tuvo lugar por medio de una Mujer, la Madre. La herencia del eterno Padre ha pasado en un sentido muy real a través del corazón de María, y se ha enriquecido así con todo lo que el extraordinario genio femenino de la Madre podía aportar al patrimonio de Cristo. Este patrimonio es el cristianismo en su dimensión universal y, en él, la contribución de la Madre es muy significativa. Por eso se llama madre a la Iglesia: mater Ecclesia. Cuando hablamos así, nos referimos implícitamente al patrimonio divino, del cual participamos gracias a la venida de Cristo.

El Evangelio, pues, ha dado un significado nuevo al concepto de patria. En su acepción original, la patria significa lo que hemos heredado de nuestros padres y madres en la tierra. Lo que nos viene de Cristo orienta todo lo que forma parte del patrimonio de las patrias y culturas humanas hacia la patria eterna. Cristo dice: «Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre» (Jn 16, 28). Este retorno al Padre inaugura una nueva Patria en la historia de todas las patrias y de todos los hombres. A veces se habla de «Patria celestial», la «Patria eterna». Son expresiones que indican precisamente lo ocurrido en la historia del hombre y de las naciones tras la venida de Cristo al mundo y su retorno de este mundo al Padre.

La partida de Cristo ha abierto el concepto de patria a la dimensión de la escatología y la eternidad, pero nada ha quitado a su contenido temporal. Sabemos por experiencia, basándonos en la historia polaca, cuánto ha favorecido la idea de la patria eterna a la disponibilidad para servir a la patria temporal, preparando a los ciudadanos para afrontar todo tipo de sacrificios por ella, y sacrificios muchas veces heroicos. Lo demuestran elocuentemente los Santos que la Iglesia, a lo largo de la historia, y especialmente en los últimos siglos, ha elevado al honor de los altares.

La patria, como herencia del padre, proviene de Dios, pero en cierta medida procede también del mundo. Cristo vino al mundo para confirmar las leyes eternas de Dios, del Creador. Pero ha iniciado al mismo tiempo una cultura totalmente nueva. Cultura significa cultivo. Cristo, con sus enseñanzas, con su vida, muerte y resurrección, ha vuelto a «cultivar» en cierto sentido este mundo creado por el Padre. Los hombres mismos se han convertido en el «campo de Dios», como escribe san Pablo (1 Co 3, 9). De este modo, el «patrimonio» divino ha tomado la forma de la «cultura cristiana». Ésta no existe solamente en las sociedades y naciones cristianas, sino que se ha hecho presente de alguna manera en toda cultura de la humanidad. En cierta medida, ha transformado toda la cultura.

Lo dicho hasta ahora sobre la patria explica algo más profundamente el significado de las llamadas raíces cristianas de la cultura polaca y, en general, de la europea. Cuando se usa esta expresión se piensa normalmente en las raíces históricas de la cultura, y esto tiene ciertamente un sentido, puesto que la cultura tiene carácter histórico. La búsqueda de dichas raíces, por tanto, va acompañada por el estudio de nuestra historia, incluida la política. El esfuerzo de los primeros Piast, orientado a reforzar el espíritu polaco mediante la constitución de un Estado emplazado en un territorio concreto de Europa, estaba alentado por una inspiración espiritual bien precisa. Su manifestación fue el bautizo de Mieszko I y de su pueblo (966), gracias a la influencia de su esposa, la princesa bohemia Dobrava. Es notoria la gran incidencia que esto tuvo en la trayectoria de la cultura de esta nación eslava establecida a orillas del Vístula. Diverso rumbo tomó la cultura de otros pueblos eslavos, a los cuales el mensaje cristiano llegó a través de la Rus’3, que recibió el Bautismo de las manos de los misioneros de Constantinopla. Hasta hoy permanece en la familia de las naciones eslavas esta diferenciación, marcando las fronteras espirituales de las patrias y de las culturas. (Juan Pablo II. Memoria e identidad)
PATRIOTISMO (Capítulo 12)
De la reflexión sobre el concepto de patria nace una pregunta más. A la luz de esta profundización, ¿cómo se ha de entender el patriotismo?

