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"Soy un hombre de armas, un soldado, scout. Paradójicamente, al único de mi especie que admiro, empuñó solamente la palabra, su técnica fue la humildad, su táctica la paciencia y la estrategia que le dio su mayor victoria fue dejarse clavar en una cruz por aquellos que amaba".

Desde La Trinchera Del Buen Combate en Argentina. Un Abrazo en Dios y La Patria.

21 de marzo de 2017

GUERRA JUSTA - DOCTRINA - NUEVAS CONSIDERACIONES POR EL POTENCIAL DESTRUCTIVO DE LOS ARMAMENTOS MODERNOS CUYAS VÍCTIMAS SON FUNDAMENTALMENTE LAS POBLACIONES CIVILES Y NO LOS COMBATIENTES EN EL FRENTE. LA PACIFICACIÓN JUSTA.

GUERRA - DOCTRINA DE LA GUERRA JUSTA; CAMPO DE BATALLA; PACIFICADORES.
  • “La Iglesia es siempre joven y el futuro siempre pertenece a la Iglesia. Todos los otros regímenes que parecían muy fuertes han caído, ya no existen, sobrevive la Iglesia; siempre un nuevo nacimiento pertenece a las generaciones. Confianza, ésta es realmente la nave que lleva a puerto”. Cardenal Ratzinger 2001.
GUERRA JUSTA
“Esto es un gran problema. En la preparación del Catecismo había dos problemas: la pena de muerte y la guerra justa eran los temas más debatidos.
Es un discurso que ahora se hace concreto en el caso de las respuestas de los americanos. O bien podemos hacer referencia a otro ejemplo, el de Polonia, que se defendió contra Hitler. Diría, no se puede excluir según toda la gran tradición cristiana, en un mundo marcado por el pecado, que existe una agresión del mal que amenaza con destruir no sólo muchos valores, muchas personas, sino la imagen del hombre como tal.
En ese caso, defenderse, defenderse también para defender al otro, puede ser un deber. Digamos, por ejemplo, que un padre de familia que ve agredidos a los suyos tiene el deber de hacer lo posible para defender a la familia, la vida de las personas a él confiadas, incluso eventualmente con una violencia proporcionada.
POR LO TANTO EL PROBLEMA DE LA GUERRA JUSTA SE DEFINE EN BASE A ESTOS PARÁMETROS

  • 1. Si se trata realmente de la única posibilidad de defender vidas humanas, defender valores humanos. Todo ponderado realmente en la conciencia y ponderando todas las otras alternativas.
  • 2. Que se apliquen sólo los medios inmediatos aptos a esta defensa y que se respete siempre el derecho; en una guerra tal el enemigo debe ser respetado como hombre y todos los derechos fundamentales deben ser respetados. Pienso que la tradición cristiana sobre este punto ha elaborado respuestas que deben ser actualizadas sobre la base de las nuevas posibilidades de destrucción, de los nuevos peligros. Provocar, por ejemplo, con una bomba atómica la destrucción de la humanidad puede tal vez incluso excluir toda defensa. Por lo tanto hay que actualizarlas, pero diría que no se puede excluir totalmente a priori toda necesidad, incluso moral, de una defensa de personas y valores con los medios adecuados, contra agresores injustos”. Cardenal Ratzinger 2001.
PACÍFICOS SÍ, PACIFISTAS NO - 05.I.MMXI
Jesucristo da tal importancia a la paz, que una de las bienaventuranzas dice:
«Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios»(Mt 5,9). 
Deseo que seamos amigos de la paz o pacíficos, en el sentido del evangelio. Para ello es muy importante saber perdonar. Jesús en muchas ocasiones nos lo pide, empezando por el propio Padrenuestro. En cambio lo que no soy es pacifista (…) de los que en nombre de la paz, son capaces de abrirte la cabeza.
Algo que deseo con todo mi corazón no sólo para mí, sino también para los demás, es poder vivir en paz: paz conmigo mismo, la más importante, porque es vivir en conformidad con la propia conciencia, pero también paz en la familia, paz en el ambiente en que nos encontramos, paz entre las naciones.
El respeto y el desarrollo de la vida humana exigen la paz. Ésta no puede ser la mera ausencia de guerra, sino que es “obra de la justicia”(Is 32,17). Luchar por la paz es esforzarse para que todo mejore, que haya más verdad, respeto mutuo, justicia y amor, empezando por mí mismo, no creyéndome que la violencia está siempre fuera de mí, en los otros, y sin saber reconocer mis tendencias posesivas y actitudes de dominio.
La paz se expresa principalmente en el respeto a la dignidad de las personas y de los pueblos y en la ayuda eficaz a su desarrollo, aunque ello suponga la superación del egoísmo nacionalista y un cambio en la mentalidad.
El Porteñazo o Insurrección de Puerto Cabello - 2 de junio - 3 de junio de 1962
El Cabo 2do de la Infantería de Marina Sequera a punto de fallecer y suplicante falleciendo segundos después agarrado de la sotana del padre sus últimas palabras fueron: "Ayudeme padrecito, perdóneme por matar a mis compañeros de armas" momento después un francotirador termina de rematar a aquel soldado".
Este cambio es perfectamente posible y yo mismo he sido testigo de él. Una de las conversaciones más imborrables de mi vida fue que, cuando tenía 16 años y estaba de intercambio en casa de un chaval francés, su padre, herido grave en la primera guerra mundial, me dijo:
“yo he luchado contra los alemanes, mi padre luchó contra los alemanes, lo mismo que mi abuelo y bisabuelo. Mi hijo luchará contra los alemanes”. 
Ahí, afortunadamente, se equivocó. Su hijo no tuvo que luchar contra los alemanes y hoy una guerra entre Francia y Alemania nos parece ciencia ficción. También hemos visto, sin necesidad de pegar un tiro, la caída del muro de Berlín y la recuperación de la libertad por los países del Este de Europa. Son dos precedentes que me impiden ser radicalmente pesimista ante el montón de guerras que hay actualmente en el mundo.
Actualmente luchar por la paz es trabajar por el desarrollo integral del ser humano, y no sólo en lo económico. Para ello hay que combatir contra las injusticias y favorecer las instituciones que trabajan por la cooperación entre las personas y los pueblos. Hay muchos problemas, como el de la salud, el del trabajo, la cuestión agraria, la educación, que superan incluso la capacidad de los Estados, siendo necesario para resolverlos la cooperación internacional. Esta colaboración tiene que basarse en el convencimiento de la fraternidad universal de los hombres, fraternidad que para nosotros los creyentes está basada en el hecho que somos hijos de Dios, y que es la mejor prevención contra esa monstruosa barbaridad que es la guerra.
Sin embargo no hay que ser ingenuos. En el evangelio de Lucas, san Juan Bautista no dice a los soldados que tiren las armas (Lc 3,14). Es posible la guerra de legítima defensa, como lo fue en la segunda guerra mundial la lucha contra los nazis, y actualmente está más que legitimada la lucha contra el terrorismo, eso sí, valiéndose de los medios que nos dan las leyes. El terrorismo es una canallada y los terroristas, así como aquéllos que tratan de aprovecharse de sus acciones (los que recogen las nueces del árbol agitado por los terroristas), unos malvados cuya acción ha de ser firmemente reprobada, aunque tampoco podemos legitimar a los grupos que por su iniciativa pretenden responder a la violencia con la violencia.
Es la sociedad y el Estado en su nombre, quienes tienen el derecho y el deber de defenderse y defendernos de la violencia terrorista, siendo dignos de estima y agradecimiento aquéllos que tienen a su cargo la defensa de la sociedad, pues son ellos y sus propios familiares los primeros amenazados por la violencia terrorista.
Deseo que seamos amigos de la paz o pacíficos, en el sentido del evangelio. Para ello es muy importante saber perdonar. Jesús en muchas ocasiones nos lo pide, empezando por el propio Padrenuestro. En cambio lo que no soy es pacifista. Creo que es el mal recuerdo que me dejó una coordinadora por la paz, a la que se apuntó la gente de Herri Batasuna, que recordemos es una organización terrorista, pues es ETA, según sentencia del Tribunal Supremo, o los grupos antiglobalización, empeñados en defender la paz arrasando las ciudades en las que caen y que me hacen desconfiar radicalmente de los que en nombre de la paz, son capaces de abrirte la cabeza.
PERO LA PAZ QUE JESÚS NOS PROMETIÓ EN LA ÚLTIMA CENA (Jn 15,27), O COMO INTRODUCCIÓN A LA RECEPCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO Y DEL PERDÓN DE LOS PECADOS (Jn 20,19-22), ÉSA SÍ VALE LA PENA.
Pedro Trevijano, sacerdote - http://www.infocatolica.com/?t=opinion&cod=8155
DEFINICIONES
🔺PACÍFICO, A. (Del lat. pacificus)
1. adj. Que no fomenta discordias es una persona pacífica que nunca se mete con nadie. violento
2. Que está en paz, sin guerras ni disturbios. alterado
3. Que no tiene alteración o cambio en su estado ambiente pacífico; cielo pacífico.
4. RELIGIÓN Se aplica al sacrificio que ofrecían los gentiles por la paz y la salud.
5. RELIGIÓN Se refiere al mismo sacrificio en la ley mosaica antigua.
Gran Diccionario de la Lengua Española © 2016 Larousse Editorial, S.L.

pacífico, -ca
🔺PACÍFICO, A. (pa'θifiko, -ka)
  • violento que no usa la violencia persona pacífica
  • que se hace o se desarrolla sin violencia manifestación pacífica
  •  bélico que sirve para la paz usos pacíficos de la energía nuclear
  • lugar que no está alterado por luchas o guerras isla pacífica
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🔻PACIFISMO
  • Se encuentra conformado por la suma de la palabra latina “pax”, que es sinónimo de “paz”, y el sufijo griego “-ismo”, que es equivalente a “doctrina”.
  • Es el conjunto de las doctrinas que buscan promover la paz entre las naciones. El concepto, pues, deriva de paz, que es la ausencia de violencia o guerra y el estado de quietud y tranquilidad.
LOS PACIFISTAS
Se oponen a toda forma de violencia. El pacifismo puede considerarse como una ideología, aunque suele traducirse en un movimiento político, social o religioso que incita activamente a dejar de lado los enfrentamientos violentos.

EL PACIFISMO 
Aboga por el diálogo, el intercambio cultural y la diplomacia en la relación entre los pueblos. Para enfrentar a la violencia, por supuesto, no propone métodos violentos, sino que favorece 
  • la objeción de conciencia (el rechazo de ciertas normas jurídicas que considera contrarias a la ética personal), 
  • la desobediencia civil (una insumisión al derecho por cuestiones morales)
  • la resistencia no violenta (con una huelga, un boicot, etc.).
EL PACIFISMO COMO DOCTRINA
Se remonta a los primeros años del cristianismo, cuando se tomaban sermones como sustento de la acción no violenta. A partir del siglo XVIII se le dio otra base teórica y se lo asoció a los derechos humanos.

EL PACIFISMO, SEGÚN LA RAE (Real Academia Española)
Es el conjunto de doctrinas encaminadas a mantener la paz entre las naciones. Se opone a la guerra y a otras formas de violencia a través de un movimiento político, religioso, o como una ideología específica. Algunos de los medios de los que se vale el pacifismo en la búsqueda de sus fines son: La no violencia activa, la diplomacia, la desobediencia civil, el boicot, la objeción de conciencia, las campañas de divulgación y la educación por la paz.
EL ANTIGUO ADAGIO LATINO «SI VIS PACEM, PARA BELLUM», QUE PODEMOS TRADUCIR COMO «SI QUIERES LA PAZ, PREPÁRATE PARA LA GUERRA», PROVIENE DE UN ANTIGUO TEXTO ROMANO, EPITOMA REI MILITARIS, ESCRITO POR FLAVIO VEGECIO -A FINES DEL SIGLO IV DESPUÉS DE CRISTO.
Inscripción en el Centro Cultural de los Ejércitos de Madrid (España)
«IGITUR QUI DESIDERAT PACEM, PRAEPARET BELLUM; QUI VICTORIAM CUPIT, MILITES IMBUAT DILIGENTER; QUI SECUNDOS OPTAT EVENTUS, DIMICET ARTE, NON CASU. NEMO PROVOCARE, NEMO AUDET OFFENDERE, QUEM INTELLEGIT SUPERIOREM ESSE PUGNATURUM»
Traducción:
«ASÍ PUES, EL QUE DESEE LA PAZ, QUE SE PREPARE PARA LA GUERRA. QUIENQUIERA CONSEGUIR LA VICTORIA, QUE ENTRENE A SUS SOLDADOS CON DILIGENCIA. QUIEN ASPIRE AL ÉXITO QUE LUCHE CON ESTRATEGIA, Y NO LO DEJE AL AZAR. NADIE SE ATREVE A PROVOCAR U OFENDER A QUIEN VE COMO SUPERIOR EN EL COMBATE». (Flavius Vegetius Renatus, Epitoma rei militaris, 3. Praef.).-
El término protección ha sido con demasiada frecuencia un pretexto para la expansión y la agresión. A pesar de los muchos avances del derecho internacional, trágicamente hoy en día todavía está vigente y se aplica esa comprensión del término. 2008-
PERDONAR
Naturalmente si uno está herido íntimamente debe superar también esta amargura dada por la herida, y no puede ser algo fácil, porque el hombre está atacado en lo íntimo de su ser, debe purificarse, debe superar las agresiones innatas, y sólo en un camino de purificación interior, que puede ser también difícil, se llega al verdadero perdón; pero en este sentido la necesidad del perdón es también una gracia para el hombre, porque así él mismo es purificado y renovado y se hace más auténtico hombre en el proceso de purificación y de perdón”. Cardenal Ratzinger 2001.
 CASTIGO EN LA LÓGICA DE DIOS
“Dios no nos hace el mal; ello iría contra la esencia de Dios, que no quiere el mal. Pero la consecuencia interior del pecado es que sentiré un día las consecuencias inherentes al mal mismo. No es Dios quien nos impone algún mal para curarnos, pero Dios me deja, por así decirlo, a la lógica de mi acción y, dejado a esta lógica de mi acción, soy ya castigado por la esencia de mi mal. En mi mal está implicado también el castigo mismo; no viene del corazón, viene de la lógica de mi acción, y así puedo entender que he estado en oposición con mi verdad, y estando en oposición con mi verdad estoy en oposición con Dios, y debo ver que la oposición con Dios es siempre autodestructiva, no porque Dios me destruya, sino porque el pecado destruye”. Cardenal Ratzinger 2001.
AUTORIDAD
“el concepto de autoridad ya casi no existe. Que una autoridad pueda decir algo parece ya incompatible con la libertad de todos a hacer lo que quieren y sienten. Es difícil también porque muchas tendencias generales de nuestra época se oponen a la fe católica, se busca una simplificación de la visión del mundo en el sentido de que Cristo no podría ser Hijo de Dios, sino que se le considera como mito, como gran personalidad humana, que Dios no puede haber aceptado el sacrificio de Cristo, que Dios sería un Dios cruel... En fin, hay muchas ideas que se oponen al cristianismo y muchas verdades de la fe que realmente deben ser reflexionadas nuevamente para ser expresadas adecuadamente al hombre de hoy. Así, uno que está encargado de defender la identidad de la fe católica en estas corrientes que se oponen a nuestra visión del mundo necesariamente se ve en oposición con muchas tesis dominantes de nuestro tiempo, y por lo tanto puede parecer como una especie de oposición a la libertad del pensamiento, como una opresión del pensamiento libre; por lo tanto necesariamente este trabajo crea oposición y reacciones negativas. Pero debo decir que también muchos están agradecidos porque en la Iglesia católica persiste una fuerza que expresa la fe católica y da un fundamento sobre el que poder vivir y morir. Y esto es para mí lo consolador, satisfactorio, y que veo muchas personas que están agradecidas porque esta voz existe, porque la Iglesia sin violencia, sólo con los medios de convicción, busca responder a los grandes desafíos de nuestro tiempo”. Cardenal Ratzinger 2001.
 BONDAD
“naturalmente para mí bondad implica también la capacidad de decir «no», porque una bondad que deja pasar todo no hace bien al otro; alguna vez la forma de la bondad puede ser también decir «no» y arriesgarse así incluso a la contradicción. Pero incluso esto debe estar realmente alimentado no por sentido de poder, de reivindicación, sino que debe provenir de una bondad última, del deseo de hacer bien al otro”. Cardenal Ratzinger 2001.
“La Iglesia es siempre joven y el futuro siempre pertenece a la Iglesia. Todos los otros regímenes que parecían muy fuertes han caído, ya no existen, sobrevive la Iglesia; siempre un nuevo nacimiento pertenece a las generaciones. Confianza, ésta es realmente la nave que lleva a puerto”. Cardenal Ratzinger 2001.
«LA CRUELDAD DE LA GUERRA» Número 497
EL MAGISTERIO CONDENA «LA CRUELDAD DE LA GUERRA» (Concilio Vaticano II, «Gaudium et spes», 77; Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2307-2317) y PIDE QUE SE EXAMINE CON MENTALIDAD TOTALMENTE NUEVA (Cf. Concilio Vaticano II, «Gaudium et spes», 80)
«en nuestra época, que se jacta de poseer la energía atómica, resulta un absurdo sostener que la guerra es un medio apto para resarcir el derecho violado» (Juan XXIII, «Pacem in terris», 127) 
  • La guerra es un «flagelo» (León XIII, Alocución al Colegio de los Cardenales, Acta Leonis XIII, 19, 1899, 270-272) 
  • No representa nunca un medio idóneo para resolver los problemas que surgen entre las naciones: «No lo ha sido nunca y nunca lo será» (Juan Pablo II, «Encuentro con el Vicariato de Roma, 17 de enero de 1991; Cf. Discurso a los obispos de rito latino de la región árabe, 1 de octubre de 1990), 
  • Genera conflictos nuevos y más complejos (Pablo VI, Discurso a los cardenales, 24 de junio de 1965).
  • Cuando estalla la guerra se convierte en una «masacre inútil» (Benedicto XV, Llamamiento a los jefe de los pueblos beligerantes, 1 de agosto de 1917), 
  • una «aventura sin regreso» (Juan Pablo II, discurso en la audiencia general del 16 de enero de 1991), 
  • que compromete el presente y pone en peligro el futuro de la humanidad: «Nada se pierde con la paz. Todo puede perderse con la guerra» (Pío XII, Radiomensaje del 24 de agosto de 1939; Juan Pablo II, Jornada Mundial de la Paz 1993, 4; Cf. Juan XXIII, «Pacem in terris»: AAS 55).
  • Los daños causados por un conflicto armado no son sólo materiales, sino también morales (Concilio Vaticano II, «Gaudium et spes», 79). 
  • La guerra es, en definitiva, «el fracaso de todo auténtico humanismo» (Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1999, 11) 
  • «es siempre una derrota de la humanidad» (Juan Pablo II, Discurso al cuerpo diplomático, 13 de enero de 2003)
  • «Nunca jamás los unos contra los otros; jamás, nunca jamás... ¡Nunca jamás guerra! ¡Nunca jamás guerra!» (Cf. Pablo VI, Discurso a la Asamblea General de las Naciones Unidas, 4 de octubre de 1965).

LA LEGÍTIMA DEFENSA - Número 500
Una guerra de agresión es intrínsecamente inmoral. En el trágico caso en el que se desencadenara, los responsables de un Estado agredido tienen el derecho y el deber de organizar la defensa, utilizando también la fuerza de las armas (Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2265). 
PARA QUE SEA LÍCITO EL USO DE LA FUERZA, DEBE RESPETAR ALGUNAS CONDICIONES RIGUROSAS
  • «– Que el daño causado por el agresor a la nación o a la comunidad de las naciones sea duradero, grave y cierto.
  • – Que todos los demás medios para poner fin a la agresión hayan resultado impracticables o ineficaces.
  • – Que se reúnan las condiciones serias de éxito.
  • – Que el empleo de las armas no entrañe males y desórdenes más graves que el mal que se pretende eliminar. El poder de los medios modernos de destrucción obliga a una prudencia extrema en la apreciación de esta condición.
Estos son los elementos tradicionales enumerados en la doctrina llamada de la "guerra justa". La apreciación de estas condiciones de legitimidad moral pertenece al juicio prudente de quienes están a cargo del bien común» (Catecismo de la Iglesia Católica, 2309).
Si esta responsabilidad justifica la posesión de medios suficientes para ejercer el derecho a la defensa, de todos modos los Estados tienen la obligación de hacer todo lo posible para
«garantizar las condiciones de la paz no sólo en su propio territorio, sino en todo el mundo» (Consejo Pontificio de la Justicia y la Paz, «El comercio internacional de armas», 1 de mayo de 1944). 
No hay que olvidar que «una cosa es utilizar la fuerza militar para defenderse con justicia y otra muy distinta querer someter a otras naciones. La potencia bélica no legitima cualquier uso militar o político de ella. Y una vez estallada lamentablemente la guerra, no por eso todo es lícito entre los beligerantes» (Concilio Vaticano II, «Gaudium et spes», 79).
ZS04102712 VAT. 2004-10-26
LA IGLESIA VE COMO SIGNO DE ESPERANZA
«la aversión cada vez más difundida en la opinión pública a la pena de muerte, incluso como instrumento de "legítima defensa" social, al considerar las posibilidades con las que cuenta una sociedad moderna para reprimir eficazmente el crimen de modo que, neutralizando a quien lo ha cometido, no se le prive definitivamente de la posibilidad de redimirse» (Juan Pablo II, «Evangelium vitae», 27). 
Si bien la enseñanza tradicional de la Iglesia, garantizada la comprobación de la identidad y de la responsabilidad del culpable, no excluye el recurso a la pena de muerte,
«si ésta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas» (Catecismo de la Iglesia Católica, 2267), 
LOS MEDIOS INCRUENTOS DE REPRESIÓN Y CASTIGO SON PREFERIBLES.
«corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona humana» (Catecismo de la Iglesia Católica, 2267). 
El creciente número de países que adoptan medidas para abolir la pena de muerte o para suspender su aplicación es también una prueba de que los casos en los que es necesario acabar con la vida del culpable «son ya muy raros, por no decir prácticamente inexistentes» (Juan Pablo II, «Evangelium vitae», 56; Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 2001, 19, donde se define el recurso a la pena de muerte «absolutamente innecesario»). La creciente aversión de la opinión pública y las diferentes medidas orientadas a su abolición, o la suspensión de su aplicación, constituyen visibles manifestaciones de una mayor sensibilidad moral. Pena de muerte - Número 405
LAS TORRES EN LLAMAS Y LA GUERRA JUSTA - EL 11 DE SEPTIEMBRE DE 2001 ES UNA FECHA VISUAL: ES LA IMAGEN DE LAS TORRES DESMORONÁNDOSE ENTRE LLAMAS Y HUMO. AHORA LLEGA INCLUSO LA PELÍCULA A LOS CINES. SABÍAMOS QUE SERÍA ASÍ Y QUE SERÍA PRONTO, Y HABRÁ MÁS.
Aquel día muchos nos preguntamos sobrecogidos cuál sería la reacción de EEUU. La hemos visto en los últimos 5 años: una guerra contra el terrorismo, una lucha contra el "eje del mal", que si bien ha conseguido algunos éxitos en Afganistán -tampoco para echar las campanas al vuelo- en Irak y en Oriente Próximo ha demostrado ser cualquier cosa menos una mejoría.
Días después del atentado de las Torres Gemelas, una radio italiana entrevistaba a Joseph Ratzinger, en aquel entonces cardenal y prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Joseph Ratzinger se veía interpelado por el carácter religioso del atentado, por la alusión de los terroristas a Dios. Para él, la clave estaba en la falta de contemplación del rostro de Jesucristo.
"Si vemos a Cristo, el rostro de Cristo, de un Dios que sufre por nosotros y no usa la omnipotencia para regular con un golpe de poder la realidad del mundo, sino que va a nuestro corazón y tiene un amor que incluso se hace matar por nosotros, tenemos una visión de un Dios que excluye todo tipo de violencia; así, el rostro de Cristo me parece la respuesta más adecuada al abuso de un Dios que sería instrumento de nuestro poder"
ERA EL SEGUNDO MES DE LA GUERRA DE EE.UU. EN AFGANISTÁN, Y SONABA CON FUERZA EL DEBATE EN TORNO A LA IDEA DE "GUERRA JUSTA".

