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"Soy un hombre de armas, un guerrero, scout. Paradójicamente, al único de mi especie que admiro, empuñó solamente la palabra, su técnica fue la humildad, su táctica la paciencia y la estrategia que le dio su mayor victoria fue dejarse clavar en una cruz por aquellos que amaba".

Desde La Trinchera Del Buen Combate en Argentina. Un Abrazo en Dios y La Patria.

24 de junio de 2017

MANUEL JOSÉ JOAQUÍN DEL CORAZÓN DE JESÚS BELGRANO.

Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano
Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano nace en Buenos Aires, en la casa paterna sita en el solar que hoy corresponde al 430 de la avenida que lleva su nombre. Hijo de María Josefa González y Domingo Belgrano Pérez.
LEGAJO MILITAR 
Nos interesa destacar la actuación de Manuel Belgrano como militar. Si bien él era abogado y se había desempeñado de manera brillante como Secretario del Consulado, las circunstancias políticas que se viven fundamentalmente a partir de Mayo de 1810, hacen que actúe como militar, para defender a la Patria Naciente.
A pesar de no tener formación militar, se esmeró tanto en el desempeño al mando de las tropas que mereció los elogios de San Martín, quien dijo “Es lo mejor que tenemos en la América del Sur’’, y Mitre expresa “fue el héroe o el mártir de la Revolución, según se lo ordenase la ley inflexible del deber”.
Durante la primera invasión inglesa, Belgrano es llamado a prestar servicios como capitán de milicias urbanas, rango que poseía ad honorem desde hacía diez años. En tal ocasión advierte, tal como lo expresa en su Autobiografía, las dificultades para completar los efectivos de la tropa, porque era “mucho el odio que había a la milicia en Buenos Aires’’.(1)
Se ha reiterado que Belgrano fue “un general improvisado, militar por casualidad’’, a lo cual colaboró él mismo con la particular modestia con que consideró siempre su propia conducta y en especial, sus comienzos militares. Pero la historia militar nos enseña que ningún general improvisado logró éxito en su desempeño, alcanzando dignidad en la victoria y grandeza en la derrota, como alcanzara Belgrano en Tucumán y Salta y en Paraguary, Tacuarí, Vilcapugio y Ayohuma. Belgrano superó su falta de formación militar temprana, imponiéndose la exigencia de servir con dignidad a la Patria, que se hallaba en grave peligro.
La vocación militar se impone a Belgrano cuando en 1806 por falta de preparación militar Buenos Aires sufre la humillación de ser subyugada por el invasor extranjero. En esas circunstancias resuelve consagrarse al aprendizaje militar básico “por si llegaba el caso de otro suceso igual al de Beresford, u otro cualquiera, de tener una parte activa en la defensa de mi patria, agregando que no era lo mismo vestir el uniforme militar que serlo’’.
Las Ordenanzas prescribían en uno de sus artículos que el verdadero espíritu de la profesión militar se basaba en el valor, la prontitud en la obediencia y gran exactitud en el servicio. El espíritu de Belgrano, hombre disciplinado y austero, se adaptaba perfectamente para la vida militar.Estudia las prescripciones militares de la época, fundamentalmente influidas por las Ordenanzas de Carlos III, código moral que regía todas las actividades funcionales y disciplinarias en guarnición y en campaña, tanto en el servicio, en el combate, en lo espiritual y jurídico. Estas Ordenanzas que datan de 1768, aún perduran en el espíritu de algunos de los reglamentos actuales y en el Código de Justicia Militar vigente.
En 1806, ante la primera invasión inglesa, Belgrano se somete al aprendizaje “de los rudimentos más triviales de la milicia…tomando un maestro que le diese nociones más precisas y le enseñase el manejo de las armas’’.
Belgrano se desempeñó dignamente en la Expedición al Paraguay, en donde si bien fracasó desde el punto de vista militar, obtuvo un triunfo diplomático al llevar el espíritu revolucionario al Paraguay.
Como General en Jefe del Ejército del Norte obtuvo las dos grandes victorias de Tucumán y Salta, que le permitió decir a la hora de su muerte “dejo dos hijas inmortales; Tucumán y Salta”.
Sufrió múltiples sinsabores, tales como el proceso de 1811, por su desempeño en la campaña al Paraguay. Finalmente la Junta reconoce el 9 de agosto de 1811 que “…Manuel Belgrano se ha conducido en el mando de aquel ejército con un valor, celo y constancia dignos del reconocimiento de la Patria; en consecuencia queda repuesto en los grados y honores que obtenía …’’.
Trabó una profunda amistad con José de San Martín cuando fue reemplazado por éste en el cargo de General en Jefe del Ejército del Norte. Ambos, si bien muy diferentes entre sí, son las figuras más representativas de la gesta de la emancipación argentina.
San Martín y Belgrano intercambiaron una correspondencia por demás interesante. En una de sus cartas, Belgrano le dice a San Martín; “Conserve la bandera que le dejé; que la enarbole cuando todo el ejército se forme; que no deje de implorar a Nuestra Señora de las Mercedes, nombrándola siempre nuestra generala, y no olvide los escapularios a la tropa. Deje usted que se rían; los efectos lo resarcirán a usted de la risa de los mentecatos, que ven las cosas por encima. Acuérdese usted de que es un general cristiano, apostólico romano; cele usted de que en nada, ni aun en las conversaciones más triviales, se falte el respeto de cuanto diga a nuestra santa religión’’. (2)
San Martín le escribió a Tomás Godoy Cruz el 12 de marzo de 1816, tras el fracaso del general José Rondeau en la tercera campaña al Alto Perú, culminada en la derrota de Sipe Sipe: “En el caso de nombrar a quien deba reemplazar a Rondeau, yo me decido por Belgrano; éste es el más metódico de lo que conozco en nuestra América, lleno de integridad y talento natural; no tendrá los conocimientos de un Moreau o Bonaparte en punto a milicia, pero créame que es lo mejor que tenemos en América del Sur.’’
Las luchas civiles entre los caudillos del Litoral, López y Ramírez, liderados por Artigas, y el gobierno del Directorio, obligaron al Ejército del Norte, bajo el mando de Belgrano a participar en éstas. Sin embargo, Belgrano aceptó de buen grado el acuerdo firmado por Viamonte, su subordinado, con López, en 1819.
Después de haber dedicado su vida a su Patria, se retira gravemente enfermo y prácticamente en la indigencia, a morir en Buenos Aires. El dolor por las luchas internas, hace que antes de morir diga; “Ay, patria mía”.
Emilio BOLON VARELA, Espíritu militar de Manuel Belgrano. En; INSTITUTO NACIONAL BELGRANIANO DE LA REPUBLICA ARGENTINA, Manuel Belgrano, los ideales de la patria. Buenos Aires, Manrique Zago ediciones, 1995, pp. 129-132. 
Diego Alejandro SORIA, La amistad entre San Martín y Belgrano. En; op. cit., p. 146. 
Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano
FORMACIÓN INTELECTUAL
Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano nació el 3 de junio de 1770, en la calle de Santo Domingo (actual avenida Belgrano 430) en la ciudad de Buenos Aires . Fueron sus padres Don Domingo Belgrano y Peri, natural de Liguria, Italia, y su madre María Josefa González Casero, porteña. Fue el cuarto de trece hijos, nacido en el seno de una honorable familia, siendo su padre un próspero comerciante .

En Buenos Aires cursa las primeras letras. Alumno del Real Colegio de San Carlos, recibe lecciones de latín, filosofía, lógica, física, metafísica y literatura Antes de cumplir los 16 años, sus padres deciden que complete sus estudios en España, a donde viaja en compañía de su hermano Francisco.

Manuel Belgrano estudia en la Universidad de Salamanca. Se gradúa de bachiller en leyes en Valladolid a principios de 1789 y el 31 de enero como abogado. Pero según su Autobiografía, nos expresa:
“Confieso que mi aplicación no la contraje tanto a la carrera que había ido a emprender, como al estudio de los idiomas vivos, de la economía política y al derecho público, y que en los primeros momentos en que tuve la suerte de encontrar hombres amantes al bien público que me manifestaron sus útiles ideas, se apoderó de mí el deseo de propender cuanto pudiese al provecho general, y adquirir renombre con mis trabajos hacia tan importante objeto, dirigiéndolos particularmente a favor de la patria.”

En España como en el resto de Europa se vivía el auge de los estudios sobre economía política y Manuel Belgrano se vincula con sociedades económicas y destacadas personalidades en esa materia. Va a sufrir la influencia de la Ilustración Española, que se diferencia de la francesa, ya que no deja de lado la religión y respeta la figura del monarca.

Llega a presidente de la Academia de práctica forense y economía política en Salamanca y durante su permanencia en Madrid es miembro de la Academia de Santa Bárbara, del mismo género.
Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano
BIEN COMÚN
Belgrano poseía una vasta preparación intelectual adquirida en los centros de estudios de Buenos Aires y Europa. Tenía discreto manejo de idiomas: italiano, francés, inglés, castellano y algunas lenguas indígenas. La situación europea le permitió avizorar los cambios que provocaba la Revolución Moderna: sociales (derechos del hombre y del ciudadano); económicos (mercantilismo-capitalismo); tecnocientíficos (Revolución Industrial); educativos; políticos (Ilustración); culturales y religiosos.

Difundió a través de la prensa las nuevas ideas y como Secretario del Consulado se propuso tres objetivos, a través de un plan bien estructurado: fomentar la agricultura ganadería; animar la industria y proteger el comercio interno y externo. Su visión fue integradora y americanista. Se movió con diligencia y sentido práctico respecto a la realidad que le tocó vivir. Atendió a las necesidades reales del país.

