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"Soy un hombre de armas, un soldado, scout. Paradójicamente, al único de mi especie que admiro, empuñó solamente la palabra, su técnica fue la humildad, su táctica la paciencia y la estrategia que le dio su mayor victoria fue dejarse clavar en una cruz por aquellos que amaba".

Desde La Trinchera Del Buen Combate en Argentina. Un Abrazo en Dios y La Patria.

26 de abril de 2018

BATALLA DEL RIO DE LA PLATA (13/12/1939). FUE EL ÚNICO EPISODIO DE LA 2DA GUERRA MUNDIAL DESARROLLADO EN AMÉRICA DEL SUR, EN AGUAS TERRITORIALES URUGUAYAS. PARTICIPARON EL ACORAZADO DE BOLSILLO ADMIRAL GRAF SPEE, LOS CRUCEROS LIGEROS HMS AJAX Y HMS ACHILLES Y EL CRUCERO PESADO HMS EXETER.

Vista del Acorazado Graf Spee
La Batalla del Río de la Plata (conocida localmente también como La Batalla en la Bahía de Montevideo) fue la primera batalla naval entre buques ingleses y alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Además, fue el único episodio de la guerra desarrollado en América del Sur, en aguas territoriales uruguayas. Participaron el acorazado de bolsillo Admiral Graf Spee, los cruceros ligeros HMS Ajax y HMS Achilles y el crucero pesado HMS Exeter.
Extracción del telémetro del Graf Spee - Foto Ambito Financiero 26/2/2004
Batalla del Río de la Plata
Parte de la Segunda Guerra Mundial
HMS Achilles (70).jpg
El HMS Achilles visto desde el HMS Ajax durante el transcurso de la batalla del Río de la Plata.

Fecha13 de diciembre de 1939
LugarMar adentro, frente al estuario del Río de la Plata, territorio uruguayo

Coordenadas32°S 47°O (mapa)
ResultadoVictoria británica
Beligerantes
Bandera de Alemania nazi AlemaniaBandera de Reino Unido Reino Unido
Bandera de Nueva Zelanda Nueva Zelanda
Comandantes
 Hans Langsdorff Henry Harwood
Fuerzas en combate
1 acorazado de bolsillo1 crucero pesado
2 cruceros ligeros
Bajas
1 acorazado de bolsillo dañado
  • 36 muertos
  • 60 heridos
1 crucero pesado gravemente dañado
  • 2 cruceros ligeros dañados
  • 72 muertos
  • 28 heridos
El Graf Spee en el Atlántico Sur
La misión del Graf Spee era apostarse en el Atlántico Sur, para lo cual zarpó del puerto de Wilhelmshaven el 21 de agosto de 1939, once días antes de la apertura de las hostilidades. Durante la travesía fue acompañado por el Altmark como buque nodriza que, en lugares previamente decididos en pleno mar, lo abastecía de combustible y provisiones.
El Graf Spee actuó como un verdadero corsario: cambió de nombre, de bandera y llegó a colocar una alta torre para confundirse con otra embarcación. El 28 de septiembre, el Graf Spee hundió un vapor en las cercanías de Pernambuco. En octubre, capturó cuatro barcos más en puntos del Atlántico Sur muy alejados entre sí, y en noviembre apareció en el Océano Índico. La acción del Graf Spee creó graves problemas al abastecimiento británico, por lo que fue intensamente buscado. Sin embargo, nunca se produjo una muerte: a cada uno de los buques víctimas les exigía no transmitir el ataque, acto seguido evacuaba a la tripulación y apresaba a los capitanes y oficiales.
El Graf Spee dejo la Base de Wilhelmshaven el 21 de agosto de 1939, el mismo día, que la firma en Moscú del Pacto de no Agresión Ruso-Alemán.
La batalla
En diciembre, Hans Langsdorff, capitán del Graf Spee, decidió hacer una incursión en costas sudamericanas para luego retirarse. El día 7 hundió otro carguero y fijó rumbo hacia la zona del Río de la Plata donde, al amanecer del día 13, se encontró con los buques británicos Ajax, Achilles y Exeteraguardándolo, bajo el mando del almirante Henry Harwood, frente a las costas de Punta del Este. Tras hora y media de combate, el Exeter debió abandonar la lucha. El Ajax y el Achilles también estaban en muy mal estado. Harwood decidió huir y trató de seguir al Graf Spee en espera de refuerzos, pero Langsdorff decidió entrar al puerto de Montevideo. Fue la última batalla puramente naval de la historia, sin submarinos ni aviones.
Crucero HMS Exeter
El fin del Graf Spee
Transcurrieron días de intensas negociaciones diplomáticas, durante los cuales británicos y alemanes deseaban que el Graf Spee permaneciera en puerto hasta que, finalizado el plazo acordado por el gobierno uruguayo, al atardecer del día 17 de diciembre, levó anclas, fondeó a cierta distancia de la costa, la tripulación aborda el carguero Tacoma (el cual escapó del puerto del Montevideo, contraviniendo órdenes del Comando Naval de Uruguay) y el Graf Spee fue volado por orden de su capitán, que posteriormente se suicidó. Luego, aparecieron dos remolcadores provenientes de Buenos Aires y una serie de embarcaciones menores que iban y venían del acorazado al transporte, transportando a los más de 1.000 tripulantes.