"DIGAMOS, POR EJEMPLO, QUE UN PADRE DE FAMILIA QUE VE AGREDIDOS A LOS SUYOS TIENE EL DEBER DE HACER LO POSIBLE PARA DEFENDER A LA FAMILIA, LA VIDA DE LAS PERSONAS A ÉL CONFIADAS, INCLUSO EVENTUALMENTE CON UNA VIOLENCIA PROPORCIONADA. POR LO TANTO EL PROBLEMA DE LA GUERRA JUSTA SE DEFINE EN BASE A ESTOS PARÁMETROS.
  • 1. Si se trata realmente de la única posibilidad de defender vidas humanas, defender valores humanos. Todo ponderado realmente en la conciencia y ponderando todas las otras alternativas.
  • 2. Que se apliquen sólo los medios inmediatos aptos a esta defensa y que se respete siempre el derecho; en una guerra tal el enemigo debe ser respetado como hombre y todos los derechos fundamentales deben ser respetados.
Pienso que la tradición cristiana sobre este punto ha elaborado respuestas que deben ser actualizadas sobre la base de las nuevas posibilidades de destrucción, de los nuevos peligros. Provocar, por ejemplo, con una bomba atómica la destrucción de la humanidad puede tal vez incluso excluir toda defensa. Por lo tanto hay que actualizarlas, pero diría que no se puede excluir totalmente a priori toda necesidad, incluso moral, de una defensa de personas y valores con los medios adecuados, contra agresores injustos."
LOS LÍMITES DE LO QUE ERA UNA GUERRA JUSTA SE PUSIERON ESPECIALMENTE A PRUEBA EN LA INVASIÓN DE IRAK.
Para el Vaticano no lo era y tampoco oportuna ni bien desarrollada, como los hechos han demostrado.
... Cada 11 de septiembre será motivo de reflexión durante muchos años. En muchos despertará el miedo, miedo de que cosas peores aún pueden suceder por la maldad de los hombres. Para otros, será un motivo para despertar las conciencias y luchar por una verdadera Cultura de la Paz. 2006-09-11
El huerto plagado de olivos no ofrece alivio esta tarde.Da pena el rostro abatido en tierra,lacera la angustia que oprime tanto su corazón.Los amigos elegidos como compañeros duermen,los mismos que habían prometido:Siempre estaremos contigo, Jesús.También las promesas, ahora, duermen.Poco antes, después de la cena, Pedro se jactaba:Aunque todos huyan, yo no me iré.Pero ahora, ni siquiera logra tener abiertos los ojos.Jesús debía recorrer estos últimos pasos solo.El largo trayecto de palabras y milagros,un recorrido tan poblado de gente,lo ha llevado hasta aquí:a un rincón de tierra pedregosa,a una soledad inmensa, que da miedo.Rostro en tierra: nada de majestuoso en esta escena,si no es la sinceridad de un hombre que confiesa:Mi alma está triste hasta la muerte.Él, que calmó las aguas agitadas por el viento,ahora no puede apaciguarse a sí mismo.La tempestad es la angustia,que le hace temblar la mente y el corazón,como inquieta el ánimo de millones de hombres y mujeres,ayer, hoy y mañana.La lucha puede durar mucho,y en este jardín sólo acabarácuando el Hijo le diga al Padre:“Lo que tú quieras”.Una paz profundaseguirá a la oración.
¿ES LÍCITO PELEAR POR CRISTO? - Por el Padre Javier Olivera Ravasi
Suele haber entre los cristianos un cierto complejo cuando se oye hablar de la “guerra por Cristo” o de “dar la sangre por defender la Fe”
El enemigo de la Iglesia Católica ha venido repitiendo hasta el cansancio que “el valor supremo es la Paz” y que nada puede oponérsele, sea cual fuere el motivo de la contienda.
Dicha posición ha sido calificada como la “herejía” del “irenismo” (de eirene, en griego, “paz”); en resumen, esta postura dice 
  • que siempre hay que aguantar cualquier tipo de agresión, tanto a uno mismo como a un tercero y jamás responder con violencia.
Pero esto no ha sido así siempre y si algo fue verdad antes, también puede serlo ahora. La Iglesia no nació ayer y el problema de la guerra ha existido desde la creación del mundo; en el ámbito de la teología se denomina con las palabras de “guerra justa” al modo de oponer, contra malicia, milicia…, máxime cuando se trata de defender lo propio o lo de un tercero.
Ya la Sagrada Escritura tiene innumerables testimonios del uso de la violencia ordenadamente. 
El mismo Señor, en un pasaje que los pacifistas prefieren olvidar, tomó unas cuerdas y haciendo un látigo expulsó a los mercaderes del Templo en razón del celo que le causaban las cosas de Su Padre (Jn 2,15). 
PERO YA DESDE SAN AGUSTÍN Y SAN AMBROSIO, DOS SANTOS PADRES DE LA IGLESIA (SIGLOS IV Y V), SE FUE GESTANDO LA SANA DOCTRINA .
del uso de la violencia como parte de la virtud cardinal de la fortaleza. 
El cristiano amará la paz, pero conocerá que muchas veces es necesario alcanzarla y sostenerla por vía del combate.
Como bien señala Caponnetto [1] siguiendo a san Isidoro
“ninguna guerra puede ser justa, a no ser por causa de vindicta o para rechazar al enemigo” (Etimología, XX), 
pero en esos casos la acción punitiva será un recurso honesto. Y de tanta honestidad que, al decir de Nico­lás I, 
estando en juego las leyes de Dios, la defensa propia, “la de la patria y la de las normas ancestrales”, ni siquiera la Cuaresma podría suspenderla o postergarla (Responsa Nicolai ad consulta Bulgarorum, 46). 
Defender a Dios y a la Patria son obligaciones tan graves para el cristiano, que por cumplirlas debe estar dispuesto a armarse “en la milicia temporal”, con una conducta tal –dice Radero– “que no pierda en modo alguno el alma que vive para siempre” (Praeloquiorum Libri sex, 1,11). 
Opiniones firmes y unívocas que de un modo u otro reiteraron Pedro Damián o el Obispo Rufino, san Anselmo de Canterbury, Yves de Chartres, Abelardo o Alejandro II, entre otros.
Santo Tomás de Aquino 
EN EL ESPLENDOR DEL SIGLO XIII
Sus sabios y sus santos volvieron a reiterar la doctrina de siempre: Raimundo de Peñafort en la Summa de Paenitentia, Enrique de Susa en su Summa Áurea, Alejandro de Hales en De lege punitionis, y el gran san Buenaventura quien comentando el Evangelio de san Lucas, dirá rotundamente que 
“hay causa conveniente (de guerra lícita) cuando se trata de la tutela de la patria, de la paz o de la fe” (Commentarium in Evangelium Lucas, III, 34). 
El mismo santo Tomás de Aquino trató el tema profusamente en varias de sus obras teológicas 
justificando e incluso compeliendo a la guerra cuando se trata de salvaguardar un derecho. 
OTRO TANTO SE ENCONTRARÁ EN LOS TRA­TADISTAS DE LAS CENTURIAS POSTERIORES, AUTORES DE GRANDES SUMMAS ORIENTADORAS.
Como la Astesana, la Pisana o la Angélica, hasta que en la España del siglo XVI brillan las cumbres de la teología abocadas a tan candente problema. Los nombres de Vitoria, Cayetano, Martín de Azpilcueta, Domingo de Soto o Melchor Cano no necesitan presentación ni comentario, aunque el especialista pudiera –con todo derecho– señalarnos otros tantos como los de Alfonso de Castro, Diego de Covarrubias, Domingo Báñez, Luis de Molina o Francisco Suárez
Los argumentos fluyen y discurren apasionadamente, ora en contradicción, ora en concordia, ri­cos en casos, ejemplos, situaciones y condiciones, pero ninguno de ellos cree que el católico deba claudicar pasivamente en la defensa de sus principios.
Más próximo a nosotros, el Papa Pío IX
condenó en el Syllabus los enunciados pacifistas, 
y el mismo Benedicto XV –a quien le tocó regir la Iglesia durante la Primera Guerra Mundial– 
distinguió entre los horrores de la contienda, la conveniencia de una verdadera paz y la doctrina moral tradi­cional que justifica determinadas luchas. 
Pío XI, como bien se sabe, 
apoyó y bendijo sin reservas la Cruzada Española de 1936 y la noble resistencia cristera de los católicos mexicanos (1926-1929), 
EN DOCUMENTOS TAN LÍMPIDOS COMO EMOCIONANTES Y ALECCIONADO­RES, SIENDO SU SUCESOR PÍO XII QUIEN NOS HA LEGADO QUIZÁS, EN­TRE LOS PONTÍFICES MODERNOS, LAS MÁS ELABORADAS RAZONES SOBRE LA PAZ Y LA GUERRA, LAS ARMAS Y LA JUSTICIA, Y EL DEBER CRISTIANO DE HACER FRENTE A LA INIQUIDAD.
No la inmoralidad de la guerra de agresión, enseña Pío XII, no el armamentismo provocador y amenazante ni la “monstruosa crueldad de las armas mo­dernas”,
pero tampoco 
la tibieza, la pusilanimidad y la paz a todo precio. Siempre será “moralmente lícito o incluso, en algunas circunstancias concretas, obligatorio, rechazar con la fuerza al agresor… Un pueblo amenazado y víctima de una injusta agresión, si quiere pensar y obrar cristianamente, no puede permanecer en una indiferencia pasiva… y si no quiere dejar las manos libres a los criminales internacionales, no le queda otro remedio que prepararse para el día en que tendrá que defenderse” [ 2].
NO PODEMOS DEJAR DE CITAR LAS PALABRAS DE JUAN PABLO II CUANDO VISITÓ SU POLONIA NATAL Y RECORDÓ LA GRAN GESTA POLACA.
Ser cristiano quiere decir vi­gilar, como vigila el soldado durante la guardia… vi­gilar, significa custodiar un gran bien… significa percibir agudamente los valores que existen en la vida de cada hombre por el simple hecho de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios y haber sido redimido con la sangre de Cristo. vi­gilar, quiere decir recordar todo esto… Hay pues que vi­gilar, y cuidar con gran celo… No puede permitirse que se pierda nada de lo que es cristiano sobre esta tierra [ 3].
Más aun
La lucha es, con frecuen­cia, una necesidad moral, un deber. Manifiesta la fuerza del carácter, puede hacer florecer un heroísmo auténtico. ‘La vi­da del hombre en esta tierra es un combate’, dice el Libro de Job; el hombre tiene que enfrentarse con el mal y luchar por el Bien todos los días. El verdadero bien moral no es fácil, hay que conquistarlo sin cesar, en uno mismo, en los demás, en la vida social e internacional  [4].
COMO VEMOS, EL LUCHAR CUANDO HAY QUE HACERLO, NO SOLO ES UN DERECHO EN EL CRISTIANO SINO, EN ALGUNOS CASOS, HASTA UN DEBER.
[ 1] Para esta parte seguimos a Antonio Caponnetto, El deber cristiano de la lucha, Scholastica, Buenos Aires 1992, 318-322. 
[ 2] Pío XII, Mensajes de Navidad, (1945) y siguientes. 
[ 3] Cfr. Juan Pablo II, Peregrinación Apostólica a Polonia, BAC, Madrid 1979, 136-137. 
[ 4] Palabras de Juan Pablo II a André Frossard. Cfr. André Frossard, No tengáis miedo. Diálogo con Juan Pablo II, Plaza y Janes, Barcelona 1982, 220. 
LAS CRUZADAS: UN MOVIMIENTO POPULAR
Pero volvamos a nuestro tema; los musulmanes habían irrumpido violentamente al punto de hacer peligrar a la misma Europa en su asalto. Se trataba de ir a la reconquista de Tierra Santa. El hombre medieval conocía esa tierra hasta en sus más ínfimos detalles, ya que había sido espiritualmente alimentado desde su más tierna infancia con las Sagradas Escrituras.
Todo le resultaba familiar, la cueva de Belén, el pozo de Jacob, el Calvario, los lugares por los que viajó San Pablo, los salmos que narraban la belleza de aquellos parajes…, todo le hablaba de los Santos Lugares. Por otra parte, en la época feudal, montada toda ella sobre el fundamento de posesiones concretas, parecía obvio que la Tierra del Señor fuese considerada como el feudo de la Cristiandad; pensar lo contrario hubiese implicado en cierta manera una injusticia.
ALGUNOS HISTORIADORES MODERNOS, INFLUENCIADOS POR LA IDEOLOGÍA MARXISTA, HAN ASIGNADO A LAS CRUZADAS RAZONES ÚNICAMENTE DE ÍNDOLE ECONÓMICA.
Pero, como bien señala Régine Pernoud, semejante interpretación no es sino el fruto de una extraña transposición del pasado a la mentalidad de nuestra época, que todo lo ve a la luz de ese prisma. Mucho más cerca de la realidad estaba Guibert de Nogent, abad benedictino del primer cuarto del siglo XII, cuando en su “Historia de las Cruzadas” aseguraba que 
los caballeros se habían impuesto la tarea de reconquistar la Jerusalén terrena con el fin de poder gozar de la Jerusalén celestial, de la que aquella era imagen. 
Es de él la célebre frase que se repetía en Francia para mostrar la valentía de los hijos de Clovis: “
Gesta Dei per francos” (“los hechos memorables de Dios a través de los franceses”).
LAS CRUZADAS IBAN A DURAR CASI HASTA FINES DEL SIGLO XIII, Y DURANTE SU ENTERO TRANSCURSO ESTARÍAN EN EL TELÓN DE FONDO DE TODOS LOS ACONTECIMIENTOS DE LA ÉPOCA, FUERAN ESTOS POLÍTICOS O RELIGIOSOS, ECONÓMICOS O ARTÍSTICOS.
Se suele hablar de ocho cruzadas, pero de hecho no hubo un año en que no partiesen de Europa contingentes más o menos numerosos de «Cruzados», a veces sin armas, conducidos sea por señores de la nobleza, sea por monjes. Por eso parece acertada la opinión de Daniel-Rops de que no es adecuado hablar de «las Cruzadas», sino más bien de «la Cruzada», único y persistente ímpetu de fervor, ininterrumpido durante dos siglos, que arrojó a lo mejor de Occidente de rodillas ante el Santo Sepulcro[1].
Representación del asedio de Antioquía durante la primera cruzada en una miniatura medieval.
LA PRIMERA OLEADA DE LA MAREA FUE TAN INCONTENIBLE QUE LA JERARQUÍA DE LA IGLESIA NO PUDO MAYORMENTE INFLUIR SOBRE ELLA.
Fue la Cruzada “popular”, convocada por un religioso de Amiens, Pierre l’Ermite (Pedro el Ermitaño), hombre carismático y austero, a quien siguió toda clase de gente: algunos caballeros, por cierto, pero también numerosos mendigos, ancianos, mujeres y niños. Esa caravana de gente humilde que se ponía en camino para reconquistar un pedazo de tierra entrañable, ha sido un fenómeno único en la historia. Recordemos que en la Edad Media la guerra era prerrogativa de la nobleza y de los caballeros, y por eso resultaba tan exótico que aquellos aldeanos apodados paradojalmente «manants», es decir, los que «se quedan», se transformasen súbitamente en guerreros. La historia empezaba a convertirse en epopeya.
Militarmente hablando, el proyecto de Pedro el Ermitaño acabó en un resonante fracaso, como era de esperar. Sin embargo no lo consideraron así sus contemporáneos. Porque, según señala con acierto Pernoud, en aquellos tiempos no se esperaba necesariamente que el héroe fuese eficaz:
“Para la antigüedad, el héroe era el vencedor, pero, como se ha podido comprobar, las canciones de gesta ensalzan no a los vencedores sino a los vencidos heroicos. 
Recordemos que Roldán, prácticamente contemporáneo de Pierre l’Ermite, también es un vencido.
No debemos olvidar que nos hallamos ante la civilización cristiana, para la cual el fracaso aparente, el fracaso temporal y material, acompaña a menudo a la santidad, a la par que mantiene su fecundidad interna, fecundidad a veces invisible de inmediato y cuyos frutos se manifestarán posteriormente. Tal es, no lo olvidemos, el significado de la cruz y la muerte de Cristo. En ello estriba toda la diferencia entre el héroe pagano –un superhombre– y el héroe cristiano, cuyo modelo es el crucificado por amor”[2].
Sea lo que fuere, al mismo tiempo que Pedro el Ermitaño lanzaba sus turbas, los nobles preparaban todo con gran seriedad, constituyendo varios cuerpos de ejército, cuatro en total. El primero de ellos estaba formado por belgas, franceses y alemanes cuyo jefe era el duque Godofredo de Bouillon, duque de la Baja Lorena; un hombre espléndido desde todo punto de vista, fuerte, valiente, de un vigor extraordinario, a la vez que sencillo, generoso, y de piedad ejemplar, el paradigma del Cruzado auténtico, casi un santo.
Las crónicas relatan que cuando entró en Jerusalén el año 1099, se negó a aceptar el título de rey de Jerusalén, por no querer ceñir corona de oro allí donde Jesús había llevado una corona de espinas. Cuando murió en 1100, su hermano Balduino tendría menos escrúpulos, y con él comenzaría formalmente el Reino Franco de Jerusalén y la instauración de una Monarquía feudal.
Este no es un dato menor, ya que prueba una vez más que 
el espíritu de la Cruzada fue el de la Cristiandad Feudal, al punto tal de trasladar su estructura, incluso sus castillos, que en última instancia, fue lo que posibilitó el gobierno cristiano por casi un siglo en tierra Oriental[3].
UNO DE LOS DATOS POCO RECORDADOS, ES QUE HASTA LOS SANTOS ASISTIERON Y PROMOVIERON LAS CRUZADAS.
[1] Daniel-Rops, op. cit., 538.
[2] Régine Pernoud, op. cit., 55-56.
[3] Cfr. Hillaire Belloc, Las Cruzadas, Emecé, Buenos Aires 1944, 183-188.
http://quenotelacuenten.com/2014/02/01/es-licito-pelear-por-cristo-ii-entrega/
01.2015
«Enseñas de los Cruzados en sus empresas de la Conquista de los Santos Lugares», siglos XI-XIII. (Obsérvese a la izquierda la Enseña de los Reinos de Castilla y León). Miniatura de los «Estatutos de la Orden del Espíritu Santo». Museo del Louvre. París.
LOS PAPAS JUAN XXIII Y PABLO VI DIERON MENSAJES QUE DEJARON ATRÁS LA DOCTRINA DE LA GUERRA JUSTA. 
COLOQUIO CON EL CARDENAL GEORGES COTTIER, TESTIGO DIRECTO DEL CONCILIO VATICANO II (PARTE FINAL) - Por José Antonio Varela Vidal
CIUDAD DEL VATICANO, viernes 13 julio 2012 (ZENIT.org).- Se dice que quien no aprende de sus errores, corre el riesgo de repetir la historia. Es algo que tiene muy claro el cardenal Cottier cuando analiza el tiempo presente, en el cual opera una Iglesia que ha recibido luces y certezas del Concilio Vaticano II. Esto le permite dialogar con un mundo que es "rápido para contestar y lento para escuchar", todo lo contrario de lo que dice el sabio refrán.
Al finalizar esta inolvidable entrevista con un testigo viviente del evento más trascendental de la Iglesia en el siglo XX, nos damos cuenta que ha hecho bien el PAPA Benedicto XVI en convocar a una celebración universal del Vaticano II, porque fue un punto de arranque de algo nuevo querido por Dios, cuyos verdaderos resultados aún están por verse…
Hemos hablado de aquel perdón público querido por el beato Juan Pablo II... Según su parecer, ¿qué esta haciendo la humanidad hoy, sobre lo cual tendrá que pedir perdón mañana?
Card. Cottier: Todo el problema de la banalización del aborto, y también la apertura sin respeto, de algunos campos del embrión humano; se trata de grandes pecados, que corremos el riesgo de pagar. Ahora hay una oportunidad de ver, como sabe, el sexo del bebé en el vientre de la madre, y en algunos países hay quienes prefieren el varón a la mujer y tienen ya un grave desequilibrio demográfico. Yo diría también la permisividad en el mundo del sexo, esto acaba siendo un delito contra la persona, en este caso la mujer, o incluso los niños.
¿Solo a este nivel?
Card. Cottier: Hay otro nivel, el comercio de armas. Se hacen esfuerzos pero el proceso como tal no ha terminado. Cuando hay guerra en África, estas en la actualidad son muy duras y con muchos inocentes, pero todo el armamento se hace en nuestras fábricas de Occidente, o incluso en China o Rusia. Después de todo esto, hay por supuesto una mirada también en la economía actual, la tolerancia de algunas miserias y tantas otras cosas, el futuro será severo con nosotros.
¿Y la Iglesia católica como da una respuesta a ello?
Card. Cottier: Todos estos son pecados contra los que la Iglesia siempre ha luchado, pero lucha con los medios evangélicos de la predicación y con algunas iniciativas. Y diré también, "el bien es más eficaz que el mal", pero las apariencias parecen decir lo contrario. Porque el bien no se ve, es en silencio, es como la imagen que Jesús toma de la semilla que cae en la tierra y madura lentamente, pero el mal hace mucho ruido y deja restos de muerte, y también la muerte espiritual en las almas. Hemos hecho grandes progresos desde la última guerra, donde la experiencia fue tan terrible que hay una toma de conciencia a la actitud pacífica, al diálogo, que es un resultado del Conciclio Vaticano II, esto cambia las cosas.
El Concilio ha cambiado también la actitud hacia la guerra, ¿no?
Card. Cottier: Hasta las dos últimas guerras mundiales, los teólogos hacían antes una teología de la guerra justa, que es un problema importante. Así como de cosas monstruosas y también del poder de los medios, como la bomba atómica, etcétera. Ahora vemos que la guerra no es ya una solución, me refiero a la guerra moderna. Pero, ¿qué pasó? Comenzó el Concilio y de inmediato, el papa Juan XXIII con la encíclica Pacem in Terris y luego con el gran discurso de Pablo VI en las Naciones Unidas durante el Concilio, la Iglesia comenzó a desarrollar una doctrina de paz y no más de la guerra, lo que vemos en todos los discursos del 1 de enero. Hay todo un conjunto de reflexiones sobre la paz que es hermoso, y esto es una contribución moderna.
¿Usted cree que hay algunos sectores de la Iglesia que con su actitud están obrando mal otra vez, y después se tendrá que pedir perdón?
Card. Cottier: Sí, está por verse, podría ser. Yo no diría Iglesia como la quiere Cristo, sino de los miembros o sectores del mundo cristiano. Ciertamente están los prejuicios, por ejemplo, el ignorar a los pobres de parte de los ambientes ricos, esto no es justo. La división de los bienes, la tolerancia de algunas leyes injustas, o el uso de la violencia como se ha dado, pero que no es la Iglesia. Y en los documentos recientes, por ejemplo, se insiste sobre la democracia. Pero ¿qué significa democracia? No es solo la votación, es la participación de los hombres como personas.
Vemos la desobediencia en algunos sectores, por ejemplo, al norte de Europa... ¿Por qué surge todo esto? ¿Es una manera de pensar que así la gente irá más a las iglesias?
Card. Cottier: No, creo que estos movimientos han existido siempre, de contestación en la Iglesia, y luego se ha vuelto una cosa más frecuente después del 1968 en Europa y América del Norte. Están los grupos con reinvindicaciones que son demasiado insensatos. Y algunas mujeres han querido incluso el sacerdocio femenino. Así que la Iglesia debe hacer mucho para valorizar los dones masculinos y femeninos, pero en la vocación de cada uno. Es interesante ver que estas reinvindicaciones están a menudo acompañadas de un rechazo a la naturaleza humana. Todas esas historias de ‘género’, en que finalmente la diferencia sexual es un hecho cultural y no natural. La naturaleza es un camino para la vocación, sea del hombre como de la mujer.
De esto ya habló la Iglesia, ¿no?
Card. Cottier: Por la tradición que viene de Cristo, Juan Pablo II fue claro y dijo: no se puede, porque la Iglesia no se siente capaz de tocar una cosa en la que Cristo mismo dio el ejemplo. Luego responden que Cristo se había adaptado a su época, pero creo que es un argumento que no vale mucho, porque la Virgen que siempre ha sido central, nunca tuvo funciones sacerdotales, es otra vocación. Es interesante que muchas feministas que quieren el sacerdocio femenino, lo que piensan es en un lenguaje de poder, y esto es falso, por lo que el papa ha repetido en los últimos tiempos muchas veces, que es un servicio, con lo que se ve que cambia mucho.
Hay otras cuestiones "candentes", ¿verdad?
Card. Cottier: Sí, el matrimonio de los sacerdotes, que es una cuestión que viene de las primeras demandas de la reforma protestante, en que los sacerdotes están casados. Pero el evangelio no es fácil, es exigente, y es exigente porque nos lleva a un gran fin, y la alegría evangélica no es la sociedad de consumo, es la alegría de Dios. Hay una conveniencia espiritual muy profunda con esta intención del celibato en la Iglesia de rito latino, que trae muchos frutos espirituales y que no debemos perder.
Porque no solo es un esposo, sino también un padre de familia...
Card. Cottier: La vocación de padre de familia no es una vocación pequeña. Hoy en día emplea mucho del espíritu, y no sé si sería compatible; al menos la Iglesia cree que cuando se produce la consagración de los obispos, este es considerado como el esposo de su Iglesia. Y yo diría que hay algo análogo en el clero diocesano. Así que hay un tesoro espiritual en esto al que la Iglesia no puede renunciar. Algunos obispos presentan el tema, pero no es un pecado hacerlo, se debe estudiar, ¿comprende? Estas son cuestiones que se deben afrontar en la nueva evangelización.
Por último, ¿cuál sería su mensaje a las generaciones más jóvenes que están empezando su camino en la Iglesia, por ejemplo, sacerdotes, religiosas, personas que ofrecen su vida como usted la ha ofrecido?
Card. Cottier: Yo diría aquello que dice el santo padre actualmente, y es una palabra que se repite con frecuencia en sus discursos, es "la alegría". Diría lo mismo, hagan esto con alegría, entusiasmo y fidelidad al Evangelio, porque su tarea en el servicio es también un testimonio. Y el testimonio es la vida evangélica, no hay nada que inventar, el Evangelio nos lo da todo...
OBLIGACIÓN DE EVITAR LA GUERRA - HAY QUE FRENAR LA CRUELDAD DE LAS GUERRAS.
79. A pesar de que las guerras recientes han traído a nuestro mundo daños gravísimos materiales y morales, todavía a diario en algunas zonas del mundo la guerra continúa sus devastaciones. 
Es más, al emplear en la guerra armas científicas de todo género, su crueldad intrínseca amenaza llevar a los que luchan a tal barbarie, que supere, enormemente la de los tiempos pasados. La complejidad de la situación actual y el laberinto de las relaciones internaciones permiten prolongar guerras disfrazadas con nuevos métodos insidiosos y subversivos. En muchos casos se admite como nuevo sistema de guerra el uso de los métodos del terrorismo.
TENIENDO PRESENTE ESTA POSTRACIÓN DE LA HUMANIDAD EL CONCILIO PRETENDE RECORDAR ANTE TODO LA VIGENCIA PERMANENTE DEL DERECHO NATURAL DE GENTES Y DE SUS PRINCIPIOS UNIVERSALES. 
La misma conciencia del género humano proclama con firmeza, cada vez más, estos principios. Los actos, pues, que se oponen deliberadamente a tales principios y las órdenes que mandan tales actos, son criminales y la obediencia ciega no puede excusar a quienes las acatan. Entre estos actos hay que enumerar ante todo aquellos con los que metódicamente se extermina a todo un pueblo, raza o minoría étnica:
hay que condenar con energía tales actos como crímenes horrendos; se ha de encomiar, en cambio, al máximo la valentía de los que no temen oponerse abiertamente a los que ordenan semejantes cosas.
EXISTEN SOBRE LA GUERRA Y SUS PROBLEMAS VARIOS TRATADOS INTERNACIONALES.
Suscritos por muchas naciones, para que las operaciones militares y sus consecuencias sean menos inhumanas; tales son los que tratan del destino de los combatientes heridos o prisioneros y otros por el estilo. Hay que cumplir estos tratados; es más, están obligados todos, especialmente las autoridades públicas y los técnicos en estas materias, a procurar cuanto puedan su perfeccionamiento, para que así se consiga mejor y más eficazmente atenuar la crueldad de las guerras.
También parece razonable que las leyes tengan en cuenta, con sentido humano, el caso de los que se niegan a tomar las armas por motivo de conciencia y aceptan al mismo tiempo servir a la comunidad humana de otra forma.
DESDE LUEGO, LA GUERRA NO HA SIDO DESARRAIGADA DE LA HUMANIDAD. MIENTRAS EXISTA EL RIESGO DE GUERRA Y FALTE UNA AUTORIDAD INTERNACIONAL COMPETENTE Y PROVISTA DE MEDIOS EFICACES, UNA VEZ AGOTADOS TODOS LOS RECURSOS PACÍFICOS DE LA DIPLOMACIA, NO SE PODRÁ NEGAR EL DERECHO DE LEGÍTIMA DEFENSA A LOS GOBIERNOS.
A los jefes de Estado y a cuantos participan en los cargos de gobierno les incumbe el deber de proteger la seguridad de los pueblos a ellos confiados, actuando con suma responsabilidad en asunto tan grave. 
Pero una cosa es utilizar la fuerza militar para defenderse con justicia y otra muy distinta querer someter a otras naciones. La potencia bélica no legitima cualquier uso militar o político de ella. Y una vez estallada lamentablemente la guerra, no por eso todo es lícito entre los beligerantes.

LOS QUE, AL SERVICIO DE LA PATRIA, SE HALLAN EN EL EJERCICIO, CONSIDÉRENSE INSTRUMENTOS DE LA SEGURIDAD Y LIBERTAD DE LOS PUEBLOS, PUES DESEMPEÑANDO BIEN ESTA FUNCIÓN CONTRIBUYEN REALMENTE A ESTABILIZAR LA PAZ.

LA CHICA, LA FLOR Y LOS FUSILES. 
El francés Marc Riboud, el fotógrafo que retrató la paz con una flor frente a un fusil en Washington en 1967
LA GUERRA TOTAL

80. El horror y la maldad de la guerra se acrecientan inmensamente con el incremento de las armas científicas. 
Con tales armas, las operaciones bélicas pueden producir destrucciones enormes e indiscriminadas, las cuales, por tanto, sobrepasan excesivamente los límites de la legítima defensa. Es más, si se empleasen a fondo estos medios, que ya se encuentran en los depósitos de armas de las grandes naciones, sobrevendría la matanza casi plena y totalmente recíproca de parte a parte enemiga, sin tener en cuanta las mil devastaciones que parecerían en el mundo y los perniciosos efectos nacidos del uso de tales armas.
Todo esto nos obliga a examinar la guerra con mentalidad totalmente nueva. 
Sepan los hombres de hoy que habrán de dar muy seria cuanta de sus acciones bélicas. Pues de sus determinaciones presentes dependerá en gran parte el curso de los tiempos venideros.
TENIENDO ESTO EN CUENTA, ESTE CONCILIO, HACIENDO SUYAS LAS CONDENACIONES DE LA GUERRA MUNDIAL EXPRESADAS POR LOS ÚLTIMOS SUMOS PONTÍFICES, DECLARA.
Toda acción bélica que tienda indiscriminadamente a la destrucción de ciudades enteras o de extensas regiones junto con sus habitantes, es un crimen contra Dios y la humanidad que hay que condenar con firmeza y sin vacilaciones.
El riesgo característico de la guerra contemporánea está en que da ocasión a los que poseen las recientes armas científicas para cometer tales delitos y con cierta inexorable conexión puede empujar las voluntades humanas a determinaciones verdaderamente horribles. Para que esto jamás suceda en el futuro, los obispos de toda la tierra reunidos aquí piden con insistencia a todos, principalmente a los jefes de Estado y a los altos jefes del ejército, que consideren incesantemente tan gran responsabilidad ante Dios y ante toda la humanidad.
PROHIBICIÓN ABSOLUTA DE LA GUERRA - LA ACCIÓN INTERNACIONAL PARA EVITAR LA GUERRA.