Belgrano es uno de los pocos hombres públicos que a través de su actividad como funcionario del Estado Hispanoamericano y luego como promotor de Revolución de 1810, se ocupó con verdadero sentido de estadista en promover el bien común.

El bien común tiene para él categoría ética y lo coloca por encima de los intereses particulares y en buena medida de los intereses de la mayoría. Es un bien porque está consustanciado con la naturaleza del hombre y su desarrollo como ser humano (persona). Todos los escritos de Belgrano son una teoría fundada en el bien común, pues para él es fuente importante porque de él pueden participar todos los que forman la comunidad social. El bien común permite el desarrollo de todo el hombre y todos los hombres; insiste en la capacitación y educación de la familia, donde se debe aprender en comunión de amor las conductas para integrarse en la sociedad.

La salud, la educación, el trabajo, la conservación del medio ambiente son para Belgrano parte del bien común. Belgrano plantea la dimensión teologal del bien común, ya que la plenitud del ser humano resulta imposible sin Dios: “Bien común trascendente y supremo para todos los hombres”.

En todos sus escritos memorias y correspondencia expone estos conceptos sobre todo el influjo benéfico de la religión y la importancia de la familia. Educación y una vida equilibrada que sólo provocaría un humanismo estéril, cerrado sin Dios.

Belgrano señala los contenidos temporales del bien común: 1) respeto a la persona y a sus derechos inalienables; 2) bienestar social y desarrollo de los grupos que integran la sociedad; 3) la libertad, la solidaridad y paz entre las distintas comunidades para la estabilidad y seguridad de la sociedad; 4) la unidad es un bien que debe estimarse por encima de otros bienes para alcanzar desarrollo integrador. Se debe evitar la corrupción, la inequidad, el ocio y toda gama de los vicios que derrumban a la comunidad. (1)

Belgrano sostiene que el bien común permite el desarrollo de las personas y se concreta a través de la prudencia que debe tener cada miembro social, en especial las autoridades que ejercen el poder.

La preocupación del bien común, categoría ética para Belgrano, es uno de los mayores aportes de su pensamiento muy poco conocido en nuestra Historia Nacional. Lo encontramos en: Reglamento de las Escuelas donadas a las Provincias del Norte; las Instrucciones y Reglamentación de las milicias patrióticas de Misiones; las disposiciones colocando en igualdad de condiciones a los indios y a los españoles americanos; las medidas sobre el poblamiento y reparto de las tierras públicas a los indios; el apoyo a los indios pampas, tehuelches, pehuenches, que conocían de la cría de los ganados de pelo largo utilizados en la producción textil; los manuales internos para atender a los deberes morales y éticos de los ciudadanos enrolados en el Ejercito; las advertencias sobre el sentimiento religioso y la acción de las parroquias; los reales intereses sociales y económicos de los Pueblos; la integración americana e incluso un sentimiento panamericanista que se advierte con la traducción del Discurso de despedida de G. Washington al pueblo de los, Estados Unidos de América.

Belgrano orienta su labor hacia el bien común, como un instrumento que permite desarrollar la capacidad creativa del hombre a través de la familia, el trabajo, la educación y el amor a Dios. Qué bien nos haría hoy poner en práctica estos principios belgranianos!
Véase: Cristina Minutolo de Orsi, Belgrano y el bien común. En: Anales, Instituto Nacional Belgraniano Buenos Aires, 2002. 
Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano
RELIGIOSIDAD Y DEVOCIÓN MARIANA 
Los viejos documentos, las crónicas y distintos testimonios de época permiten dimensionar la figura trascendente de Manuel Belgrano, que en los albores de la Patria se convierte en fervoroso defensor de la causa americana. Belgrano no es solo mediador en el proceso revolucionario, sino un activo movilizador de la Patria nueva. Su correspondencia con los principales hombres públicos de su época así lo demuestra. Su fama se proyectó a nivel continental para estar colocada al lado de nombres como Francisco Miranda, Simón Bolívar y José de San Martín. 

Su formación religiosa y su excelente preparación teológica y filosófica le permitieron a Belgrano aplicar en las distintas facetas de su acción política, militar y económica, así como cultural, las enseñanzas recibidas. 

Existía una importante tradición mariana en el Río de la Plata. Cofradías y hermandades, vinculadas al culto mariano, tuvieron una destacada actuación, que fue creciendo en la medida que las Ordenes adquirían mayor poder y prestigio. Al mismo tiempo, se alentaban las diversas devociones como la del Rosario, Inmaculada Concepción, etc. Una serie de documentos antiguos: Reales Cédulas, Reales Ordenes, Actas Capitulares eclesiásticas y civiles, Testamentarías y Documentos particulares atestiguan el patrocinio y devoción de la Inmaculada Concepción en nuestras tierras. Recordemos que Solís en 1516 llama al Río de la Plata Río de Santa María y en 1527 Gaboto coloca la empresa bajo el Patrocinio de Nuestra Señora del Rosario, proclamándola al entrar en las aguas del río Paraná Patrona de esas costas y del Gran Río. En 1536, Mendoza funda en la orilla derecha del Río de la Plata una población llamada Santa María de los Buenos Aires o puerto de Nuestra Señora de Santa María del Buen Aire. En 1580 Garay funda por segunda vez la ciudad que había sido destruida y la llama de la Santísima Trinidad y el puerto de Santa María de los Buenos Aires. La ciudad tuvo como Patrono a San Martín de Tours pero se veneró a Nuestra Señora de las Nieves. En el siglo XIX los franciscanos, dominicos y mercedarios promovieron el culto y devoción a la Virgen en sus advocaciones: Inmaculada Concepción, del Rosario, de las Mercedes y del Carmen. 

La Virgen del Rosario fue llamada Virgen de la Reconquista y Defensa de Buenos Aires después de los sucesos ocurridos en 1806-1807 con motivo de las Invasiones Inglesas. Buenos Aires fue tomando forma desde su fundación y se distinguió por los templos que fueron construyendo. Se la conocía como Puerto Convento pues los viajeros que arribaban a sus playas sólo advertían la altura de alguna de sus torres como la de San Miguel, llamada “la Chismosa”. Las parroquias, capillas, oratorios y ermitas dieron forma a los barrios en la capital, adentrándose hacia la Pampa. El fervor de los vecinos se enderezó hacia la Virgen del Carmen y luego hacia la Virgen del Rosario, que fueron sacadas en momentos de peste y dificultades en procesión solemne. 

Belgrano, vinculado al Convento de Santo Domingo, fue devoto de la Virgen del Rosario y perteneció a la Orden de Terciarios, cuyo accionar que mostró adhesión a la causa de la Revolución. 

Por otra parte, en su paso por España se llegó a relacionar personalmente con el rey Carlos III, considerado un monarca progresista. Este era devoto de la Inmaculada Concepción y puso bajo sus auspicios una de las primera Ordenes Españolas modernas creada el 24 de octubre de 1761 para premiar el mérito por logros personales. Fue confirmada por Bula de Clemente XIV. El centro de la Orden muestra una cruz con medallón donde se advierte la imagen de la Purísima Concepción, Patrona de la Infantería Española, que luce un manto esmaltado y adornado con estrellas y, a sus pies una túnica y una media luna de color blanco. La cinta de la cual pende la medalla es azul-celeste con una franja blanca en el centro. Colores que simbolizaban el cielo y la pureza. Carlos III designó a esta Orden de la Inmaculada Concepción como una muestra de gratitud por el nacimiento de su nieto Carlos Clemente, primer hijo varón del Príncipe de Asturias. 

Una interesante iconografía, cuadros y reproducciones en importantes museos españoles reproducen la simbología y colores de esta Orden. Algunos autores sostienen que los medios esmaltes, símbolo del Misterio de la Inmaculada Concepción, estaban presentes desde siempre y en especial durante la Edad Media. En virtud de la controversia que suscitara el Misterio de la Purísima Concepción a través de la posición de teólogos y filósofos, la iglesia enmarca la figura de la Nueva Eva, sin pecado original, partícipe de la redención humana a través de Cristo Jesús, venciendo para siempre al maligno. Aparecen las imágenes de María entre rayos fulgentes pisando la cabeza de la serpiente. 

Retomando el hilo de nuestra exposición, debemos destacar la vocación mariana de Belgrano, pues cumple en reiteradas ocasiones con el culto o devoción a la Virgen María. Las sesiones consulares, donde él es secretario, estaban bajo la advocación de la Santísima y Purísima Concepción de María, bajo cuya advocación se iniciaba cada sesión presidida por Belgrano. 

Por esta misma época, en el Correo de Comercio sostiene que la religión es el sostén principal e indispensable del Estado y el apoyo firme de las obligaciones del ciudadano. Volúmenes enteros, dice, no son bastantes para descubrir todas sus conexiones con la felicidad pública y privada. “Riámonos de las virtudes morales, que no estén apoyadas por nuestra Santa Religión. La razón y la experiencia nos lo enseñan constantemente”. 

Recomienda a los párrocos que atiendan “más a los pobres vivos que a los pobres muertos”. Cada parroquia debía ser una escuela de capacitación educativa y de trabajo para que ambos sexos puedan alcanzar un futuro promisorio, al margen de fomentar en cada una de ellas el cuidado de la salud y la seguridad. 

En sus Memorias, cartas y otros documentos hace manifestaciones muy concretas de respeto hacia la Santísima Virgen María. Destaca indudablemente el aspecto maternal y sobre todo el carácter mediador que ella tiene frente a su Hijo Jesús. El misterio de la Purísima Concepción cobra valor inusitado en el accionar de Belgrano, pues constituye el símbolo que identifica a los americanos en momentos de producirse la Revolución y la Independencia. Es el Misterio de la Inmaculada Concepción que se opone al Misterio de los Derechos de Fernando VII que esgrimen los separatistas. 