El razonamiento que acabamos de hacer sobre el concepto de patria y su relación con la paternidad y la generación explica con hondura el valor moral del patriotismo. Si se pregunta por el lugar del patriotismo en el decálogo, la respuesta es inequívoca: es parte del cuarto mandamiento, que nos exige honrar al padre y a la madre. Es uno de esos sentimientos que el latín incluye en el término pietas, resaltando la dimensión religiosa subyacente en el respeto y veneración que se debe a los padres, porque representan para nosotros a Dios Creador. Al darnos la vida, participan en el misterio de la creación y merecen por tanto una devoción que evoca la que rendimos a Dios Creador. El patriotismo conlleva precisamente este tipo de actitud interior, desde el momento que también la patria es verdaderamente una madre para cada uno. El patrimonio espiritual que nos transmite nos llega a través del padre y la madre, y funda en nosotros el deber de la pietas.

Patriotismo significa amar todo lo que es patrio: su historia, sus tradiciones, la lengua y su misma configuración geográfica. Un amor que abarca también las obras de los compatriotas y los frutos de su genio. Cualquier amenaza al gran bien de la patria se convierte en una ocasión para verificar este amor. Nuestra historia enseña que los polacos han sido siempre capaces de grandes sacrificios para salvaguardar este bien o para reconquistarlo. Lo demuestran las numerosas tumbas de los soldados que lucharon por Polonia en diversos frentes del mundo. Están diseminadas tanto en la tierra patria como fuera de sus confines. Pero creo que una experiencia parecida la ha tenido cada país, cada nación, en Europa y en el mundo.

La patria es un bien común de todos los ciudadanos y, como tal, también un gran deber. El análisis de la historia antigua y reciente demuestra sobradamente el valor, el heroísmo incluso, con el cual los polacos han sabido cumplir con este deber cuando se trataba de defender el bien superior de la patria. Lo cual no excluye que, en determinadas épocas, se haya producido una mengua de esta disponibilidad al sacrificio para promover los valores e ideales relacionados con la noción de patria.

Ha habido momentos en que el interés privado y el tradicional individualismo polaco han hecho sentir sus efectos perturbadores.

La patria, pues, tiene una gran entidad. Se puede decir que es una realidad para cuyo servicio se desarrollaron y desarrollan con el pasar del tiempo las estructuras sociales, ya desde las primeras tradiciones tribales. No obstante, cabe preguntarse si no haya llegado el fin de este desarrollo de la vida social de la humanidad. El siglo xx, ¿no manifiesta acaso una tendencia generalizada al incremento de estructuras supranacionales e incluso al cosmopolitismo? Esta tendencia, ¿no comporta también que las naciones pequeñas deberían dejarse absorber por estructuras políticas más grandes para poder sobrevivir? Se trata de cuestiones legítimas. Sin embargo, parece que, como sucede con la familia, también la nación y la patria siguen siendo realidades insustituibles. La doctrina social católica habla en este caso de sociedades «naturales», para indicar un vínculo particular, tanto de la familia como de la nación, con la naturaleza del hombre, la cual tiene carácter social. Las vías principales de la formación de cualquier sociedad pasan por la familia, y sobre esto no caben dudas. Y podría hacerse una observación análoga también sobre la nación. La identidad cultural e histórica de las sociedades se protege y anima por lo que integra el concepto de nación.

Naturalmente, se debe evitar absolutamente un peligro: que la función insustituible de la nación degenere en el nacionalismo. En este aspecto, el siglo xx nos ha proporcionado experiencias sumamente instructivas, haciéndonos ver también sus dramáticas consecuencias. ¿Cómo se puede evitar este riesgo? Pienso que un modo apropiado es el patriotismo. En efecto, el nacionalismo se caracteriza porque reconoce y pretende únicamente el bien de su propia nación, sin contar con los derechos de las demás. Por el contrario, el patriotismo, en cuanto amor por la patria, reconoce a todas las otras naciones los mismos derechos que reclama para la propia y, por tanto, es una forma de amor social ordenado. (Juan Pablo II. Memoria e identidad)
San Juan Pablo II

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