82. Bien claro queda, por tanto, que debemos procurar con todas nuestras fuerzas preparar una época en que, por acuerdo de las naciones, pueda ser absolutamente prohibida cualquier guerra. 
Esto requiere el establecimiento de una autoridad pública universal reconocida por todos, con poder eficaz para garantizar la seguridad, el cumplimiento de la justicia y el respeto de los derechos. 
Pero antes de que se pueda establecer tan deseada autoridad es necesario que las actuales asociaciones internacionales supremas se dediquen de lleno a estudiar los medios más aptos para la seguridad común. 
La paz ha de nacer de la mutua confianza de los pueblos y no debe ser impuesta a las naciones por el terror de las armas; por ello, todos han de trabajar para que la carrera de armamentos cese finalmente, para que comience ya en realidad la reducción de armamentos, no unilateral, sino simultánea, de mutuo acuerdo, con auténticas y eficaces garantías.
NO HAY QUE DESPRECIAR, ENTRETANTO, LOS INTENTOS YA REALIZADOS Y QUE AÚN SE LLEVAN A CABO PARA ALEJAR EL PELIGRO DE LA GUERRA. 
Más bien hay que ayudar la buena voluntad de muchísimos que, aun agobiados por las enormes preocupaciones de sus altos cargos, movidos por el gravísimo deber que les acucia, se esfuerzan, por eliminar la guerra, que aborrecen, aunque no pueden prescindir de la complejidad inevitable de las cosas. Hay que pedir con insistencia a Dios que les dé fuerzas para perseverar en su intento y llevar a cabo con fortaleza esta tarea de sumo amor a los hombres, con la que se construye virilmente la paz. Lo cual hoy exige de ellos con toda certeza que amplíen su mente más allá de las fronteras de la propia nación, renuncien al egoísmo nacional ya a la ambición de dominar a otras naciones, alimenten un profundo respeto por toda la humanidad, que corre ya, aunque tan laboriosamente, hacia su mayor unidad.
ACERCA DE LOS PROBLEMAS DE LA PAZ Y DEL DESARME
Los sondeos y conversaciones diligente e ininterrumpidamente celebrados y los congresos internacionales que han tratado de este asunto deben ser considerados como los primeros pasos para solventar temas tan espinosos y serios, y hay que promoverlos con mayor urgencia en el futuro para obtener resultados prácticos. Sin embargo, hay que evitar el confiarse sólo en los conatos de unos pocos, sin preocuparse de la reforma en la propia mentalidad. Pues los que gobiernan a los pueblos, que son garantes del bien común de la propia nación y al mismo tiempo promotores del bien de todo el mundo, dependen enormemente de las opiniones y de los sentimientos de las multitudes.
NADA LES APROVECHA TRABAJAR EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA PAZ MIENTRAS LOS SENTIMIENTOS DE HOSTILIDAD, DE MENOSPRECIO Y DE DESCONFIANZA, LOS ODIOS RACIALES Y LAS IDEOLOGÍAS OBSTINADAS, DIVIDEN A LOS HOMBRES Y LOS ENFRENTAN ENTRE SÍ.
Es de suma urgencia proceder a una renovación en la educación de la mentalidad y a una nueva orientación en la opinión pública.
Los que se entregan a la tarea de la educación, principalmente de la juventud, o forman la opinión pública, tengan como gravísima obligación la preocupación de formar las mentes de todos en nuevos sentimientos pacíficos. 
Tenemos todos que cambiar nuestros corazones, con los ojos puestos en el orbe entero y en aquellos trabajos que todos juntos podemos llevar a cabo para que nuestra generación mejore.
QUE NO NOS ENGAÑE UNA FALSA ESPERANZA
Pues, si no se establecen en el futuro tratados firmes y honestos sobre la paz universal una vez depuestos los odios y las enemistades, la humanidad, que ya está en grave peligro, aun a pesar de su ciencia admirable, quizá sea arrastrada funestamente a aquella hora en la que no habrá otra paz que la paz horrenda de la muerte. Pero, mientras dice todo esto, la Iglesia de Cristo, colocada en medio de la ansiedad de hoy, no cesa de esperar firmemente. A nuestra época, una y otra vez, oportuna e importunamente, quiere proponer el mensaje apostólico: 
Este es el tiempo aceptable para que cambien los corazones, éste es el día de la salvación.
DURANTE MILENIOS, SE CONSIDERABA LA GUERRA COMO UN MEDIO DE CONQUISTA Y DE GLORIA MÁS BIEN HABITUAL Y ACEPTABLE PARA LAS NACIONES EN EXPANSIÓN O QUE AFIRMABAN CON FUERZA SU VOLUNTAD DE SUPREMACÍA Y DE DOMINIO SOBRE OTROS PUEBLOS, Y PARA LOS CONQUISTADORES Y ESTRATEGAS DE TALENTO A LA BÚSQUEDA DE LAURELES Y DE PODER.
No necesito volver a trazar ante ustedes la larga, costosa e irregular evolución, que ha conducido poco a poco a la humanidad a tomar conciencia del carácter moralmente inadmisible de tal concepción y de los comportamientos que en ella se inspiran. Cada vez más los príncipes y los pueblos que han seguido haciendo la guerra —¡Dios sabe cuántos han sido!— han sentido la necesidad de rechazar el admitir que habían tomado la iniciativa o de invocar fuertes y casi ineludibles razones para tomar las armas.
Ahora que se reconoce, como principio del derecho internacional moderno, la renuncia al uso de la fuerza e incluso a la amenaza de recurrir a ella para hacer valer los propios derechos reales o presuntos, 
se admite tan sólo que es legítimo recurrir a las armas en los casos de una guerra impuesta o en la necesidad de defenderse. Incluso el recurso a “lanzar el primer golpe” para prevenir un ataque sospechado o temido de la otra parte se somete, en teoría, a tales condiciones que cada cual prefiere no parecer su responsable.
Esta actitud, inspirada en consideraciones jurídicas o morales, ha sido confirmada por el crecimiento del potencial destructivo de los armamentos, que el “progreso” ha venido a poner en manos de los ejércitos enfrentados y que ha hecho cada vez menos “tolerables” las consecuencias de la guerra, incluso por parte del vencedor.
Nube de hongo de la bomba atómica de Hiroshima (Japón), a 18 kilómetros del hipocentro de la explosión, lanzada el 6 de agosto de 1945.
LA APARICIÓN DE LA BOMBA ATÓMICA
En la escena de la historia ha provocado finalmente la decisiva crisis de una filosofía política que no había sabido o podido retirar —y sigue sin lograrlo— todo derecho de ciudadanía a la misma hipótesis de la guerra en las relaciones entre los pueblos y los países.
EL ATERRADOR POTENCIAL DESTRUCTIVO PARA EL ATACADO, O DE AUTODESTRUCCIÓN PARA EL ATACANTE, QUE CARACTERIZA A LAS ARMAS NUCLEARES, CON SUS PROLONGACIONES DEVASTADORAS EN EL ESPACIO Y EL TIEMPO, MÁS ALLÁ DEL TEATRO DE OPERACIONES Y DEL PERÍODO DEL CONFLICTO, HA HECHO NACER EL NUEVO CONCEPTO DE “ARMA CONSTRUIDA PARA NO SER USADA”.
Su mera existencia tendría que ser un medio suficientemente seguro de disuasión contra eventuales ataques. Los peligros de tan amenazadora presencia en el mundo han aparecido muy pronto demasiado evidentes: la frontera entre la eficacia de la disuasión, incluso la más potente, y la preponderancia de los elementos que desencadenan los mecanismos de autodefensa unidos a la mutua desconfianza, permanece siempre incierta y, mientras las armas están disponibles, demasiado fácil de franquear, ya sea en un momento de pánico, ya sea por la ineficacia o por un error en el funcionamiento de los medios electrónicos refinados, mediante los cuales el hombre moderno busca suplir la insuficiencia y lentitud de su capacidad de atención y de reacción. 
De todos modos, una disuasión, para ser “creíble”, no puede excluir el empleo efectivo de la retorsión que se blande como amenaza.
Si esto vale especialmente para las armas nucleares, dada la fulgurante rapidez de su uso y de las destrucciones que conllevan, no se deben excluir las otras categorías de medios de destrucción en masa e incluso las llamadas armas convencionales que, cada vez más sofisticadas, llenan los arsenales de pequeños y grandes países.
Explosión de la bomba termonuclear Ivy Mike (1 de noviembre de 1952). Las bombas termonucleares se han convertido en las armas más destructivas de la historia, siendo varias veces más poderosas que las bombas nucleares de Hiroshima y Nagasaki.
SE HA FORJADO LA CONVICCIÓN CADA VEZ MÁS FUERTE Y MÁS AMPLIAMENTE DIFUNDIDA, QUE AHORA ES NECESARIO QUITAR DE LAS MANOS DE LOS HOMBRES LOS INSTRUMENTOS QUE NECESITAN PARA HACERSE LA GUERRA, ES DECIR, LLEGAR AL DESARME.
Es un concepto relativamente moderno en la historia de la humanidad, pero que se impone cada vez más, incluso por la fuerza de las cosas: aunque parece cada vez más fácil extenderse en grandes declaraciones de principios y quedarse en las intenciones generales, que entrar en lo concreto de los problemas.
LOS HORRORES DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL HAN LLEVADO A LA ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS, NADA MÁS CONSTITUIRSE, A INSCRIBIR ENTRE SUS PRIMEROS OBJETIVOS LA ELIMINACIÓN DE LOS ARSENALES DE ARMAS NUCLEARES Y DE LAS PRINCIPALES ARMAS DE DESTRUCCIÓN DE MASAS, Y A HACER LO MISMO CON EL PROBLEMA DE LOS ARMAMENTOS CONVENCIONALES, DEDICANDO DESDE 1978 TRES SESIONES ESPECIALES AL PROBLEMA DEL DESARME.
2003 - LIBERTADIGITAL-REVISTA- ESP.
Ustedes conocen mucho mejor que yo la evolución que, desde 1945, ha llevado a la constitución de la actual Conferencia para el Desarme, a la cual me complace rendir homenaje hoy, no sólo en virtud de su importancia y representatividad casi universal, a pesar del número necesariamente limitado de sus miembros, sino sobre todo por el trabajo que ha desarrollado y que aún tiene la misión de desarrollar.
Constituyen ustedes el órgano de las Naciones Unidas responsable de la conducción de las negociaciones multilaterales sobre la limitación de armamentos y el desarme.
Es cierto que hoy el problema más agudo, el de las armas atómicas, se encuentra prácticamente en manos de las dos grandes potencias nucleares. Pero no son ustedes ajenos a él, y no sólo por el particular interés con el cual han seguido la marcha de las negociaciones sobre este tema y por su satisfacción, compartida en el mundo entero, ante los resultados positivos, deseando su progreso de forma que correspondan a la esperanza de los pueblos. Su conferencia ha inscrito, entre los puntos que componen lo que se ha llamado su “decálogo”, el que concierne a las armas nucleares bajo todos sus aspectos; y mantiene en su orden del día temas como la prohibición de las experiencias nucleares, la detención de la carrera de armamentos nucleares, el desarme nuclear y la prevención de la guerra nuclear. Aunque sobre estos puntos sus trabajos no han registrado resultados concretos, manifiestan el gran interés de su Conferencia por estos problemas y merecen continuarse con tenacidad.
El cambio histórico producido en el clima internacional, en virtud y como consecuencia del nuevo acercamiento soviético-americano en cuestiones de desarme, es tal que puede ejercer una influencia positiva para hacer posible un progreso en el plano multilateral, que es el de la competencia de ustedes. El interés que ponen en ello y los deseados éxitos para el futuro no podrán hacer otra cosa, a su vez, que mejorar aun más la atmósfera, estimulando y animando la buena voluntad de aquellos que quieren librar a la humanidad de la pesadilla provocada por masas de armas mortíferas que amenazan su vida y su progreso, gracias a los acercamientos bilaterales y multilaterales de los que se constata cada vez más la necesaria complementariedad. 1989
LA DOCTRINA DE LA GUERRA JUSTA. Por César Vidal
El concepto de guerra justa nace de una terrible y en apariencia insoluble paradoja, la de considerar la guerra como un fenómeno malo y perverso no sólo ética sino también espiritualmente y, a la vez, la de tener que aceptarlo precisamente para evitar males mayores. En ese sentido, se trata de una teoría surgida en el seno de una religión medularmente pacifista como es el cristianismo pero, a la vez, comprometida desde hace siglos en la tarea de defender Occidente de peligrosas amenazas.
ESTA CIRCUNSTANCIA PARADÓJICA SIRVE POR SÍ SOLA PARA EXPLICAR PORQUÉ LA ANTIGÜEDAD CLÁSICA DESCONOCIÓ EL CONCEPTO DE GUERRA JUSTA.
En la antigua Grecia prevalecía fundamentalmente el concepto de supremacía que legitimaba las intervenciones contra los bárbaros inferiores. Semejante visión se halla, por ejemplo, en Platón y Aristóteles y sirvió de soporte legitimador para las conquistas imperiales de Alejandro. El orbe podía verse sometido a una invasión aculturizadora pero era, desde luego, por su bien.
EN EL CASO DE ROMA PREVALECIÓ MUCHO MÁS UN CONCEPTO QUE HOY PODRÍAMOS DENOMINAR DE “SEGURIDAD COLECTIVA”.
Lo que proporcionaba legitimidad a las guerras, primero, de la República y, posteriormente, del imperio era la necesidad de asegurar una zona de estabilidad internacional. 
Que esa noción no estuvo exenta de intereses bastardos está fuera de duda pero, en cualquier caso, proporcionaba un límite teórico a los conflictos bélicos.
Esta visión de la guerra como un fenómeno explicable por diversas causas pero, desde luego, no demasiado necesitado de legitimación lo encontramos incluso en el antiguo Israel. Ciertamente, Israel brilló por unas alturas éticas sin paralelo completo en la Antigüedad y no es menos cierto que esperaba la llegada de una época de paz inaugurada por el mesías en la que desaparecerían para siempre las guerras [1]. Sin embargo, distó mucho de desarrollar un concepto de guerra justa siquiera porque la realidad de esta situación no permitía mucho espacio para especular ni tampoco colisionaba con los preceptos de la Torah mosaica.
AL RESPECTO, EL CRISTIANISMO IMPLICÓ UN CAMBIO ESENCIAL EN ESTOS DIVERSOS PUNTOS DE VISTA.
La ética de Jesús – calificada, por ejemplo, por John Driver como “ética de exceso” [2]– incluía mandatos tan extremos como el de amar al enemigo, perdonar a los que nos han causado ofensas u orar por los que nos injurian [3]. Resulta difícil conciliar conductas como ésas con la guerra pero es que, por añadidura, el mismo Jesús excluyó expresamente la práctica de aquella de los comportamientos seguidos por sus discípulos.
A Pedro le dijo que el recurso a la violencia incluso defensiva resultaba inaceptable [4] y a Pilato que precisamente porque su reino no era de este mundo sus seguidores no combatían [5]. La propia conducta apostólica va en esa misma línea y aparece recogida, por ejemplo, en máximas como la de san Pablo [6] al afirmar que
el mal sólo puede ser vencido por el bien.
DURANTE LOS TRES PRIMEROS SIGLOS DEL CRISTIANISMO ESTA CONDUCTA DE CONDENA DE LA GUERRA SIN NINGÚN GÉNERO DE PALIATIVOS SE EXPRESÓ EN TRES VÍAS.
– la teológica, la canónica y la martirial - de manera clara e innegable.
TODOS LOS TEÓLOGOS HASTA INICIOS DEL SIGLO IV DE ARNOBIO A ORÍGENES, DE TERTULIANO A LACTANCIO PASANDO POR UN LARGO ETCÉTERA NO SÓLO CONDENARON LA GUERRA SINO QUE MANIFESTARON QUE NINGÚN CRISTIANO PODÍA SERVIR EN EL EJÉRCITO NI SIQUIERA EN TIEMPO DE PAZ.
La opinión teológica se apoyaba, desde luego, en los textos canónicos donde abundaban los listados de trabajos prohibidos para un cristiano. Así, en los cánones de san Hipólito, se podía condenar de la misma manera que un cristiano se dedicara a la prostitución, como al tráfico de esclavos o a servir en el ejército. Semejante posición se vio regada con sangre. Mártires como Julio, un antiguo centurión, o Maximiliano prefirieron morir a entrar en las filas del ejército.
ESTA POSTURA SE VIO AMENAZADA CON CLARIDAD A INICIOS DEL S. IV. Contra lo que suele afirmarse, Constantino no convirtió el cristianismo en religión estatal pero sí otorgó un grado de tolerancia a las iglesias que hasta entonces había sido impensable y el imperio, de manera inesperada, comenzó a convertirse para muchos cristianos no en un lugar de paso sino en algo que se contemplaba como propio. El abandono del pacifismo no fue rápido ni brusco. Todavía en el concilio de Arles de 312 se afirmaba que los cristianos podían negarse a combatir si se producía un choque armado pero ya se admitía su entrada en las legiones.
A MEDIADOS DE SIGLO (s. IV.), LA POSTURA SUFRIRÍA MUTACIONES MAYORES.
AGUSTÍN DE HIPONA
no fue ciertamente el creador de la doctrina de la guerra justa como se ha afirmado en ocasiones pero sí fue uno de los primeros teólogos que intentó conciliar las enseñanzas de Jesús con la defensa de un imperio que en buena medida era cristiano y que intentaba sobrevivir al asalto de bárbaros no pocas veces paganos amén de sanguinarios. 
LA SÍNTESIS AGUSTINIANA – PRESENTE TAMBIÉN EN AMBROSIO DE MILÁN Y OTROS PADRES.
– admitía el pacifismo privado (todos debemos perdonar a los que nos ofenden y orar por nuestros enemigos), aceptaba el pacifismo total de unos pocos (los monjes llamados a seguir el camino de perfección, por ejemplo) pero indicaba que el imperio no podía incorporar ese punto de vista como política pública y que su defensa era lícita. Aún más, los cristianos debían contribuir a ella como buenos ciudadanos.
EL ORIENTE CRISTIANO SIGUIÓ UNA EVOLUCIÓN SIMILAR AUNQUE, CURIOSAMENTE, PUSO UN MAYOR EMPEÑO EN EXTREMAR LAS MEDIDAS PREVENTIVAS QUE SIRVIERAN PARA EVITAR UNA GUERRA. Creó así una diplomacia hábil que buscaba mantener la paz y que sería acusada de doblez bizantina. En realidad, como supo señalar Steven Runciman, detrás de muchas de las maniobras bizantinas tan sólo se hallaba un deseo de salvaguardar la paz y evitar llegar a una conducta tan necesaria pero, a la vez, tan anticristiana como era la guerra.
Caballeros de la quinta cruzada llegan al fuerte de Damieta.
LA EDAD MEDIA IMPLICÓ LA APARICIÓN DE NUEVOS CAMBIOS EN EL PROCESO DE LEGITIMACIÓN DE LA GUERRA POR PARTE DE OCCIDENTE.
De entrada, el islam apareció en oriente y en muy pocos años se extendió como un reguero de pólvora por países históricamente cristianos acabando con cualquier vestigio de libertad y amenazando a los pueblos que aún quedaban libres de su dominio. Esta situación se tradujo en la aparición del concepto de cruzada ajeno al cristianismo original y no surgido hasta casi tres siglos después de que el islam sometiera a occidente a un cerco de sangre y destrucción. Ciertamente fue una reacción tardía pero indica hasta qué punto los reinos cristianos veían la guerra con repugnancia. Finalmente, el imperio quedó atomizado en multitud de reinos que se confesaban cristianos y que necesitaban defensa frente a agresiones externas.
EL OCCIDENTE Y EL ORIENTE CRISTIANOS
Intentaron en medio de un contexto verdaderamente hostil – al islam no tardó en sumarse la segunda oleada de invasiones procedentes del este en muchos casos – conciliar nuevamente la cosmovisión cristiana con la perentoria necesidad de defenderse. El resultado fue variopinto porque junto al concepto de cruzada ya señalado se mantuvo un pacifismo extremo en ciertos segmentos sociales (como los monjes [7]),
se creó el primer derecho humanitario de guerra que mediante instituciones como la paz de Dios o la tregua de Dios intentaron paliar los efectos y la duración de los conflictos armados y, sobre todo, gracias a la Escolástica, se articuló una doctrina más elaborada de la guerra justa.
LA DOCTRINA ESCOLÁSTICA DE LA GUERRA JUSTA GIRABA, FUNDAMENTALMENTE, SOBRE TRES EJES.
  • El primero era la legitimidad de la defensa propia. 
Tal y como lo expresaba Tomás de Aquino:
“La acción de defenderse puede entrañar un doble efecto: el uno es la conservación de la propia vida; el otro, la muerte del agresor… solamente es querido el uno; el otro, no” [8]
  • El segundo eje era la mesura en la respuesta. 
Demasiado era que se tuviera que privar de la vida a alguien. Por eso, se esperaba que la defensa propia resultara congruente:
“Si para defenderse se ejerce una violencia mayor que la necesaria, se trataría de una acción ilícita. Pero si se rechaza la violencia de manera mesurada, la acción sería lícita… y no es necesario para la salvación que se omita este acto de protección mesurada a fin de evitar matar al otro, porque es mayor la obligación que se tiene de velar por la propia vida que por la del otro” [9]
FINALMENTE, LA ESCOLÁSTICA EXIGÍA QUE LA RESPUESTA BÉLICA CONTARA CON POSIBILIDADES DE ÉXITO.
De hecho, una guerra defensiva sin algún indicio de que podría concluir en triunfo resultaba inmoral en la medida en que implicaba un derramamiento de sangre – propio y ajeno – inútil. Esta circunstancia resultaba de especial relevancia en episodios como podía ser la rebelión, el derecho a la cual fue estudiado meticulosamente por la Escolástica.
EL GRAN REVULSIVO QUE PARA OCCIDENTE SIGNIFICARON EL RENACIMIENTO Y LA REFORMA DEJÓ TAMBIÉN SU IMPRONTA EN LA DOCTRINA DE LA GUERRA JUSTA.
Ciertamente, algunos teólogos – como Erasmo en su Quaerella pacis o los anabautistas suizos y holandeses – retornaron a los principios pacifistas del Nuevo Testamento pero, en general, se buscó conciliar el repudio de la guerra con su regulación. A ello obligaba no sólo el fenómeno del descubrimiento de nuevos mundos allende los mares sino también los enfrentamientos entre príncipes surgidos no sólo del final del Medievo sino especialmente de las guerras de religión que ensangrentaron Europa hasta la paz de Westfalia de 1648.
EL PAPEL DE LOS JURISTAS TEÓLOGOS ESPAÑOLES EN ESTE DESARROLLO FUE, SIN DUDA, ESENCIAL.
Francisco de Vitoria, padre del derecho internacional, admitió como guerra justa no sólo la defensiva sino también la punitiva contra un enemigo culpable. 
LAS CONDICIONES PARA QUE UNA GUERRA FUERA JUSTA SERÍAN
la declaración por la persona con autoridad para ello (comúnmente el príncipe), la inevitabilidad del conflicto para salvaguardar la paz y la seguridad, y el uso mesurado del triunfo.
DE MANERA IMPECABLE, FRANCISCO DE VITORIA NO CONSIDERABA JUSTAS
las guerras entabladas por disparidad de religión o por deseo de conquista o de gloria. 
Igualmente condenó la crueldad de los conquistadores españoles en América o la matanza de inocentes y prisioneros. Francisco de Vitoria incluso llegó hasta el punto de pensar – antes de William Penn en el siglo siguiente – en la conveniencia de que existiera una especie de organización internacional que dirimiera conflictos y evitara las guerras. La mayor diferencia entre ambos estuvo en el hecho de que Francisco de Vitoria la concebía en clave imperial y Penn como federación de naciones.
A PESAR DE LA IMPORTANCIA DE FRANCISCO DE VITORIA, NO PUEDE DECIR QUE FUERA EL ÚNICO INTERESADO EN EL PROBLEMA DE LA GUERRA JUSTA.
También llamó la atención de otros juristas teólogos como Fernando Vázquez de Menchaca, Ginés de Sepúlveda, Domingo de Soto, Baltasar de Ayala, Domingo Bañez, Diego de Covarrubias y Leiva y un largo etcétera y, por supuesto, fue abordado desde la óptica del protestantismo.
Monumento a Francisco de Vitoria, obra de Francisco de Toledo en 1975. Salamanca
🔻Francisco de Vitoria (Burgos, 1483 o 1486 - Salamanca, 12 de agosto de 1546) fue un fraile dominico español, escritor y catedrático de la Escuela de Salamanca, quien se destacó por sus ideas y contribuciones al derecho internacional y la economía moral basados en el pensamiento humanista del realismo aristotélicotomista.
LAS FORMULACIONES DE LOS REFORMADORES SOBRE LA GUERRA JUSTA.
– Si exceptuamos a los mencionados anabautistas – fueron claramente tributarias de la teología agustiniana, un hecho que ni católicos ni protestantes gustan de reconocer. De hecho, la enseñanza de Lutero sobre unas normas privadas que deben seguirse en relación con los enemigos y que no tienen porqué coincidir con la conducta seguida por un estado brotan de manera directa del teólogo de Hipona.
POSIBLEMENTE, EL PENSAMIENTO PROTESTANTE MÁS ORIGINAL FUE EL SURGIDO DE LAS OBRAS DE HUGO GROCIO [10].
🔺Hugo Grocio, Hugo Grotius o Hugo de Groot (Delft, Países Bajos, 10 de abril de 1583 - Rostock, Alemania, 28 de agosto de 1645) fue un jurista, escritor y poeta holandés. Se le considera como uno de los fundadores del Derecho internacional, junto con Francisco de VitoriaSu libro De iure belli ac pacis (1625) fue el primer tratado sistemático sobre el derecho internacional, cuyas bases ya habían sido sentadas por Francisco de Vitoria, al que cita abundantemente. Transmitió y difundió por Europa las ideas de la Escuela de Salamanca. En De iure belli ac pacis también se analizan conceptos como la guerra justa.
Las tesis de Grocio acabaron encontrando una cristalización legal en las convenciones del derecho humanitario de guerra de La Haya[11] y Ginebra y resulta lógico que así fuera porque su principal preocupación fue la de moderar la dureza de los conflictos armados. 
De la guerra justa debía excluirse, por ejemplo, 
  • la muerte de los rehenes, 
  • la ejecución de prisioneros – salvo que estuviera en peligro la vida del vencedor –
  • la destrucción de bienes materiales de los vencidos
  • y la aniquilación de la libertad de los derrotados especialmente en el terreno religioso.
LA EDAD CONTEMPORÁNEA IBA A MOSTRAR HASTA QUÉ PUNTO LAS PREOCUPACIONES DE GROZIO ESTABAN ASENTADAS EN LA REALIDAD.
De entrada, Napoleón implantó un sistema de servicio militar obligatorio que extendió las cargas de los combates a todo el sector masculino del país en una situación que realmente carecía de precedentes.
En segundo lugar, las armas conocieron una extraordinaria sofisticación que, difícilmente, hubiera podido ser prevista en la Edad Media o incluso en el barroco. Al aumento de la capacidad letal de la artillería se sumaron, por ejemplo, el uso del gas venenoso desde 1916, el tanque en el mismo año, las ametralladoras, la aviación con fines militares y, como trágico colofón, las armas bacteriológicas y atómicas.
NO RESULTA EXTRAÑO QUE, POR PRIMERA VEZ EN LA HISTORIA, LAS GUERRAS SE CONVIRTIERAN EN CONFLICTOS CUYAS VÍCTIMAS ERAN FUNDAMENTALMENTE LAS POBLACIONES CIVILES Y NO LOS COMBATIENTES EN EL FRENTE.
Y que ni siquiera la distancia del campo de batalla librara a los no militares de sufrir el impacto directo de las armas. Mientras que en la primera guerra mundial el número de civiles muertos no llegó al diez por ciento de la cifra total, en Vietnam superó el ochenta por ciento de las bajas. Las cifras difícilmente pueden resultar más elocuentes.
NO PUEDE SORPRENDER, POR LO TANTO, LA PREOCUPACIÓN POR HUMANIZAR LAS GUERRAS NI TAMPOCO LA CODIFICACIÓN DEL DERECHO HUMANITARIO DE GUERRA O LA APARICIÓN DE LA CRUZ ROJA. 
Se trataba simplemente limitar los efectos de formas de matar que cada vez eran más extensivas.
Estos aspectos lógicamente se reflejaron en la doctrina de la guerra justa no cambiando pero sí afinando algunos de sus postulados seculares.
EL NUEVO CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA SE CONSIDERAN COMO REQUISITOS PARA QUE UNA GUERRA SEA JUSTA.
  • “Que el daño causado por el agresor a la nación o a la comunidad de las naciones sea duradero, grave y cierto.
  • Que todos los demás medios para poner fin a la agresión hayan resultado impracticables o ineficaces.
  • Que se reúnan las condiciones serias de éxito.
  • Que el empleo de las armas no entrañe males y desórdenes más graves que el mal que se pretende eliminar. El poder de los medios de destrucción obliga a una prudencia extrema en la apreciación de esta condición”.[12]
El último requisito intenta responder a las nuevas condiciones que atraviesa la especie humana y, desde luego, es un eco de la encíclica Gaudium et Spes donde ya se indicaba que
 “toda acción bélica que tiende indiscriminadamente a la destrucción de ciudades enteras o de amplias regiones con sus habitantes, es un crimen contra Dios y contra el hombre mismo, que hay que condenar con firmeza y sin vacilaciones” [13]
LO CIERTO, SIN EMBARGO, ES QUE DURANTE EL SIGLO VEINTE LA DOCTRINA DE LA GUERRA JUSTA TRASCENDIÓ AMPLIAMENTE EL TERRENO DEL DISCURSO TEOLÓGICO CRISTIANO O DE LA ESFERA DE INFLUENCIA EN NACIONES SOCIOLÓGICAMENTE CRISTIANAS Y PENETRÓ PROFUNDAMENTE EN TEXTOS JURÍDICOS NACIONALES E INTERNACIONALES.
POSIBLEMENTE, EL MÁS RECIENTE E IMPORTANTE SEA LA RESOLUCIÓN SOBRE LA PACIFICACIÓN JUSTA (210/1998) ADOPTADA POR LA ASAMBLEA GENERAL DE LA ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS.
En este texto se reconoce el derecho a la intervención armada y se intenta sujetarlo a una serie de requisitos concretos:
  • “La intervención debe responder a una necesidad verdadera y genuina que no puede ser resuelta por otros medios.
  • Debe tener una posibilidad razonable de aliviar las condiciones que busca superar.
  • Debe tratarse de un rescate humanitario y no esconder la búsqueda de intereses económicos o de seguridad de los poderes que intervienen.
  • La intervención, siempre que sea posible, debe tener auspicio internacional para lograr la mayor legitimidad posible.
  • Debe impulsar el bienestar general de todos los habitantes de la región en cuestión y no debe convertirse en un medio para que las élites poderosas afirmen su poder.
  • La intervención debe involucrar el grado mínimo de coerción necesaria para lograr los objetivos de la acción.
  • Una intervención por medio de sanciones punitivas debe estar dirigida en contra de las autoridades y no contra sectores generales de la población”
EL TEXTO PLANTEA SERIOS PROBLEMAS EN SU APLICACIÓN PRÁCTICA
Como el de declarar
Ilegítima las intervenciones armadas en defensa de la “seguridad” 
- ¿porqué la seguridad debería ser ilegítima? 
– o el de definir
el “grado mínimo de coerción” 
SIN DUDA, MUESTRA HASTA QUÉ PUNTO LA DOCTRINA DE LA GUERRA JUSTA HA IDO ADQUIRIENDO CARTA DE NATURALEZA EN TERRENOS BIEN DISTINTOS DE AQUELLOS QUE LA VIERON NACER.
LA DOCTRINA DE LA GUERRA JUSTA ES FRUTO DE UNA CONSIDERABLE PARADOJA Y CONCLUYO AHORA MENCIONANDO SU APORTE INNEGABLE EN EL TERRENO DE HUMANIZAR UN FENÓMENO TAN INHUMANO COMO EL DE LA GUERRA. 
Seguramente, con ello muestra las graves servidumbres a las que se encuentra sometida la especie humana y la forma en que intenta enfrentarse con ellas airosamente.
Estatua en honor al rey Leónidas en las Termópilas, Grecia.
QUIZÁ PUEDA EXPRESAR CON MÁS CLARIDAD LO QUE DESEO DECIR REFIRIENDO UNA ANÉCDOTA DE LA VIDA DE ABRAHAM LINCOLN [14].
El presidente norteamericano mostraba un especial aprecio por los cuáqueros. No se trataba sólo de que sus antepasados hubieran sido cuáqueros venidos de Inglaterra sino fundamentalmente de que esta peculiar confesión religiosa vivía un dilema moral con el que – creo sinceramente – él mismo se sentía identificado. Durante el curso de la guerra de secesiónAbraham Lincoln  recibió a varias delegaciones de ellos en la Casa Blanca y, por regla general, se vio obligado a escuchar sus peticiones para que acelerara el proceso de emancipación de los esclavos. En una de esas ocasiones Abraham Lincoln tuvo que indicarles la dificultad de atender a esa súplica y, a la vez, comportarse debidamente en otros sentidos y tomó como ilustración la situación que atravesaban los cuáqueros. Pacifistas y antiesclavistas, deseaban a la vez la libertad de los esclavos y no participar en la guerra. Al estallar ésta, se habían visto atrapados en un dilema moral de enorme envergadura. Si seguían siendo pacifistas, no podrían contribuir a la liberación de los esclavos y si se aferraban a su antiesclavismo sólo podrían consumarlo tomando las armas. Abraham Lincoln también sufría ese dilema, el de odiar la guerra y, a la vez, el de tener que librarla para salvar la democracia y la unión nacional.
UNA TENSIÓN SIMILAR SE PERCIBE EN LA DOCTRINA DE LA GUERRA JUSTA. SURGIÓ EN EL SENO DEL CRISTIANISMO COMO UN INTENTO DE CONSERVAR SU VOCACIÓN PACIFISTA Y, A LA VEZ, ENFRENTARSE CON EL MAL QUE SE CERNÍA SOBRE LOS INOCENTES.
SE TRATABA, SIN DUDA, DE UNA PARADOJA – COMO LA DE "LOS CUÁQUEROS" – DE DIFÍCIL SOLUCIÓN Y POSIBLEMENTE NOS ACOMPAÑARÁ HASTA EL FINAL DE LOS TIEMPOS.
🔻La Sociedad Religiosa de los Amigos, generalmente conocida como "los cuáqueros " o amigos, es una comunidad religiosa disidente fundada en Inglaterra por George Fox (16241691). Aunque ellos mismos se llamaron «amigos», el pueblo los llamó «quakers» o «tembladores» («quake» significa «temblor» en inglés). Tal vez en alusión a la instrucción dada por George Fox a sus seguidores de «temblar en el nombre del Señor», y también puede corresponder a la experiencia de quienes eran «movidos» por el Espíritu. «Quaker» en español se conoce como «cuáquero». Son considerados una de las iglesias históricamente pacifistas.
[1] Véase al respecto Isaías 2, 4; Zacarías 9, 9-10.
[2] J. Driver, Militantes para un mundo nuevo, Barcelona, 1977.
[3] En ese sentido, especialmente el Sermón del monte contenido en Mateo 5-7.
[4] Mateo 26, 52.
[5] Juan 18, 36.
[6] Romanos 13, 31.
[7] O los grupos heterodoxos que estaban dispuestos a vivir como los primeros cristianos. Tal fue el caso de valdenses, hermanos checos o lollardos.
[8] Summa Theologica 2-2, 64, 7.
[9] Summa Theologica, 2-2, 64, 7.
[10] A pesar de todo, Grocio estuvo muy influido por Menchaca, por ejemplo, en cuestiones relacionadas con el derecho del mar.
[11] El papel del zar Nicolás II en la Haya fue francamente extraordinario y en buena medida se le puede considerar el alma de la conferencia. De manera quizá no tan sorprendente su impulso procedía de escrúpulos de conciencia cristianos ante los efectos terribles de las nuevas armas.
[12] Catecismo de la iglesia católica 2309.
[13] GS 80, 4.
[14] La refiero detalladamente en ¡Oh capitán, mi capitán!. La vida y los tiempos del presidente Lincoln, en prensa.
César Vidal Manzanares
JUAN XXIII - ENCÍCLICA PACEM IN TERRIS (PAZ EN LA TIERRA, 1963)
La encíclica Pacem in terris (Paz en la Tierra, 1963) fue escrita por Juan XXIII, y dirigida no solo a los católicos, sino «a todos los hombres de buena voluntad». Redactada en plena guerra fría luego de la crisis de los misiles en Cuba de octubre de 1962, la encíclica contiene un rechazo incondicional de la carrera de armamentos y de la guerra en sí misma. Sostiene que en la era atómica resulta impensable que la guerra se pueda utilizar como instrumento de justicia. Esto, a su vez, implicó un fuerte cuestionamiento al concepto de guerra justa.
[...] la justicia, la recta razón y el sentido de la dignidad humana exigen urgentemente que cese ya la carrera de armamentos; que, de un lado y de otro, las naciones que los poseen los reduzcan simultáneamente; que se prohíban las armas atómicas; que, por último, todos los pueblos, en virtud de un acuerdo, lleguen a un desarme simultáneo, controlado por mutuas y eficaces garantías.
[...] en nuestra época, que se jacta de poseer la energía atómica, resulta un absurdo sostener que la guerra es un medio apto para resarcir el derecho violado.
Juan XXIII, Pacem in terris, 112 y 127
LA IGLESIA ORA E INVITA A ACTUAR PARA QUE EL AMOR PREVALEZCA SOBRE EL ODIO, LA PAZ SOBRE LA GUERRA, LA VERDAD SOBRE LA MENTIRA, EL PERDÓN SOBRE LA VENGANZA.
La Iglesia ora e invita a actuar para que el amor prevalezca sobre el odio, la paz sobre la guerra, la verdad sobre la mentira, el perdón sobre la venganza.
Jesús, fuente de unidad y de paz, fortalece la comunión en tu Iglesia, da vigor al movimiento ecuménico, para que con la fuerza de tu Espíritu, todos tus discípulos sean uno. Tú que nos has dado como norma de vida el mandamiento nuevo del amor, haznos constructores de un mundo solidario, donde la guerra sea vencida por la paz, la cultura de la muerte por el compromiso en favor de la vida.
"La imagen lacerante de nuestro mundo, que ha comenzado el nuevo Milenio con el espectro del terrorismo y la tragedia de la guerra, interpela más que nunca a los cristianos a vivir la Eucaristía como una gran escuela de paz", al abrigo, sin embargo, de indebidas ingerencias mundano-políticas.
http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s2c2a5_sp.html#III La defensa de la paz
  • 2318 ‘Dios tiene en su mano el alma de todo ser viviente y el soplo de toda carne de hombre’ (Jb 12, 10).
  • 2319 Toda vida humana, desde el momento de la concepción hasta la muerte, es sagrada, pues la persona humana ha sido amada por sí misma a imagen y semejanza del Dios vivo y santo.
  • 2320 Causar la muerte a un ser humano es gravemente contrario a la dignidad de la persona y a la santidad del Creador.
  • 2321 La prohibición de causar la muerte no suprime el derecho de impedir que un injusto agresor cause daño. La legítima defensa es un deber grave para quien es responsable de la vida de otro o del bien común.
  • 2322 Desde su concepción, el niño tiene el derecho a la vida. El aborto directo, es decir, buscado como un fin o como un medio, es una práctica infame (cf GS 27, 3), gravemente contraria a la ley moral. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana.
  • 2323 Porque ha de ser tratado como una persona desde su concepción, el embrión debe ser defendido en su integridad, atendido y cuidado médicamente como cualquier otro ser humano.
  • 2324 La eutanasia voluntaria, cualesquiera que sean sus formas y sus motivos, constituye un homicidio. Es gravemente contraria a la dignidad de la persona humana y al respeto del Dios vivo, su Creador.
  • 2325 El suicidio es gravemente contrario a la justicia, a la esperanza y a la caridad. Está prohibido por el quinto mandamiento.”
  • 2326 El escándalo constituye una falta grave cuando por acción u omisión se induce deliberadamente a otro a pecar.”
  • 2327 A causa de los males y de las injusticias que ocasiona toda guerra, debemos hacer todo lo que es razonablemente posible para evitarla. La Iglesia implora así: ‘del hambre, de la peste y de la guerra, líbranos Señor’.
  • 2328 La Iglesia y la razón humana afirman la validez permanente de la ley moral durante los conflictos armados. Las prácticas deliberadamente contrarias al derecho de gentes y a sus principios universales son crímenes.
  • 2329 ‘La carrera de armamentos es una plaga gravísima de la humanidad y perjudica a los pobres de modo intolerable’ (GS 81, 3).
  • 2330 ‘Bienaventurados los que construyen la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios’ (Mt 5, 9).
HISTORIA Y PASADO
«La dominante cultura cínica de la amnesia se mueve en la abstracción de prescindir sistemáticamente del pasado, de la realidad, de la Historia y de la tradición, lo que le confiere empero un falso carácter innovador. Es una cultura neutral en la que está ausente la imaginación creadora. Ésta se suple, justamente, con el olvido o el rechazo de la realidad y de la tradición, para que parezca nuevo todo lo que produce. Y eso explica los absurdos proyectos y programas educativos vigentes, que parten del supuesto de que toda la cultura anterior carece de valor y debe ser desechada. Trátase de una inane y pervertida reproducción de la eterna polémica entre los antiguos y los modernos en la que el Estado como tal no solía tomar parte y que, por ende, impulsaba la cultura».
HISTORIA
  • I.- Los contemporáneos no tenemos ninguna culpa de los males acaecidos en la Historia, por la sencilla razón de que no existíamos.
  • II.- ¿Por qué, pues, debemos tener y alimentar resentimientos unos contra otros si no tenemos ninguna responsabilidad de lo acontecido en la Historia?
  • III.- Eliminados estos absurdos resentimientos, ¿por qué no ser amigos y así poder trabajar juntos para construir globalmente un mundo más solidario y gratificante para nuestros hijos y nosotros mismos?
  • IV.- Es fructuoso conocer la Historia lo más posible. Pero vemos que no podemos volverla hacia atrás. Vemos, también, que si la Historia hubiera sido distinta -mejor o peor-, el devenir habría sido diferente. Se habrían producido a lo largo de los tiempos otros encuentros, otros enlaces; habrían nacido otras personas, nosotros no. Ninguno de los que hoy tenemos el tesoro de existir, existiríamos. Esto no quiere insinuar en absoluto que los males desencadenados por nuestros antepasados no fueran realmente males. Los censuramos, repudiamos y no hemos de querer repetirlos. La sorpresa de existir facilitará que los presentes nos esforcemos con alegría para arreglar las consecuencias actuales de los males anteriores a nosotros.
  • V.- Los seres humanos, por el mero hecho de existir -pudiendo no haber existido-, tenemos una relación fundamental: ser hermanos en la existencia. Si no existiéramos, no podríamos siquiera ser hermanos consanguíneos de nadie. Percibir esta fraternidad primordial en la existencia, nos hará más fácilmente solidarios al abrirnos a la sociedad.
  • VI.- Al organizar en la actualidad las nuevas estructuras sociales que se consideran oportunas para construir una sociedad más firme y en paz, es peligroso, muchas veces, basarlas sobre otras estructuras antiguas, aunque en su momento las vieran convenientes. Es más sólido fundamentar las nuevas estructuras sobre unidades geográficas humanas. Sin embargo, evitando el riesgo de que éstas se encierren en sí mismas, ya que ello desemboca, casi siempre, en desavenencias de toda índole y hasta en guerras.
  • VII.- El ser humano es libre, inteligente y capaz de amar. El amor no se puede obligar ni imponer, tampoco puede existir a ciegas sino con lucidez. Surge libre y claramente o no es auténtico. Siempre que coartemos la libertad de alguien o le privemos de la sabiduría, estaremos impidiendo que esta persona pueda amarnos. Por consiguiente, defender, favorecer, desarrollar la genuina libertad de los individuos -que entraña en sí misma una dimensión social corresponsable- así como su sabiduría, es propiciar el aprecio cordial entre las personas y, por tanto, poder edificar mejor la paz.
LA GUERRA NO SÓLO ESTÁ EN EL CAMPO DE BATALLA
Casi como quien cuenta que fue de compras o que salió a barrer la vereda llegan, por estos días, las noticias de la guerra en Iraq. Un periódico dice que murieron quinientos, mientras que otro se inclina por “solamente 120”. Yo me pregunto si realmente alguien podría asegurar cuál es la cantidad de personas que por esta causa van muriendo porque, es verdad eso que dicen que en la guerra “mueren muchos más de los que mueren”.
En primer lugar, quiero decir que mueren mucho más los que matan que los que mueren. Ha muerto en su interior su conciencia, su valoración de la vida, su capacidad de amar al que es y piensa distinto, su conciencia de que el otro que está en frente tiene una familia que espera, como asomada por la ventana, el regreso de aquel padre o esposo escondido detrás de ese traje de soldado.
JUNTO A LOS QUE MUEREN Y MATAN, A LOS QUE ESTÁN EN LA ZONA DEL CONFLICTO, HAY DETRÁS UN MUNDO ENTERO QUE, EN ESTA SITUACIÓN, TOMA DE LAS MÁS VARIADAS POSTURAS.
Hay quienes se empecinan en multiplicar la guerra en los lugares donde habitan diciendo “a tal o a cual habría que matarlo por lo que está haciendo” o también “yo les metería una bomba a todos para que aprendan que no son los reyes del mundo”. Como éstas he escuchado cientos de frases y de pensamientos que matan su propio corazón y quieren, sin darse cuenta, matar el corazón de quienes lo rodean. Suben al tren de la guerra y en cada estación la siembran, esparciendo ese tipo de comentarios en la vereda, en el almacén, en el lugar de trabajo y en su club deportivo.
Son ellos quienes sin querer se ocupan de que no sólo sean 120 o 500 los muertos (que aún siendo uno sería mucho), sino cientos de miles que, con la bronca en su corazón, permiten que la guerra se multiplique en los confines de la tierra. En la guerra, mueren muchos más de los que mueren.
PREFIERO, EN CAMBIO, LOS QUE CASI TERCAMENTE ELIGEN SEMBRAR LA PAZ. SEMBRAR, NO LUCHAR. LUCHAR POR LA PAZ, A LA LARGA ENGENDRA VIOLENCIA. SEMBRAR, EN CAMBIO, ES UNA ACTITUD MÁS DEL CORAZÓN, QUE SE DEDICA A AMAR A LOS OTROS EN LAS ACTIVIDADES COTIDIANAS Y QUE EN NOMBRE DE LA HUMANIDAD PIDE PERDÓN POR TODOS LOS MALES QUE COMETE.
MARTIN LUTHER KING, MAHATMA GHANDI, TERESA DE CALCUTA. HE AHÍ EL GRAN ATRACTIVO DE NUESTRO TIEMPO: SEMBRADORES DE PAZ, PERSONAS QUE AMAN AL OTRO MÁS ALLÁ DE TODA IDEOLOGÍA, LENGUA, RAZA, PUEBLO O NACIÓN.
Agustín Fontaine - 2004. 04. 22 – España - Fuente: www.hispanidad.tv
CORRECCIÓN FRATERNA Y POTESTAD DE LA IGLESIA
Evangelio según San Mateo 18,15-20.
Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano. Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo. También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos".
EL PERMISIVISMO
Es negación de libertad, permisivismo supone abandono, sometimiento de la razón a lo irracional y de la voluntad libre a la pasión sin norma y sin cauce. (A. Orozco)
LIBERTAD SIGNIFICA ANTE TODO DOMINIO,
SEÑORÍO DE SÍ.
SANTA SEDE, «GUERRA JUSTA», TERRORISMO, DEMOCRACIA Y DESARROLLO. 
Entrevista del «ministro» de Exteriores del Vaticano - CIUDAD DEL VATICANO, martes, 2 noviembre 2004 .
Cuestiones como la expansión de la democracia, «guerra justa», el desarrollo o el derecho de la Iglesia a presentar su visión ética, constituyen la segunda parte de esta entrevista que concedió el arzobispo Giovanni Lajolo, secretario para las Relaciones con los Estados de la Santa Sede, al diario italiano «La Stampa» el pasado 29 de octubre de 2004. (La primera parte fue publicada por Zenit 31 de octubre de 2004).
En Europa, entre los temas políticos más discutidos, se dan cada vez más frecuentemente cuestiones de ética, desde las que afectan a la familia hasta las que tienen que ver con la investigación científica. Los principios liberales en los que se inspiran los Estados europeos tienden a excluir las injerencias en las opciones del individuo. La Iglesia, por el contrario, da la impresión de pedir que los Estados impongan reglas, en definitiva, que se metan en la vida privada de las personas para orientar sus comportamientos. ¿No se da el peligro de que estas peticiones sean percibidas como el intento de imponer una verdad incluso a quienes no la reconocen? ¿No es éste uno de los posibles motivos del clima de prejuicio anticatólico que, según algunos, está emergiendo en Europa?
Monseñor Lajolo: Que todo individuo tenga que tomar sus decisiones morales, éticas y políticas, en plena libertad, y que estas decisiones deban ser respetadas es, diría, un dogma cristiano antes que liberal. Pero la verdad libera al hombre. Y por este motivo la Iglesia no puede callar y no explicar lo que ella conoce como la verdad: y es la verdad la que libera al hombre. Hay que tener en cuenta que, cuando la Iglesia interviene sobre los grandes temas morales planteados por el contexto político, no presenta pruebas de fe, sino que ofrece argumentos fundados en la razón, que considera válidos y, por tanto, aceptables también para quien no cree.
Por ejemplo, en las grandes cuestiones en las que está en causa el embrión humano, ¿qué es lo que dice en el fondo la Iglesia? Lo único que hace es repetir que el embrión humano no es una realidad individual deferente del feto, del niño que va a nacer o nacido, del adulto que llegará a ser. Es una verdad basada en la pura razón y es una verdad científica. El embrión tiene que ser, por tanto, tutelado en su dignidad humano y en su derecho a la vida, al igual que nosotros, los adultos. No puede ser manipulado como un medio para alcanzar un fin, por más noble que sea. Lo mismo hay que decir sobre los grandes temas que son propios de la doctrina social de la Iglesia: ofrecemos argumentos de razón, válidos en sí, no argumentos de fe, aunque estén inspirados por la fe y convalidados por ella. Quiero decir, además, que quien cree que la Iglesia debería limitarse al papel de una «dirección espiritual», circunscrita al ámbito de la interioridad de la conciencia, se engaña profundamente: es la «ciudad construida en el monte», utilizando una expresión del Evangelio.
En la reciente «Semana social» de los católicos italianos, en Bolonia, se afirmó que la democracia no se puede imponer en el mundo con la guerra. De hecho, el Papa siempre se ha opuesto a la guerra. Por tanto, ¿no existe una «guerra justa»? ¿Ni siquiera para defenderse de una agresión, de un ataque terrorista como el del 11 de septiembre en Nueva York?
Monseñor Lajolo: El texto más autorizado que ilustra la doctrina de la Iglesia en este sentido sigue siendo la Constitución pastoral «Gaudium et Spes», número 79, del Concilio Ecuménico Vaticano
II. EN EL ORIGEN DE TODA GUERRA ESTÁN LOS ERRORES HUMANOS
Grandes y nunca suficientemente lamentados, si se piensa en las personas inocentes que los pagan con su vida. Pero defender a un pueblo del agresor injusto no sólo puede ser lícito sino incluso un deber, y por este motivo la Santa Sede no ha dudado en pedir que la ONU sea dotada de poderes adecuados para intervenir de manera rápida y eficaz en caso de «emergencia humanitaria». El compromiso más grande, sin embargo, debe ser el de evitar la guerra y favorecer la paz: es lo que dice la Constitución conciliar en algunos párrafos en su bello latín: «de pace fovenda» y «de bello vitando».
POR LO QUE SE REFIERE A LA DEMOCRACIA, ME PARECE QUE HAY QUE DECIR LO SIGUIENTE
innegablemente todos los hombres nacen libres y desean decidir libremente sobre lo que les afecta en la vida privada y en la pública; pero la democracia es un sistema político complejo que no se puede improvisar, está ligado a determinados presupuestos de historia, de civilización jurídica y de cultura social, y es por tanto, en referencia a estos presupuestos, como se basa una obra paciente y de amplias miras de preparación para ampliar los espacios de democracia en la humanidad, como es justo que sea.
El mundo parece que se apela cada vez con más frecuencia a la autoridad moral del Papa para resolver sus conflictos. Se experimenta la debilidad de la ONU como organismo capaz de afrontar, con concreta eficacia, las crisis internacionales. En este contexto, ¿no es justificable el que los Estados Unidos, aunque no haya un acuerdo con la ONU, se puedan defender del terrorismo tratando de golpear a los Estados que parece que lo apoyan?
Monseñor Lajolo: Hay que combatir al terrorismo sin reservas. Hay que intervenir tempestivamente. Ahora bien, para apagar los polvorines no se puede prescindir de una acción multilateral, comenzando por los servicios de información. Pero hay que afrontar sobre todo las causas profundas que los hacen posible y los fomentan, y son causas políticas, sociales, culturales y también, por desgracia, ligadas al abuso de la religión. La apertura de intercambios culturales, sobre todo a nivel de las universidades y de la juventud, la perspectiva de desarrollos positivos comerciales y también del aumento de los flujos turísticos pueden hacer mucho. El Papa, profeta desarmado, sigue indicando incansablemente los caminos de la paz, de la concordia y de la colaboración entre los pueblos. Me da gusto el que usted diga que se reconoce su autoridad moral. Lo constato también yo, muy frecuentemente, en el mundo diplomático por parte de personalidades no cristianas. Pero los caminos de la paz exigen en ocasiones más valentía que los caminos de la guerra.
¿Puede indicar, en concreto, algo que Europa podría hacer a favor de la paz en el mundo?
Monseñor Lajolo: Son conocidas las palabras de Pablo VI: «El desarrollo es el nuevo nombre de la paz». Yo pienso que, con una preveyendo posibles escenarios futuros, y contemplando los dramas humanos de la emigración, que tienen lugar ante nuestros ojos, Europa podría comprometerse más a fondo en la ayuda de los países africanos. Desde la Resolución de la asamblea general de la ONU de octubre de 1970, retomada en numerosas conferencias internacionales, hasta la conferencia organizada por las Naciones Unidas sobre financiación del desarrollo, en marzo de 2002, se ha replanteado el objetivo de dedicar el 0,7% del producto interior bruto de los países más prósperos al desarrollo de los países pobres. En la cumbre de Nueva York del 20 de septiembre pasado contra el hambre y la pobreza, la delegación de la Santa Sede, guiada por el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado, insistió mucho en este punto. Actualmente la cuota de la mayor parte de los países europeos gira sólo en torno al 0,2% ó 0,3%. Una medida muy concreta y, con indudables efectos benéficos, podría ser la de cumplir este compromiso, especialmente frente a los países africanos más necesitados, ante quienes varios Estados europeos tienen deudas históricas. Por otra parte, las nuevas estructuras de la Unión Europea abren a Europa importantes posibilidades de intervención con fuerte peso político y moral allí donde la paz esté amenazada o sea violada. Pero aquí la conversación se amplía y debería volver a hablar de las «raíces cristianas», pues la paz necesita, además de justicia y derecho, de otros valores más elevados, como el de la solidaridad y el de la reconciliación entre los pueblos. [Traducción del original italiano realizada por Zenit] ZS04110208.
"EL SEÑOR HACE VER Y LLAMA, PERO NO QUEREMOS NI VER NI RESPONDER PORQUE SON LOS PROPIOS INTERESES LOS QUE NOS AGRADAN". (Padre Pio de Pietrelcina)