Bolívar así como Miranda, integrados al movimiento de revolución, exponen estos mismos principios llegando a expresar “detestamos a Fernando VII”. El 8 de julio al conocerse la declaración de la Independencia de la Confederación venezolana se advierte en el artículo VIII que juran ante los Santos Evangelios defender la independencia de la Monarquía española, mantener ilesa la Santa Religión Católica, Apostólica y Romana y defender el Misterio de la Concepción Inmaculada de la Virgen María. Esto se produce porque el pueblo no apoyaba a los separatistas y hubo que recurrir a este Misterio para obtener el apoyo incluso del Arzobispo. 

Belgrano en su diario de marcha al Rosario, así como en sus campañas al Paraguay y Banda Oriental (1811-1812); y su posición frente al Ejército Auxiliar del Perú (1812-1813 y 1816-1819), a través de bandos, proclamas y ordenanzas para el ejército y la población, constituyen un corolario por demás revelador de su respeto por la Santísima Virgen. Con motivo de la Batalla de Tucumán pone bajo la advocación de Nuestra Señora de las Mercedes la suerte de su ejército. Tributa ante la victoria un homenaje muy sentido a la Santísima Virgen, nombrándola Patrona y Generala del Ejército, entregándole su bastón de mando. 

Belgrano, como católico práctico difundió la devoción a la Santísima Virgen a través del Rosario, novenarios, misas, angelus, etc., al punto que Bartolomé Mitre dijo que su ejército parecía una legión romana sujeta a las normas de una orden monacal. Su amor a la Virgen se puso de manifiesto en sus homenajes, haciendo llegar las banderas y trofeos tomados al enemigo para ser depositados a los pies de la Virgen del Rosario o de la Inmaculada Concepción de Luján o de Nuestra Señora de las Mercedes en Tucumán. 

Toda la documentación esta signada por su devoto amor a María, considerándola fundamento de fe cristiana y refugio de todos los pueblos del mundo. Belgrano inicia dos grandes devociones, el rezo del Rosario y el uso del escapulario, que los soldados llevan en sus pechos. La misa es un elemento fundamental de la religiosidad y los soldados y oficiales debían concurrir a misa. 

La documentación del Archivo General de la Nación, de los archivos provinciales y bolivianos permiten asegurar estos aspectos significativos de la acción religiosa de Belgrano, que estuvieron presentes hasta el último momento de su vida. Los bandos, proclamas y diarios de marcha del ejército con “los santos y señas” reflejan este sentimiento. 

Al compulsar los distintos diarios militares advertimos que en todos ellos exhorta al patriotismo de sus tropas e invoca reiteradamente a la Divina Providencia y a los auxilios de 

María Santísima para alcanzar la Independencia de la América del Sur. Su visión es integradora y pone a la Santísima Virgen de la Merced como Generala del Ejército y “Patrona de la libertad de América”. Exalta el amor al orden que deben tener los soldados y oficiales del Ejercito y con ello el respeto a las autoridades y fundamentalmente a “Nuestra Santa Religión”.(1) 

Puntualiza la necesidad de afianzar el honor, la capacidad, el trabajo, la voluntad de servicio, la ética, la moral, el amor a Dios, el culto a la Santísima Virgen. Perfila el carácter de todo buen militar: la serenidad, la vigilancia constante, el espíritu de cuerpo. Promueve el destierro del ocio y la capacitación por el trabajo, las ciencias y la técnica. Así decía: “Los hombres grandes leen en tiempos de guerra como en tiempos de paz. Nobleza de alma y sentimiento altruista, educación y vocación, espiritualidad y religiosidad, amor a la Patria, a la tierra y a su gente constituyen el corolario de todo buen cristiano”. 

Belgrano siempre se definió como católico, apostólico y romano, pero fundamentalmente esto lo ataba a conservar el patrimonio de su tierra y velar por el bienestar del común. Ponía a Dios como testigo de su responsabilidad y a la Santísima Virgen como tributaria de la libertad y la Independencia de América en todo tiempo. 

Es significativo en este caso la correspondencia que mantiene con el General San Martín, en donde le advierte sobre el carácter de los Pueblos del Interior, donde hará la guerra no sólo con las armas sino con la opinión, afianzada en las virtudes naturales cristianas y religiosas. Estas cartas constituyen una joya de enorme trascendencia, que no solo afianza una amistad, sino que se advierte al Estadista, siempre atento a las realidades que vive y a las necesidades de su pueblo. 