Graf Spee 
Más de medio millar de tripulantes fueron trasladados a Buenos Aires y parte a Montevideo, junto con el buque mercante Tacoma, y en enero de 1940 se estableció su internación en la ciudad. Tanto en Buenos Aires como en Montevideo, unos 200 oficiales fueron dejados en libertad y se fugaron a Alemania donde reingresaron en la Kriegsmarine, mientras que los marineros fueron internados en cuarteles militares. La imposibilidad de asegurar su residencia en Montevideo motivó que el Poder Ejecutivo dispusiera en 1942 e hiciera efectivo en 1943, el traslado a Sarandí del Yí (al Cuartel del Paso del Rey) de 96 marineros del Graf Spee' y del Tacoma (también buque alemán), designando a efectivos de la Región Militar II para vigilarlos. Allí permanecieron hasta su traslado a Montevideo y repatriación a Alemania en 1946.
Graf Spee 
Numerosos objetos pertenecientes al Graf Spee se encuentran en el museo del Cuartel Paso del Rey en Sarandí del Yí, en el Departamento de Durazno en Uruguay.
Los marinos alemanes fueron repatriados desde Argentina y el capitán Langsdorff se disparó en la cabeza, en su cuarto de hotel en Buenos Aires, envuelto en la bandera de Alemania. También cabe destacar que una parte de los marineros de dicha nave se quedaron a vivir en Uruguay y formaron sus familias. Otros, recalaron en las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe (Argentina). En la ciudad de Rosario hubo una propiedad en la calle José C. Paz al 2000 (Barrio Alberdi) que albergó a 17 tripulantes, tres de los cuales contrajeron matrimonio en la ciudad y dos de ellos aún viven allí.
Fotografía de la entrada del Graf Spee al Puerto de Montevideo el 14 de diciembre
EL RESPETO DE UNA LEYENDA: EL rescate DEL GRAF SPEE 
Desde los primeros días de este año, reiteradas informaciones dieron cuenta de los intentos realizados por un grupo privado liderado por Alfredo Echegaray (con el beneplácito del gobierno uruguayo) para reflotar al legendario acorazado de bolsillo alemán Admiral Graf Spee. Hasta aquí, las noticias no se alejaban mucho de las historias que cada tanto llegan a las redacciones de los diarios, reseñando avances tecnológicos y descubrimientos científicos que de tan reiterados ya no nos asombran tanto, aplicados, en este caso, a expurgar los restos de un pasado bélico hundido en el fangoso lecho del Río de la Plata. 
Coincidiendo con estos trabajos, un grupo de veteranos marinos (promedio de edad, ochenta y tantos años) se encaminó una abrumadora tarde de fines de febrero a los salones de un tradicional club de gimnasia que la coletividad alemana posee en Zona Norte, para dar a conocer su opinión, en exclusiva para LA NACION, sobre estas tareas que se realizan en las aguas frente a Montevideo. 
Fotografía de la entrada del Graf Spee al Puerto de Montevideo el 14 de diciembre
Los cinco marinos, todos veteranos combatientes de la Kriegsmarine e integrantes del Círculo de Camaradería de los Ex Tripulantes del Acorazado Admiral Graf Spee se han reunido para expresar su sentimiento, totalmente opuesto al reflotamiento de su vieja nave. Aquí y allá, en una garganta que se quiebra, en una parrafada en alemán que nadie se procupa por traducir, en los ojos, en fin, velados por una indecible tristeza, se refleja el sentimiento compartido. Un sentimiento decididamente opuesto a perturbar el barroso lecho del río donde yace su nave. Hasta aquí, se trataría de un ejemplo más de la fuerte alianza que une a un marino con su barco, pero más aún, del recuerdo de su comandante, el capitán de navío Hans Wilhelm Langsdorff, cuya voluntad de hundir el barco donde está, dicen, debe ser respetada literamente.
 Graf Spee
Al recordar a Langsdorff, claro, viene a la memoria alguna vieja foto que mostraba al comandante alemán, en short y uniforme de verano, departiendo amigablemente en el puente de su barco con el capitán inglés de un barco hundido por él, al que había tratado con las clásicas leyes de la caballerosidad en la guerra en el mar. O si no, sus sobrios conceptos de aquella última entrevista que Julio Heller, redactor de LA NACION, le hizo pocas horas antes de que, volada su nave y puestos a salvo sus tripulantes, cumpliera una de las más viejas tradiciones del mar: hundirse (simbólicamente) con su barco y quitarse la vida. Un comportamiento, claro, que redondea una silueta digna, más propia de un relato de Joseph Conrad que de las sistemáticas carnicerías bélicas del siglo XX. 
Graf Spee
El Dr. Carlos D´Anna, asesor legal del Círculo de Camaradería de los marinos alemanes, menudo, nervioso y muy activo, nos muestra los documentos enviados a la embajada alemana en Montevideo, al embajador alemán en Buenos Aires, Rolf Schumacher, además del entregado al embajador uruguayo en Buenos Aires, Alberto César Volonté Berro. Este último, textualmente señala: "Mas allá de determinar la propiedad legal de los mismos (los restos del buque), y si se encuentran o no en aguas internacionales, queremos expresarle que ellos son sagrados para quienes servimos a bordo durante aquellos difíciles años de guerra, y aún más, para muchos argentinos y uruguayos que nos quieren y respetan. En su cubierta 36 jóvenes camaradas, que hoy descansan en tierra uruguaya, ofrendaron su vida y 60 resultaron gravemente heridos, sin olvidar a nuestro comandante, el capitán de navío Hans Wilhelm Langsdorff, el cual al sacrificar su vida quedó incorporado definitivamente a la historia como un verdadero héroe. 