"NO SIGAS A LA MUCHEDUMBRE PARA OBRAR MAL, NI EL JUICIO ACOMODES AL PARECER DEL MAYOR NÚMERO, SI CON ELLO TE DESVÍAS DE LA VERDAD" SAN ATANASIO + año 373

«NADA IMPIDE A UN CRISTIANO LA ESPERANZA»
«La democracia es una forma o método político que posee valor moral, pero que no garantiza la moralidad de sus resultados, pues éstos dependerán, sobre todo, del criterio y de la formación moral de la mayoría de los ciudadanos. Se concede una valoración excesiva al consenso como método para determinar lo que es o no correcto en el orden moral. Si es dudoso en el ámbito de la política, es falso en el orden moral. La mayoría no tiene necesariamente razón, lo que tiene es la fuerza democrática; si abusa de ella, degenera en tiranía». Ignacio Sánchez Cámara – España - 2004-09-
“LA FELICIDAD QUE BUSCÁIS TIENE UN ROSTRO. CRISTO” 
S.S.Benedicto XVI
DEFENSA - LEGÍTIMO DERECHO A GUERRA - REBELIÓN - JURISTAS - 
E HISTORIADORES - PAZ.
“Nunca la violencia ni las armas han podido resolver los conflictos. La paz es un don de Dios y una conquista constante de los hombres”. Juan Pablo II Magno
El Cardenal Antonio Cañizares decía, refiriéndose al problema del terrorismo etarra, que 
el perdón no es incompatible con la justicia; 
En este mismo sentido, ha hablado también Monseñor Gabino Díaz Merchán
El perdón siempre es una cuestión personal de quien ha recibido la ofensa y, desde un punto de vista cristiano, es más que recomendable, pues incluso el discípulo de Cristo tiene el mandato de amar a los enemigos, lo cual, incluye evidentemente también a los terroristas. La razón es sencilla, el hombre ha sido creado para ser divinizado y el amor a los enemigos nos asemeja a Dios, "que hace salir el sol sobre malos y buenos, y envía la lluvia sobre justos e injustos" (Mt 5,43-48). 2006-03-05-Esp.

“LOS CRISTIANOS SABEMOS MUY BIEN QUE LA PACIENCIA ACTIVA Y SUFRIENTE ES HIJA DE LA VIRTUD DE LA ESPERANZA".

EL DERECHO A LA REBELIÓN - por Etsuo Tirado Hamasaki
Teólogos, juristas e historiadores, conocen el pensamiento de Sto. Tomás de Aquino y del Padre Mariana, así como de otros autores católicos, que han escrito sus enseñanzas acerca del derecho que tienen a la legítima defensa, no sólo los individuos y las familias sino la sociedad misma, y que se ejemplifica:
en el derecho y hasta la obligación de castigar a los malhechores, de hacer la guerra justa, y de rebelarse contra los malos gobernantes.
"DAD A DIOS LO QUE ES DE DIOS, Y AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR". FUERA DEL NUEVO TESTAMENTO, EN NINGÚN OTRO LIBRO SAGRADO HAY ALGUNA AFIRMACIÓN SEMEJANTE.
Mientras que muchas religiones han sido instrumento de sumisión incondicional al gobernante, al grado de ser "religión de Estado" y otras doctrinas religiosas han sido fuente de sedición, sólo el cristianismo ha enseñado el deber de respetar a la legítima autoridad, y al mismo tiempo defendido la autonomía de la religión.
Los valores religiosos y los derechos de Dios no pueden estar subordinados a los caprichos del gobernante o depender de su concesión graciosa, el gobernante tiene la obligación de respetarlos. Estas ideas novedosas están ya presentadas, en forma clara y provocadora, en los Evangelios y en las Epístolas de San Pablo.
A partir de estos principios, se ha elaborado todo un edificio conceptual. Tampoco encontraremos nada semejante, ni en volumen ni en profundidad y rigor racional, en otras religiones o doctrinas, incluyendo las ideologías agnósticas o ateas que han pretendido sustituir a las religiones.
MI PROPÓSITO ES SEÑALAR LA RELACIÓN QUE EXISTE ENTRE VARIOS EJEMPLOS HISTÓRICOS DE UNA DEFENSA, QUE SURGE ESPONTÁNEA ENTRE EL PUEBLO CATÓLICO CUANDO ES OPRIMIDO POR UN MAL GOBIERNO, UN GOBIERNO QUE ADEMÁS SE MANIFIESTA CLARAMENTE PERSEGUIDOR DE LA FÉ.
Seguramente habrá otros ejemplos de resistencia armada, como los hay muchos otros ejemplos, mejor conocidos, de limitarse a presentar la otra mejilla y dar el insuperable testimonio del martirio. Y hay otros ejemplos más recientes, tampoco exentos de martirio, de resistencia civil, no armada, como el de la heroica Polonia a fines del siglo XX, que condujo finalmente al desmoronamiento de la URSS y su imperio soviético. No pretendo ser exhaustivo.
Lo que quiero destacar hoy son los casos en que habiendo resistencia armada, también hubo martirio, concurriendo los criterios de guerra justa, rebelión contra mal gobierno y testimonio cristiano ante la persecución por odio a la fé.
PONDRÉ PRIMERO LAS CARACTERÍSTICAS EN COMÚN ENTRE LAS GUERRAS
  • DE LA VENDÉE (Francia, 1793), 
  • LA CRISTIADA O GUERRA CRISTERA (México, 1926-1929) 
  • Y LAS GUERRAS CARLISTAS (España, 1833-40, 1846-48, 1872-76)
Los tres casos son poco conocidos y peor comprendidos fuera de pequeños círculos, y en el mejor de los casos por lo general sólo se conoce la epopeya del propio país y muy poco la de los otros.
Captura de Jerusalén durante la Primera Cruzada.
OCURREN TODAS ELLAS EN PAÍSES CATÓLICOS QUE ACABABAN DE SUFRIR REVOLUCIONES (revolución menos obvia, pero no menos real, en el caso de España).
Que llevaron al poder a grupos minoritarios de orientación masónica y abierto odio a la fé católica. Estos poderosos intentaron reducir la religión a la vida privada o cuando menos a las ceremonias pero negándole a la Iglesia el poder influir en la vida pública ("hagan cosas bonitas que entretengan a la gente pero no pretendan decir lo que está bien o está mal, si no lo dice antes el gobierno"), y con gran voracidad la despojaron de sus medios, desprotegiendo a los pobres que se beneficiaban de las obras sociales de la Iglesia.
Aquellos clérigos que se prestaron a servir sólo como ornato, como elemento decorativo, entre los que no faltaban algunos de conducta licenciosa, no fueron molestados e incluso se les colmó de honores y privilegios.
Los obispos y sacerdotes que tuvieron el valor de cumplir con su ministerio, sobre todo los que se atrevieron a hacerlo entre los más pobres, especialmente en el medio rural, fueron perseguidos e incluso asesinados. De nuevo, esto fué menos patente en el caso de España en el siglo XIX, que en esos años tenía una reina católica, aunque era más bien un títere en manos de los liberales.
Henri de La Rochejaquelein en la batalla de Cholet, el 17 de octubre de 1793.
Guerra de la Vendée es la denominación historiográfica de una rebelión que llegó a convertirse en una verdadera guerra civil que enfrentó a los partidarios de la Revolución francesa y a los contrarrevolucionarios. Se desarrolló en la región francesa de Vendée (Vandea en español) entre 1793 y 1796.
ANTE LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA, EN LOS TRES PAÍSES SE DAN LEVANTAMIENTOS ESPONTÁNEOS.
Predominantemente en el campo (aunque en el caso de España y México hay alguna participación, menos importante, de sublevados en las ciudades) Por eso se ha intentado explicar estos movimientos como rurales, explicación simplista muy apreciada por los teóricos marxistas, pero que llama a engaño. 
Se acusa al clero de hostigar, provocar o dirigir estos levantamientos cuando en realidad en ninguno de esos casos fué así, más bien la participación del clero fué escasa y predominantemente de apoyo espiritual una vez iniciada la rebelión. 
Muy pocos sacerdotes tomaron papel activo de tipo militar y mucho menos como dirigentes militares (aunque se dieron algunos casos) En su gran mayoría, los sublevados eran gente pobre, con poca participación de la nobleza (en Francia y España) o de los ricos propietarios (en México).
EN FRANCIA Y ESPAÑA
Son movimientos nominalmente monárquicos, pero con una imagen romántica e idealista de la monarquía, donde pesa más bien lo que después se llamaría la "doctrina social católica" que una forma de gobierno o los derechos dinásticos.
EN EL CASO DE MÉXICO
No se lucha por una forma de gobierno pero se lucha y se muere al grito de "¡Viva Cristo Rey!". En los tres casos, la devoción al Sagrado Corazón está muy difundida. Esa devoción no es fortuita ni un mero sentimentalismo: es el resultado y el signo de una nueva vitalidad en las iglesias locales.
La Guerra Cristera duró tres años y puso en jaque al gobierno mexicano
EN LA VENDÉE
Un siglo antes, San Luis María Grignion de Montfort, terciario dominico, había hecho una intensa labor de evangelización.
EN ESPAÑA Había núcleos que habían conservado viva la fe de sus mayores a pesar de los intentos de infiltración de ideas "ilustradas" traídas por los afrancesados.
Cuadro "Calderote" (Primera Guerra Carlista) por Augusto Ferrer-Dalmau
EN MÉXICO
La Iglesia logra recuperarse de los estragos de la guerra civil que aquí se conoce como la Independencia (1811-1821), que dejó numerosas sedes episcopales vacantes y muy reducido el clero, y la feroz persecución jacobina de las guerras de Reforma en los años 50 del siglo XIX. En el último tercio del siglo XIX, y los primeros años del XX, la iglesia mexicana creció, no sólo en número de obispos y sacerdotes. Mejoró la formación de los sacerdotes, se introdujo la Doctrina Social de la Iglesia, los laicos se involucraron y nacieron los sindicatos católicos, más tarde se creó la Acción Católica...
Entrevista de los jefes cristeros y el jefe de operaciones militares del Estado de Colima el 21 de junio de 1929. Tercero de izquierda a derecha, el general cristero Alberto B. Gutiérrez.
LAS ORGANIZACIONES LAICAS QUE HABÍA PUDIERON CONTRIBUIR, MÁS QUE UNA PRESUNTA INSTIGACIÓN DEL CLERO, A LOS LEVANTAMIENTOS.
Sin embargo, más que una organización, más que un plan, los levantamientos a los que me refiero en este trabajo ocurren en forma natural, cuando las personas sencillas, comunes y corrientes, se indignan ante los atropellos de la autoridad civil. 
Esta reacción es posible por la consciencia que había, entre estos católicos pobres y con pocos estudios, de la dignidad de la persona y de la responsabilidad que cada uno tiene, por sus hermanos y por el tiempo que le tocó vivir. Por su "edad", por su "época", o como se diría ahora, por su "momento histórico".
La-vendee-vitral, martires de la vendee
Por lo general iniciaron en forma espontánea pequeñas partidas que luego fueron tomando alguna forma de organización militar. Siempre estuvieron mal armadas y peor municionadas. 
En el caso de la Vendée y de los carlistas, la carencia de artillería y sobre todo de pólvora para ella, fué siempre crítica.
En el caso de los cristeros no hubo artillería alguna y solo ocasionalmente alguna ametralladora, también con angustiante escasez de munición. Las armas, y con mayor razón la munición, por lo general se conseguían tomándolas al enemigo. Los ricos, incluso los ricos identificados como católicos, hasta piadosos, prefirieron mantenerse al margen.
LAS ARISTOCRACIAS, EN LOS TRES PAÍSES, MAYORITARIAMENTE SE
PUSIERON DE PARTE DEL GOBIERNO.