Extractado de Cristina Minutolo de Orsi, “Manuel Belgrano y su amor a la Inmaculada… La Bandera Nacional” artículo a publicar en próximos Anales del Instituto Nacional Belgraniano. 
Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano
SUS REFLEXIONES 
A quien procede con honradez, nada debe alterarle. He hecho cuan­to he podido y jamás he faltado a mi palabra. 
Belgrano considera que es necesario fomentar el comercio interior, ya franqueando los caminos que no son conocidos o transitados, ya facilitando el cultivo, consumo y extracción de varios frutos del país, y adelantando la fábrica de sus manufacturas; pues cree que por estos medios recobrarán sus primeras enseñanzas, tomará vigor el Estado, se aumentarán notablemente los recursos y se desterrará la ociosidad tan común en nuestro suelo. 
Belgrano indica al Gobierno la necesidad de circular oficios a los Cabildos, ordenándoles que propongan los medios de fundar varios establecimientos necesarios para la educación de los jóvenes, ramo el más preciso y el más abandonado por infelicidad nuestra, para el aumento de la población y remedio de las necesidades generales de estos habitantes, como son las escuelas públicas, boticas y médicos dotados en todas las ciudades, buscando los arbitrios menos onerosos y más compatibles con las actuales urgencias del Estado. 
Belgrano no tiene dudas de que todos estamos obligados a concurrir en proporción a sufragar los gastos públicos, y respecto de que el gobierno debe usarlos con un orden de igualdad sin permitir que jamás quede exhausto el fondo de la Patria. 
Belgrano señala la necesidad de la integridad territorial al franquearse la comunicación directa entre las ciudades del Interior y el Paraguay. 
“Bien puede pesarle a todos los demonios, pero en mí no tendrán jamás cabida”. 
“Desde la más remota antigüedad hasta nuestros días, la historia de los siglos y de los tiempos nos enseña cuánto aprecio han merecido todos aquellos que han puesto el cimiento a alguna obra benéfica a la humanidad”. 
“Desengañémonos: jamás han podido existir los estados luego que la corrupción ha llegado a pesar las leyes y faltar a todos los respetos; es un principio inconcuso que en tal situación todo es ruina y desolación, y si eso sucede a las grandes naciones ¿qué no sucederá a cualquiera de los ramos que contribuyen a su existencia?”. 
“Deseo ardorosamente el mejoramiento de los pueblos. El bien público está en todos los instantes ante mi vida”. 
“Deseo que todos sepan el bien para alegrarse, y el mal para reme­diarlo, si aman a su patria; así que nada oculto ni ocultaré jamás”. 
“El amo viejo o ninguno”, dijo en relación a las Invasiones Inglesas. 
“El camino seguro de la libertad es la lucha por la libertad social”. 
“El honor y el premio son los resortes para que no se adormezca el espíritu del hombre”. 
“El miedo sólo sirve para perderlo todo”. 
“El modo de contener los delitos y fomenta, las virtudes es castigar al delincuente y proteger al inocente”. 
“En mis principios no entra causar males sino cortarlos”. 
“En vano los hombres se empeñan en arrastrar a su opinión a los demás, cuando ella no está cimentada en la razón”. 
“Era preciso corresponder a la confianza del pueblo, y me contraje al desempeño de esta obligación, asegurando, como aseguro, a la faz del universo, que todas mis ideas cambiaron, y ni una sola concedía a un objeto particular, por más que me interesase: el bien público estaba a todos instantes ante mi vista”. (Vocal de la Primera Junta de Gobierno). 
“Es casi general la opinión de la monarquía constitucional. Han perdido casi totalmente el campo los del republicanismo”. 
“Esta paz tan estimable se compra al duro precio de la sangre y de la muerte”. 
“Este país, que al parecer no reflexiona ni tiene conocimientos eco­nómicos, será sin comercio un país desgraciado, esterilizada su feraci­dad y holgando su industria”. 
“Estoy muy acostumbrado a contrastes y más espíritu tengo en ellos que en las prosperidades; me ocurre siempre en éstas que después del buen tiempo viene el malo y en éste que ha de venir aquél”. 
“Fundar escuelas es sembrar en las almas”. 
“La agricultura es la madre fecunda que proporciona toda las materias primeras que dan movimiento a las artes y al comercio”. 
“La ciencia del comercio no se reduce á comprar por diez y vender por veinte; sus principios son más dignos, y la extensión que comprenden, es mucho más de lo que puede suceder á aquellos que, sin conocimientos, han emprendido sus negociaciones, cuyos productos, habiéndoles deslumbrado, los han persuadido de que están intelegenciados en ellos”. 
“La guerra, allí, no sólo ha de hacer usted con las armas, sino con la opinión, afianzándose siempre en las virtudes naturales, cristianas y religiosas; pues los enemigos nos han hecho famas de herejes …” Carta de Belgrano al General San Martín, Santiago del Estero, 6 de abril de 1814. 
“La naturaleza nos anuncia una mujer: muy pronto va a ser madre, y presentarnos conciudadanos en quienes deben inspirar las primeras ideas, ¿y qué ha de enseñarles, si a ella nada le han enseñado? ¿Cómo ha de desarrollar virtudes morales y sociales, las cuales son las costumbres que están situadas en el fondo de los corazones de sus hijos? ¿Quién ha dicho que esas virtudes son la justicia, la verdad, la buena fe, la decencia, la beneficencia, el espíritu, y que estas cualidades son tan necesarias al hombre como de la razón de que proceden? Ruboricémonos, pero digámoslo: nadie…” 
“La opinión de los pueblos sólo ha de sostenerse con la justicia. Engañados por el gobierno anterior y sus agentes, no pierden de vista las operaciones del gobierno de Buenos Aires..Son ignorantes por lo común, pero saben muy bien lo que se les debe, y acaso por su mayor ignorancia se consideran acreedores a más de lo que les corresponde”. 
“La vida es nada si la libertad se pierde”. 
“Las principales causas que han influido al disgusto y desaliento, al menos de los más ilustrados, el que habiendo sido engañados con la máscara de la justicia y habiendo sido expuestos a ser víctimas de la tiranía por la corrupción e intrigas de los que obtuvieron su confianza exigen una prueba más pronta y enérgica para que nadie atente impunemente contra los derechos de los pueblos”. 
“Lo que creyere justo lo he de hacer, sin consideraciones ni respetos a nadie”. 
“Los gobiernos ilustrados, conociendo las ventajas que prometen el premio y el honor, han echado mano de estos principios motores del corazón humano para todas las empresas”. 
“Los hombres no entran en razón mientras no padecen”. 
“Me glorío de no haber engañado jamás a ningún hombre y de haber, procedido constantemente por el sendero de la razón y de la justicia, a pesar de haber conocido la ingratitud”. 
“Mis ideas no se apartan de la razón y justicia que concibo, ni jamás se han dirigido a formar partidos, ni seguirlos”. 
“Mis intenciones no son otras que el evitar la efusión de sangre entre hermanos”. 
“Mucho me falta para ser un verdadero padre de la patria, me contentaría con ser un buen hijo de ella”. 
“Nada hay más despreciable para el hombre de bien, para el verdadero patriota que goza de la confianza de sus conciudadanos que las riquezas. Estas son el escollo a la virtud, y adjudicadas en premio no sólo son capaces de excitar la avaricia de los demás, sino que parecen dirigidas a lisonjear una pasión abominable en el agraciado”. 
“Nada importa saber o no la vida de cierta clase de hombre que todos sus trabajos y afanes los han contraído a sí mismos, y ni un solo instante han concedido a los demás; pero la de los hombres públicos, sea cual fuere, debe presentarse, o para que sirva de ejemplo que se imite, o de una lección que retraiga de incidir en sus defectos”. 
“Nadie es más acreedor al título de ciudadano que el que sacrifica sus comodidades y expone su vida en defensa de la Patria”. 
“Ni la virtud ni los talentos tienen precio, ni pueden compensarse con dinero sin degradarlos”. 
“Ninguna cosa tiene su valor real, ni efectivo en sí mismo, sólo tiene el que nosotros le queremos dar; y éste se liga precisamente a la nece­sidad que tengamos de ella; a los medios de satisfacer esta inclinación; a los deseos de lograrla y a su escasez y abundancia”. 
“No busco el concepto de nadie, sino el de mi propia conciencia, que al fin es con la que vivo en todos los instantes y no quiero que me remuerda”. 
“No busco glorias sino la unión de los americanos y la prosperidad de la patria”. 
“No es lo mismo vestir el uniforme militar, que serlo”. 
“No hallo medio entre salvar a la patria o morir con honor”. 
“No me olvido de lo útil que sería el establecimiento de escuelas de hilazas de lana, para, igualmente desterrar la ociosidad y remediar la indigencia de la juventud de ambos sexos…” 
“Nuestros patriotas están revestidos de pasiones, y en particular, la de la venganza; es preciso contenerla y pedir a Dios que’ la destierre, porque de no, esto es de nunca acabar y jamás veremos la tranquilidad”. 
“Parece que la injusticia tiene en nosotros más abrigo que la justicia. Pero yo me río, y sigo mi camino”. 
“Pero, ¿cómo formar las buenas costumbres, y generalizarlas con uniformidad? ¡Qué pronto hallaríamos la contestación si la enseñanza de ambos sexos estuviera en el pie debido¡ Mas por desgracia el sexo que principalmente debe estar dedicado a sembrar las primeras semillas lo tenemos condenado al imperio de las bagatelas y de la ignorancia…” 
“Propone la educación pública de la mujer: “…vivero de las buenas madres, buenas hijas de familia, buenas maestras…” 
“Que no se oiga ya que los ricos devoran a los pobres, y que la justi­cia es sólo para aquellos”. 
“Que nos entristezcamos o nos alegremos, la mano que todo lo diri­ge, no por eso va a variar: esta es una verdad evangélica”. 
¿Qué otra cosa son los individuos de un gobierno, que los agentes de negocios de la sociedad, para arreglarlos y dirigidos del modo que conforme al interés público? 
“Quiero volar, pero mis alas son chicas para tanto peso”. 
“Renuncio a mi sueldo de vocal de la Primera Junta de Gobierno por que mis principios así me lo exigen”. 
“Se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad, pro­piedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre, fuese donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la naturaleza le habían concedido”. 
“Se deben poner escuelas gratuitas para las niñas, donde se les ense­ñará la doctrina cristiana, a leer, a escribir, coser, bordar, y principal­mente inspirarles amor al trabajo, para separarlas de la ociosidad, tan perjudicial o más en las mujeres que en los hombres”. 
“Se respetarán los usos, costumbres y aun preocupaciones de los pueblos; el que se burlare de ellos, con acciones, palabras y aun con gestos será pasado por las armas” (Bando de Belgrano en su entrada en el Alto Perú). 
“Si es cierto, como lo aseguran todos los economistas, que la repartición de las riquezas hace la riqueza real y verdadera de un país, de un Estado entero, elevándolo al mayor grado de felicidad, mal podrá haberla en nuestras provincias, cuando existiendo el contrabando y con él el infernal monopolio, se reducirán las riquezas a unas cuantas manos que arrancan el jugo de la patria y la reducen a la miseria”. 
“Sin educación, en balde es cansarse, nunca seremos más que lo que desgraciadamente somos”. 
“Sirvo a la patria sin otro objeto que el de verla constituida, ése es el premio al que aspiro”. 
“Todas las Naciones cultas se esmeran en que sus materias primeras no salgan de sus estados a manufacturarse, y todo su empeño es conseguir, no solo el darles nueva forma, sino aun atraer las del Extranjero para ejecutar lo mismo, y después vendérselas…” 
“Trabajé siempre para mi patria poniendo voluntad, no incertidum­bre; método, no desorden; disciplina, no caos; constancia, no improvi­sación; firmeza, no blandura; magnanimidad, no condescendencia”. 
“Un pueblo culto nunca puede ser esclavizado”. 
“Yo no sé más que hablar la verdad y expresarme con franqueza: esto me lo he propuesto desde el principio de la revolución y he seguido y seguiré así”. 