"Sr. Embajador, es tradición histórica naval, que a los buques de guerra hundidos en acción se los considere como `tumbas bajo el mar´, y este es un principio moral que su Gobierno debe respetar, permitiéndoles permanecer allí donde cayeron. 
El Graff Spee en llamas
"Hace tres años, los integrantes de este Círculo, conjuntamente con sus familiares y amigos, viajamos hasta el lugar en que se halla el Graf Spee y emocionadamente arrojamos una corona de flores sobre las aguas que un día lo vieron arder y desaparecer. Dios quiera que esas mismas aguas lo guarden eternamente, porque a las tumbas sólo se las honra y respeta. Por todo lo expuesto, los firmantes, ex tripulantes, familiares, amigos y simpatizantes del Círculo de Camaradería de los Ex tripulantes del Acorazado Admiral Graf Spee, le solicitamos al Señor Embajador que exprese al Gobierno de la República Oriental del Uruguay nuestro profundo desagrado y oposición a un proyecto que nos hiere y agravia, ya que la última orden de nuestro comandante fue la de hundir nuestra nave antes que entregarla al enemigo de entonces." 

Graf Spee
Pero mucho más impactante para estos redactores que cualquier documento es la expresión misma de los rostros curtidos. Kurt Wecker, Matrosenhauptgefraiter (equivalente al Suboficial Principal) de la 1° División del Buque es, a los 84 años, presidente del Círculo de Camaradería. Manejando un castellano perfecto, acompasado por un suave acento germánico, Wecker es claro en su oposición al reflotamiento del Graf Spee. "Cuando leí la noticia por primera vez en LA NACION me sentí muy mal, y hablé ese mismo día con todos los ex compañeros de nuestro Círculo. Ellos se sentían de la misma manera. No estamos de acuerdo con que se levante el Graf Spee, porque para todos nosotros es un monumento bajo el agua, un sepulcro sagrado. Y eso se debe respetar, honrar, no realizándose una profanación como la que estamos presenciando. Porque hundir el barco fue la última decisión de nuestro comandante, una decisión tomada precisamente para que no cayera nunca en poder del enemigo. Y esa voluntad, todos los ex combatientes del Graf Spee la vamos a respetar, lo mismo que respetamos su sepultura. Porque si bien el comandante Langsdorff está enterrado en el Cementerio Alemán de Buenos Aires, el espíritu de nuestro capitán quedó en su barco, en el fondo del río." 



Explosivos peligrosos 
El veterano ex tripulante señala, también, los graves inconvenientes a los que, en su opinión, se enfrentan los buzos empeñados en reflotar al Graf Spee. "Es una tarea muy difícil, porque además, según tengo entendido, el buque hoy está cortado en tres partes, además del hecho de que seguramente hay todavía material explosivo a bordo que no explotó en su momento, y que podría constituir un grave peligro para los buzos que trabajan en el lugar." 
D´Anna afirma que "las miles de toneladas de barro que hay depositadas sobre el Graf Spee están actuando como preservantes. El barro evitaría así la corrosión de los explosivos, actuando como un aislante, y permitiendo que estos permanezan tan activos como letales". 
Pablo Kus (84 años), Machine Obergefraiter (Cabo Superior de Máquinas) de la 8° División del Graf Spee, es de pelo rojizo, histriónico, está lleno de anécdotas y un ligero temblor en un brazo delata cuando la emoción lo atenaza. Se suma a la conversación con LA NACION y afirma: "Mire, la noticia del reflotamiento del Graf Spee me cayó tan mal como a todos. Yo fui uno de los últimos 40 marinos que salió del barco. Hoy soy el único que queda vivo de aquellos 40 que marchamos con nuestro comandante a hundir la nave para que no cayera en manos enemigas. Mi tarea en el hundimiento fue preparar los torpedos (seis en total), que debimos bajar con guinches". 
Graf Spee
Kus recuerda como si fuera ayer cuando media hora antes de la voladura del barco, el comandante Langsdorff reunió a los mencionados 40 marinos en el comedor de suboficiales y les dijo: "Muchachos, vamos a dejar hundir al barco. Ustedes tienen que cumplir órdenes, todo va a salir bien. ¿Y si saliera mal? Bueno, el buque es reemplazable, ya habrá otros más modernos, pero la vida de cada tripulante es una sola, así que si sale mal, mala suerte, pagamos los 40, pero le salvamos la vida a 1100". 
 Graf Spee
Otro de los marinos presentes es Heinz Berger (83 años), también Machine Obergefraiter (Cabo Superior de Máquinas). Nervioso, expresivo e inquieto, Berger se entusiasma al defender su causa: "Dejémoslo bien claro, el Graf Spee es un símbolo de humanidad en plena guerra, y eso debe ser respetado. Nuestro capitán, después de evaluar la situación de la nave en Montevideo, vio imposible continuar la lucha contra los ingleses. Hay que destacar que el comandante salvó a la tripulación, a "sus muchachos" (como nos llamaba), porque era como un padre para nosotros --aquí la emoción quiebra el firme tono de la voz del relato del veterano--. El Graf Spee tiene que quedar donde él lo puso, en el fondo del Río de la Plata". Berger sirvió en una sección del buque que no permitía, prácticamente, ningún contacto pesonal con el comandante. Sin embargo, lo recuerda con precisión: "Langsdorff era en todo sentido una persona extraordinaria, un caballero. Para todo el mundo, empezando por sus enemigos ingleses, fue un auténtico señor." 