Con tan pocos medios y sin conocimientos técnicos, los alzados hicieron una guerra irregular e improvisada. La constante fué la sorpresa a un enemigo que dominaba las ciudades y las carreteras, pero que conocía poco el país y que no contaba con apoyo popular, a diferencia de los alzados. Golpes de mano audaces teniendo que abandonar el campo por la imposibilidad de conservarlo, y la práctica habitual de dispersar el "ejército" después de una acción importante.
Cristeros colgados en Guadalajara
Estos ejércitos improvisados, de gente sencilla y pobre, sin financiamiento, abandonados por las grandes potencias: Francia, Inglaterra, los EU (potencias que en cambio apoyaron a los gobiernos inicuos en dos de los casos: Inglaterra a los liberales españoles, EU a los "revolucionarios" mexicanos)... ejércitos que luchaban casi sin armamento, constantemente sin municiones... pusieron en jaque a ejércitos más numerosos, con todo el aparato del Estado, con dinero, armamento moderno para la época, abundante munición, espías, etc., etc. y llegaron a hacer temblar a los usurpadores, que vieron factible perder el poder que detentaban.
Con el tiempo, estos ejércitos populares católicos mejoraron su organización y adiestramiento, aunque sin resolver el problema de conseguir suficientes armas y municiones. Sin embargo, en los tres casos, cuando parecía que podían haber estado cerca de la victoria militar, las cosas cambiaron. Habían resistido heroicamente, y fueron entregados. Los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz, pero Dios escribe derecho con renglones torcidos. Sus caminos no son nuestros caminos, y sus criterios de triunfo o de fracaso son muy distintos a los criterios humanos.
Escapa al alcance de este trabajo analizar cómo fué que estos ejércitos populares entregaron sus armas y se disolvieron, el hecho es que no se les concedió la victoria política o militar.
A diferencia de los revolucionarios de sus respectivas épocas, los sublevados católicos no practicaron el pillaje ni se convirtieron en bandidos después de su derrota militar.

Milicianos en combate.
EL APOYO POPULAR FUÉ AUTÉNTICO EN LOS TRES CASOS
Los alzados recibían apoyo de todo tipo de parte del pueblo, un apoyo con el que los marxistas siempre han soñado (en vano) y que motivó a que los gobiernos injustos contra los que combatían, practicaron políticas de movilización de la población, incluso de "campos de concentración" (al menos en el caso de México), de represalias a civiles con uso habitual de la tortura, arrasamiento de campos y depósitos de alimentos, hasta llegar al abierto genocidio. 
Esta represión, de la que hoy prácticamente nadie habla, se dio contra no combatientes, contra mujeres y niños, sacerdotes y ancianos, y contra gente que no tenía nada que ver con la rebelión armada.
Milicianos 
TANTO EN LA VENDÉE COMO EN MÉXICO SE DIERON CASOS DE AUTÉNTICO MARTIRIO, Y NO HAN SIDO POCOS LOS QUE HAN SIDO ELEVADOS A LOS ALTARES.
En el caso de España en el siglo XIX, al ser nominalmente católico el bando liberal, fué menos notorio el carácter de persecución religiosa (hubo asesinatos de religiosos y quema de iglesias pero no en relación directa con las guerras carlistas), en cambio estas características de saña, crueldad y odio a la fé se dieron claramente en la represión roja, durante los primeros años de la República y durante la guerra civil
La experiencia de las guerras carlistas en el siglo XIX, y la experiencia en ese momento reciente de la guerra cristera, contribuyen a que el levantamiento popular de 1936 contra quienes detentaban el poder de la república, fuera un movimiento mejor organizado.
A DIFERENCIA DE LOS TRES CASOS A LOS QUE HE QUERIDO REFERIRME EN ESTE TRABAJO, LA CRUZADA DE 1936-39 TUVO ÉXITO, NO SÓLO EN TÉRMINOS MILITARES Y POLÍTICOS, SINO EN CONSTRUIR UNA SOCIEDAD QUE SIN SER PERFECTA (NINGUNA SOCIEDAD HUMANA LO ES) ESTUVO INNEGABLEMENTE INSPIRADA POR UNA MENTALIDAD CATÓLICA.
No puede negarse que la sociedad que se desarrolló a partir de 1939 representó un gran avance respecto a los últimos 150 años, no sólo en términos materiales (que también lo fué) sino humanos y morales.
Pero sigamos con las características en común de los tres casos que estamos estudiando (Vendé, carlistas en el siglo XIX, cristeros en México a principios del siglo XX):
La escasez de militares profesionales (más patente en el caso de Francia y México que en el de España) entre los alzados, (aunque los hubo, y brillantes Zumalacárregui en la primera guerra carlista, Gorostieta –otro vasco- en la primera guerra cristera) hizo que surgieran jefes militares improvisados que dieron punto y raya a los militares profesionales del gobierno.
LOS MILITARES PROFESIONALES ENTRE LOS REBELDES FUERON POCOS Y POR LO GENERAL CAYERON PREMATURAMENTE.
La pérdida de los dirigentes con mayor valor militar (Rochejaquelein muerto al quedar aislado en el campo de batalla, Zumalacárregui a causa de una bala perdida en el sitio de Bilbao, Gorostieta asesinado en una emboscada) contribuyeron, sin ser causa definitiva, a que no se lograra una victoria militar contundente. Al menos esa sería la explicación humana, pero no tiene caso perdernos en futuribles.
Insignia de los rebeldes realistas durante la guerra de Vandea (1793)
LA PIEDAD AUTÉNTICA, EL CONOCIMIENTO SENCILLO Y A LA VEZ PROFUNDO DE LAS ESCRITURAS Y LA TRADICIÓN, CON CONSTANTE REFERENCIA A AMBOS COMPONENTES DEL DEPÓSITO DE LA FÉ, EL CONVENCIMIENTO DE QUE DIOS NOS APOYA PORQUE ESTAMOS EN GUERRA JUSTA POR EL, Y LA FRASE, TAN CITADA PERO TAN MAL COMPRENDIDA DE QUE "TENEMOS OBLIGACIÓN DE LUCHAR PERO NO DE VENCER", QUE NO ES INVITACIÓN A LA DEJADEZ, MEDIOCRIDAD O FALTA DE AMBICIÓN, MUCHO MENOS IRRESPONSABILIDAD A LA HORA DE EMPEÑARSE EN LA LUCHA, SINO LA COMPRENSIÓN DE QUE TODO, LA HISTORIA MISMA, ESTÁ EN MANOS DE DIOS, QUE UNO DEBE PONER TODO DE SU PARTE PERO QUE EL RESULTADO EN ÚLTIMA INSTANCIA DEPENDE DE DIOS, Y EL TIENE SUS DESIGNIOS, SUS CAMINOS TAN DIFERENTES A LOS DE NOSOTROS LOS HOMBRES, DE MANERA QUE LO QUE PARECE TRIUNFO O DERROTA PARA LOS CRITERIOS HUMANOS, NO NECESARIAMENTE LO ES ANTE EL.
La falta de crueldad, la generosidad con los enemigos y los vencidos, que sólo cambió (en algunos casos) ante la salvaje ferocidad de la persecución.
Las guerras carlistas tuvieron lugar en el s. XIX. Fueron motivadas, según los historiadores, por la disputa del trono de España a la muerte de Fernando VII en 1833 entre los partidarios de su hermano Carlos María Isidro (carlistas) y los de su hija Isabel (liberales), que fue proclamada finalmente reina con el nombre de Isabel II. Pero realmente existió un mayor trasfondo en esta pugna dinástica: fue una confrontación entre las ideas conservadoras defendidas por los carlistas (“Dios, Patria y Rey”) y los principios liberales procedentes de la Revolución Francesa.
EN LAS GUERRAS CARLISTAS
Se dio lugar a represalias y a lucha sin cuartel, únicamente como respuesta a actos inauditos con los que los liberales pretendían aterrorizar a la población que apoyaba a los carlistas. 
Tropas francas isabelinas llamadas «peseteros» o chapelgorris en
Las guerras carlistas fueron una serie de contiendas civiles que tuvieron lugar en España a lo largo del siglo XIX. Aunque la principal razón de la lucha fue la disputa por el trono, también representaron el choque de ideologías políticas de la época. Los carlistas —que luchaban bajo el lema Dios, Patria, Rey— encarnaron la oposición más reaccionaria al liberalismo, defendiendo la monarquía tradicional absolutista, el catolicismo conservador y el foralismo.
EN EL CASO DE LA CRISTIADA
La traición del gobierno "revolucionario" que no sólo no respetó los acuerdos, sino que asesinó alevosamente a miles de dirigentes cristeros que habían entregado las armas, provocó que algunos supervivientes se echaran de nuevo al monte, a "la segunda" (nunca se atrevieron a completar la frase "segunda cristiada" o "segunda guerra cristera") en la que la desesperación y la amargura llevó a algunos actos de crueldad pero que nunca igualaron a los sufridos a manos de los izquierdistas.
Habrá algunos otros puntos en común que los conocedores podrán resaltar –yo sólo soy un aficionado- pero me viene a la mente, para terminar, otra analogía común al menos a los casos de España y México, porque en Francia la historia se complica más y si se da algún parecido, lo ignoro. En España, los carlistas participan muy activamente en la Guerra de Liberación de 1936-39 y contribuyen a ganarla.
Liberación de Barcelona del terror rojo, 26 de enero de 1939
PERO ALGUNOS SECTORES RELACIONADOS CON EL CARLISMO DEGENERAN EN LA POST GUERRA HACIA POSICIONES DE IZQUIERDA, INCLUSO FRANCAMENTE MARXISTAS, Y DE ESE CARLISMO DEGENERADO SURGEN ALGUNOS DE LOS FUNDADORES DE ETA.
Que desde sus inicios no es simplemente terrorista (lo que ya la hace totalmente opuesta a la esencia del carlismo) sino específica y completamente marxista (en total oposición al catolicismo que siempre fué condición sine qua non del carlismo) Un nacionalismo exacerbado, fanático e impregnado de soberbia, y el extravío de algunos intelectuales católicos que los llevó a perderse en el "diálogo" con el marxismo, hicieron posible tan grotesca aberración.
Cristeros de San José de Gracia (Michoacán): al centro, con sable, Anatolio Partida, a la derecha, Honorato González.
EN EL CASO DE LOS CRISTEROS DE MÉXICO
Conocí hace más de 20 años a una nieta del general Gorostieta, que estaba perdida en un agnosticismo que me resultó poco comprensible hasta conocer a su padre, uno de los hijos menores del general, que en ese entonces (les he perdido la pista) era, o presumía ser, marxista. La única explicación que se me ocurre es que la ausencia temprana del padre (es decir, el gral. Gorostieta, quien fué asesinado por las fuerzas del gobierno), una infancia vivida en la pobreza y la amargura de la derrota, fueron circunstancias adversas mal asimiladas que lo llevaron a una actitud de adolescencia perpetua.
Hay otros casos, de clérigos y legos de alguna manera relacionados por vínculos familiares, ambiente o lugar de origen, o pertenencia a organizaciones católicas, relacionados, digo, con una "herencia cristera", que en los años 70s y 80s derivaron a la izquierda y se extraviaron en la Teología de Liberación cuando no perdieron por completo la fé y se pasaron explícitamente al marxismo ateo.
Bandera del Movimento Cristero
Los hay activos hoy día en la política mexicana, dentro y fuera de la ley, entre ellos Rincón Gallardo, antiguo dirigente de Acción Católica, converso a la extrema izquierda en los 60s, candidato marxista a la presidencia de México en el 2000, hoy instalado en el gobierno de centro izquierda, mal llamado de derechas, de Fox... y algunos implicados en el levantamiento "zapatista" de 1994. Estas defecciones son lo más doloroso y lo más difícil, si no de explicar, de aceptar.
Durante la Revolución Francesa casi 120.000 habitantes de La Vendée, la mayoría campesinos del norte de Francia fueron asesinados y arrasadas decenas de miles de viviendas, sin contar con un sin fin de atrocidades que les fueron hechas por el único motivo de que eran católicos y que querían practicar su religión.
Lo anterior es sólo un esbozo de algunas líneas de investigación que me han parecido interesantes y que están pendientes de recibir la suficiente atención (o en todo caso, la difusión de los resultados) de parte de los profesionales de la Historia.
Etsuo Tirado Hamasaki - 2003-11-24
LA DEFENSA DE LA PAZ
2302 Recordando el precepto: ‘no matarás’ (Mt 5, 21), nuestro Señor pide la paz del corazón y denuncia la inmoralidad de la cólera homicida y del odio.
LA CÓLERA ES UN DESEO DE VENGANZA
‘Desear la venganza para el mal de aquel a quien es preciso castigar, es ilícito’; pero es loable imponer una reparación ‘para la corrección de los vicios y el mantenimiento de la justicia’ (S. Tomás de Aquino, s. th. 2-2, 158, 1 ad 3). 
Si la cólera llega hasta el deseo deliberado de matar al prójimo o de herirlo gravemente, constituye una falta grave contra la caridad; es pecado mortal. El Señor dice:
‘Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal’ (Mt 5, 22).
2303 EL ODIO VOLUNTARIO ES CONTRARIO A LA CARIDAD
El odio al prójimo es pecado cuando se le desea deliberadamente un mal. El odio al prójimo es un pecado grave cuando se le desea deliberadamente un daño grave. 
‘Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial...’ (Mt 5, 44-45).
2304 EL RESPETO Y EL DESARROLLO DE LA VIDA HUMANA EXIGEN LA PAZ.
La paz no es sólo ausencia de guerra y no se limita a asegurar el equilibrio de fuerzas adversas. La paz no puede alcanzarse en la tierra, sin la salvaguardia de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos, la práctica asidua de la fraternidad.
  • Es la ‘tranquilidad del orden’ (S. Agustín, civ. 19, 13)
  • Es obra de la justicia (cf Is 32, 17) 
  • Efecto de la caridad (cf GS 78, 1-2).
2305 La paz terrenal es imagen y fruto de la paz de Cristo, el ‘Príncipe de la paz’ mesiánica (Is 9, 5). Por la sangre de su cruz, ‘dio muerte al odio en su carne’ (Ef 2, 16; cf Col 1, 20-22), reconcilió con Dios a los hombres le hizo de su Iglesia el sacramento de la unidad del género humano y de su unión con Dios. ‘El es nuestra paz’ (Ef 2, 14). Declara
  • ‘bienaventurados a los que construyen la paz’ (Mt 5, 9).
2306 Los que renuncian a la acción violenta y sangrienta y recurren para la defensa de los derechos del hombre a medios que están al alcance de los más débiles, dan testimonio de caridad evangélica, siempre que esto se haga sin lesionar los derechos y obligaciones de los otros hombres y de las sociedades. Atestiguan legítimamente la gravedad de los riesgos físicos y morales del recurso a la violencia con sus ruinas y sus muertes (cf GS 78, 5).
EVITAR LA GUERRA
2307 El quinto mandamiento condena la destrucción voluntaria de la vida humana. A causa de los males y de las injusticias que ocasiona toda guerra, la Iglesia insta constantemente a todos a orar y actuar para que la Bondad divina nos libre de la antigua servidumbre de la guerra (cf GS 81, 4).

2308 Todo ciudadano y todo gobernante están obligados a empeñarse en evitar las guerras.
Sin embargo, ‘mientras exista el riesgo de guerra y falte una autoridad internacional competente y provista de la fuerza correspondiente, una vez agotados todos los medios de acuerdo pacífico, no se podrá negar a los gobiernos el derecho a la legítima defensa’ (Gs 79, 4).

2309 Se han de considerar con rigor las condiciones estrictas de una legítima defensa mediante la fuerza militar. La gravedad de semejante decisión somete a ésta a condiciones rigurosas de legitimidad moral. Es preciso a la vez:
  • – Que el daño causado por el agresor a la nación o a la comunidad de las naciones sea duradero, grave y cierto.
  • – Que todos los demás medios para poner fin a la agresión hayan resultado impracticables o ineficaces.
  • – Que se reúnan las condiciones serias de éxito.
  • – Que el empleo de las armas no entrañe males y desórdenes más graves que el mal que se pretende eliminar. El poder de los medios modernos de destrucción obliga a una prudencia extrema en la apreciación de esta condición.
Estos son los elementos tradicionales enumerados en la doctrina llamada de la ‘guerra justa’.
La apreciación de estas condiciones de legitimidad moral pertenece al juicio prudente de quienes están a cargo del bien común.

2310 Los poderes públicos tienen en este caso el derecho y el deber de imponer a los ciudadanos las obligaciones necesarias para la defensa nacional.
Los que se dedican al servicio de la patria en la vida militar son servidores de la seguridad y de la libertad de los pueblos. Si realizan correctamente su tarea, colaboran verdaderamente al bien común de la nación y al mantenimiento de la paz (cf GS 79, 5).
2311 Los poderes públicos atenderán equitativamente al caso de quienes, por motivos de conciencia, rehúsan el empleo de las armas; éstos siguen obligados a servir de otra forma a la comunidad humana (cf GS 79, 3).

2312 La Iglesia y la razón humana declaran la validez permanente de la ley moral durante los conflictos armados.
  • ‘Una vez estallada desgraciadamente la guerra, no todo es lícito entre los contendientes’ (GS 79, 4).
2313 Es preciso respetar y tratar con humanidad a los no combatientes, a los soldados heridos y a los prisioneros.
Las acciones deliberadamente contrarias al derecho de gentes y a sus principios universales, como asimismo las disposiciones que las ordenan, son crímenes.
  • Una obediencia ciega no basta para excusar a los que se someten a ella. 
Así, el exterminio de un pueblo, de una nación o de una minoría étnica debe ser condenado como un pecado mortal.
  • Existe la obligación moral de desobedecer aquellas decisiones que ordenan genocidios.
2314
‘Toda acción bélica que tiende indiscriminadamente a la destrucción de ciudades enteras o de amplias regiones con sus habitantes, es un crimen contra Dios y contra el hombre mismo, que hay que condenar con firmeza y sin vacilaciones’ (GS 80, 4). 
Un riesgo de la guerra moderna consiste en facilitar a los que poseen armas científicas, especialmente atómicas, biológicas o químicas, la ocasión de cometer semejantes crímenes.

2315 La acumulación de armas es para muchos como una manera paradójica de apartar de la guerra a posibles adversarios. Ven en ella el más eficaz de los medios, para asegurar la paz entre las naciones. Este procedimiento de disuasión merece severas reservas morales.
  • La carrera de armamentos no asegura la paz. 
En lugar de eliminar las causas de guerra, corre el riesgo de agravarlas. La inversión de riquezas fabulosas en la fabricación de armas siempre más modernas impide la ayuda a los pueblos indigentes (cf PP 53), y obstaculiza su desarrollo. El exceso de armamento multiplica las razones de conflictos y aumenta el riesgo de contagio.

2316 La producción y el comercio de armas atañen hondamente al bien común de las naciones y de la comunidad internacional. Por tanto, las autoridades tienen el derecho y el deber de regularlas. La búsqueda de intereses privados o colectivos a corto plazo no legitima empresas que fomentan violencias y conflictos entre las naciones, y que comprometen el orden jurídico internacional.

2317
  • Las injusticias, 
  • las desigualdades excesivas de orden económico o social, 
  • la envidia, 
  • la desconfianza 
  • y el orgullo, que existen entre los hombres y las naciones, 
Amenazan sin cesar la paz y causan las guerras. 
Todo lo que se hace para superar estos desórdenes contribuye a edificar la paz y evitar la guerra:
En la medida en que los hombres son pecadores, les amenaza y les amenazará hasta la venida de Cristo, el peligro de guerra; en la medida en que, unidos por la caridad, superan el pecado, se superan también las violencias hasta que se cumpla la palabra:
‘De sus espadas forjarán arados y de sus lanzas podaderas. Ninguna nación levantará ya más la espada contra otra y no se adiestrarán más para el combate’ (Is 2, 4) (GS 78, 6).
EL FOMENTO DE LA PAZ Y LA PROMOCIÓN DE LA COMUNIDAD DE LOS PUEBLOS.
Introducción
77. En estos últimos años, en los que aún perduran entre los hombres la aflicción y las angustias nacidas de la realidad o de la amenaza de una guerra, la universal familia humana ha llegado en su proceso de madurez a un momento de suprema crisis. Unificada paulatinamente y ya más consciente en todo lugar de su unidad, no puede llevar a cabo la tarea que tiene ante sí, es decir, construir un mundo más humano para todos los hombres en toda la extensión de la tierra, sin que todos se conviertan con espíritu renovado a la verdad de la paz.
De aquí proviene que el mensaje evangélico, coincidente con los más profundos anhelos y deseos del género humano, luzca en nuestros días con nuevo resplandor al proclamar
  • bienaventurados a los constructores de la paz, porque serán llamados hijos de Dios (Mt 5,9).
Por esto el Concilio, al tratar de la nobilísima y auténtica noción de la paz, después de condenar la crueldad de la guerra, pretende hacer un ardiente llamamiento a los cristianos para que con el auxilio de Cristo, autor de la paz, cooperen con todos los hombres a cimentar la paz en la justicia y el amor y a aportar los medios de la paz.
NATURALEZA DE LA PAZ
78. 
La paz no es la mera ausencia de la guerra, ni se reduce al solo equilibrio de las fuerzas adversarias, ni surge de una hegemonía despótica, sino que con toda exactitud y propiedad se llama obra de la justicia (Is 32, 7). 
Es el fruto del orden plantado en la sociedad humana por su divino Fundador, y que los hombres, sedientos siempre de una más perfecta justicia, han de llevar a cabo. El bien común del género humano se rige primariamente por la ley eterna, pero en sus exigencias concretas, durante el transcurso del tiempo, está cometido a continuos cambios; por eso
  • la paz jamás es una cosa del todo hecha, sino un perpetuo quehacer.
Dada la fragilidad de la voluntad humana, herida por el pecado, el cuidado por la paz reclama de cada uno constante dominio de sí mismo y vigilancia por parte de la autoridad legítima.
Esto, sin embargo, no basta. Esta paz en la tierra no se puede lograr si no se asegura el bien de las personas y la comunicación espontánea entre los hombres de sus riquezas de orden intelectual y espiritual. Es absolutamente necesario el firme propósito de respetar a los demás hombres y pueblos, así como su dignidad, y el apasionado ejercicio de la fraternidad en orden a construir la paz. Así, la paz es también fruto del amor, el cual sobrepasa todo lo que la justicia puede realizar.
LA PAZ SOBRE LA TIERRA, NACIDA DEL AMOR AL PRÓJIMO, ES IMAGEN Y EFECTO DE LA PAZ DE CRISTO, QUE PROCEDE DE DIOS PADRE. 
En efecto, el propio Hijo encarnado, Príncipe de la paz, ha reconciliado con Dios a todos los hombres por medio de su cruz, y, reconstituyendo en un solo pueblo y en un solo cuerpo la unidad del género humano, ha dado muerte al odio en su propia carne y, después del triunfo de su resurrección, ha infundido el Espíritu de amor en el corazón de los hombres.
Por lo cual, se llama insistentemente la atención de todos los cristianos para que, viviendo con sinceridad en la caridad (Eph 4,15), se unan con los hombres realmente pacíficos para implorar y establecer la paz.
Movidos por el mismo Espíritu, no podemos dejar de alabar a aquellos que, renunciando a la violencia en la exigencia de sus derechos, recurren a los medios de defensa, que, por otra parte, están al alcance incluso de los más débiles, con tal que esto sea posible sin lesión de los derechos y obligaciones de otros o de la sociedad.
En la medida en que el hombre es pecador, amenaza y amenazará el peligro de guerra hasta el retorno de Cristo; pero en la medida en que los hombres, unidos por la caridad, triunfen del pecado, pueden también reportar la victoria sobre la violencia hasta la realización de aquella palabra:
De sus espadas forjarán arados, y de sus lanzas hoces. Las naciones no levantarán ya más la espada una contra otra y jamás se llevará a cabo la guerra (Is 2,4).
SECCIÓN I.- OBLIGACIÓN DE EVITAR LA GUERRA
HAY QUE FRENAR LA CRUELDAD DE LAS GUERRAS
79. A pesar de que las guerras recientes han traído a nuestro mundo daños gravísimos materiales y morales, todavía a diario en algunas zonas del mundo la guerra continúa sus devastaciones. Es más, al emplear en la guerra armas científicas de todo género, su crueldad intrínseca amenaza llevar a los que luchan a tal barbarie, que supere, enormemente la de los tiempos pasados. La complejidad de la situación actual y el laberinto de las relaciones internaciones permiten prolongar guerras disfrazadas con nuevos métodos insidiosos y subversivos. En muchos casos se admite como nuevo sistema de guerra el uso de los métodos del terrorismo.
Teniendo presente esta postración de la humanidad el Concilio pretende recordar ante todo la vigencia permanente del derecho natural de gentes y de sus principios universales. La misma conciencia del género humano proclama con firmeza, cada vez más, estos principios. Los actos, pues, que se oponen deliberadamente a tales principios y las órdenes que mandan tales actos, son criminales y la obediencia ciega no puede excusar a quienes las acatan. Entre estos actos hay que enumerar ante todo aquellos con los que metódicamente se extermina a todo un pueblo, raza o minoría étnica: hay que condenar con energía tales actos como crímenes horrendos; se ha de encomiar, en cambio, al máximo la valentía de los que no temen oponerse abiertamente a los que ordenan semejantes cosas.
EXISTEN SOBRE LA GUERRA Y SUS PROBLEMAS VARIOS TRATADOS INTERNACIONALES, SUSCRITOS POR MUCHAS NACIONES.
Para que las operaciones militares y sus consecuencias sean menos inhumanas; tales son los que tratan del destino de los combatientes heridos o prisioneros y otros por el estilo. Hay que cumplir estos tratados; es más, están obligados todos, especialmente las autoridades públicas y los técnicos en estas materias, a procurar cuanto puedan su perfeccionamiento, para que así se consiga mejor y más eficazmente atenuar la crueldad de las guerras. También parece razonable que las leyes tengan en cuenta, con sentido humano, el caso de los que se niegan a tomar las armas por motivo de conciencia y aceptan al mismo tiempo servir a la comunidad humana de otra forma.
DESDE LUEGO, LA GUERRA NO HA SIDO DESARRAIGADA DE LA HUMANIDAD.
Mientras exista el riesgo de guerra y falte una autoridad internacional competente y provista de medios eficaces, una vez agotados todos los recursos pacíficos de la diplomacia, no se podrá negar el derecho de legítima defensa a los gobiernos. 
A los jefes de Estado y a cuantos participan en los cargos de gobierno les incumbe el deber de proteger la seguridad de los pueblos a ellos confiados, actuando con suma responsabilidad en asunto tan grave.
Pero una cosa es utilizar la fuerza militar para defenderse con justicia y otra muy distinta querer someter a otras naciones. 
  • La potencia bélica no legitima cualquier uso militar o político de ella. 
Y una vez estallada lamentablemente la guerra,
  • no por eso todo es lícito entre los beligerantes.

LOS QUE, AL SERVICIO DE LA PATRIA, SE HALLAN EN EL EJERCICIO, CONSIDÉRENSE INSTRUMENTOS DE LA SEGURIDAD Y LIBERTAD DE LOS PUEBLOS, PUES DESEMPEÑANDO BIEN ESTA FUNCIÓN CONTRIBUYEN REALMENTE A ESTABILIZAR LA PAZ.