En la confección de este tema se han consultado diferentes obras belgranianas, tales como: Libro Copiador de Notas del Ejército Auxiliar del Perú. Buenos Aires, Coni, 1910, t. III; Correo de Comercio; Autobiografía; Memorias Consulares; Documentos para la historia del General Don Manuel Belgrano. Buenos Aires, Instituto Nacional Belgraniano, tomos I al IV; Instituto Nacional Belgraniano, Manuel Belgrano. Los ideales de la Patria. Buenos Aires, Manrique Zago Ediciones, 1995. 
Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano
MANUEL BELGRANO 
( 3 de Junio de 1770 - 20 de junio de 1820 )
Manuel Belgrano. 
09. Fuentes
Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano
En el libro parroquial de bautismos de la Iglesia Catedral de Buenos Aires, iniciado en el año de 1769 y concluido en el de 1775, se lee al final de la página 43: "En 4 de junio de 1770, el señor doctor don Juan Baltasar Maciel canónigo magistral de esa santa iglesia Catedral, provisor y vicario general de este obispado, y abogado de las reales audiencias del Perú y Chile, bautizó, puso óleo y crisma a Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús, que nació ayer 3 del corriente: es hijo legítimo de don Domingo Belgrano Pérez y de doña Josefa González: fue padrino D. Julián Gregorio de Espinosa".
Nació nuestro héroe, cuarenta años antes de la gran revolución que lo inmortalizó y a la que sirviera con abnegación ejemplar.
Manuel Belgrano fue el cuarto hijo de un matrimonio que tuvo ocho varones y tres mujeres. El padre, Domingo Belgrano y Peri, había llegado al Plata en 1751. Era genovés. En Buenos Aires prosperó; obtuvo la naturalización; integró el núcleo de comerciantes importantes; se casó en 1757 con doña María Josefa González Casero -de antiguo arraigo en la ciudad-, y dio a su numerosa familia, educación esmerada y vida cómoda. Los hijos correspondieron a la solicitud de los padres: sirvieron al Estado en la milicia, en la administración o el sacerdocio, con dedicación y brillo.
Quebrantos financieros en los últimos años de su vida -murió en 1795- motivados por un proceso en el cual se vio implicado sin razón, le crearon situaciones difíciles. Los hijos se hicieron cargo de las obligaciones pendientes, al abrirse la sucesión. Y la gloria de su cuarto vástago arrancó para siempre del anónimo a este esforzado comerciante ligur que tuvo confianza en la generosa tierra del Plata.
Belgrano cursó las primeras letras en Buenos Aires. En el Colegio San Carlos, bajo la dirección del Dr. Luís Chorroarín, estudió latín y filosofía, acordándosele el diploma de licenciado en esta última disciplina el 8 de junio de 1787, cuando ya se encontraba en España adonde lo había enviado su padre para instruirse en el comercio.
Sin embargo, fue en la Universidad de Salamanca, donde se matriculó, graduándose de abogado en Valladolid en 1793. Poco ha contado Belgrano de su paso por las aulas peninsulares. Más le interesaron las nuevas ideas económicas, las noticias de Francia y su revolución - filtradas a pesar de la rigurosa censura -, las discusiones de los cenáculos madrileños donde se hablaba de los fisiócratas - mágica palabra - y hacían adeptos Campomanes, Jovellanos, Alcalá GaIiano.
Conoció la vida de la Corte , viajó por la Península , leyó a sus autores predilectos en francés, italiano e inglés; cultivó, en fin, su espíritu.
Cercana la hora del regreso recibió a fines de 1793 una comunicación oficial en Ia que se le anunciaba haber sido nombrado Secretario perpetuo del Consulado que se iba a crear en Buenos Aires. En febrero de 1794 se embarcó para el Plata. Iniciaba, así, a los veinticuatro años de edad, su actuación pública. Hasta su hora postrera, estaría consagrado a servir a sus compatriotas.
Apoyó la creación de establecimientos de enseñanza, como las Escuelas de Dibujo y de Náutica. Redactó sus reglamentos, pronunció discursos, alentó las vocaciones nacientes y trató de dar solidez a estas escuelas, prontamente anuladas por la incomprensión peninsular.
Halló todavía tiempo para traducir un libro de Economía Política, redactar un opúsculo sobre el tema, contribuir a la fundación del "Telégrafo Mercantil", e interesar a un grupo de jóvenes que como él deseaba lo mejor para su patria, en los principios fundamentales de la economía política. No descuidó, sin embargo, su tarea específica de secretario del Consulado, donde, detallada y cuidadosamente, redactaba las actas. Durante una década - agitada ya por fermentos e inquietudes -- se preparó para manejar a los hombres y encauzar los acontecimientos. El primer cañonazo del invasor inglés - que precipitó los hechos- alejará a Belgrano de su bufete, para lanzarlo a la acción.
Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano
El 27 de junio de 1806 fue un día de luto para Buenos Aires. Bajo un copioso aguacero desfilaron hacia el Fuerte los 1.500 hombres de Beresford, que abatieron la enseña real, mientras el virrey Sobremonte marchaba, apresurado, hacia Córdoba.
Belgrano - capitán honorario de milicias urbanas - había estado en el Fuerte para incorporarse a alguna de las compañías que se organizaron y que nada hicieron, luego, para oponerse al invasor. "Confieso que me indigné; me era muy doloroso ver a mi patria bajo otra dominación y sobre todo en tal estado de degradación que hubiera sido subyugada por una empresa aventurera, cual era la del bravo y honrado Beresford, cuyo valor admiro y admiraré siempre en esta peligrosa empresa".
Días más tarde los miembros del Consulado prestaron juramento de reconocimiento a la dominación británica. Belgrano se negó a hacerlo, y como fugado, pasó a la Banda Oriental , de donde regresó, ya reconquistada la ciudad, aunque habían sido sus propósitos participar en la lucha popular.
Al organizarse las tropas para una nueva contingencia, Belgrano fue elegido sargento mayor del Regimiento de Patricios. Celoso del cargo, estudió rudimentos de milicia y manejo de armas, y asiduamente cumplió con sus deberes de instructor. Cuando quedó relevado de estas funciones fue adscripto a la plana mayor del coronel César Balbiani, cuartel maestre general y segundo jefe de Buenos Aires. Como ayudante de éste, actuó Belgrano en la defensa de Buenos .Aires.
Fue Jefe del RI1 Patricios drutante 1811 y desde 1813 hasta 1814. 
Firma Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano
Antes de la declaración de la Independencia (9 de julio de 1816), declama ante los congresistas e insta a declarar cuanto antes la independencia. Propone una idea que contaba con el apoyo de San Martín: la consagración de una monarquía: "Ya nuestros padres del congreso han resuelto revivir y reivindicar la sangre de nuestros Incas para que nos gobierne. Yo, yo mismo he oído a los padres de nuestra patria reunidos, hablar y resolver rebosando de alegría, que pondrían de nuestro rey a los hijos de nuestros Incas." No obstante, la propuesta monárquica de Belgrano no prospera, dado que habían corrido rumores de que incluía la cesión de la corona a la casa de Portugal. 
Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano
En este sentido, Belgrano que fue el promotor de la enseñanza obligatoria que el virrey Cisneros decretó en 1810. Se destaca también su labor como periodista; después de su actuación en el Telégrafo Mercantil, creó el Correo de Comercio, que se publicó entre 1810 y 1811, y en el cual se promovió la mejora de la producción, la industria y el comercio. Fundador de la Escuela de Matemáticas en 1810, costeada por el Consulado, y de la Academia de Matemáticas del Tucumán, que en 1812 instauró para la educación de los cadetes del ejército. 
Dona sus sueldos y premios del ejercito para construir 40 escuelas publicas y hasta dicto el reglamento con que debían funcionar. La historia oficial no lo cuenta, o lo disimula, tal vez para no quitarle el mérito a Sarmiento, que por otra parte no fue éste el que hizo las escuelas, sino su Ministro de economía, Nicolás Avellaneda, que luego se lo reprocha con amargura; en un “Apunte” de 1874, (que se editó en 1910) en sus Escritos y discursos. Nicolás Avellaneda se atribuyó el mérito único, pero reconociendo que el presidente facilitaba su nombre de educador:
"Bajo mi ministerio – dice Avellaneda – se dobló en número de los colegios, se fundaron las bibliotecas populares, los grandes establecimientos científicos como el Observatorio, se dio plan y organización a los sistemas escolares, y provincias que encontré como La Rioja sin una escuela pública llevaron tres mil o cuatro mil alumnos... Es la página de honor de mi vida pública y la única a cuyo pie quiero consignar mi nombre. ¿Cuál fue la intervención del señor Sarmiento en estos trabajos, que absorbieron mi vida por entero durante cinco años? El nombre del señor Sarmiento al frente del gobierno era por sí solo una dirección dada a las ideas y ala opinión en favor de la educación popular; su firma al pie de los decretos era una autoridad que daba prestigio a mis actos. Su intervención se redujo, sin embargo, a esta acción moral. Supo el señor Sarmiento que había bibliotecas populares y una ley nacional que las fundaba cuando habían aparecido los primeros volúmenes del Boletín de las Bibliotecas, y éstas convertídose en una pasión pública. El señor Sarmiento no se dio cuenta de la ley de subvenciones y de su mecanismo sino en los últimos meses de su gobierno. Esto es todo y es la verdad". ( Nicolás Avellaneda, Escritos y discursos, VIII, 397. )(El “Apunte” de Avellaneda no estaba destinado a la publicidad; es un desahogo íntimo de quien ve a otro atribuirse un mérito propio) 
Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano
Belgrano tuvo unas claras ideas sobre economía, entre otros: 
“la exportación de lo superfluo es la ganancia mas clara que pueda hacer una Nación”. …”el modo mas ventajoso de exportar las producciones superfluas de la tierra es ponerlas antes en obra o manufacturadas”…..”la importación de las materias extranjeras para emplearse en manufacturas, en lugar de sacarlas manufacturadas de sus países, ahorra mucho dinero y proporciona la ventaja que produce a las manos nativas que se emplean en darles una nueva forma”…… “La importación de las cosas de absoluta necesidad, no puede estimarse un mal, pero no deja de ser un motivo real de empobrecimiento de una nación”…..” es un comercio ventajoso dar sus bajeles a flete a las otras naciones”…..” la importación de mercancías extranjeras para volverlas a exportar enseguida procura un beneficio real”. 
Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano
Por suerte, para nosotros, Belgrano también tuvo su faceta “desobediente” 
La tarde del 25 de Mayo, Belgrano hace jurar la bandera en Jujuy, pero la Junta (Rivadavia) le reprocha “…la reparación de tamaño desorden (la jura de la Bandera) …” (ya se lo habían reprochado en Rosario). 
En el Norte, el ejército de Belgrano, ante el avance de los Españoles, inicia el éxodo del pueblo Jujeño hacia Tucumán, donde decide resistir apoyado por el entusiasmo de la gente ”Sin mas armas que unas lanzas improvisadas, sin uniforme, ni otra montura que la silla y los guardamontes. No tenían disciplina ni tiempo de aprender al voces de mando, pero les sobraba entusiasmo...”
Rivadavia lo increpa para que se retire a Córdoba pero Belgrano le escribe “ Algo es preciso aventurar y ésta es la ocasión de hacerlo; voy a presentar batalla fuera del pueblo y en caso desagraciado me encerraré en la plaza hasta concluir con honor...” .
Todavía el 29 insistía Rivadavia en la Retirada: “ Así lo ordena y manda este Gobierno por última vez...la falta de cumplimiento de ella le deberá a V.S. los mas graves cargos de responsabilidad” (Historia Argentina de J.M. Rosa). Por suerte Belgrano, desobediente, finalmente hace frente y derrota a los realistas que deberán retirarse con grandes perdidas de hombres y equipos militares, derrotados con los valientes gauchos que los ilustrados porteños rebautizarían con el mas decente denominativo de “valientes campesinos a caballo” . (...que patriota Rivadavia ¡¡¡¡, estaría pensando en el negociado de las minas de Famatina o en el empréstito Baring? Menos mal que tuvimos algunos patriotas “desobedientes”) 
Ver también, Batalla de Tucumán
Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano
Belgrano no se casó, pero tuvo varios hijos. De sus amores con una joven tucumana nació su hija, Manuela Mónica, que fuera enviada por su pedido a Buenos Aires, para instruirse y establecerse. 
Tuvo otro hijo con la hermana de Encarnación Escurra, mujer de Rosas. Este lo crió y cuando cumplió 18 años le contó quien era su ilustre padre: "De ahora en más puede llamarse Pedro Rosas y Belgrano" – le dijo. 
Después de todo lo que hizo por la patria y las donaciones que hizo de su patrimonio para la educación muere en la pobreza y el olvido. Aquejado por una grave enfermedad (hidropesía) que lo minó durante más de cuatro años, y todavía en su plenitud, el prócer murió en Buenos Aires el 20 de junio de 1820, empobrecido y lejos de su familia. Sólo un diario, "El Despertador Teofilantrópico" se ocupó de la muerte de Belgrano, para los demás no fue noticia. Culminaba así una vida dedicada a la libertad de la Patria y a su crecimiento cultural y económico 
Años mas tarde, con motivo del traslado de sus restos a la iglesia de Santo Domingo (en la actual Av. Belgrano), durante el gobierno de Roca, los ministros Pablo Ricchieri (de Guerra) y Joaquín V. González se quedaron con los dientes de Belgrano. Los llevaron “de recuerdo”, dijeron. Conocido el hecho y ante la evidencia, explicaron que lo hicieron para evitar que “los robaran”.
El episodio aparece citado en el libro de Jorge B. Rivera: Territorio Borges y otros ensayos breves - Buenos Aires (2000).
En una parte dice: “La exhumación del cadáver de Belgrano, en el atrio del Convento de Santo Domingo dio lugar en 1902 a un episodio curioso: Joaquín V. González y el general Pablo Ricchieri habrían intentado apoderarse durante la ceremonia de algunos dientes de Belgrano”.
Rivera acota en la página 157 de su libro: “por ese motivo la revista Caras y Caretas del 13 de septiembre de 1902 publicó una caricatura en la que el espíritu de Belgrano increpa a sus depredadores: “¡Hasta los dientes me llevan! ¿No tendrán bastante con los propios para comer del presupuesto?”.
También hay una interesante y pormenorizada narración sobre este tema en la revista Todo es Historia, Nº 38, Junio de 1970. El artículo es de Jimena Sáenz.
Pacho O’Donell en su libro “El grito sagrado” relata:
“….Ochenta y tres años después de su muerte podía leerse en el matutino La Prensa a raíz de la exhumación de sus restos para ser trasladados al mausoleo donde hoy yacen, en la iglesia de Santo Domingo: "Llama la atención que el escribano del Gobierno de la Nación no haya precisado en este documento los huesos que fueron encontrados en el sepulcro; pero no es ésta la mayor irregularidad que he podido observar en este acto. Entre los restos del glorioso Be1grano que no habían sido transformados en polvo por la acción del tiempo, se encontraron varios dientes en buen estado de conservación y ¡admírese el público! ¡esos despojos sagrados se los repartieron buena, criollamente, el ministro del Interior y el ministro de Guerra! (...) Que devuelvan esos dientes al patriota que menos comió en su gloriosa vida con los dineros de la Nación y que el escribano labre un acta con el detalle que todos deseamos y que debe tener todo documento histórico..."
“El escándalo fue tal que los susodichos ministros, el doctor Joaquín V. González y el coronel Ricchieri, tuvieron que devolver los dientes del prócer”. 
Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano
Belgrano es el creador de la bandera “Azul y blanca” y no la “celeste y blanca” que impusieron Sarmiento y Mitre. La bandera, creada en Rosario el 27 de febrero de 1812 por Belgrano inspirada en la escarapela azul-celeste del Triunvirato, debido al color de la heráldica, que no es azul-turquí ni celeste sino el que conocemos como azul. Nada tuvo que ver el color del cielo con que nos quisieron convencer. 
Algunos utilizan el argumento para defender el celeste, por el hecho de que por la “sincera religiosidad de Belgrano”, este debió tomar el celeste de la virgen y no el azul. Sin embargo la “sincera religiosidad de Belgrano” no contradice el hecho de que usara al azul ya que algunos suponen que el azul-celeste de los patricios. fue tomado de la Orden de Carlos III, otros, de la inmaculada Concepción”, y otros que ambos colores (el blanco y el azul) fueron sacados del escudo de la ciudad de Buenos Aires, cuyos colores eran precisamente blanco y azul.” Lo cierto es que el Congreso sancionó la ley de banderas el 25 de enero de 1818 estableciendo que la insignia nacional estaría formada por “los dos colores blanco y azul en el modo y la forma hasta ahora acostumbrados”. 
Tampoco fueron “celestes y blancas” las cintas que distinguieron a los patriotas del 22 de mayo, sino que eran solamente blancas o “argentino” que en la heráldica simboliza “la plata”. Fueron solamente blancas. La cinta azul se agregó como distintivo del Regimiento de Patricios. Pero tampoco era celeste, sino tomados del azul y blanco del escudo de Buenos Aires. 
Azul y blanca fue la bandera que flameó en el fuerte de Buenos Aires, en Ituzaingo durante la guerra con brasil, y en la guerra del Paraguay. En 1813, Artigas le agregaría una franja colorada (punzó) cruzada para distinguirse de Buenos Aires sin desplazar la “azul y blanca”. La bandera cruzada fue usada en Entre Ríos y Corrientes. La cinta punzó fue adoptada por los Federales, mientras los Unitarios, para distinguirse, usaron una cinta celeste, y no el azul de la bandera. Cuando Lavalle inició la invasión “libertadora” contra su patria (apoyado y financiado por Francia) también uso la bandera “celeste y blanca” para distinguirla de la nacional... “ni siquiera enarbolaron (los libertadores) el pabellón nacional azul y blanco, sino el estandarte de la rebelión y la anarquía celeste y blanco para que fuese más ominosa su invasión en alianza con el enemigo” (Coronel salteño Miguel Otero en carta Rufino Guido, hermano de Tomas Guido, el 22 de octubre de 1872. Memorias. ed. 1946, pág. 165). 
Rosas, para evitar que al desteñirse por el sol, se confundiera con la del enemigo, la oscurece más, llevándola a un azul-turquí. ¿Por qué Rosas eligió el azul turquí? Por varias razones: porque el “azul real” es más noble y resiste por más tiempo, al sol, a la lluvia, etc. Rosas pensó que el color argentino era el azul, porque asi lo estableció el decreto de la bandera nacional y de guerra del 25 de febrero 1818, y también porque el celeste siempre fue el color preferido de liberales y masones. Fue la bandera que, sin modificarse la ley flameó en el fuerte, en la campaña al desierto (1833 – 1834) en la Vuelta de Obligado y en El Quebracho en 1845,) y la misma que fue saludada en desagravio por el imperio ingles con 21 cañonazos. 
El 23 de marzo de 1846 Rosas le escribió al encargado de la Guardia del Monte, diciéndole que se le remitiría una bandera para los días de fiesta, agregando que "...Sus colores son blanco y azul oscuro con un sol colorado en el centro y en los extremos el gorro punzo de la libertad. Esta es la bandera Nacional por la ley vigente. El color celeste ha sido arbitrariamente y sin ninguna fuerza de Ley Nacional, introducido por las maldades de los unitarios. Se le ha agregado el letrero de ¡Viva la Federación! ¡Vivan los Federales Mueran los Unitarios!". La misma bandera se izó en el Fuerte de Bs.As. el 13 de abril de 1836 al celebrarse el segundo aniversario del regreso de Rosas al poder. La misma bandera que Urquiza le regala a Andrés Lamas y que hoy se conserva en el Museo Histórico Nacional de Montevideo. 
Rosas, quiso que las provincias usaran la misma bandera y evitaran el celeste, y con ese propósito mantuvo correspondencia, entre otros, con Felipe Ibarra, gobernador de Santiago del Estero, entre abril y julio de 1836. "Por este motivo debo decir a V. que tampoco hay ley ni disposición alguna que prescriba el color celeste para la bandera nacional como aun se cree en ciertos pueblos." (José Luis Busaniche) "El color verdadero de ella porque está ordenado y en vigencia hasta la promulgación del código nacional que determinará el que ha de ser permanente es el azul turquí y blanco, muy distinto del celeste." Y le recordó que las enseñas nacionales que llevó a las pampas y la del Fuerte, tenían los mismos colores, y que las mismas banderas para las tropas fueron bendecidas y juradas en Buenos Aires. 