Graf Spee
Karl Fengler (86 años) Matrosenobergefraiter de la 3ª División del buque, apenas puede hablar de la emoción contenida, explayándose de pronto en una larga parrafada en alemán que nadie traduce. Luego, más calmado, nos ofrece una reproducción ampliada de una antigua postal alemana que mostraba al Graf Spee frente al puerto de Hamburgo, en mayo de 1939, meses antes de la guerra. Más tranquilo, entonces, Fengler nos cuenta una anécdota del final de su capitán. "Un día antes de suicidarse, el comandante vino al patio del Hotel de Inmigrantes con nosotros. Los muchachos de la tripulación le preguntaron qué iba a pasar. ?Ya lo van a saber´, dijo sonriendo enigmáticamente. Y esa misma noche se quitó la vida en su habitación del Arsenal Naval." 
Graf Spee
El quinto marino convocado es Willi Jacobs (86 años) Funköbergefraiter (Cabo 1° telegrafista) de la 5ª Divisón. Llegó tarde a la reunión, caminando con dificultad. Tocado con una gorra y ayudándose con un bastón, auxiliado por su esposa, se acomodó en el asiento y sólo pronunció enfáticamente, como en una oración: "Que se quede donde está", haciendo por supuesto referencia al Graf Spee. 
Para los viejos marinos alemanes, si bien los restos mortales del capitán Langsdorff yacen en el cementerio Alemán en la Chacarita, el espíritu de su comandante yace, en cambio, en el fondo del Río de la Plata, junto a la nave que decidió hundir antes de que cayera en poder del enemigo. Si bien es cierto que, parafraseando el título de una vieja novela de la Segunda Guerra Mundial, "en la tumba del marino no crecen flores", este puñado de veteranos del Graf Spee se han reunido, quién sabe, tal vez por última vez, para que nada perturbe a ese silencioso sepulcro que es para ellos lo que queda de su barco, el otrora poderoso acorazado de bolsillo Admiral Graf Spee. 
Langsdorff durante el entierro de los caídos
POR ERNESTO G. CASTRILLÓN Y LUIS CASABAL - HELMUT HANUSSA, ARTILLERO DEL "GRAF VON SPEE" 
EL VIEJO MARINO BRINDA POR LA VIDA Y POR SU BARCO. EL ÚNICO SOBREVIVIENTE EN BAHÍA BLANCA DEL ACORAZADO ALEMÁN, AYER CELEBRÓ SUS 84 AÑOS Y TAMBIÉN LA POSIBILIDAD DE QUE LA NAVE HUNDIDA EN 1939 SEA REFLOTADA EN EL RÍO DE LA PLATA. 21/1/2004
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El veterano marino - Foto La Nueva Provincia
El marino alzó su copa. Y brindó.
Con cerveza, por supuesto, y un poco de sidra, los brindis se repitieron ayer, en la casita que comparte un grupo de jubilados en la calle Rincón al 2800, muy cerca del hogar del otrora hombre del mar.
--¡Por la vida¡-- exclamó Helmut Hanussa, de flamantes 84 años y, casi en voz baja, emocionado y sonriente, también levantó la copa por su barco, el que tal vez pronto podrá abandonar su letargo y salir a flote.
--Ya lo sé. Hace años que tratan de sacarlo. Vamos a ver. ¡Cómo me gustaría estar allí!-- reconoció el artillero del "Admiral Graf von Spee", mientras buscaba los ojos de Elsa, su mujer.
--Seguro que cuando el barco se hundió, vos lloraste-- le dijo Elsa.
--¿Llorar? Un marino no llora. Sentí el dolor por esos tres años en alta mar que se terminaban y porque no queríamos rendirnos. Hubo una explosión y el barco se fue perdiendo lentamente, porque Montevideo tiene muy poca profundidad.
El acorazado, de 185 metros de largo y 12.700 toneladas, yace partido en tres: popa, proa y torre de control, a unos siete metros de profundidad.
Helmut Hanussa nació en Landshut (frontera con la entonces Checoslovaquia), en 1920. Ingresó a la marina con 15 años y hoy guarda, impecable, el uniforme de gala, en el que está grabado su número de matrícula (01265) y el talle (38-5). Es el único sobreviviente del "Graf von Spee" que reside en Bahía Blanca.
Rudolf Stefanowski, el otro artillero que vivió en nuestra ciudad, falleció el 12 de febrero de 2002.
Traslado de los féretros de los caídos alemanes
Al rescate
Han pasado 64 años del hundimiento en el Río de la Plata del protagonista de uno de los más épicos sucesos navales de la Segunda Guerra Mundial y Helmut se esperanza en el grupo de uruguayos que, con el apoyo de expertos de Argentina, Alemania y el Reino Unido, comenzó a reflotar el acorazado. El próximo jueves 29 se intentará recuperar el telémetro, de unos 27.000 kilos de peso, que servía para afinar la puntería, según afirmó el director de la operación, el uruguayo Héctor Bado, en declaraciones publicadas por el diario "El País", de Montevideo.
La expedición trajo de Alemania todos los planos del barco, que fue hundido el 17 de diciembre de 1939 por su capitán, Hans Langsdorff, para evitar que cayera en manos de los aliados.
 Graf Spee
Los buques británicos "Achilles" y "Exeter" y el neozelandés "Ajax" cercaron al acorazado a cinco kilómetros de las costas de Montevideo, y su capitán, tras ordenar el retiro de la tripulación, lo dinamitó.
El mismo grupo rescató hace seis años uno de los cañones que actualmente se exhibe en el Museo Naval de Montevideo y que pesa 50 toneladas.
En los trabajos de rescate intervendrán el director de arqueología submarina de la Universidad de Oxford, "Mensun" Baund, y el arqueólogo argentino Atilio Nasti.