LA GUERRA TOTAL
80. El horror y la maldad de la guerra se acrecientan inmensamente con el incremento de las armas científicas. Con tales armas, las operaciones bélicas pueden producir destrucciones enormes e indiscriminadas, las cuales, por tanto, sobrepasan excesivamente los límites de la legítima defensa. Es más, si se empleasen a fondo estos medios, que ya se encuentran en los depósitos de armas de las grandes naciones, sobrevendría la matanza casi plena y totalmente recíproca de parte a parte enemiga, sin tener en cuanta las mil devastaciones que parecerían en el mundo y los perniciosos efectos nacidos del uso de tales armas.
TODO ESTO NOS OBLIGA A EXAMINAR LA GUERRA CON MENTALIDAD TOTALMENTE NUEVA.Sepan los hombres de hoy que habrán de dar muy seria cuanta de sus acciones bélicas. Pues de sus determinaciones presentes dependerá en gran parte el curso de los tiempos venideros.
Teniendo esto es cuenta, este Concilio, haciendo suyas las condenaciones de la guerra mundial expresadas por los últimos Sumos Pontífices, declara:
TODA ACCIÓN BÉLICA QUE TIENDA INDISCRIMINADAMENTE A LA DESTRUCCIÓN DE CIUDADES ENTERAS O DE EXTENSAS REGIONES JUNTO CON SUS HABITANTES, ES UN CRIMEN CONTRA DIOS Y LA HUMANIDAD QUE HAY QUE CONDENAR CON FIRMEZA Y SIN VACILACIONES.
EL RIESGO CARACTERÍSTICO DE LA GUERRA CONTEMPORÁNEA ESTÁ EN QUE DA OCASIÓN A LOS QUE POSEEN LAS RECIENTES ARMAS CIENTÍFICAS PARA COMETER TALES DELITOS Y CON CIERTA INEXORABLE CONEXIÓN PUEDE EMPUJAR LAS VOLUNTADES HUMANAS A DETERMINACIONES VERDADERAMENTE HORRIBLES.
Para que esto jamás suceda en el futuro, los obispos de toda la tierra reunidos aquí piden con insistencia a todos, principalmente a los jefes de Estado y a los altos jefes del ejército, que consideren incesantemente tan gran responsabilidad ante Dios y ante toda la humanidad.
LA CARRERA DE ARMAMENTOS
81. Las armas científicas no se acumulan exclusivamente para el tiempo de guerra. Puesto que la seguridad de la defensa se juzga que depende de la capacidad fulminante de rechazar al adversario, esta acumulación de armas, que se agrava por años, sirve de manera insólita para aterrar a posibles adversarios. Muchos la consideran como el más eficaz de todos los medios para asentar firmemente la paz entre las naciones.
Sea lo que fuere de este sistema de disuasión, convénzanse los hombres
de que la carrera de armamentos, a la que acuden tantas naciones, no es camino seguro para conservar firmemente la paz, y que el llamado equilibrio de que ella proviene no es la paz segura y auténtica. 
De ahí que no sólo no se eliminan las causas de conflicto, sino que más bien se corre el riesgo de agravarlas poco a poco. Al gastar inmensas cantidades en tener siempre a punto nuevas armas, no se pueden remediar suficientemente tantas miserias del mundo entero. En vez de restañar verdadera y radicalmente las disensiones entre las naciones, otras zonas del mundo quedan afectadas por ellas. Hay que elegir nuevas rutas que partan de una renovación de la mentalidad para eliminar este escándalo y poder restablecer la verdadera paz, quedando el mundo liberado de la ansiedad que le oprime.
Por lo tanto, hay que declarar de nuevo:
la carrera de armamentos es la plaga más grave de la humanidad y perjudica a los pobres de manera intolerable. Hay que temer seriamente que, si perdura, engendre todos los estragos funestos cuyos medios ya prepara.
Advertidos de las calamidades que el género humano ha hecho posibles, empleemos la pausa de que gozamos, concedida de lo Alto, para, con mayor conciencia de la propia responsabilidad, encontrar caminos que solucionen nuestras diferencias de un modo más digno del hombre. La Providencia divina nos pide insistentemente que nos liberemos de la antigua esclavitud de la guerra. Si renunciáramos a este intento, no sabemos a dónde nos llevará este mal camino por el que hemos entrado.
PROHIBICIÓN ABSOLUTA DE LA GUERRA.
LA ACCIÓN INTERNACIONAL PARA EVITAR LA GUERRA
82. Bien claro queda, por tanto, que debemos procurar con todas nuestras fuerzas preparar una época en que, por acuerdo de las naciones, pueda ser absolutamente prohibida cualquier guerra. Esto requiere el establecimiento de una autoridad pública universal reconocida por todos, con poder eficaz para
  • garantizar la seguridad, 
  • el cumplimiento de la justicia 
  • y el respeto de los derechos.
PERO ANTES DE QUE SE PUEDA ESTABLECER TAN DESEADA AUTORIDAD ES NECESARIO QUE LAS ACTUALES ASOCIACIONES INTERNACIONALES SUPREMAS SE DEDIQUEN DE LLENO A ESTUDIAR LOS MEDIOS MÁS APTOS PARA LA SEGURIDAD COMÚN.
La paz ha de nacer de la mutua confianza de los pueblos y no debe ser impuesta a las naciones por el terror de las armas; por ello, todos han de trabajar para que la carrera de armamentos cese finalmente, para que comience ya en realidad la reducción de armamentos, no unilateral, sino simultánea, de mutuo acuerdo, con auténticas y eficaces garantías.
No hay que despreciar, entretanto, los intentos ya realizados y que aún se llevan a cabo para alejar el peligro de la guerra. Más bien hay que ayudar la buena voluntad de muchísimos que, aun agobiados por las enormes preocupaciones de sus altos cargos, movidos por el gravísimo deber que les acucia, se esfuerzan, por eliminar la guerra, que aborrecen, aunque no pueden prescindir de la complejidad inevitable de las cosas.
Hay que pedir con insistencia a Dios que les dé fuerzas para perseverar en su intento y llevar a cabo con fortaleza esta tarea de sumo amor a los hombres, con la que se construye virilmente la paz. Lo cual hoy exige de ellos con toda certeza que amplíen su mente más allá de las fronteras de la propia nación, renuncien al egoísmo nacional ya a la ambición de dominar a otras naciones, alimenten un profundo respeto por toda la humanidad, que corre ya, aunque tan laboriosamente, hacia su mayor unidad.
ACERCA DE LOS PROBLEMAS DE LA PAZ Y DEL DESARME
Los sondeos y conversaciones diligente e ininterrumpidamente celebrados y los congresos internacionales que han tratado de este asunto deben ser considerados como los primeros pasos para solventar temas tan espinosos y serios, y hay que promoverlos con mayor urgencia en el futuro para obtener resultados prácticos. Sin embargo, hay que evitar el confiarse sólo en los conatos de unos pocos, sin preocuparse de la reforma en la propia mentalidad.
Pues los que gobiernan a los pueblos, que son garantes del bien común de la propia nación y al mismo tiempo promotores del bien de todo el mundo, dependen enormemente de las opiniones y de los sentimientos de las multitudes.
NADA LES APROVECHA TRABAJAR EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA PAZ MIENTRAS LOS SENTIMIENTOS DE HOSTILIDAD, DE MENOSPRECIO Y DE DESCONFIANZA, LOS ODIOS RACIALES Y LAS IDEOLOGÍAS OBSTINADAS, DIVIDEN A LOS HOMBRES Y LOS ENFRENTAN ENTRE SÍ.
Es de suma urgencia proceder a una renovación en la educación de la mentalidad y a una nueva orientación en la opinión pública. Los que se entregan a la tarea de la educación, principalmente de la juventud, o forman la opinión pública, tengan como gravísima obligación la preocupación de formar las mentes de todos en nuevos sentimientos pacíficos. Tenemos todos que cambiar nuestros corazones, con los ojos puestos en el orbe entero y en aquellos trabajos que toso juntos podemos llevar a cabo para que nuestra generación mejore.
QUE NO NOS ENGAÑE UNA FALSA ESPERANZA
Pues, si no se establecen en el futuro tratados firmes y honestos sobre la paz universal una vez depuestos los odios y las enemistades, la humanidad, que ya está en grave peligro, aun a pesar de su ciencia admirable, quizá sea arrastrada funestamente a aquella hora en la que no habrá otra paz que la paz horrenda de la muerte. Pero, mientras dice todo esto, la Iglesia de Cristo, colocada en medio de la ansiedad de hoy, no cesa de esperar firmemente. A nuestra época, una y otra vez, oportuna e importunamente, quiere proponer el mensaje apostólico: Este es el tiempo aceptable para que cambien los corazones, éste es el día de la salvación.
SECCIÓN 2.- EDIFICAR LA COMUNIDAD INTERNACIONAL
CAUSAS Y REMEDIOS DE LAS DISCORDIAS
83. Para edificar la paz se requiere ante todo que se desarraiguen las causas de discordia entre los hombres, que son las que alimentan las guerras.
Entre esas causas deben desaparecer principalmente las injusticias. 
No pocas de éstas provienen de las excesivas desigualdades económicas y de la lentitud en la aplicación de las soluciones necesarias. Otras nacen del deseo de dominio y del desprecio por las personas, y, si ahondamos en los motivos más profundos, brotan de la envidia, de la desconfianza, de la soberbia y demás pasiones egoístas.
Como el hombre no puede soportar tantas deficiencias en el orden, éstas hacen que, aun sin haber guerras, el mundo esté plagado sin cesar de luchas y violencias entre los hombres. Como, además, existen los mismos males en las relaciones internacionales,
es totalmente necesario que, para vencer y prevenir semejantes males y para reprimir las violencias desenfrenadas, las instituciones internacionales cooperen y se coordinen mejor y más firmemente y se estimule sin descanso la creación de organismos que promuevan la paz.
LA COMUNIDAD DE LAS NACIONES Y LAS INSTITUCIONES INTERNACIONALES.
84. Dados los lazos tan estrechos y recientes de mutua dependencia que hoy se dan entre todos los ciudadanos y entre todos los pueblos de la tierra, la búsqueda certera y la realización eficaz del bien común universal exigen que la comunidad de las naciones se dé a sí misma un ordenamiento que responda a sus obligaciones actuales, teniendo particularmente en cuanta las numerosas regiones que se encuentran aún hoy en estado de miseria intolerable.
Para lograr estos fines, las instituciones de la comunidad internacional deben, cada una por su parte, proveer a las diversas necesidades de los hombres tanto en el campo de la vida social, alimentación, higiene, educación, trabajo, como en múltiples circunstancias particulares que surgen acá y allá; por ejemplo, la necesidad general que las naciones en vías de desarrollo sienten de fomentar el progreso, de remediar en todo el mundo la triste situación de los refugiados o ayudar a los emigrantes y a sus familias.
LAS INSTITUCIONES INTERNACIONALES, MUNDIALES O REGIONALES YA EXISTENTES SON BENEMÉRITAS DEL GÉNERO HUMANO. 
Son los primeros conatos de echar los cimientos internaciones de toda la comunidad humana para solucionar los gravísimos problemas de hoy, señaladamente para promover el progreso en todas partes y evitar la guerra en cualquiera de sus formas. En todos estos campos, la Iglesia se goza del espíritu de auténtica fraternidad que actualmente florece entre los cristianos y los no cristianos, y que se esfuerza por intensificar continuamente los intentos de prestar ayuda para suprimir ingentes calamidades.
LA COOPERACIÓN INTERNACIONAL EN EL ORDEN ECONÓMICO
85. La actual unión del género humano exige que se establezca también una mayor cooperación internacional en el orden económico. Pues la realidad es que, aunque casi todos los pueblos han alcanzado la independencia, distan mucho de verse libres de excesivas desigualdades y de toda suerte de inadmisibles dependencias, así como de alejar de sí el peligro de las dificultades internas.
EL PROGRESO DE UN PAÍS DEPENDE DE LOS MEDIOS HUMANOS Y FINANCIEROS DE QUE DISPONE. 
Los ciudadanos deben prepararse, por medio de la educación y de la formación profesional, al ejercicio de las diversas funciones de la vida económica y social. Para esto se requiere la colaboración de expertos extranjeros que en su actuación se comporten no como dominadores, sino como auxiliares y cooperadores. La ayuda material a los países en vías de desarrollo no podrá prestarse si no se operan profundos cambios en las estructuras actuales del comercio mundial. Los países desarrollados deberán prestar otros tipos de ayuda, en forma de donativos, préstamos o inversión de capitales; todo lo cual ha de hacerse con generosidad y sin ambición por parte del que ayuda y con absoluta honradez por parte del que recibe tal ayuda.
PARA ESTABLECER UN AUTÉNTICO ORDEN ECONÓMICO UNIVERSAL
Hay que acabar con las pretensiones de lucro excesivo,
  • las ambiciones nacionalistas, 
  • el afán de dominación política, 
  • los cálculos de carácter militarista 
  • y las maquinaciones para difundir e imponer las ideologías. 
Son muchos los sistemas económicos y sociales que hoy se proponen; es de desear que los expertos sepan encontrar en ellos los principios básicos comunes de un sano comercio mundial. Ello será fácil si todos y cada uno deponen sus prejuicios y se muestran dispuestos a un diálogo sincero.
ALGUNAS NORMAS OPORTUNAS
86. Para esta cooperación parecen oportunas las normas siguientes:
a) Los pueblos que están en vías de desarrollo entiendan bien que han de buscar expresa y firmemente, como fin propio del progreso, la plena perfección humana de sus ciudadanos. Tengan presente que el progreso surge y se acrecienta principalmente por medio del trabajo y la preparación de los propios pueblos, progreso que debe ser impulsado no sólo con las ayudas exteriores, sino ante todo con el desenvolvimiento de las propias fuerzas y el cultivo de las dotes y tradiciones propias. En esta tarea deben sobresalir quienes ejercen mayor influjo sobre sus conciudadanos.
b) Por su parte, los pueblos ya desarrollados tienen la obligación gravísima de ayudar a los países en vías de desarrollo a cumplir tales cometidos. Por lo cual han de someterse a las reformas psicológicas y materiales que se requieren para crear esta cooperación internacional. Busquen así, con sumo cuidado en las relaciones comerciales con los países más débiles y pobres, el bien de estos últimos, porque tales pueblos necesitan para su propia sustentación los beneficios que logran con la venta de sus mercancías.
c) Es deber de la comunidad internacional regular y estimular el desarrollo de forma que los bienes a este fin destinados sean invertidos con la mayor eficacia y equidad. Pertenece también a dicha comunidad, salvado el principio de la acción subsidiaria, ordenar las relaciones económicas en todo el mundo para que se ajusten a la justicia. Fúndense instituciones capaces de promover y de ordenar el comercio internacional, en particular con las naciones menos desarrolladas, y de compensar los desequilibrios que proceden de la excesiva desigualdad de poder entre las naciones. Esta ordenación, unida a otras ayudas de tipo técnico, cultural o monetario, debe ofrecer los recursos necesarios a los países que caminan hacia el progreso, de forma que puedan lograr convenientemente el desarrollo de su propia economía.
d) En muchas ocasiones urge la necesidad de revisar las estructuras económicas y sociales; pero hay que prevenirse frente a soluciones técnicas poco ponderadas y sobre todo aquellas que ofrecen al hombre ventajas materiales, pero se oponen a la naturaleza y al perfeccionamiento espiritual del hombre. Pues no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mt 4,4). Cualquier parcela de la familia humana, tanto en sí misma como en sus mejores tradiciones, lleva consigo algo del tesoro espiritual confiado por Dios a la humanidad, aunque muchos desconocen su origen.
COOPERACIÓN INTERNACIONAL EN LO TOCANTE AL CRECIMIENTO DEMOGRÁFICO.
87. Es sobremanera necesaria la cooperación internacional en favor de aquellos pueblos que actualmente con harta frecuencia, aparte de otras muchas dificultades, se ven agobiados por la que proviene del rápido aumento de su población. Urge la necesidad de que, por medio de una plena e intensa cooperación de todos los países, pero especialmente de los más ricos, se halle el modo de disponer y de facilitar a toda la comunidad humana aquellos bienes que son necesarios para el sustento y para la conveniente educación del hombre.
Son varios los países que podrían mejorar mucho sus condiciones de vida si pasaran, dotados de la conveniente enseñanza, de métodos agrícolas arcaicos al empleo de las nuevas técnicas, aplicándolas con la debida prudencia a sus condiciones particulares una vez que se haya establecido un mejor orden social y se haya distribuido más equitativamente la propiedad de las tierras.
LOS GOBIERNOS RESPECTIVOS TIENEN DERECHOS Y OBLIGACIONES, EN LO QUE TOCA A LOS PROBLEMAS DE SU PROPIA POBLACIÓN, DENTRO DE LOS LÍMITES DE SU ESPECÍFICA COMPETENCIA.
Tales son, por ejemplo,
  • la legislación social y la familiar, 
  • la emigración del campo a la ciudad, 
  • la información sobre la situación y necesidades del país. 
Como hoy la agitación que en torno a este problema sucede a los espíritus es tan intensa, es de desear que los católicos expertos en todas estas materias, particularmente en las universidades, continúen con intensidad los estudios comenzados y los desarrollen cada vez más.
Dado que muchos afirman que el crecimiento de la población mundial, o al menos el de algunos países, debe frenarse por todos los medios y con cualquier tipo de intervención de la autoridad pública, el Concilio exhorta a todos a que se prevenga frente a las soluciones, propuestas en privado o en público y a veces impuestas, que contradicen a la moral.
Porque, conforme al inalienable derecho del hombre al matrimonio y a la procreación, la decisión sobre el número de hijos depende del recto juicio de los padres, y de ningún modo puede someterse al criterio de la autoridad pública.
Y como el juicio de los padres requiere como presupuesto una conciencia rectamente formada, es de gran importancia que todos puedan cultivar una recta y auténticamente humana responsabilidad que tenga en cuanta la ley divina, consideradas las circunstancias de la realidad y de la época. Pero esto exige que se mejoren en todas partes las condiciones pedagógicas y sociales y sobre todo que se dé una formación religiosa o, al menos, una íntegra educación moral.
Dése al hombre también conocimiento sabiamente cierto de los progresos científicos con el estudio de los métodos que pueden ayudar a los cónyuges en la determinación del número de hijos, métodos cuya seguridad haya sido bien comprobada y cuya concordancia con el orden moral esté demostrada.
MISIÓN DE LOS CRISTIANOS EN LA COOPERACIÓN INTERNACIONAL
88. Cooperen gustosamente y de corazón los cristianos en la edificación del orden internacional con la observancia auténtica de las legítimas libertades y la amistosa fraternidad con todos, tanto más cuanto que la mayor parte de la humanidad sufre todavía tan grandes necesidades, que con razón puede decirse que es el propio Cristo quien en los pobres levanta su voz para despertar la caridad de sus discípulos. Que no sirva de escándalo a la humanidad el que algunos países, generalmente los que tienen una población cristiana sensiblemente mayoritaria, disfrutan de la opulencia, mientras otros se ven privados de lo necesario para la vida y viven atormentados por el hambre, las enfermedades y toda clase de miserias. El espíritu de pobreza y de caridad son gloria y testimonio de la Iglesia de Cristo.
Merecen, pues, alabanza y ayuda aquellos cristianos, en especial jóvenes, que se ofrecen voluntariamente para auxiliar a los demás hombres y pueblos. Más aún, es deber del Pueblo de Dios, y los primeros los Obispos, con su palabra y ejemplo, el socorrer, en la medida de sus fuerzas, las miserias de nuestro tiempo y hacerlo, como era ante costumbre en la Iglesia, no sólo con los bienes superfluos, sino también con los necesarios.
EL MODO CONCRETO DE LAS COLECTAS Y DE LOS REPARTOS
Sin que tenga que ser regulado de manera rígida y uniforme, ha de establecerse, sin embargo, de modo conveniente en los niveles diocesano, nacional y mundial, unida, siempre que parezca oportuno, la acción de los católicos con la de los demás hermanos cristianos. Porque el espíritu de caridad en modo alguno prohíbe el ejercicio fecundo y organizado de la acción social caritativa, sino que lo impone obligatoriamente. Por eso es necesario que quienes quieren consagrarse al servicio de los pueblos en vías de desarrollo se formen en instituciones adecuadas.
PRESENCIA EFICAZ DE LA IGLESIA EN LA COMUNIDAD INTERNACIONAL
89. La Iglesia, cuando predica, basada en su misión divina, el Evangelio a todos los hombres y ofrece los tesoros de la gracia, contribuye a la consolidación de la paz en todas partes y al establecimiento de la base firme de la convivencia fraterna entre los hombres y los pueblos, esto es, el conocimiento de la ley divina y natural. Es éste el motivo de la absolutamente necesaria presencia de la Iglesia en la comunidad de los pueblos para fomentar e incrementar la cooperación de todos, y ello tanto por sus instituciones públicas como por la plena y sincera colaboración de los cristianos, inspirada pura y exclusivamente por el deseo de servir a todos.
Este objetivo podrá alcanzarse con mayor eficacia si los fieles, conscientes de su responsabilidad humana y cristiana, se esfuerzan por despertar en su ámbito personal de vida la pronta voluntad de cooperar con la comunidad internacional. En esta materia préstese especial cuidado a la formación de la juventud tanto en la educación religiosa como en la civil.
PARTICIPACIÓN DEL CRISTIANO EN LAS INSTITUCIONES INTERNACIONALES.
90. Forma excelente de la actividad internacional de los cristianos es, sin duda, la colaboración que individual o colectivamente prestan en las instituciones fundadas o por fundar para fomentar la cooperación entre las naciones. A la creación pacífica y fraterna de la comunidad de los pueblos pueden servir también de múltiples maneras las varias asociaciones católicas internacionales, que hay que consolidar aumentando el número de sus miembros bien formados, los medios que necesitan y la adecuada coordinación de energías. La eficacia en la acción y la necesidad del diálogo piden en nuestra época iniciativas de equipo. Estas asociaciones contribuyen además no poco al desarrollo del sentido universal, sin duda muy apropiado para el católico, y a la formación de una conciencia de la genuina solidaridad y responsabilidad universales.
Es de desear, finalmente, que los católicos, para ejercer como es debido su función en la comunidad internacional, procuren cooperar activa y positivamente con los hermanos separados que juntamente con ellos practican la caridad evangélica, y también con todos los hombres que tienen sed de auténtica paz.
El Concilio, considerando las inmensas calamidades que oprimen todavía a la mayoría de la humanidad, para fomentar en todas partes la obra de la justicia y el amor de Cristo a los pobres juzga muy oportuno que se cree un organismo universal de la Iglesia que tenga como función estimular a la comunidad católica para promover el desarrollo a los países pobres y la justicia social internacional.
ALGUNOS PIENSAN, NO SIN RAZONES QUE LA CULTURA EUROPEA ESTÁ EN DECADENCIA Y PUEDE LLEGAR A DESAPARECER.
No es imposible si se toma en el sentido estricto de europeo-occidental, pero en cambio no es posible si se refiere al fondo o núcleo esencial de la misma, el cristianismo, que primero fue judío, luego romano, bárbaro, feudal, europeo, americano y después africano y asiático. El cristianismo no está hecho para lograr una cultura propia, cerrada y perecedera, sino para ser la sal y la luz de cualquiera de las civilizaciones que vayan apareciendo y que quieran llevar en ellas algo de eternidad.
🔺El Libro de la Sabiduría de Jesús, hijo de Sirac (abrev. Si, en hebreo: ‏‏חכמת יהושע בן סירא), es uno de los Libros Sapienciales del Antiguo Testamento. Común y familiarmente llamado Libro de Sirácides, o bien, del Sirácida.
La tradición latina lo ha llamado Libro del Eclesiástico. No debe confundirse con el Eclesiastés, el cual es otro libro sapiencial del Antiguo Testamento. Tampoco debe confundirse con la expresión Libros Eclesiásticos, usada por algunos autores para referirse a los deuterocanónicos o al conjunto de los escritos del segundo canón que se leen en las iglesias.
ECLESIASTICO– Capítulo 28 versículos 6 al 13
6 Acuérdate del fin, y deja de odiar; piensa en la corrupción y en la muerte, y sé fiel a los mandamientos;
7 acuérdate de los mandamientos, y no guardes rencor a tu prójimo; piensa en la Alianza del Altísimo, y pasa por alto la ofensa.
8 Evita los altercados y pecarás mucho menos, porque el hombre iracundo enciende las disputas.
9 El pecador siembra la confusión entre los amigos y crea división entre los que vivían en paz.
10 El fuego arde según el combustible, y la disputa se enciende en la medida del empecinamiento; según sea su fuerza, será la furia de un hombre, y según su riqueza, dará libre curso a su ira.
11 Una discordia repentina enciende un fuego, y una disputa precipitada hace correr la sangre.
12 Si soplas una chispa, se inflama; si le escupes encima, se extingue, y ambas cosas salen de tu boca.
13 Maldice al murmurador y al de lengua doble: ellos han arruinado a mucha gente que vivía en paz.

La legislación humana sólo posee carácter de ley cuando se conforma a la justa razón; lo cual significa que su obligatoriedad procede de la ley eterna. En la medida en que ella se apartarse de la razón, sería preciso declararla injusta, pues no verificaría la noción de ley; sería más bien una forma de violencia. S. Tomás de A., S. Th, 1-2, 93, 3 ad 2.
"La verdadera sabiduría, entonces consiste en obras, no en grandes talentos que el mundo admira; pues los sabios en la estima del mundo… son necedad que hacen nada de la voluntad de Dios, y no saben como controlar sus pasiones" Sta. Brígida.
GUERRA - JUSTA, CRUELDAD ATAQUE PREVENTIVO, PERDÓN VISIÓN DE LA IGLESIA - ONU.
Una guerra de agresión es intrínsecamente inmoral. En el trágico caso en el que se desencadenara, los responsables de un Estado agredido tienen el derecho y el deber de organizar la defensa, utilizando también la fuerza de las armas (Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2265). 
PARA QUE SEA LÍCITO EL USO DE LA FUERZA, DEBE RESPETAR ALGUNAS CONDICIONES RIGUROSAS.
  • «– Que el daño causado por el agresor a la nación o a la comunidad de las naciones sea duradero, grave y cierto.
  • – Que todos los demás medios para poner fin a la agresión hayan resultado impracticables o ineficaces.
  • – Que se reúnan las condiciones serias de éxito.
  • – Que el empleo de las armas no entrañe males y desórdenes más graves que el mal que se pretende eliminar. El poder de los medios modernos de destrucción obliga a una prudencia extrema en la apreciación de esta condición.
El 16 de mayo de 1027, el obispo de Vic y abad de Ripoll, Oliba, preside un sínodo episcopal en Tolouges (Rosellón) que se suma al movimiento Paz y Tregua de Dios. Este movimiento imponía unas reglas de honor y caballería a la guerra. Un hecho sin precedentes en Europa porque trató de implantar cierta equidad, justicia y perdón, sobreponiéndose a la venganza, desquite y represalia, a pesar de la complejidad de aquellos siglos.
LA GUERRA COMO CONCEPCIÓN DEL MAL - por Alberto Alvarez Alonso
Acercamiento crítico a la génesis del mal moral en Erasmo de Rotterdam
Retrato de Erasmo de Róterdam (1523) por Hans Holbein el Joven.
🔻Geert Geertsen (latinizado como Desiderius Erasmus Rotterodamus; Róterdam, 28 de octubre de 1466 -Basilea, 12 de julio de 1536), conocido en español como Erasmo de Róterdam o Erasmo de Rotterdam, fue un humanista, filósofo, filólogo y teólogo neerlandés, autor de importantes obras escritas en latín.
0. INTRODUCIÓN
Para Erasmo de Rótterdam, la realidad de la guerra constituye un verdadero escándalo y la máxima expresión del mal. El presente trabajo trata de mostrar, a través de una exégesis personal de “La guerra es dulce para quienes no la han vivido” contenida en los “Escritos de crítica religiosa y política”, cómo en la génesis del mal de la guerra descrita por Erasmo, que en la tipología que presentamos a continuación se podría denominar como mal moral, no siempre se atribuye el grado de responsabilidad necesario al ser humano para poder denominarla como tal. De esta forma, indagaremos en las causas que Erasmo apunta como origen del mal para ver en qué medida participa la libertad del hombre y finalmente comprobar si la categorización de la guerra como mal moral puede mantenerse o no en las situaciones propuestas por Erasmo.
1. TIPOLOGÍA DEL MAL
En la reflexión común prefilosófica es frecuente establecer una distinción entre el mal físico y el mal moral:
1.1.- EL MAL FÍSICO
El mal físico es la ausencia en sí, éticamente indiferente, de una perfección ontológica exigida por la naturaleza del ser respectivo< [1] . Este es equivalente al sufrimiento o al dolor [2] . En efecto, la experiencia humana radical del mal físico puede definirse como una experiencia dolorosa.
El mal "físico" le "sobreviene" al hombre; el hombre no lo quiere, está expuesto pasivamente a él.
Negar o minimizar la existencia del mal físico sería no sólo una ingenuidad, sino también un desprecio del sufrimiento y, por tanto, una injusticia con los que sufren. La reprensión del sufrimiento conduce a la ausencia de relaciones entre los hombres, mientras que la compasión directa (e independiente de cualquier otra consideración) en el dolor de los demás puede eliminar las barreras entre los hombres y constituir una fuente de bondad, de amor y de comprensión.
Por eso la expulsión del sufrimiento de nuestra sociedad, que quiere aparecer joven, sana y feliz, constituye una de las monstruosidades de la sociedad actual. Hacer del sufrimiento un tabú implica cometer una injusticia contra los dolientes y enajenar a los "sanos" de una dimensión esencial de su condición de hombres y de prójimo [3] .
1.2.- EL MAL MORAL
El mal moral, en cambio, es un tipo de padecer que no se identifica con el físico, aún cuando quien lo experimenta no se ve librado (y hasta puede encontrar consuelo en ello) de ciertas alteraciones físicas (como la congoja, que es un mal moral, pero que puede ir acompañada de alteraciones considerables en la presión sanguínea).
El mal moral constituye, primero, la libre decisión de la voluntad contraria al bien moral; y, en segundo lugar, la acción exterior resultante de ella y el hábito y actitud interior malos consolidados subsiguientes a la misma [4] . Es decir, 
el mal moral es aquel que no sólo se experimenta pasivamente en el sufrimiento, sino que más bien surge activamente de la acción de la libertad humana. Si el mal moral tiene su origen en la libertad humana, su posibilidad está basada en la finitud de la libertad; su realidad, en cambio, es inderivable y sólo se obtiene mediante un salto de la libertad.
SE LE LLAMA TAMBIÉN AL MAL MORAL PECADO Y CULPA
Y es en estos fenómenos, donde el hombre se reconoce a sí mismo como causa responsable (autónoma) del mal. El que el hombre se responsabilice de sí mismo y de sus actos y reconozca que puede llegar a ser culpable o lo es ya, constituye el núcleo de la dignidad humana. El hombre, pues, debe y puede tomar postura ante sus condicionamientos y que tal postura influya en el contacto práctico con el mal, que puede aumentar como consecuencia de una aprobación o ser refrenado mediante un rechazo activo. 
Cuando queda en penumbra esta dimensión personal, las teorías modernas pasan a constituir un imponente mecanismo exculpatorio y desembocan en una inocencia natural del hombre al que se atribuye lo positivo y lo bueno, mientras que los aspectos oscuros y las sombras de la historia vivida y escrita por nosotros, los atribuimos a una serie de sujetos que nos sirven de coartada: Los otros, los enemigos, la sociedad, la naturaleza, el pasado. 
Este ocultamiento del mal moral fomenta la estigmatización y la enemistad entre los hombres, lo cual, constituye también un mal y ahora veremos por qué.
La única posibilidad de convivir humanamente reside en que nos reconozcamos mutuamente como personas, cosa que implica que nos reconozcamos también como sujetos responsables.
Así pues, la visión del hombre aparentemente tan humana, porque comprende y disculpa todo, es profundamente inhumana. Cuando se elimina la categoría del mal moral en cuanto categoría de la responsabilidad personal, el hombre queda degradado a la condición de objeto [5] .
1.3.- EL MAL METAFÍSICO
Un tercer tipo de mal que suele ser incluido por numerosos autores a la hora de hacer un estudio de la tipología del sufrimiento es el mal metafísico. Este término fue el resultado de un estudio de Leibniz acerca del mal. Para Leibniz el mal metafísico es la condición de posibilidad de que existan el mal físico y el moral radicando tal condición en la esencia misma de la finitud, de tal manera que pretender eliminarlo de la naturaleza de lo real ( como creatura finita) sería una contradicción, o lo que es lo mismo hacer infinito lo finito o de la creatura "un Dios" [6] .
De ahí que del mal metafísico se derivan con necesidad inquebrantable el físico, como consecuencia de los inevitables desajustes de la realidad finita en su funcionamiento, y el moral, como posibilidad inseparable de la libertad finita.
Este concepto de mal metafísico nos indica que ya no se trata sólo del mal físico ni del problema del mal moral, sino del ser y el sentido de la realidad en su totalidad. Podemos así preguntarnos:
"¿De qué naturaleza es la realidad, toda vez que puede ser para el hombre "ámbito" tanto de libertad como de esclavitud y experimentarse como realidad buena y gratificante o como realidad hostil, pérdida, inquietante, fatídica?. ¿Es el ser como tal bueno, malo o radicalmente ambivalente? En otros términos: ¿remiten el mal físico y el moral a un mal metafísico? [7] .
Como vemos, la introducción del mal metafísico genera para algunos autores como Walter Kasper el debate acerca de la verdadera naturaleza de lo real abierto con la pregunta de si el ser como tal es bueno, malo o ambivalente, para concluir diciendo que sean cuales sean las respuestas puramente filosóficas que se den al problema, la respuesta a esta pregunta es, en última instancia, religiosa [8] .
Otros autores sin embargo, cuando hacen un estudio detallado del mal llegan a la conclusión de que solamente existen dos tipos de mal: el físico y el moral afirmando del mal metafísico como falta de perfección de lo real como un término que se presta a error, ya que la ausencia de ulterior perfección ontológica es esencial a todo ente finito, por perfecto que sea en su especie.
CABE, POR ÚLTIMO, DECIR QUE ESTA CLASIFICACIÓN DEL MAL, ES CLÁSICA Y GENERAL, NO FALTANDO A OTROS AUTORES QUE HAN CLASIFICADO EL MAL EN VIRTUD DE OTROS CRITERIOS SEGUIDOS EN SU ESTUDIO.
Por ejemplo junto a los tipos de mal (físico, moral y metafísico) se consideran también los géneros y las variedades. Así según los géneros el mal puede concebirse como un ser o como un valor, como algo absoluto o algo relativo, algo abstracto o algo concreto, algo substancial o algo accidental... etc. Y, en cuanto a las variedades, el mal es objeto de una descripción fenomenológica que muestra el mal bajo sus manifestaciones o perspectivas. Estas perspectivas pueden a su vez examinarse de un modo general o particular describiendo todas las formas de maldad.
2.- EL MAL MORAL EN ERASMO
2.1.- EL HOMBRE, CRIATURA PARA EL BIEN.