Rosas uso la azul y blanco y le adicionó cuatro gorros frigios en sus extremos, según Pedro de Angelis, en honor a los cuatro acontecimientos que dieron nacimiento a la Confederación Argentina: el tratado del Pilar del 23 de febrero de 1820)(que adoptó el sistema Federal), el Tratado del Cuadrilátero (de amistad y unión entre Bs.As y las provincias) la Ley Fundamental de 23 de enero de 1825 (que encargo a Bs.As. las relaciones exteriores y la guerra) ), y el Pacto Federal del 4 de enero de 1831 ( creación de la Confederación, a la que se adherían las provincias) (ver Las banderas de Rosas)
Expulsado Rosas en Caseros, Sarmiento adopta el celeste unitario en vez del azul de la bandera nacional. En su “Discurso a la Bandera” al inaugurar el monumento a Belgrano el 24 de septiembre de 1873 señaló a la enseña de la Confederación como un invento de bárbaros, tiranos y traidores, y en su Oración a la Bandera de 1870, denigra la “blanca y negra” de la Vuelta de Obligado diciendo además que ” la bandera blanca y celeste ¡Dios sea loado! no fue atada jamás al carro triunfal de ningún vencedor de la tierra”. Y si alguna vez fue atada al carro de algún triunfador, se lo debemos a Sarmiento y no al Restaurador. Tampoco la celeste y banca de Sarmiento recibió saludo de desagravio de ninguna potencia imperial. Mucho menos la de Mitre
Mitre se basa en el “celeste” basándose entre otros argumentos en un óleo se San Martín hecho en 1828, como si el color adoptado por un artista fuera argumento suficiente. El general Espejo, compañero de San Martín, en 1878 publicaba sus Memorias del y recordaba como azul el color original de la bandera de los Andes conservada desteñida en Mendoza. Pero Mitre, que siempre interpretó las cosas como le convino, lo atribuyó a una “disminuida memoria del veterano”. 
En 1908, ante la confusión existente y a pedido de la Comisión del Centenario, se estableció el color azul de la ley 1818 para la confección de banderas. Sin embargo, siguió empleándose el celeste y blanco, en lugar del la gloriosa “azul y blanca” La misma bandera que acompaño a San Martín en su gloriosa gesta Libertadora y la misma que acompaño los restos del propio Rosas en Southampton. 
09. Fuentes
- José Maria Rosa. Historia Argentina.
- Corvalán Mendhilarzu, Dardo: “Los Colores de la Bandera Nacional”. Hist. de la Nac. Arg.
- Ramallo, Jorge María: “Las Banderas de Rosas”. Rev. J. M. de Rosas, N' 17.
- Fernández Díaz, Augusto: “Origen de los Colores Nacionales”. Revista de Historia, Nº 11.
- Ramírez Juárez, Evaristo: “Las Banderas Cautivas”.
- La Gazeta Federal: www.lagazeta.com.ar
ACTIVIDAD COMO CAPITÁN DE MILICIAS URBANAS 
BELGRANO Y LAS INVASIONES INGLESAS 1806 Y 1807 
A fines del siglo XVIII y comienzos del XIX se enfrentan Francia e Inglaterra en búsqueda del predominio europeo. En estos conflictos se ve arrastrada España, aliada de la primera. Su repercusión en el Río de la Plata desencadenará una serie de acontecimientos decisivos para la Historia de la patria que afectarán el sistema colonial hispano, dando a nuestro pueblo la primera oportunidad de manifestar su soberanía. Entonces Manuel Belgrano hace sus primeros ensayos militares.
Frente a una posible agresión portuguesa o británica, naciones entonces aliadas, el Virrey Melo de Portugal y Villena, obedeciendo órdenes expresas de la corona, toma las medidas defensivas pertinentes, entre ellas, la designación de Belgrano como capitán de milicias urbanas de infantería, el 7 de marzo de 1797. En un primer momento ese será un empleo honorífico, ya que aún no tendrá posibilidad de una actuación directa.
Cuando a principios de junio de 1806, el vigía de Maldonado avista la presencia de naves enemigas, el Virrey Marqués de Sobremonte reconcentra en la Banda Oriental las tropas regulares y en la Capital sólo toma medidas en relación a las milicias. El 9 de junio de 1806, Belgrano es designado capitán graduado agregado al Batallón de Milicias Urbanas de Buenos Aires. Se le ordena la formación de una compañía de caballería con jóvenes del comercio, y le ofrecen oficiales veteranos para la instrucción de aquella. Belgrano tiene dificultades para alistar a los jóvenes dado el odio que había a la milicia en Buenos Aires.
Belgrano narra en su Autobiografía la indignación ante la invasión inglesa “…todavía fue mayor mi incomodidad cuando vi entrar las tropas enemigas y su despreciable número… esta idea no se apartó de mi imaginación y poco faltó para que me hubiese hecho perder la cabeza :me era muy doloroso ver a mi patria bajo otra dominación …”
Las tropas inglesas comandadas por William Carr Beresford se dirigen sobre la capital, en tanto el Virrey Sobremonte, según un plan preestablecido, dispone el envío de los caudales al interior y se retira hacia Córdoba. Los tesoros caen en manos inglesas y el 27 los invasores ocupan el fuerte de Buenos Aires. Se firma la capitulación el 2 de julio. El jefe inglés toma entonces el juramento de fidelidad a su Majestad Británica a las autoridades civiles y militares de la plaza. Belgrano para no prestar juramento se dirige a la capilla de Mercedes.
Pronto la ciudad se transforma en punto neurálgico de conspiraciones y planes para acabar con el dominio inglés. Los criollos de la ciudad y la campaña organizan las acciones, encabezados por tropas formadas en Montevideo al mando de Santiago de Liniers. Belgrano se entera en su retiro del proyecto y se dispone a pasar a la capital para participar en la lucha, cuando recibe la noticia de la heroica reconquista de Buenos Aires del día 12 de agosto. Beresford capitula y Belgrano se apresta a retornar.
En medio del regocijo popular un cabildo abierto reunido el 14 de agosto, quita al Virrey el mando militar de Buenos Aires, que debe delegarlo en Liniers, y dispone la organización de cuerpos armados para asegurar la defensa de la plaza.
Los habitantes de Buenos Aires comienzan a agruparse según su origen, en cuerpos de voluntarios bajo la dirección de Liniers; Belgrano participa activamente en la formación de los mismos. En tanto decide tomar lecciones básicas sobre milicias y el manejo de las armas. Sobremonte lo designa en 1806 como sargento mayor de la Legión de Patricios voluntario urbanos de Buenos Aires. Pero la necesidad de asumir nuevamente su empleo de Secretario del Consulado, hace que pida prontamente su baja. Sin embargo, cuando Whitelocke desembarca sus tropas en las inmediaciones de la Ensenada de Barragán, Belgrano actúa en la defensa de la ciudad como Ayudante de Campo del Cuartel Maestre General Balbiani.
Nuevamente son vencidos los ingleses y los criollos, artífices del triunfo, toman conciencia de sus fuerzas. La crisis del sistema colonial español acelera la posibilidad de nuestra independencia. Así lo estima Belgrano al conversar con el brigadier general Crawford, estando éste prisionero; “nos faltaba mucho para aspirar a la empresa …Pero, pasa un año, y he ahí que sin que nosotros hubiéramos trabajado para ser independientes, Dios mismo nos presenta la ocasión…”. 
Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano
SUS HIJOS 
Belgrano en su testamento expresa que no tiene ascendientes ni descendientes, cuando en realidad dejaba en este mundo, un niño de siete años, llamado Pedro Pablo y una criatura de un año de edad que tenía por nombre Manuela Mónica del Corazón de Jesús.
¿Cuál fue la razón por la cual el prócer oculta al redactar su última voluntad la existencia de sus vástagos?
La respuesta la podemos encontrar, por un lado en la vida azarosa y sacrificada que llevó Belgrano al servicio de la patria, recorriendo los caminos del país al frente de ejércitos para lo que no había sido formado, pues el viajó a los 16 años a España, estudiando derecho en las universidades de Salamanca y Valladolid, graduándose de abogado; regresando luego a Buenos Aires como Secretario del flamante consulado recién creado en el Virreinato del Río de la Plata, en que tuvo un desempeño destacadísimo durante quince años que se reflejó, en las Memorias Anuales que redactó.
Pero su formación religiosa y liberal, entonces denominada fisiocrática, lo llevaron a constituirse en el orientador del pensamiento de los hombres de mayo, formar parte de la Primera Junta de gobierno y luego ser puesto al frente primero del Ejército al Paraguay y luego del Alto Perú.
Luego de su regreso de España, en 1802, conoció en un sarao que se realizó en la casa de la familia de Mariano Altolaguirre, a una porteña muy bien parecida, de 18 años llamada María Josefa Ezcurra, de la que se enamoró, iniciando un noviazgo con la misma. El padre de la señorita, Juan Ignacio Ezcurra, no aprobó dicho idilio, con el argumento de que el padre de Belgrano había sido un comerciante muy rico, pero por contingencias de la vida y de los negocios, se vió menguado su patrimonio Dentro de esa concepción especulativa, obligó a casarse a su hija con un primo venido de la ciudad Pamplona, España, que instaló en Buenos Aires un próspero negocio de venta de paños.
El matrimonio no fue muy armonioso y al producirse el movimiento emancipador en mayo de 1810, el marido de María Josefa se pronunció por la causa del rey y viajó a Cádiz, España, dejando a su esposa en Buenos Aires, reanudándose el idilio con Belgrano.
Cuando nuestro prócer fue nombrado Comandante del Ejército del Alto Perú en 1812, María Josefa Ezcurra viajó a Jujuy en mensajería y tras 50 días llegó a Jujuy donde se reunió con el hombre que amaba. Participó junto a él en el Éxodo Jujeño y presenció la batalla de Tucumán, quedando embarazada y dando lugar al nacimiento de Pedro Pablo Rosas y Belgrano.
La hija menor de nuestro héroe, Manuela Mónica Belgrano, fue fruto de un idilio de Belgrano en Tucumán, durante su segundo comando del Ejército del Norte, con una joven tucumana llamada Dolores Helguero.
Suponemos que el hecho de que el nacimiento de ambos niños, no respetara las rigurosas normas éticas de la época y para no poner en evidencia a las madres, motivó la declaración testamentaria expresada, que no dejaba descendientes.
No obstante, Belgrano, antes de morir, instruyó a su hermano el Canónigo Joaquín Eulogio Estanislao Belgrano, a quien nombró su heredero y albacea, para que su familia velara por el futuro de su hija y le asignara en el futuro filiación.
Buenos Aires, junio de 2001
Grl. Isaías José García Enciso Vicepresidente 1º Instituto Nacional Belgraniano
Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano
SU TESTAMENTO