El gobierno uruguayo, a través de la Armada y la Administración Nacional de Puertos, apoya la expedición y facilitó una embarcación científica, un grupo de buceo y una grúa para elevar a la superficie el telémetro.
Traslado de los féretros de los caídos alemanes
Posteriormente la pieza será restaurada por expertos alemanes.
Bado pretende que ese rescate le dé un empuje a su idea original, que es reflotar el "Admiral Graf Spee" en su totalidad.
Una de las dificultades que enfrenta el rescate es la escasa visibilidad de las turbias aguas del Río de la Plata.
Los recuerdos no envejecen
El "Graf von Spee" era buscado "vivo o muerto" por los aliados. Entre el 30 de septiembre y principios de diciembre de 1939, había hundido nueve buques ingleses.
--Todavía escucho los cañonazos. Yo era artillero y los bombazos nunca se olvidan. Eran tres barcos ingleses contra nosotros solos --recordó Helmut al referirse a la Batalla del Río de la Plata.
El "Graf von Spee", malherido, se refugió en el puerto de Montevideo, pero lo esperaban para darle el último golpe. No lo consiguieron, el capitán lo hizo explotar antes. La nave ardió durante una semana, hasta que encontró su última morada en el fondo del Plata.
Langsdorff, el 19 de diciembre, acordó con el gobierno argentino (nuestro país aún era neutral) la internación de sus subordinados. Después, se encerró en un cuarto de hotel en Buenos Aires, y se suicidó.
--No lo dejábamos solo, porque no queríamos que se matara. Le hablábamos a cada rato y él se preocupaba por salvarnos--memoró Helmut.
A principios de 1940, los marinos alemanes fueron distribuidos en varias provincias argentinas. Uno de los grupos se instaló en el otrora Club Hotel de Villa Ventana, pero Helmut Hanussa fue trasladado a Mendoza.
Tras casarse con Neba Nelda Torrontegui, tía del actor Juan Carlos Thorry, se instaló en Coronel Pringles, donde su mujer tenía familiares y, más tarde, en Bahía Blanca. Aquí, se reencontró con algunos camaradas, por caso, Enrique Linse.
Helmut levantó su casa, trajo a sus padres y fue empleado por más de 20 años en Pipkin y Compañía.
--Yo, alemán; ellos, judíos, y nunca hubo problemas. Siempre me consideraron con respeto y estuve bien pago. Hubo una correcta relación --aseguró el viejo marino, quien enviudó en 1990.
Se volvió a casar; ahora, con Elsa Leguizamón, de 72 años, una rionegrina de Villa Regina a quien conoció en un viaje de jubilados, en Sierra de la Ventana.
Ayer, entre sus afectos y más allá de su típica frialdad, Helmut celebró hasta el anochecer. Después, con los ojos brillantes y apoyado en Elsa, caminó los pocos metros que separan la casita de los jubilados de la suya. Allí lo esperaban el Helmut adolescente, perpetuado en la foto en blanco y negro que lo muestra en Alemania en 1936, y junto a la puerta de entrada, desde un cuadro en colores, el "Gran von Spee" victorioso y erguido sobre las aguas.
Y volvió a brindar.
Vista del Graf Spee después de la explosión
¿Como el "Titanic"?
En la construcción del "Graf von Spee" participaron una 150 empresas alemanas, 60 de las cuales continúan operativas. Las diez principales fueron contactadas y tres de ellas manifestaron firme interés en colaborar en la restauración de las piezas que se recuperen y financiar los trabajos futuros de rescate.
El proyecto interesó al cineasta estadounidense James Cameron, director entre otras películas de Titanic , que anunció la posibilidad de viajar a Uruguay para conocer mayores detalles.
Camaradas. En marzo de 1984, Helmut Hanussa se reunió en la Argentina con Inge Langsdorff, la hija del capitán del "Graf von Spee". De aquella emotiva cita, participaron Enrique Linse, Martin Tille y Bernardo Trault, antiguos camaradas que residían en Bahía Blanca.
Vista del Graf Spee después de la explosión
EL BUQUE FUE HUNDIDO FRENTE A MONTEVIDEO EN 1939 
Creen que el águila nazi del Graf Spee podría valer unos 2 millones de dólares. La empresa que la rescató del río busca subastarla. Pero en Uruguay se oponen. 
12/2/06
El águila, fotografiada por turistas - Foto Clarín
Apareció en diciembre, de casualidad. A diez metros de profundidad, en el Río de la Plata, los buzos buscaban una pieza de artillería, pero los modernos aparatos de detección remota mostraron algo extraño. Una cabeza de águila. Los expertos descendieron, excavaron un metro en el barro y encontraron una pieza única en el mundo: la insignia nazi del acorazado alemán Admiral Graf Spee, que fue hundido el 17 de diciembre de 1939 frente a Montevideo por orden de su capitán, tras haber sido seriamente averiado por tres barcos ingleses.
Desde el viernes, la figura alada de bronce de unos 300 kilos, 2 metros de alto y 2,80 de ancho, es exhibida —con la cruz esvástica cubierta por una lona— frente al Hotel Palladium de la capital uruguaya. Dentro de algunos días, empezarán a restaurarla. Y luego, posiblemente, se la lleve a una subasta internacional: Mensun Bound, un arqueólogo de la Universidad de Oxford calcula que puede valer entre 2 y 3 millones de dólares. "Al perder ese barco, el Almirantazgo alemán ordenó que todas las águilas de sus buques fueran removidas. Se desconoce su destino, pero es probable que hayan sido fundidas. De allí el valor de esta pieza", explicó ayer a Clarín Héctor Bado (47), un buzo uruguayo que dirigió al equipo de rescatistas.