Esta es la conclusión extraída de la lectura del “Retrato del Hombre natural” que Erasmo incluye en su escrito de “La guerra es dulce para quienes no la han vivido”. [9] En él repasa las principales características que nos constituyen y que nos diferencian del resto de lo creado.
Para Erasmo en la antropogénesis interviene la colaboración de dos factores:
  • La naturaleza y Dios.
Por la Naturaleza el hombre es engendrado como un animal totalmente interdependiente:
“Solo el hombre viene al mundo de tal manera que depende enteramente de la ayuda ajena durante mucho tiempo” [10]
Con esta afirmación Erasmo está dando por sentada la existencia de la dimensión social como constitutiva de lo humano. Es decir, como absolutamente necesaria (vital) para nuestra realización ya que la conservación del don natural de la vida depende del establecimiento de vínculos afectivos con los otros:
“La naturaleza quiso que el hombre debiera el don de la vida no tanto a ella misma como a la benevolencia” [11]
Esta dimensión social en lo humano no se constata sólo en su utilidad para la supervivencia sino también en la propia morfología del ser humano que denota “amor y benevolencia” [12] y en las cualidades del lenguaje y de la razón encaminadas a “ganarse y conservar la amistad” [13]
Desde esta perspectiva, la relación con los demás podría parecer el fruto de una necesidad egoísta mecánicamente ejercida para mantenernos con vida y alcanzar mayores niveles de desarrollo personal, por lo que Erasmo va a afirmar
que la Naturaleza también dotó al hombre con la capacidad de hacer el bien ”incluso en ausencia de recompensa” , lo cuál, es un signo inequívoco de la imagen de Dios en el hombre. [14] 
Para Erasmo, la naturaleza actúa como un medio que permite el desarrollo del designio creador de Dios para el hombre, es decir, colabora con Él, por lo que esta capacidad de obrar en “ausencia de recompensa” es, en último término, obra de Dios, el cuál, quiere que el ser humano cuide de sus semejantes y del resto de las criaturas, para las que el hombre es, a su vez, su dios y su refugio:
“Dios ha puesto, por tanto, al hombre en este mundo como una imagen de sí mismo, para que atendiera a la conservación de todas sus criaturas en su calidad de divinidad terrena” [15]
LA CONCLUSIÓN EXTRAÍDA DE ESTA PARTE EN CUANTO A LA ACCIÓN MORAL DEL HOMBRE ES QUE EL SER HUMANO ES NATURALMENTE BUENO. HEMOS SIDO CREADOS POR DIOS CON LA COLABORACIÓN DE LA NATURALEZA PARA HACER EL BIEN .
Esta afirmación se basa en la existencia de dos aspectos comprobables en nuestro ser:
  • - La dimensión social como constitutiva de lo humano hasta el punto de que la amistad con el otro es vital para el desarrollo personal del hombre.
  • -La capacidad de obrar el bien desinteresadamente, en “ausencia de recompensa”.
Lo realmente escandaloso para Erasmo es haber llegado a la conclusión de que el hombre es una criatura hecha para el bien y comprobar por otro lado como se autodestruye mediante la guerra.
2.2.-LA GUERRA, ¿MÁXIMA EXPRESIÓN DEL MAL MORAL?
Más arriba hemos definido el mal moral 
como aquel que surge activamente de la acción de la libertad humana y en el que el hombre se reconoce a sí mismo como causa responsable (autónoma) de su generación. 
Pero si hay algo que llame la atención en las arremetidas que Erasmo lanza en contra de la guerra es el poco protagonismo concedido a la acción libre del hombre en la génesis de la misma, lo que nos llevaría a plantearnos, en principio, si encuadrarla o no dentro de esta categorización de mal por lo que a la filosofía de Erasmo se refiere.
Lo que sí parece claro para nuestro autor es que la materialización más explicita del mal se da en la guerra:
“Nada es más impío o más dañino, más ampliamente pernicioso o más persistente y tenaz; nada es más repugnante y totalmente indigno de un hombre” [16]
ESTA AFIRMACIÓN SE BASA EN VARIAS RAZONES ENTRE LAS QUE PODEMOS DESTACAR.
  • 1.-El grado de extensión social y acogida de la guerra. Erasmo constata que la guerra tiene un alto grado de aceptación no sólo entre los paganos sino también entre los cristianos desde las clases más humildes hasta los mismos responsables de la Iglesia o los príncipes, en un ámbito más civil, cuya obligación no debería ser otra que ” componer con sabiduría y razón los movimientos de la necia multitud” [17] .
  • 2.-El nulo cuestionamiento que el ejercicio de la guerra despierta entre los hombres de su tiempo. El grado de acogida de la guerra antes señalado se manifiesta en una ausencia de conciencia crítica contra la guerra como recurso, hasta el punto que esta reprobación podría ser motivo de herejía. [18]
  • 3.-Su capacidad destructiva. En el título del trabajo presentábamos deliberadamente la guerra como concepción del mal en la filosofía de Erasmo por la doble acepción que el término “concepción” nos proporciona.
La guerra, en un primer significado del término, es la materialización más explícita y clara que Erasmo concibe del mal, es su mejor definición como apuntábamos en el encabezamiento de este razonamiento, pero también posee, atendiendo ahora al segundo uso del término, una capacidad de generar mal hasta el punto de proceder de ella todas las calamidades de la existencia:
“¿Qué sentido tiene hablar de la ruina de la moral puesto que nadie ignora que todas las calamidades de la existencia nacen a un tiempo de la guerra?(…)Ella es la fuente de la que nos brota toda esa enorme caterva de bandidos, ladrones, sacrílegos y asesinos” [19]
Es una peste tan funesta que invade, contagia y no se limita a destruir en un contexto histórico y social determinado porque
  • “toda guerra es semilla de guerras” [20] .
¿QUÉ NIVEL DE RESPONSABILIDAD DERIVADO DEL EJERCICIO DE SU LIBERTAD HABRÍA QUE ATRIBUIR AL SER HUMANO EN EL GRADO DE EXTENSIÓN SOCIAL Y ACOGIDA DE LA GUERRA, EN EL NULO CUESTIONAMIENTO QUE SE HACE DE LA MISMA Y EN LA CAPACIDAD DESTRUCTIVA QUE POSEE?.
La respuesta a esta pregunta es crucial para establecer si la guerra es un mal moral o no en Erasmo, pero para poder responderla habría que indagar en las causas que Erasmo apunta como origen de la guerra en esta primera parte de su escrito :
“¡Cuánto más justo sería preguntarse qué demonio, qué peste, qué calamidad, qué furia introdujo originariamente en la mente humana una cosa hasta tal punto tan bestial, de suerte que ese animal pacífico engendrado por la naturaleza para la paz y la amistad, el único llamado a la salvación, se precipitara a una destrucción recíproca por una locura tan bestial, por conflictos tan salvajes!” [21]
Esta lamentación sería fruto, afirma, de la reflexión de una “mirada auténticamente filosófica” [22] que previamente hubiera examinado de un lado la imagen del hombre y de otro el retrato de la guerra. Como esto mismo es lo que hará a continuación a lo largo del ensayo, el texto adquiere el valor de ser, por un lado, conclusión anticipada y por otro apelación a la justa conciencia de cada uno para intentar solucionar un grave problema en el que la libertad y por ende la responsabilidad del hombre deberían jugar un papel fundamental.
PERO ANALICEMOS ANTES LAS CAUSAS QUE SE REFLEJAN PARA VER SI EL PAPEL DE LA LIBERTAD DEL HOMBRE ES DETERMINANTE EN LAS MISMAS.
Entre estas, y a primera vista, se citan elementos extrínsecos a la voluntad humana (demonio, peste, calamidad o furia) que actúan provocando la introducción en la mente humana de una “locura bestial” cuya manifestación exterior es la guerra. 
PERO ¿EN QUÉ SENTIDO AFIRMA ERASMO QUE LA GUERRA ES UNA LOCURA? [23]
Hay dos posibilidades.
La primera sería considerar esta locura como una enfermedad mental, una patología que sobreviene al ser humano fruto de la acción directa de los elementos antes expuestos , lo que limitaría al máximo la participación de la libertad humana y su responsabilidad. La guerra ya no se podría calificar de mal moral sino de mal físico, el cuál, como apuntábamos más arriba es la ausencia en sí, éticamente indiferente, de una perfección ontológica exigida por la naturaleza del ser respectivo y que es experimentado por el ser humano como dolor y como sufrimiento al estar expuesto pasivamente a él [24] .
Pero sería un error esta consideración, ya que nuestro autor estaría cayendo en una flagrante contradicción.
¿Cómo proponer un proyecto moral alternativo al ejercicio de la guerra como solución que apela a la responsabilidad de los seres humanos y por tanto a su libertad, si ésta ya se encuentra mermada de antemano?.
Tendremos que considerar otra posibilidad en la interpretación de la locura del texto si queremos que éste cobre el sentido y la coherencia necesarios dentro del escrito, cuyo fin no es otro que: 
el lector repruebe el ejercicio de la guerra como recurso ofensivo o defensivo en favor del diálogo, la razón y el entendimiento, los cuáles, más acordes con la naturaleza humana, requieren de la voluntad para inclinarse hacia el bien y, por tanto, de la libertad de elección como medio y capacidad de la voluntad que lo posibilite. 
DE ESTA FORMA HABRÍA QUE CONSIDERAR LA LOCURA DE LA GUERRA, COMO LA PRIMERA DE LAS DOS CLASES DE LOCURA HUMANA QUE ERASMO DESCRIBE EN SU ELOGIO DE LA LOCURA.
(...) Verdaderamente hay dos clases de locura: 
una, la que las Furias engendran en el infierno cada vez que lanzan las serpientes que despiertan en el pecho de los mortales la pasión de la guerra, la inextinguible sed del oro, un indecoroso y abominable amor, el parricidio, el incesto, el sacrilegio, y cualquier otro designio depravado; o cuando alumbran la conciencia del culpable con la terrible antorcha del remordimiento. 
Pero hay otra locura muy distinta de ésta, que precede de mí y que es apetecida por todos.
Normalmente se manifiesta por cierto alegre extravío de la razón que al mismo tiempo libera al alma de sus angustiosas preocupaciones y devuelve el perfume de múltiples deleites. [25]
Este tipo de locura que “despierta en el pecho de los mortales la pasión de la guerra”, también “alumbra la conciencia del culpable con la terrible antorcha del remordimiento” , es decir, no posee todo el ser del hombre hasta el punto de anular su conciencia, todo lo contrario, la hace despertar mediante el remordimiento. A la vez que puede conducir al ser humano a la perdición, también constituye el punto de partida para su salvación. Manifiesta por un lado un potencial destructivo enorme pero a la vez el cimiento para su reconstrucción.
EN EL FONDO, ESTA LOCURA PRESUPONE LA LIBERTAD DEL HOMBRE
Si en ella y por ella el hombre se puede descubrir culpable y por tanto responsable de sus actos, es porque en el origen de esta locura y en su desarrollo participa la acción libre del hombre. Podrá tener un origen infernal pero requiere del libre asentimiento del hombre para propagarse. [26]
Es en este sentido en el que se puede calificar la guerra de locura sin anular la libertad del hombre y clasificarla, hasta aquí, como un mal moral en Erasmo de Rótterdam [27] .
2.3.- GÉNESIS DE LA GUERRA ENTRE LOS PAGANOS
En este apartado volveremos a analizar el grado de responsabilidad que Erasmo atribuye al ser humano en las sucesivas fases o estadios de la guerra entre los paganos, considerados aquí, como aquellos que aún no conocían el Evangelio de Cristo por situarse cronológicamente en el periodo pre-cristiano:
“En efecto, antaño cuando los rudos hombres primitivos vivían en los bosques desnudos, sin murallas y sin techo ocurría de vez en cuando que eran atacados por las fieras salvajes. Con éstas tuvo en primer lugar el hombre la guerra y quién defendía a la especie humana del asalto de las bestias era considerado fuerte y tenido por jefe. Incluso parecía muy justo degollar al que degollaba, descuartizar al descuartizador, sobre todo cuando las fieras salvajes nos atacaban sin que hubiera mediado por nuestra parte daño alguno” [28]
Este texto describe el primer estadio de la génesis de la guerra entre los paganos. En él Erasmo nos describe un escenario previo a la introducción de la guerra caracterizado por dos aspectos:
1.-Un entorno hostil al hombre en el que éste tendrá que ejercer la violencia con los animales para poder sobrevivir en él, lo cuál, es realmente una paradoja.¿Cómo puede la naturaleza engendrar un ser para el bien en un entorno tal, que tendrá que matar si quiere continuar subsistiendo en él?.
El entorno, como causa externa al hombre, parece jugar un papel determinante para Erasmo en el origen de la guerra entre los paganos. El ser humano deberá ejercer la violencia frente al medio como legítima defensa, lo que lo exime, hasta el momento, de toda responsabilidad o culpa, toda vez, que el ejercicio de la violencia con los animales como antesala del que se llevará a cabo con los congéneres, es totalmente necesario. El origen de la guerra entre los paganos desde este punto de vista no sería otro que la precariedad ontológica en la que el ser humano se inserta, por lo que sería más bien un mal físico o metafísico. Hasta aquí, no podemos hablar de la guerra como mal moral, ya que de momento no ha entrado en juego la responsabilidad del hombre.
2.-El otorgamiento de honor y poder a ”quien defendía la especie humana del ataque de las bestias”.Esta atribución que Erasmo basa en una consideración errónea de la justicia, incentivó la caza de animales cuyo fin no sería ya la legítima defensa, sino la búsqueda de un “gran honor”[29].
Es cierto que aquí sí encontramos la acción directa del hombre en la génesis de la guerra pero Erasmo la hace residir en una consideración errónea de la verdadera justicia cuya consecuencia principal fue subordinar la aniquilación de la vida (aunque de momento ésta sea animal) a la obtención de reconocimiento y poder. Por esta razón podríamos preguntarnos, ¿ hasta qué punto no está aquí limitada la responsabilidad humana si tenemos en cuenta que el estado original de ignorancia parece jugar un papel decisivo en la acción?
En este primer estadio descrito por Erasmo la libertad del hombre como causa determinante en la génesis de la guerra entre los paganos brilla por su ausencia en un proceso que parece regido por el determinismo o por la necesidad, lo cuál nos hace seguir indagando en el proceso descrito para encontrar la impronta humana que nos permita inculparnos como únicos responsables de la guerra.
Así, y ya en un segundo estadio de este proceso, afirma Erasmo en relación a los seres humanos:
“¿Qué crimen se atrevieron a cometer? No temieron alimentarse de los cadáveres de las fieras que habían matado, desgarrar con los dientes la carne exánime, beber su sangre, sorber los humores y, como dice Ovidio,«engullir vísceras en vísceras»” [30]
EL ENGULLIMIENTO DE CARNE ANIMAL ES CONSIDERADO POR ERASMO COMO UN CRIMEN.
Puede que lo realmente escandaloso para nuestro autor sea la animalización a la que el hombre se somete con este acto cuyo detonante es el atrevimiento o la falta de prudencia. No obstante, una vez que la eliminación de la vida animal se había puesto al servicio de la obtención de poder y prestigio, la ingesta de la carne no vendría a ser sino una consecuencia inevitable del inicial estado de ignorancia y la prudencia, implícitamente implorada, que reclama libre albedrío para ejercerla, estaría descartada de antemano.
En un tercer y último estadio y para completar la descripción de la génesis de la guerra entre los paganos, tenemos que hacer referencia al aspecto más importante en este proceso, la costumbre, de la que Erasmo llega a afirmar:
“No hay nada tan perverso o tan atroz que no esté aprobado si lo avala la costumbre” [31]
La costumbre para Erasmo actúa como una especie de catalizador del mal que comienza justificando la crueldad ejercida con los animales para acabar enseñando al hombre esta violencia con sus congéneres. Es una fuerza o energía que supera la voluntad aumentando la ferocidad y la ira en caso de conflicto y extendiéndolas del plano interpersonal (individual) al inter-grupal(colectivo) constituyéndose así la guerra propiamente dicha. [32]
LA CONCLUSIÓN DE ESTE ANÁLISIS
Es que Erasmo concede muy poca responsabilidad al ser humano en la génesis de la guerra entre los paganos haciéndola derivar de la precariedad del ser de la naturaleza, que no potencia adecuadamente las dimensiones de lo humano haciéndose incluso hostil a éste, y de la precariedad de nuestro propio ser, manifestada en la limitación de nuestras facultades intelectivas para aprehender lo real adecuadamente ,traducida aquí en un déficit en el reconocimiento de la superioridad de la vida humana con respecto al resto de la creación lo que inevitablemente condujo a una percepción errónea de la justicia.
Si la finitud y la contingencia en el plano del ser y la ignorancia en el del conocer son las verdaderas causas no hay sitio para la responsabilidad que nace de la libertad en esta etapa inicial de la humanidad por lo que la guerra, como consecuencia inevitable de la precariedad del ser y del conocer no puede aún, para Erasmo, considerarse un mal moral propiamente dicho, sino más bien un mal cuyo origen es físico o metafísico.
2.4.- GÉNESIS DE LA GUERRA ENTRE LOS CRISTIANOS

Sin lugar a dudas lo que más asombro y perplejidad causa en Erasmo es que los cristianos emprendan la guerra entre ellos mismos, por lo que al denunciar la extensión y la universalidad de la guerra concluye:
“Finalmente – y esto es lo que a mí me parece sin duda más atroz que todo lo anterior – el cristiano está en guerra con otro hombre y añadiré también, muy a mi pesar , con otro cristiano, que es lo más atroz de todo.” [33]
Si la guerra entre los paganos tenía una explicación basada en los condicionantes más arriba expuestos, la guerra entre cristianos es totalmente incomprensible para aquellos que se erigen como depositarios y custodios del Evangelio de Cristo:
“Admitamos que los paganos fueron arrastrados a esta locura por la estulticia o por la ira, o por la ambición, la avaricia o la crueldad o-como a mí me parece más probable –por Furias enviadas de los infiernos Pero ¿de dónde nos ha venido a nosotros a la mente que un cristiano eche mano de la espada ensangrentada contra otro cristiano?” [34]
ES ESTA ELECCIÓN POR PARTE DEL CREYENTE, DEL MAL QUE DESTRUYE Y NO DE LA PAZ EVANGÉLICA.
Lo que escandaliza a Erasmo hasta el punto de llevarle a indagar en las causas del proceso de génesis de la guerra entre los cristianos para ver si encuentra algún atenuante de la culpabilidad humana que pueda explicar mejor este comportamiento tan atroz.
En este proceso hay para Erasmo dos causas fundamentales que a la vez constituyen dos momentos claves en la introducción de la guerra en el seno del cristianismo.
El primero de ellos
es la erudición puesta al servicio de la defensa de la religión frente a los herejes. Ésta trajo consigo la discusión y con ella la división en el seno interno de la Iglesia. [35] 
En este proceso de introducción de la filosofía en la teología, Erasmo ve clave la intromisión de Aristóteles hasta constituir una “autoridad casi más venerable que la del propio Cristo” [36] o la asunción de algunas leyes imperiales que “alaban la guerra como una empresa insigne con tal de que sea justa.”[37]El resultado es la tergiversación o la interpretación retorcida de la sagrada escritura hasta el punto que:
“(…) no se permite hablar de la Escritura cristiana a quien no se haya impregnado totalmente hasta las orejas, como dice el proverbio, de las bagatelas aristotélicas por no decir sofísticas. Como si la doctrina de Cristo fuera de tal índole que no pudiera ser perfectamente patrimonio de todos o estuviera de alguna manera de acuerdo con la sabiduría de los filósofos” [38]
De esta manera, Erasmo ve en la racionalización de la fe al servicio de la teodicea, que diría Leibniz, una tergiversación interesada de la Sagrada Escritura que predispone para el enfrentamiento intelectual preparando así el escenario para una futura contienda.
Gottfried Wilhelm von Leibniz
🔺Gottfried Wilhelm Leibniz, a veces Gottfried Wilhelm von Leibniz1 (Leipzig, 1 de julio de 1646-Hannover, 14 de noviembre de 1716), fue un filósofo, lógico, matemático, jurista, bibliotecario y políticoalemán.
Fue uno de los grandes pensadores de los siglos XVII y XVIII, y se le reconoce como "El último genio universal". Realizó profundas e importantes contribuciones en las áreas de metafísica, epistemología, lógica, filosofía de la religión, así como en la matemática, física, geología, jurisprudencia e historia.
El segundo momento clave sería la introducción progresiva del poder a través de títulos de honor y de riquezas, los cuáles pasaron de ser, en un principio, solamente aceptados a reclamados y exigidos posteriormente:
Al cabo del tiempo recibimos algún título de honor, conferido espontáneamente, pero que después comenzamos a reclamar como si se nos debiera, Tal cosa no pareció injusta.” [39]
La situación de este texto, justo después de la descripción crítica del proceso de racionalización de la fe ,y su introducción mediante la expresión “Al cabo del tiempo…” que nos sitúa en una secuencia lógico temporal de los acontecimientos, parece indicar que la atribución de títulos de honor se deriva de la reclamación por parte de los responsables de la Iglesia de algún reconocimiento meritorio por su lucha contra el hereje a través de la refutación de sus argumentos.
ASÍ, ESTE HONOR GUARDA CIERTO PARALELISMO CON EL HONOR ATRIBUIDO POR EL ASESINATO DE LAS BESTIAS EN LA GÉNESIS DE LA GUERRA ENTRE LOS PAGANOS. 
En ambos casos la atribución de honor pasa a ser, en un primer momento, consecuencia de la lucha con el oponente (bestia o hereje) para constituirse con posterioridad en la causa determinante de la guerra, cuyo origen radica en un error perceptivo de la verdadera justicia, el cuál, si antes surgía de la ignorancia , ahora surge de un exceso de erudición que lleva a una interpretación errónea del mensaje de Cristo, haciéndonos ver como justo que la defensa de la fe debe reportar al que la ejerce algún tipo de privilegio con respecto al resto de creyentes.
Este razonamiento dejaría, en esta etapa como en la anterior, justificado el ejercicio de la guerra, como la consecuencia lógica y fatal de nuestra limitación en la aprehensión de la realidad concediendo muy poco margen a la voluntad del hombre como causa. Pero esta conclusión no cuadra con lo defendido por Erasmo en cuanto al origen de la guerra en el periodo cristiano ni con la continua exhortación y defensa de la paz, la cuál, necesita de la libertad y responsabilidad del hombre para ejercerla.
Entonces, ¿A qué se refiere más arriba en el texto cuando habla de la recepción de títulos honoríficos si ésta no es consecuencia de la refutación del hereje?.Parece referirse al hecho de la Donación de Constantino [40] que sirvió de base para la reclamación de poder temporal por parte de los dirigentes de la Iglesia. Es decir, la atribución de títulos honoríficos no responde al reconocimiento de ningún mérito, de ahí, el adverbio utilizado (“espontáneamente”) refiriéndose a la misma. Respondería más bien a un afán de acumular poder y riquezas en el seno de la Iglesia, lo cuál, sí es fruto de la maldad del hombre y constituye para Erasmo la verdadera causa de la guerra entre los cristianos.
PARA ERASMO DE RÓTERDAM, YA NO EXISTE NINGUNA JUSTIFICACIÓN PARA AQUELLOS QUE SON CONOCEDORES DEL MENSAJE MORAL DE CRISTO Y DE LAS NEFASTAS CONSECUENCIAS QUE LA GUERRA HABÍA DEJADO TIEMPO ATRÁS.
“El mundo tenía sus leyes antes de que se proclamara el evangelio: castigaba, hacía la guerra, acumulaba dinero y provisiones. El señor no vino a la tierra a enseñarnos lo que nos estaba permitido, es decir, hasta qué punto nos era lícito apartarnos de la perfección, sino a enseñarnos cuál es la meta a la que debemos tender con todas nuestras fuerzas” [41]
Por esta razón, la guerra entre cristianos no puede ser considerada ahora como una desgracia más, sino como malicia e impiedad conscientes por parte del ser humano que la inicia, lo que avala la intervención de la libertad y responsabilidad del hombre en el proceso:
“Se podría quizá soportar las guerras si nos hicieran únicamente desgraciados y no también malhechores e impíos; si la paz se limitara a hacernos más dichosos y no también mejores” [42]
La conclusión es obvia, si en un estadio pre-cristiano para Erasmo la guerra podía ser considerada como un mal físico por causas en las que la libertad se encontraba fuertemente condicionada, ahora sí se podría considerar un mal moral cuya base es el alejamiento deliberado de la verdadera paz contenida en el evangelio de Cristo.
Alberto Alvarez Alonso
Bibliografía
§ Walter BRUGGER (Ed.), Diccionario de filosofía, Herder, Barcelona 1965.
§ José FERRATER MORA (Ed.) Diccionario de Filosofía, Alianza Editorial, Barcelona 1997.
Walter KASPER, "El mal como problema teológico", en Fe cristiana y sociedad moderna, Madrid 1986.
§ Andrés TORRES QUEIRUGA, "El mal en perspectiva filosófica", en Fe cristiana y sociedad moderna, Madrid 1986.
§ Erasmo,”La guerra es dulce para quienes no la han vivido”,en Escritos de Crítica religiosa y política, ed. De M.A. Granada, Círculo de lectores, Barcelona,1996.
§ Joaquín BARCELÓ,”Selección de escritos de Erasmo de Rótterdam”, en Estudios Públicos 61(1996).
§ Mónica CABALLÉ CRUZ,”El Vedanta Advaita ante el sufrimiento,” en Moisés GONZÁLEZ GARCÍA Filosofía y dolor. Editorial Tecnos, Madrid 2006.
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[1] Cf. NAUMANN, "Mal" en Walter BRUGGER (Ed.), Diccionario de filosofía, Herder, Barcelona 1965, p. 294-295.
[2] Cf. "Mal" en José FERRATER MORA (Ed.) Diccionario de Filosofía, Alianza Editorial, Barcelona 1997, p. 2083.
[3] Cf. Walter KASPER, "El mal como problema teológico", en Fe cristiana y sociedad moderna, Madrid 1986, p. 201.
[4] Cf. NAUMANN, "Mal", en Walter BRUGGER (Ed.), Diccionario de filosofía, Herder, Barcelona 1965, p. 294.
[5] Cf. Walter KASPER, "El mal como problema teológico", en Fe cristiana y sociedad moderna[s.e.], Madrid 1986, pp. 201-204.
[6]Cf. Andrés TORRES QUEIRUGA, "El mal en perspectiva filosófica", en Fe cristiana y sociedad moderna, Madrid 1986, p. 183.
[7] Cf. Walter KASPER, "El mal como problema teológico", en Fe cristiana y sociedad moderna, Madrid 1986, p. 204.
[8] Cf. Ibid., p. 206.
[9] Cf. Erasmo,”La guerra es dulce para quienes no la han vivido”, en “Escritos de Crítica religiosa y política”, ed. De M.A. Granada, Círculo de lectores, Barcelona,1996, pp.155-159.
[10] Cf.Ibid.,p156
[11] Cf.Ibid.,p156
[12] Cf.Ibid.,p156
[13] Cf.Ibid.,p157
[14] Cf.Ibid.,p158
[15] Cf.Ibid.,p159
[16] Cf.Ibid.,p154
[17] Cf.Ibid.,p155
[18] Cf.Ibid.,p155
[19] Cf.Ibid.,p160-161
[20] Cf.Ibid.,p161
[21] Cf.Ibid.,p155
[22] Cf.Ibid.,p155
[23] En la p.160, vuelve Erasmo a calificar la guerra como “locura general”,siendo ésta su característica fundamental a lo largo del ensayo; la antítesis de la racionalidad y por tanto indicio de una desnaturalización y deshumanización del hombre.
[24] La filosofía oriental distingue entre sufrimiento como sensación psicológica de desagrado que surge cuando nos resistimos a lo que sucede y pretendemos otra cosa y dolor como factor inherente a la existencia sensible e indisociable de ella.Véase Mónica CABALLÉ CRUZ,”El Vedanta Advaita ante el sufrimiento” en Moisés GONZÁLEZ GARCÍA Filosofía y dolor. Editorial Tecnos, Madrid 2006,p.44-45
[25] ERASMO, Elogio de la locura, cit. Por Joaquín BARCELÓ,”Selección de escritos de Erasmo de Rótterdam”, en Estudios Públicos 61(1996),p.37.
[26] Algo parecido es lo que ocurre en el relato de la caída del Génesis, pero mientras para San pablo este hecho corrompe todo el ser del hombre de manera irremediable introduciendo la muerte( Rom 5,12-19), el mal de la guerra se introduce originariamente sólo en la mente humana.
[27] Quizá ,por esta razón, entre las causas barajadas por Erasmo como germen de la guerra (demonio, peste, calamidad o furia) hay dos que se imponen al hombre sin contar con su libertad, pero hay otras dos de origen infernal que como personificación del mal intentan inculcar al ser humano la pasión por la guerra, siendo necesaria en la dinámica de una supuesta tentación, el asentimiento o la negación del hombre a través de su libertad. No será este el único lugar donde Erasmo haga referencia a estas figuras infernales situándolas en el origen de la guerra. Véanse líneas 175-180 Y 585-590.
[28] Erasmo ,”La guerra es dulce para quienes no la han vivido”,en “Escritos de Crítica religiosa y política”, ed. De M.A. Granada, Círculo de lectores, Barcelona,1996, pp.166.
[29] Cf.Ibid.,p166.
[30] Cf.Ibid.,p167
[31] Cf.Ibid.,p167
[32] Cf.Ibid.,pp.169-170
[33] Cf.Ibid.,p172
[34] Cf.Ibid.,p180
[35] Cf.Ibid.,pp184-185.
[36] Cf.Ibid.,p185
37] Cf.Ibid.,p187
[38] Cf.Ibid.,p187
[39] Cf.Ibid.,p187
[40] El documento se basa en la leyenda de san Silvestre, que aparece en la : " historia de los francos" de Gregorio de Tours, escrita en Italia en el siglo V. Según este relato, el papa Silvestre l, había curado a Constantino de la lepra . En agradecimiento, el emperador había hecho a Silvestre, no solo el jefe de todos los sacerdotes de Roma, sino que había renunciado a su título imperial, en favor de Silvestre.
[41] Cf.Ibid.,p196
[42] Cf.Ibid.,p176
arbil 123 – VII. MMX
ESTOS SON LOS ELEMENTOS TRADICIONALES ENUMERADOS EN LA DOCTRINA LLAMADA DE LA "GUERRA JUSTA". LA APRECIACIÓN DE ESTAS CONDICIONES DE LEGITIMIDAD MORAL PERTENECE AL JUICIO PRUDENTE DE QUIENES ESTÁN A CARGO DEL BIEN COMÚN». 
(Catecismo de la Iglesia Católica, 2309).
Si esta responsabilidad justifica la posesión de medios suficientes para ejercer el derecho a la defensa, de todos modos los Estados tienen la obligación de hacer todo lo posible para
«garantizar las condiciones de la paz no sólo en su propio territorio, sino en todo el mundo» (Consejo Pontificio de la Justicia y la Paz, «El comercio internacional de armas», 1 de mayo de 1944). No hay que olvidar que 
«una cosa es utilizar la fuerza militar para defenderse con justicia y otra muy distinta querer someter a otras naciones. La potencia bélica no legitima cualquier uso militar o político de ella. Y una vez estallada lamentablemente la guerra, no por eso todo es lícito entre los beligerantes» (Concilio Vaticano II, «Gaudium et spes», 79).
ZS04102712 VAT. 2004-10-26 LA LEGÍTIMA DEFENSA - NÚMERO 500 - TUCÍDIDES O LA NECESIDAD HISTÓRICA DE LA GUERRA.
Por Agapito Maestre y Javier Campos
Ya el poeta más antiguo de Grecia hacía decir a uno de sus héroes que es locura amar la guerra. Probablemente no haya sentir más compartido en la historia de la humanidad. Sin embargo, esta condena unánime tiene en la otra cara una figura inquietante y también absoluta: la necesidad de la guerra, demostrada justamente por el hecho de que se da sin tregua pese a la mejor voluntad para evitarla.
La guerra es el mal inevitable, la más humana inhumanidad, que sigue entrando en nuestras vidas con la misma urgencia y la misma demanda: una lección de realismo que nos obliga a aceptar lo más odioso y abrir la puerta a su justificación en nombre de las cosas como son.
Tucídides
🔺Tucídides (en griego ático, Θουκυδίδης Thūkydídēs: Antigua Atenas, c. 460 a. C. - Traciac. ¿396 a. C.?) fue un historiador y militar ateniense. Su obra Historia de la Guerra del Peloponeso recuenta la historia de la guerra del siglo V a. C. entre Esparta y Atenas hasta el año 411 a. C. Tucídides ha sido considerado como el padre de la "historiografía científica" debido a sus estrictos estándares de recopilación de pruebas y de sus análisis en términos de causa-efecto sin referencia a la intervención de dioses, tal y como él mismo subraya en su introducción a su obra.
También ha sido considerado el padre de la escuela del realismo político, que valora las relaciones entre las naciones en función de su poder, y no en razón de la justicia.Su texto todavía se estudia en academias militares avanzadas de todo el mundo, y el Diálogo de los melios continúa siendo una importante obra en el estudio de la teoría de las relaciones internacionales.