Dice Mitre en su Historia de Belgrano y de la independencia argentina: “El 25 de mayo (25 días antes de morir el general Belgrano) había dictado su testamento, ‘encomendando su alma a Dios, que la formó de la nada, y su cuerpo a la tierra de que fue formado’, según sus propias palabras. En tal ocasión declaró que no teniendo ningún heredero forzoso, ascendiente ni descendiente, instituía como tal a su hermano el canónigo don Domingo Estanislao Belgrano, a quien nombró patrono de las escuelas por él fundadas, legándole su retrato, con encargo secreto de que, pagadas todas sus deudas, aplicase todo el remanente de sus bienes en favor de una hija natural llamada Manuela Mónica, que en edad de poco más de un año había dejado Tucumán, recomendándole muy encarecidamente hiciera con ella las veces de su padre, y cuidara de darle la más esmerada educación”. En una nota al pie de página, agrega lo siguiente sobre el encargo secreto: “Todo esto consta de una carta de don Domingo Estanislao Belgrano a su hermano don Miguel, de fecha 15 de junio de 1824, transmitiéndole su patronato y comunicándole los encargos que el General le había hecho al tiempo de morir. M.S. original en nuestro archivo. Por ella se ve que el testamento de Belgrano es un simple fideicomiso; y explica el verdadero sentido de las palabras que en él se encuentran: no tener ascendiente ni descendiente, es decir, para los efectos de la herencia forzosa, y por esto sin duda instituyó como heredero universal a un sacerdote que era a la vez su hermano, en la confianza de que él aplicaría todos los bienes, como lo hizo, en favor de su hija”.
Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano
TEXTO DEL TESTAMENTO
Seguidamente, se transcribe el testamento de don Manuel Belgrano. Al hacerlo, se actualiza su ortografía y se mantiene su construcción sintáctica:
“En el nombre de Dios y con su santa gracia amén. Sea notorio como yo, Dn. Manuel Belgrano, natural de esta ciudad, brigadier de los ejércitos de las Provincias Unidas en Sud América, hijo legítimo de Dn. Domingo Belgrano y Peri, y Da. María Josefa González, difuntos: estando enfermo de la (enfermedad) que Dios Nuestro Señor se ha servido darme, pero por su infinita misericordia en mi sano y entero juicio, temeroso de la infalible muerte a toda criatura e incertidumbre de su hora, para que no me asalte sin tener arregladas las cosas concernientes al descargo de mi conciencia y bien de mi alma, he dispuesto ordenar este mi testamento, creyendo ante todas cosas como firmemente creo en el alto misterio de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero, y en todos los demás misterios y sacramentos que tiene, cree y enseña nuestra Santa Madre Iglesia Católica Apostólica Romana, bajo cuya verdadera fe y creencia he vivido y protesto vivir y morir como católico y fiel cristiano que soy, tomando por mi intercesora y abogada a la Serenísima Reina de los Angeles María Santísima, madre de Dios y Señora nuestra, a su amante esposo el señor San José, al Angel de mi Guarda, santo de mi nombre y devoción y demás de la corte celestial, bajo de cuya protección y divino auxilio otorgo mi testamento en la forma siguiente:
1a. Primeramente encomiendo mi alma a Dios Nuestro Señor, que la crió de la nada, y el cuerpo mando a la tierra de que fue formado, y cuando su Divina Majestad se digne llevar mi alma de la presente vida a la eterna, ordeno que dicho mi cuerpo, amortajado con el hábito del patriarca Santo Domingo, sea sepultado en el panteón que mi casa tiene en dicho convento, dejando la forma del entierro, sufragios y demás funerales a disposición de mi albacea.
2a. Item, ordeno se dé a las mandas forzosas y acostumbradas a dos reales con que las separo de mis bienes.
3a. Item, declaro: Que soy de estado soltero, y que no tengo ascendiente ni descendiente.
4a. Item, declaro: Que debo a Dn. Manuel de Aguirre, vecino de esta ciudad, dieciocho onzas de oro sellado, y al Estado seiscientos pesos, que se compensará en el ajuste de mi cuenta de sueldos, y de veinticuatro onzas que ordeno se cobre por mi albacea, y presté en el Paraguay al Dr. Dn. Vicente Anastasio de Echevarría, para la compra de una mulata – Cuarenta onzas de que me es deudor el brigadier Dn. Cornelio Saavedra, por una sillería que le presté cuando lo hicieron Director; dieciséis onzas que suplí para la Fiesta del Agrifoni en el Fuerte, y otras varias datas: tres mil pesos que me debe mi sobrino Dn. Julián Espinosa por varios suplementos que le he hecho.
5a. Para guardar, cumplir y ejecutar este mi testamento, nombro por mi albacea a mi legítimo hermano el Dor. D. Domingo Estanislao Belgrano, dignidad de chantre de esta Santa Iglesia Catedral, al cual respecto a que no tengo heredero ninguno forzoso ascendiente ni descendiente, le instituyo y nombro de todos mis acciones y Dros. presentes y futuros. Por el presente revoco y anulo todos los demás testamentos, codicilos, poderes para testar, memorias, u otra cualesquiera otra disposición testa¬mentaria que antes de ésta haya hecho u otorgado por escrito de palabra, o en otra forma para que nada valga, ni haga fe en juicio, ni fuera de él excepto este testamento en que declaro ser en todo cumplida mi última voluntad en la vía y forma que más haya lugar en Dro. En cuyo testimonio lo otorgo así ante el infrascrito escribano público del número de esta ciudad de la Santísima Trinidad, puerto de Santa María de Buenos Aires, a veinticinco de mayo de mil ochocientos veinte. Y el otorgante a quien yo dho. escribano doy fe conozco, y de hallarse al parecer en su sano y cabal juicio, según su concertado razonar, así lo otorgo y firmo, siendo testigos llamados y rogados don José Ramón Mila de la Roca, Dn. Juan Pablo Sáenz Valiente, y Dn. Manuel Díaz, vecinos. M. Belgrano (firma). Narciso de Iranzuaga (firma) Escribano Público”.
Cfr: Anales del Instituto Nacional Belgraniano, Nº 6, Buenos Aires, 1993, p.p. 133-135.
RETRATO ORIGINAL DE MANUEL BELGRANO🔻
Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús BELGRANO (03/06/1770 – 20/06/1820). Creador de la Bandera Argentina.
Este es el Retrato original del general Manuel Belgrano, realizado en Inglaterra en 1815 por el artista Francois Casimir Carbonnier, donde se observa una escena bélica y en ella banderas de color blanco y celeste en dos franjas, como las hizo pintar su propio creador.
En 1815 Belgrano viajó a Europa en misión diplomática representando a la Provincias Unidas del Río de la Plata y hallándose en Londres posó en persona para el artista Francoise Casimir Cabonnier, lo que correspondía con las formalidades de la época.
En este magnífico retrato, Belgrano evidencia una notable dignidad, correspondiente a su condición de diplomático de una joven nación. Irradia señorío; desde el corte de sus ropas hasta su expresión facial. La limpieza de su mirada y la sensación de vitalidad son los principales aciertos de la ejecución. Su vestir es de sobria elegancia; el pastillero que sostiene en la mano es un signo de distinción.
En primer plano hay una batería que ha cesado de disparar, cumplido ya su objetivo, lo que sugiere la victoriosa progresión del combate. Destaca también una línea de infantes que avanza bajo fuego y ha sufrido varias bajas. Porta una bandera, cuyos rasgos están curiosamente difuminados, sin embargo, junto al mástil se observan restos del blanco y el celeste que habría tenido el paño.
Reforzando la marcha aparece un grupo, que hace fuego escalonado. Sobre el fondo, la reserva espera órdenes, al amparo de otra bandera. Esta última y la primeramente mencionada indicarían cómo eran las enseñas belgranianas y, posiblemente, cómo se estructuraban las enseñas izadas en las barrancas del Rosario y la jurada y bendecida en Jujuy, en 1812. Prueban también el uso del celeste, en contra de aquellos que les atribuyen un color azul.
La iconografía de Belgrano es breve; solo hay tres retratos del prócer tomados directamente del natural. Una es una miniatura que trajo de Europa y que presumiblemente fue realizado en España antes de 1794 y que lleva la firma del artista francés Joseph Alexandre Boichard.
La otra es este cuadro, que perteneció a la familia de Belgrano durante muchos años, hasta que fue adquirido por el Banco de Olavarría en 1974 y se expone actualmente en el Museo “Dámaso Arce” de esa ciudad bonaerense, institución que accedió a prestarlo para que se exhiba junto a la Bandera Nacional de la Libertad Civil en su bicentenario.
Desde el año 1915, el retrato estuvo en poder de Néstor Belgrano que lo heredó de su hermano Manuel, quien lo había recibido de su madre Flora Vega Belgrano Belgrano casada con Juan Carlos Belgrano. Flora lo había heredado de su madre Manuela Mónica Belgrano, hija del general.
La obra no lleva firma pero el destacado historiador Mario Belgrano, probó la autoría de Carbonnier en 1942.
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Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús BELGRANO
MAUSOLEO DEL GENERAL MANUEL BELGRANO
Ubicación: Atrio de la Basílica de Nuestra Señora del Rosario y Convento de Santo Domingo, Avenida Belgrano y Defensa, Ciudad de Buenos Aires
Años: 1897; 1903 (inauguración)
Autor: Ettore Ximenes
Formado en la Academia de Bellas Artes de Palermo, el siciliano Ettore Ximenes fue un destacado representante de la escuela realista italiana. Además de la prolífica obra realizada en su país, es autor de dos importantes monumentos en Sudamérica: el de la Independencia en San Pablo, Brasil, y este bello mausoleo. Sobre un basamento de mármoles italianos se eleva un emblemático sarcófago coronado por un yelmo y sostenido por cuatro ángeles. El monumento incorpora asimismo dos bajorrelieves en bronce referidos a las más relevantes acciones belgranianas –la creación de la Bandera y las batallas de Tucumán y Salta– y, ubicadas a ambos lados de la base, dos figuras masculinas que simbolizan el Pensamiento y la Acción; este espléndido par escultórico –sin duda el punto de mayor interés estético del conjunto– alude al carácter heroico del hombre que supo luchar por la libertad de su patria desde todos los ángulos que le señaló su destino.
Fotos: AGN + Fermín Labaqui
 Mausoleo del Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús BELGRANO

 Mausoleo del Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús BELGRANO

Mausoleo del Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús BELGRANO