"Tuvimos que excavar un pozo de 4 x 2 metros para llegar a la base. En enero nos retrasamos por el mal tiempo y las correntadas —continuó Bado—. El águila estaba adosada a la popa con 145 tornillos de bronce, que hubo que aflojar con herramientas comunes, girando a un octavo de vuelta cada vez. Y todo al tacto: en el río la visibilidad es nula".
Esta no es la primera pieza del mítico Graf Spee que el equipo de Bado y Alfredo Etchegaray sacan a la superficie. Hace dos años rescataron un telémetro de 27 toneladas, uno de los artefactos ópticos para apuntar los cañones. Y en 1997 habían encontrado un cañón de 150 milímetros de calibre que hoy se exhibe en el Museo Naval de Uruguay.
Graf Spee
El destino de los restos es, justamente, una cuestión polémica. El acorazado pertenece al Estado uruguayo, pero, según explicó Bado, la empresa privada que realiza la búsqueda y restauración tiene un contrato con el Gobierno por el cual cede el 50% de lo rescatado. Manuel Esmoris, presidente de la Comisión Nacional de Patrimonio, dijo ayer que no estaba de acuerdo con que el águila saliera del país. "Si se vende en Uruguay, es una propuesta razonable", señaló el funcionario, según la agencia AP.
"Por nuestra parte, que se venda. Hay que entender que es una pieza con connotaciones complicadas", comentó ayer a Clarín Bado, quien sólo espera aclarar "este ping pong burocrático" para conseguir más inversores que apuesten al rescate. El sueño de este buzo profesional —que lleva registrados más de 200 naufragios en la costa de su país— es recuperar "una parte sustancial del Graf Spee para exhibirla en un museo por su valor histórico. En ningún lugar del mundo se puede sacar una sección de un buque de guerra de estas características, porque éste al haberse hundido en aguas dulces no está tan deteriorado", precisó.
 El águila del Graf Spee
Sin embargo, los tiempos presionan: las últimas mediciones demostraron que en la popa tiene más barro del que se creía. Por ahora, los rescatistas siguen buscando piezas "pequeñas", como los cañones de la torre de popa, que "volaron como fósforos" cuando estalló.
Admiral Graf Spee 
Los veteranos del célebre acorazado alemán, hundido por sus tripulantes tras la Batalla del Río de la Plata en diciembre de 1939, se reunieron en el cementerio alemán para recordar y homenajear al comandante Hans Langsdorff, que se quitó la vida días después de la derrota 
19 de enero de 2003 

Kurt Wecker, frente a la tumba de Langsdorff - Foto La Nación
Eran cerca de las once de la mañana del 22 de diciembre último. Una violenta tormenta se abatía sobre Buenos Aires, barriendo con violencia las cuidadas sepulturas del Cementerio Alemán. Albergábamos dudas acerca de si la reunión proyectada tendría lugar. Pronto, éstas se despejaron. En pequeños grupos, cerca de cuarenta personas, ancianas la mayoría, de rostros rubicundos y ocasionalmente ajados, de aspecto digno, comenzaron a reunirse en la entrada del cementerio. Leves palmadas y algún abrazo marcaron el encuentro de los viejos camaradas. Nada de exuberancia, todo era medido en la reunión. Es que se han conocido de toda una vida. Eran los últimos sobrevivientes de la tripulación del acorazado de bolsillo Graf Spee que se congregaron para cumplir con una cita de honor. 
Vista del Graf Spee después de la explosión
Como todos los años en diciembre (cada vez con alguna nueva y triste ausencia), se reunieron para evocar la Batalla del Río de la Plata, donde su barco, el orgulloso Graf Spee, concluyó su trayectoria de guerra -tras hundir 50.000 toneladas de barcos mercantes enemigos- al enfrentarse el 13 de diciembre de 1939 con los buques británicos Exeter, Ajax y Achilles. También se encontraron para recordar a sus camaradas que ya no están (a los que cayeron en la batalla y a los que venció el paso del tiempo) y, sobre todo, para homenajear a su inolvidable comandante, el capitán de navío Hans Langsdorff, que luego de volar su nave antes de que cayera en poder de sus enemigos, y tras poner a salvo a sus tripulantes en Buenos Aires, se quitó la vida en su habitación del Arsenal de Guerra Naval, en la noche del 19 al 20 de diciembre de aquel año. 
Bajo la lluvia torrencial, los marinos, acompañados por sus familiares y por algunos pocos y leales simpatizantes, avanzaron lentamente rumbo a la capilla cercana a la entrada del cementerio. Para estar allí, habían viajado mucho, algunos desde Alemania, otros desde lugares más distantes aún. Kurt Wecker, presidente de la agrupación de veteranos del Graf Spee, pronunció un austero y emotivo recordatorio de la historia del barco. 

Funeral del Capitán Langsdorff
Luego, la emoción se apoderó de todos los presentes, cuando los marinos empezaron a entonar los compases melancólicos de Der gute Kamerad ("El buen camarada"), una vieja canción militar alemana de comienzos del siglo XIX. Sus rostros, curtidos por tantas aventuras y por el impiadoso paso del tiempo, mostraban, muy a pesar de ellos, el deslizarse de alguna lágrima. Una delegación de la Armada argentina, con sus uniformes blancos, impecables, permanecía firme, saludando a los viejos combatientes, cuyas voces parecían elevarse por las paredes del recinto. A un costado, un joven capitán de la marina alemana, con su uniforme de color acerado, entonaba la melodía con la misma emoción que los marinos del Graf Spee. 
El águila del Graf Spee
No se trataba de una típica canción marcial germana la que los conmovía. Había algo más profundo allí. "Esta melodía -nos dijo después Kurt Wecker- es viejísima, y la han cantado desde siempre los soldados y marinos alemanes para honrar a sus muertos. Mi padre, que fue oficial del ejército durante la Primera Guerra Mundial, la cantó o la escuchó cantar junto a las tumbas abiertas de Verdún". 
Fuera de la capilla, y aún bajo el pesado manto de lluvia, los viejos camaradas del Graf Spee caminaron, algunos erguidos, otros no tanto, hasta la tumba de su comandante, el capitán Langsdorff, que está enterrado junto a otros marinos del acorazado. Allí, un toque de clarín proporcionado por un marino argentino y un respetuoso silencio envolvieron por un instante a la partida. 
Vista del Graf Spee después de la explosión
Imágenes de un comandante 
Los veteranos del Graf Spee, se lo percibía en sus ojos fijos, en sus rostros crispados, retenían seguramente distintas imágenes de su viejo comandante. Algunos lo recordarían como al oficial siempre correcto, algo distante, que sostenía su infaltable pipa mientras salía de su camarote, sobre la banda de estribor a popa. O lo rememorarían, tal vez, tomando sol en la cubierta de la nave, junto al capitán británico Patrick Dove, que por el trato caballeroso de Langsdorff terminó por olvidar que éste había enviado al fondo del mar a su carguero, el Africa Shell. Otros, por fin, lo recordarían el mismo día de la Batalla del Río de la Plata, cuando tras ser herido dos veces, perdiendo sangre y quedando inconsciente luego de la explosión de una granada, volvió en sí, para retomar el mando y dirigir el combate. Un silencio opresivo, cargado de emoción, acompañaba la escena, mientras la lluvia barría la tumba del marino. 
Vista del Graf Spee después de la explosión
Luego, tras los respetos al viejo comandante, la mayoría de los ex tripulantes y sus familiares abandonó el lugar, dirigiéndose al comedor de una tradicional entidad deportiva de la colectividad alemana para compartir un almuerzo de camaradería. Fue entonces la ocasión de cambiar unas palabras con ellos. El ya mencionado Kurt Wecker -amable, levemente irónico- nacido en Pomerania hace 83 años comenzó por recordar al capitán Langsdorff: 
"Era un hombre agradable, cordial, no demasiado marcial. A mí, cada vez que lo iba a saludar y cuadrarme, me bajaba la mano con un gesto cómplice. Como yo era uno de los marinos más jóvenes, y muy prolijo -agregó sonriente- solía distinguirme y siempre me pasaba su postre durante las comidas. Era un marino caballeroso, tanto con nosotros, sus subalternos, como con los prisioneros británicos que pasaron por nuestra nave mientras estuvimos en operaciones. A todos los marinos capturados los trató con el mayor respeto. El capitán británico Dove, incluso, terminó hablando en su defensa luego de la batalla". 
Graf Spee
A tantos años, para Wecker, la figura de Langsdorff parece la de un padre distante, pero padre al fin, que decidió el destino de sus subordinados al internarlos en la Argentina. "Yo quedé internado en el país -señala- y vivir en la Argentina a principios de los años cuarenta era una fiesta. Aquí conocí a mi mujer, Olga, una linda argentina hija de alemanes con la que tuve dos hijas, que luego me dieron cinco nietos y tres bisnietos". 
Wecker, que debió regresar a su país tras finalizar la guerra, no pudo permanecer allí. "Mi familia era de Pomerania, que fue ocupada por los rusos, y luego por los polacos. A mi madre, que intentó llegar a Berlín en los últimos días de la guerra, la mataron los rusos, luego de violarla. A mi hermano, simplemente lo fusilaron. No quedaba nada para mí allá". 
Vista del Graf Spee después de la explosión
Antes de separarnos, Wecker tuvo una mención para un viejo camarada: "Peor destino tuvo el capitán Ascher, primer oficial de artillería del Graf Spee, que había dirigido los disparos contra el Exeter en la batalla del 13 de diciembre. El pudo escapar de la Argentina para seguir en la guerra y terminó hundiéndose con su nueva nave, el Bismarck. Allí la suerte lo abandonó". 
Con respecto a la decisión de Langsdorff de quitarse la vida, Wecker afirmó: "Me apenó terriblemente, pero sin duda era parte de la tradición de la marina alemana, la de morir con honor. En ese sentido, su decisión fue inobjetable". 
Otro testimonio invalorable es el del capitán de corbeta (R) Friedrich W. Rasenack, autor de un vivaz libro de recuerdos sobre la campaña del Graf Spee. Este oficial imperioso, de baja estatura, no pudo asistir a la tocante ceremonia en el Cementerio Alemán. Se lo impidió una delicada dolencia pulmonar que padece hace tiempo. Tras su internación en la Argentina, en 1939, Rasenack escapó del Arsenal de Marina para volver a Alemania y a la guerra. "Con otros jóvenes oficiales me escapé del Arsenal, pese a la severa guardia. No es cierto, como dijeron los ingleses, que hubiéramos dado nuestra palabra de honor de no abandonar la Argentina mientras durara la guerra. 
Vista del Graf Spee después de la explosión
Un regreso ajetreado 
"Me tomó casi medio año regresar a Alemania. Me hice pasar como un ingeniero checo de la fábrica Skoda, llegando así a Chile. Después me convertí en viajante de vinos búlgaro. Junto con un camarada nos detuvo la policía secreta norteamericana en la zona del Canal de Panamá. Finalmente pudimos escapar en un barco japonés, con el que llegamos a los Estados Unidos. Desde allí, cruzamos el Pacífico para alcanzar Japón, atravesar luego Manchuria y Siberia, y entrar al territorio ruso como comerciantes alemanes. En Rusia, pese a que ese país todavía no estaba en guerra con Alemania, observamos importantes preparativos bélicos, y nos salvamos por un pelo de ser detenidos. Finalmente, el 1° de septiembre de 1940, logramos llegar a nuestra patria. 
"Allí -agrega Rasenack- volví a ver acción a bordo de otra gran nave de combate, el acorazado Tirpitz, que desde enero de 1942 a noviembre de 1944 sirvió en aguas de Noruega. Nuestra tarea consistía en amenazar los convoyes británicos y norteamericanos que se dirigían rumbo al puerto ruso libre de hielos de Murmansk." 
Como su compañero Wecker, Rasenack tampoco permaneció en Alemania tras el conflicto. "Cuando terminó la guerra, mi tierra natal, Silesia, había quedado en poder de los rusos, que se quedaron con todas las propiedades de mi familia. No tenía nada que hacer allí". El relato de los dos viejos marinos se interrumpió aquí, ya era tiempo de volver con sus camaradas y sus recuerdos. Está bien, podía ser la última vez. 
Por Ernesto G. Castrillón y Luis Casabal
QUIÉN FUE HANS LANGSDORFF
Comandante Hans Langsdorff
Langsdorff nació en Bergen auf Rügen (Bergen) en la isla de Rügen en 1894, fue el mayor de una familia con tradiciones en leyes y religiosas más que navales. En 1898 la familia se muda a Düsseldorf, donde eran vecinos de la familia del Conde (Graf) Maximilian von Spee, héroe naval caíd en combate mientras perdía a todas sus fuerzas de comando en la batalla de las Islas Malvinas, en 1914. Influido por esa honorable historia, Langsdorff entra en la Academia Naval de Kiel contra el deseo de sus padres en 1912. En la Primera Guerra Mundial el luego Teniente Langsdorff recibe la Cruz de Hierro de 2ª Clase en la batalla de Jutlandia en 1916; luego embarca en un dragaminas por el resto de la guerra. Recibe también la Cruz de Hierro de 1ª Clase, sin saberse con exactitud el porqué.
En 1923 mientras está afectado en la Oficina Naval en Dresde, conoce a Ruth Hager, casándose en marzo de 1924; tuvieron un hijo, Johann, el 14 de diciembre de ese año. En octubre de 1925 pasa al Ministerio de Defensa en Berlín, coordinando relaciones entre la Kriegsmarine y el Ejército. En 1927 Langsdorff, toma el comando de una flotilla de torpederas. En abril de 1930 es promovido a Teniente Comandante. En 1931 vuelve a Berlín porque le reconocen sus habilidades administrativas. Siguiendo el camino al poder de los nazis, Langsdorff está en servicio del mar en 1934, pero luego se apunta en el Ministerio del Interior.
En 1936 y 1937, embarcado en el nuevo Admiral Graf Spee a las órdenes del Almirante Bohen, Langsdorff participa en la ayuda germana a los nacionalistas de Francisco Franco en la Guerra Civil Española. El 1 de enero de 1937 Langsdorff es promovido a Capitán, tomando el comando del Admiral Graf Spee el primero de noviembre de 1938.
El 21 de agosto de 1939, a punto de comenzar la Segunda Guerra Mundial, el Graf Spee leva anclas con órdenes de hundir barcos comerciales enemigos en el océano Atlántico Sur. Durante las tres primeras semanas de la guerra, el buque navega por el mar abierto al este de Brasil, mientras el gobierno determinaba cuan seria era la amenaza británica en esas aguas. El 20 de septiembre de 1939, el Graf Spee es autorizado a llevar a cabo las órdenes.
En las siguientes diez semanas, Langsdorff y el Admiral Graf Spee fueron extremadamente exitosos, deteniendo y hundiendo nueve barcos mercantes británicos: 50.000 t, y sin haber matado a nadie, ya que rescataron a todos los marineros de los barcos atacados. (Wikipedia)
Hans Langsdorff fue padre de tres hijos (dos varones y una mujer). En 1937, pierde a su primer hijo, un estudiante. Y en 1945, en el aniversario de su muerte, 20 de diciembre, muere su hijo mayor Hans Joachim, de 20 años, en una acción de submarinos individuales contra las esclusas de Amberes. (Graf Spee: el fin del corsario. En: Los anarquistas expropiadores, Simón Radowisky y otros ensayos. Por Osvaldo Bayer. Editorial Galerna, Buenos Aires, 1975)
Tres momentos del acorazado alemán Graf Spee. Cuando fue botado el 30 de junio de 1934; cuando fue volado por su capitán y por último fotografiado en el lecho fangoso del Río de la Plata. Foto Ambito Financiero
Bibliografía:
El último capítulo del Admiral Graf Spee - Guillermo Regnier
Tras la estela del Graf Spee - Enrique Dick
Yo fui prisionero del Graf Spee - Patrick Dove
Fuente:
https://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_del_R%C3%ADo_de_la_Plata
http://www.diasdehistoria.com.ar/content/se-cumplieron-70-a%C3%B1os-del-hundimiento-del-acorazado-graf-spee
Diarios Clarín, La Nación, Ambito Financiero, La Nueva Provincia

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