Si se trata de explorar los ancestros de esta enseñanza tan cruda, y tan importante para el pensamiento ético y político de nuestra civilización que no parece tener tiempo, Tucídides es sin duda nuestro autor, para empezar porque se creía capaz de sacar de los hechos adecuadamente exploradas lecciones, que eran como tesoros "para siempre". 
R. Walzer, a quien debemos una de las reflexiones más logradas y admiradas sobre la espinosa cuestión de la aceptabilidad de las guerras, no deja lugar a dudas sobre la genealogía del problema: en un principio fue Tucídides, y más concretamente su relato de un minúsculo episodio de la guerra cuya relación conocemos por el título de Historia de la Guerra del Peloponeso, que ubicamos con tanta naturalidad entre los años 431 y 405 de antes de Nuestro Señor.
Según cuenta Tucídides en el libro V de esta obra sin par, Melos era una pequeña isla del Egeo que ha gozado hasta el momento (416 a. C.) de la neutralidad. Los atenienses envían en ese año una expedición para someterla. Previamente a los combates se produce una negociación entre embajadores atenienses y consejeros melios donde se intenta solventar el problema sin recurrir a las armas. Tucídides reproduce las negociaciones en forma de diálogo, con breves intervenciones de las dos partes, creando así un modo único de exposición histórica. Los melios piden mantener su situación neutral, los atenienses hacen ver que en una guerra como la que está en curso no pueden permitirse neutralidades, que serían consideradas signos de debilidad. Los atenienses se declaran sujetos a una necesidad que no admite otra respuesta que el sometimiento. Justicia y piedad, en fin, no tienen en el lenguaje de los atenienses un sentido en el orden de los hechos: son palabras sin fuerza.
Los expedicionarios atenienses desembarcaron en Melos e invadieron el país, y después solicitaron un parlamento con las autoridades; que les negaron, según cuenta Alfonso Reyes, en una las más bellas reconstrucciones que se hayan hecho nunca del relato de Tucídides, la ocasión de expresarse ante la asamblea del pueblo, "acaso por miedo a la seducción inmediata de un discurso sin interrupciones"; "y se los remitió a la negociación en privado con los magistrados y oligarcas de la ciudad". Los atenienses fueron tajantes con los melios:
"No haremos, pues, discursos. Tampoco los hagáis vosotros. Propondremos nuestras bases una a una y vosotros las iréis contestando".
LOS MELIOS, SIN EMBARGO, TRATAN DE HABLAR. HE AQUÍ, SEGÚN LA RECONSTRUCCIÓN DE REYES, UN BREVE RETAZO DEL DESCARNADO DIÁLOGO DE LOS DOS CONTENDIENTES.
–¿Te sometes, por la buena, a mi imperio?
–¿Cómo por la buena, si ya me has invadido militarmente y eres ya el juez de la disputa? Si te demuestro que tengo razón, me harás la guerra. Si te acepto, seré tu esclavo.
–No vengo a que calcules sobre tu porvenir, sino a que escojas tu salvación. Vencí al persa y me corresponde ser el amo. Tu rehusa será una ofensa. No alegues que te resistes por ser colono lacedemonio. La justicia es un buen argumento entre dos partes sujetas a igual necesidad. Cuando uno es fuerte y otro débil, no hay argumento válido: manda el interés.
Los melios, sí, resistieron, pero la ciudad fue tras un asedio largo tomada y arrasada. Se trata de un acontecimiento de escaso valor, como la misma isla de que se trata, si tomamos en consideración la influencia que tiene en el conjunto de la historia contada, así que caben pocas dudas de que Tucídides, tan cuidadoso de la economía, otorga a la triste suerte de los melios un carácter ejemplar inverso a su tamaño, que ha sido, en efecto, bien percibido a lo largo de la historia.
¿CÓMO DESCUBRIÓ TUCÍDIDES QUE ESTA TERRIBLE NECESIDAD OPERA EN LA GUERRA COMO EN NINGUNA OTRA ACTIVIDAD HUMANA, ESA GUERRA QUE ÉL MISMO DECLARA ODIOSA EN BOCA DE SU HÉROE PERICLES?.
Busto de Pericles en el Museo Pío-Clementino de Roma. Hecho en mármol, es una copia romana de un original griego.
🔺Pericles (c. 495 a. C.- 429 a. C.) (en griego Περικλῆς, ‘rodeado de gloria’) fue un importante e influyente político y orador ateniense en los momentos de la edad de oro de la ciudad (en concreto, entre las Guerras Médicas y las del Peloponeso). Fue hijo de Jantipo, artífice de la victoria helena sobre los persas en la batalla de Micala (479 a. C.). Fue el principal estratega de Grecia. Gran dirigente, hombre honrado y virtuoso. Llamado el Olímpico, por su imponente voz y por sus excepcionales dotes de orador.
Pericles tuvo tanta influencia en la sociedad ateniense que Tucídides, un historiador coetáneo, lo denominó como «el primer ciudadano de Atenas».
La mayoría de templos de la Acrópolis de Atenas se construyeron promovidos por Pericles.
Tucídides había sido elegido casi diez años antes general de los atenienses, de modo que conocía bien de qué hablaba. En el 423 fue castigado con el exilio por no haber sido capaz de socorrer la población y en el exilio pasó veinte años de su vida, es decir lo que quedaba de esa guerra cuya grandeza, nos asegura al comienzo de su obra, supo percibir desde el primer momento. Ahora bien, es en su exilio donde hace Tucídides el primer descubrimiento importante, el del observador adecuado de las cosas humanas que nosotros, a falta de un equivalente más cercano, llamamos historiador, aunque, como señalaba Paul Veyne, sería mejor relacionar con el periodista o, con Foucault, con el juez de instrucción.
SE TRATA, NOS APRESURAMOS A DECIR, DE UN HISTORIADOR SIN ACADEMIA, LIBÉRRIMO, QUE PERSIGUE LA VERDAD DE LOS HECHOS SABIENDO QUE ÉSTOS PRONTO SE DILUYEN EN RELATOS LASTRADOS DE INTERESES EN LOS QUE YA HECHOS Y PALABRAS SON INDISTINGUIBLES Y INEXORABLEMENTE PARCIALES. 
Tucídides parece creer que hay un breve espacio temporal en que todavía está abierta la posibilidad de descubrir la verdad de los hechos y de no deformar del todo las palabras dichas en el curso de esos hechos, de modo que puede construirse una relación de lo sucedido definitiva y cierta, de la que cabe aprender para siempre. El exiliado es un candidato inmejorable para llevar a cabo esta tarea tan exigente, tan meticulosa de seguimiento de la verdad, en la que un conocimiento de primera mano se hace guardando las debidas distancias, que salvan de la parcialidad por encima incluso del patriotismo.
Tucídides inventa, pues, una figura de la autoridad completamente nueva, del género de las invocadas hoy por Rosanvallon para renovar la dañada legitimidad democrática, como es la que deriva de la imparcialidad, inventada ya por Homero, nos decía Arendt, pero despojada del oropel poético, sospechoso siempre. Tucídides es, en suma, un historiador del tiempo presente que parece precaverse de las futuras manipulaciones de la memoria histórica. Y el exilio, su exilio, es la condición de la objetividad del historiador. Bendita objetividad. Tan lejos de los académicos y eruditos de nuestras instituciones como tan cerca del exiliado de mirada limpia.
¿Y QUÉ DESCUBRE TUCÍDIDES A ESA DISTANCIA MEDIANA, EN ESE ESPACIO CASI DE EQUILIBRISTA POR EL QUE CIRCULA DURANTE VEINTE AÑOS VIENDO Y PREGUNTANDO, COTEJANDO Y COMPROBANDO?.
Para empezar, que hay en la guerra una extraña fenomenología.
Por ejemplo
que hay guerras declaradas sin que los contendientes se enfrenten en el campo de batalla, sino que su lucha es la preparación para el enfrentamiento que ha de venir. 
Constata de este modo que dos guerras convencionales, separadas por diez años de paz engañosa, son en realidad una sola única hostilidad desplegada en grados diferentes de intensidad bélica. 
En segundo lugar, Tucídides muestra en el relato de esta guerra que la acción humana transita de manera que,
una vez surgida la diferencia que genera la riqueza, o bien se vuelca al dominio exterior en forma de imperio, o bien refluye sobre sí misma en forma de guerra civil: las sociedades, o bien se expanden sometiendo a otras a sus intereses, o bien se autodestruyen en rivalidades internas. 
He aquí el segundo descubrimiento tucidídeo que tan cercano suena del Hobbes más puro. Existe todavía una tercera lección, esta ya, a diferencia de la anterior, definitivamente política, porque tiene que ver con lo que los hombres pueden hacer.
La suerte de las sociedades está dictada no sólo por esa triste ley de la guerra necesaria, también por el juego de sus instituciones.
VEINTICINCO SIGLOS DESPUÉS DE TUCÍDIDES, SIGUEN SONANDO A PROPÓSITO DE LA GUERRA LAS MISMAS VOCES QUE SE OYERON EN EL DIÁLOGO DE LOS MELIOS. 
Tras una apariencia de valores universalmente reconocidos, todo el mundo queda a la espera de lo que está por revelarse y demanda de los profetas en circulación un conocimiento definitivo: ¿qué se juega realmente en la batalla, qué la ha hecho inevitable? No sabemos qué responderán los sabios, pero la gente como Tucídides se pondría humildemente a investigar lo que se hace y se dice para descubrir dónde el destino se libra de la necesidad, dónde el designio de los seres humanos se libra de la guerra. Tucídides fue tan consciente de su tarea que así empezó su obra:
Tucídides (sic) el ateniense compuso la historia de los peloponesios y los atenienses, tal como la llevaron a cabo unos contra otros, se puso manos a la obra inmediatamente, a los primeros síntomas.
En fin, la vigencia de Tucídides podría sintetizarse así: 
si la guerra es inevitable, entonces regúlese. ¡Guerra justa! Quién lo sabe. La duda persiste: ¿son las guerras necesarias para mantener la civilización?
http://historia.libertaddigital.com/tucidides-o-la-necesidad-historica-de-la-guerra-1276238867.html
CDV. 12.IV.MMXI
‘PACTA SUNT SERVANDA’ (LOS PACTOS DEBEN SER RESPETADOS). ONU.
La Santa Sede ha pedido que la organización de las Naciones Unidas pueda desempeñar un papel clave para asegurar el respeto a los tratados internacionales.
Así lo expresó el arzobispo Celestino Migliore, observador permanente de la Santa Sede ante Naciones Unidas, el pasado 26 de octubre en la 62 Asamblea General, en su intervención sobre el primado de la ley en el ámbito nacional e internacional.
«El papel de Naciones Unidas en la creación y aplicación de los tratados internacionales es fundamental. Asegurando que los principios de libre consenso, de la buena fe y del ‘pacta sunt servanda’ (los pactos deben ser respetados), esta organización garantiza que las relaciones entre los estados estén reguladas por tratados internacionales aplicables, y guiadas por la razón, la justicia y negociaciones honestas, en lugar de por el miedo, la fuerza o la manipulación».
«A la hora de hacer respetar estos tratados, Naciones Unidas debe ser un árbitro neutral y debe respetar la intención y el deseo de las partes. Un sistema de tratados que resulte opaco o no fiable para los estados miembros, puede minar el fundamento del primado de la ley y disminuye la credibilidad y la legitimidad de Naciones Unidas, como promotora y garante del derecho internacional», explicó.
El arzobispo Migliore indicó que algunos estados no tienen la
  • «capacidad técnica de afrontar todas sus obligaciones internacionales».
  • «La asistencia técnica a estos países es por tanto de fundamental importancia, si se deben respetar el derecho internacional y los tratados», dijo.
En cuanto al terrorismo, el arzobispo observó que 
  • «el primado de la ley es a veces difícil de aplicar a terroristas que tienen poco respeto a la misma o no lo tienen en absoluto».
  • «Los estados no deben tomar medidas contrarias a los principios que les dan legitimidad mediante el primado de la ley».
El arzobispo Migliore subrayó que la delegación de la Santa Sede cree que hace falta continuar el debate sobre el modo de tratar con estados u organizaciones que cometen crímenes contra la humanidad.
«Ulteriores progresos se han hecho también en el documento sobre Resultados de la Cumbre Mundial con el que, entre otras cosas, todos los estados miembros afirmaron la responsabilidad internacional colectiva de defender a las poblaciones del genocidio, crímenes de guerra, limpiezas étnicas y crímenes contra la humanidad, y su voluntad de actuar de modo oportuno y decidido a este fin, a través del Consejo de Seguridad, cuando los medios pacíficos se revelan inadecuados, y es evidente que las autoridades nacionales no logran hacerlo».
«Mi delegación cree que hace falta proseguir el debate y la codificación jurídica en esta línea, en la que la soberanía no se entiende como un derecho absoluto, que se usa como escudo contra la implicación exterior, sino como responsabilidad no sólo de defender a los ciudadanos sino de promover su bienestar», comentó.
«Mediante la creación de normas, arbitrio de disputas legales, e instituciones de salvoconductos, sobre todo cuando los estados fracasan en su tarea defensiva, la organización de las Naciones Unidas está llamada a ser un foro propulsor para el primado de la ley en cada rincón del planeta», concluyó. 30.X.2007
GENOCIDIO
  • «Medida o acción destinada a la exterminación o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de su etnia, nacionalidad, religión o ideología política». Definición de un Diccionario de Sociología (Giner, Lamo de Espinosa y Torres, 2007). 
El término comenzó a emplearse cuando el mundo tuvo noticia de la persecución padecida por el pueblo judío durante la Segunda Guerra Mundial. En diciembre de 1948, Naciones Unidas adoptó la convención que fija su definición canónica. Hoy 2009, tras una segunda mitad del siglo XX no exenta de genocidios (Bosnia, Kosovo, Ruanda y Zaire), algunos no resisten la tentación de utilizarla de forma abusiva, cuando no grotesca.
NO A LA GUERRA, NO AL ABORTO - ROTUNDAMENTE NO A LA GUERRA Y A LA PENA DE MUERTE; PERO TAMBIÉN ROTUNDAMENTE NO AL ABORTO.
“Puede haber una legítima diversidad de opinión entre católicos respecto de ir a la guerra y aplicar la pena de muerte, pero no, sin embargo, respecto del aborto y la eutanasia” (Carta del Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe al Cardenal Theodore McCarrick, Arzobispo de Washington, presidente de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos, 2004).
Si inocentes son los que mueren en la guerra, también son inocentes los concebidos en el seno materno, con el agravante, en este segundo caso, de que es la propia madre la autora del crimen o asesinato.
Prestigiosos ginecólogos de todo el mundo quienes lo certifican, entre ellos el más cruel de todos, arrepentido ante Dios y la sociedad entera de todos cuantos abortos provocó. 2003-02-22
Cristianos perseguidos por el régimen islamista de Sudan-2004.
«LA CRUELDAD DE LA GUERRA» Número 497
  • El Magisterio condena «la crueldad de la guerra» (Concilio Vaticano II, «Gaudium et spes», 77; Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2307-2317) y pide que se examine con mentalidad totalmente nueva (Cf. Concilio Vaticano II, «Gaudium et spes», 80): 
  • de hecho, «en nuestra época, que se jacta de poseer la energía atómica, resulta un absurdo sostener que la guerra es un medio apto para resarcir el derecho violado» (Juan XXIII, «Pacem in terris», 127) 
  • La guerra es un «flagelo» (León XIII, Alocución al Colegio de los Cardenales, Acta Leonis XIII, 19, 1899, 270-272) 
  • y no representa nunca un medio idóneo para resolver los problemas que surgen entre las naciones: «No lo ha sido nunca y nunca lo será» (Juan Pablo II, «Encuentro con el Vicariato de Roma, 17 de enero de 1991; Cf. Discurso a los obispos de rito latino de la región árabe, 1 de octubre de 1990), 
  • pues genera conflictos nuevos y más complejos (Pablo VI, Discurso a los cardenales, 24 de junio de 1965). 
  • Cuando estalla la guerra se convierte en una «masacre inútil» (Benedicto XV, Llamamiento a los jefe de los pueblos beligerantes, 1 de agosto de 1917), 
  • una «aventura sin regreso» (Juan Pablo II, discurso en la audiencia general del 16 de enero de 1991), 
  • que compromete el presente y pone en peligro el futuro de la humanidad: «Nada se pierde con la paz. Todo puede perderse con la guerra» (Pío XII, Radiomensaje del 24 de agosto de 1939; Juan Pablo II, Jornada Mundial de la Paz 1993, 4; Cf. Juan XXIII, «Pacem in terris»: AAS 55). 
  • Los daños causados por un conflicto armado no son sólo materiales, sino también morales (Concilio Vaticano II, «Gaudium et spes», 79). 
  • La guerra es, en definitiva, «el fracaso de todo auténtico humanismo» (Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1999, 11) 
  • «es siempre una derrota de la humanidad» (Juan Pablo II, Discurso al cuerpo diplomático, 13 de enero de 2003): 
  • «Nunca jamás los unos contra los otros; jamás, nunca jamás... ¡Nunca jamás guerra! ¡Nunca jamás guerra!» (Cf. Pablo VI, Discurso a la Asamblea General de las Naciones Unidas, 4 de octubre de 1965).
  • La Iglesia ve como signo de esperanza la «la aversión cada vez más difundida en la opinión pública a la pena de muerte, incluso como instrumento de "legítima defensa" social, al considerar las posibilidades con las que cuenta una sociedad moderna para reprimir eficazmente el crimen de modo que, neutralizando a quien lo ha cometido, no se le prive definitivamente de la posibilidad de redimirse» (Juan Pablo II, «Evangelium vitae», 27). 
  • Si bien la enseñanza tradicional de la Iglesia, garantizada la comprobación de la identidad y de la responsabilidad del culpable, no excluye el recurso a la pena de muerte, «si ésta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas» (Catecismo de la Iglesia Católica, 2267), 
  • los medios incruentos de represión y castigo son preferibles, pues «corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona humana» (Catecismo de la Iglesia Católica, 2267). 
PENA DE MUERTE
La creciente aversión de la opinión pública y las diferentes medidas orientadas a su abolición, o la suspensión de su aplicación, constituyen visibles manifestaciones de una mayor sensibilidad moral. Pena de muerte - Número 405

  • El creciente número de países que adoptan medidas para abolir la pena de muerte o para suspender su aplicación es también una prueba de que los casos en los que es necesario acabar con la vida del culpable «son ya muy raros, por no decir prácticamente inexistentes» (Juan Pablo II, «Evangelium vitae», 56; Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 2001, 19, donde se define el recurso a la pena de muerte «absolutamente innecesario»).

«Cuántas veces vamos experimentando que se van ampliando los frentes de una guerra y más se va complicando una solución pacífica. No podemos montar ejércitos de paz pero sí podemos montar los ejércitos de los espíritus que imploran la paz, para que en las conciencias vaya penetrando que vale más un día de paz que años de guerra».
... LA SOCIEDAD DEMOCRÁTICA NO PUEDE PERDONAR A LOS TERRORISTAS SIN SOCAVAR SUS PROPIOS CIMIENTOS.
Por tal motivo, no cabe el perdón en un sentido jurídico, aunque sí pueda haberlo con un significado moral...
Y, sin embargo, somos nosotros ‘las victimas’ y no ellos ‘terroristas’, los que poseemos esa sabiduría que todos quisiéramos no haber adquirido, pero que nos ha otorgado la experimentación del dolor. 
«El sufrimiento -como dejó escrito Dzevad Karahasan en su diario sobre Sarajevo- es una forma importante de conocimiento»; un conocimiento que nos hace conscientes de la ilimitada profundidad de la maldad humana, y que nos señala que ésta puede acabar impregnando a las instituciones, la política y la vida cotidiana hasta sus más apartados rincones. 2006
LA IGLESIA ORA SIEMPRE E INVITA A ACTUAR PARA QUE EL AMOR PREVALEZCA SOBRE EL ODIO, LA PAZ SOBRE LA GUERRA, LA VERDAD SOBRE LA MENTIRA, EL PERDÓN SOBRE LA VENGANZA.
Jesús, fuente de unidad y de paz, fortalece la comunión en tu Iglesia, da vigor al movimiento ecuménico, para que con la fuerza de tu Espíritu, todos tus discípulos sean uno. Tú que nos has dado como norma de vida el mandamiento nuevo del amor, haznos constructores de un mundo solidario, donde la guerra sea vencida por la paz, la cultura de la muerte por el compromiso en favor de la vida.
LA ONU NO CONDENA LA GUERRA, CONDENA LA AGRESIÓN INJUSTIFICADA.
Se guarda el derecho de poder lanzar una intervención militar en defensa de la paz y la estabilidad internacional. MMVI.
‘DIOS TIENE EN SU MANO EL ALMA DE TODO SER VIVIENTE Y EL SOPLO DE TODA CARNE DE HOMBRE’ (Jb 12, 10).
  • Toda vida humana, desde el momento de la concepción hasta la muerte, es sagrada, pues la persona humana ha sido amada por sí misma a imagen y semejanza del Dios vivo y santo.
  • Causar la muerte a un ser humano es gravemente contrario a la dignidad de la persona y a la santidad del Creador.
  • La prohibición de causar la muerte no suprime el derecho de impedir que un injusto agresor cause daño. La legítima defensa es un deber grave para quien es responsable de la vida de otro o del bien común.
  • Desde su concepción, el niño tiene el derecho a la vida. El aborto directo, es decir, buscado como un fin o como un medio, es una práctica infame (cf GS 27, 3), gravemente contraria a la ley moral. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana.
  • Porque ha de ser tratado como una persona desde su concepción, el embrión debe ser defendido en su integridad, atendido y cuidado médicamente como cualquier otro ser humano.
  • La eutanasia voluntaria, cualesquiera que sean sus formas y sus motivos, constituye un homicidio. Es gravemente contraria a la dignidad de la persona humana y al respeto del Dios vivo, su Creador.
  • El suicidio es gravemente contrario a la justicia, a la esperanza y a la caridad.Está prohibido por el quinto mandamiento.”
  • El escándalo constituye una falta grave cuando por acción u omisión se induce deliberadamente a otro a pecar.”
  • A causa de los males y de las injusticias que ocasiona toda guerra, debemos hacer todo lo que es razonablemente posible para evitarla. La Iglesia implora así: ‘del hambre, de la peste y de la guerra, líbranos Señor’.
  • La Iglesia y la razón humana afirman la validez permanente de la ley moral durante los conflictos armados. Las prácticas deliberadamente contrarias al derecho de gentes y a sus principios universales son crímenes.
  • ‘La carrera de armamentos es una plaga gravísima de la humanidad y perjudica a los pobres de modo intolerable’ (GS 81, 3).
‘Bienaventurados los que construyen la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios’ (Mt 5, 9).
GUERRA JUSTA Y ATAQUE PREVENTIVO
Por Josep Ignasi SARANYANA doctor en Teología y en Filosofía
El orgullo herido de los norteamericanos ha resucitado un sintagma bélico: "Ataque preventivo". Ya lo practicaron los antiguos, desde Julio César hasta Fernando el Católico por parecidos motivos. Algunos sospechan que la revancha americana persigue objetivos económicos, como asegurarse el petróleo iraquí. Otros estiman que Bush se ha obcecado con su papel "mesiánico" de salvaguardar la paz y el orden mundial.
Mientras, le ha salido una voz discordante e inesperada: la carta de mons. Wilton Gregory, presidente de la Conferencia Episcopal norteamericana. Se ha sumado el nuevo presidente del Consejo Pontificio de Justicia y Paz, mons. Renato Raffaele Martino. Éste manifiesta reservas morales y jurídicas, subrayando que, según las normas de derecho internacional, un país no puede atribuirse por sí mismo una titularidad privilegiada para adoptar la paz o declarar la guerra. En un mundo globalizado, es imposible una guerra circunscrita localmente: nos afectaría a todos.
Mons. Renato Raffaele Martino recuerda, con la teología católica, las cuatro condiciones que legitimarían una guerra como solución extrema: 
  • causa justa, 
  • proporcionalidad entre la ofensa y la respuesta, 
  • garantías para la población civil 
  • y probabilidad de éxito
LA GUERRA ES UN MAL, Y EL ATAQUE PREVENTIVO NO ES SIEMPRE UNA LEGÍTIMA DEFENSA.
Puede serlo o no. En todo caso, dilucidarlo no es asunto interno y exclusivo de una nación. Están en juego el pretendido orden mundial... y demasiadas vidas humanas.
«Donde los derechos religiosos de las minorías se atacan en nombre del islam, el nombre del propio islam queda manchado» 2006-06-06 Monseñor Giovanni Lajolo, Secretario para las Relaciones con los Estados de la Santa Sede, denuncia.
ACLARANDO LA VISIÓN DE LA IGLESIA SOBRE LA GUERRA
Conversación con el cardenal James Francis Stafford - ROMA, sábado, 39 mayo 2004.
Algunos puntos de vista expresados por estudiosos católicos en torno a la enseñanza de la Iglesia sobre la guerra y la postura de Juan Pablo II pueden haber sido poco precisos, dice el cardenal James Francis Stafford.
En una entrevista concedida a Zenit, el cardenal norteamericano criticaba algunas opiniones que han emergido en los actuales debates sobre la guerra en Irak. El cardenal es el penitenciario mayor de la Penitenciaría Apostólica, un tribunal de la Santa Sede, y antes ha sido arzobispo de Denver.
LAS OPINIONES PRESENTADAS POR ALGUNOS ESTUDIOSOS CATÓLICOS HAN LLAMADO LA ATENCIÓN SOBRE CUESTIONES CLAVE.
  • ¿Hay una presunción en contra de la guerra en la enseñanza católica? 
  • ¿Qué quiere decir el Papa cuando habla de intervención humanitaria? 
  • ¿Cuál es la postura de la Santa Sede sobre las Naciones Unidas, una organización que con frecuencia se opone a la enseñanza católica?
El cardenal Stafford ha respondido en particular a los comentarios hechos por los estudiosos George Weigel y James Turner Jonson en una conferencia en Roma el pasado abril 2004.
Weigel preguntaba
  • «¿Es la posición de la Iglesia católica sobre el uso moralmente legítimo de la fuerza armada – si esa posición se manifiesta en el testimonio personal del Papa, la diplomacia de la Santa Sede, o la "postura por defecto" que se encuentra en las agencias importantes del Vaticano – una forma de pacifismo funcional, una forma de pensar que asume el aparato intelectual de la tradición de la tradición de la guerra justa en el razonamiento moral, pero que nunca traspasa la línea en la oposición al uso de la fuerza armada?».
  • «Puede parecer que los últimos acontecimientos justifican una respuesta positiva a esta pregunta», afirmaba Weigel. «Pero entonces, ¿qué se puede pensar de la insistencia de Juan Pablo II en un "deber" de "intervención humanitaria" que incluiría el uso de la fuerza armada proporcionada y discriminada, en los casos de un genocidio inminente o real?».
A estas preguntas, el cardenal Stafford respondía
  • «El Papa no habla primero de intervención humanitaria sino de asistencia humanitaria».
  • «En su Mensaje para el Día Mundial de la Paz del 2000, el Papa habló del derecho de "asistencia humanitaria"», afirmaba el cardenal. «Habló de esto dentro del contexto de "los conflictos armados que tienen lugar dentro de los estados... En su mayor parte, tienen su raíz en motivos históricos de muchos años de carácter étnico, tribal o incluso religioso, a los que hay que añadir hoy en día, otras causas ideológicas, sociales y económicas. Estos conflictos internos, emprendidos generalmente con el uso a gran escala de armas de pequeño calibre y de las así llamadas "armas ligeras" – armas que de hecho son extraordinariamente letales- suelen tener graves consecuencias de que se extiendan más allá de las fronteras del país en cuestión, implicando intereses y responsabilidades exteriores».
  • «En primer lugar, el Papa habla de ayuda humanitaria», continuaba el cardenal Stafford. «Describía esto como "el valor preeminente de la ley humanitaria y el consecuente deber de garantizar el derecho a la ayuda humanitaria a los civiles y refugiados que sufren". Insistía luego en la grandísima importancia de continuar negociando en tales conflictos.
  • «Posteriormente el Papa habla de la intervención humanitaria. Dice, "cuando la población civil corre peligro de sucumbir ante el ataque de un agresor injusto y los esfuerzos políticos y los instrumentos de defensa no violenta no han valido para nada, es legítimo, e incluso obligado, emprender iniciativas concretas para desarmar al agresor"».
  • «Por lo que el contexto de la intervención humanitaria es: ¿Cómo se logra ayudar a la gente que está siendo oprimida por un conflicto interno dentro de un estado determinado?», observaba el cardenal. «La interpretación de George Weigel de la enseñanza del Papa sobre la intervención humanitaria está excesivamente abreviada e incluso resulta engañosa en lo que omite».
  • «Weigel dice que considera que tal intervención podría incluir el uso de la fuerza armada proporcionada y discriminada en casos de genocidio inminente o real», afirmaba el cardenal Stafford.
  • «Encuentro curioso que no haga mención de los calificadores inmediatos del Papa en relación a la decisión de una "intervención humanitaria", que son graves y específicos», añadía. « "(Estas medidas) han de estar circunscritas en el tiempo y deben ser concretas en sus objetivos, de modo que estén dirigidas desde el total respeto al derecho internacional, garantizadas por una autoridad reconocida en el ámbito supranacional y en ningún caso dejadas a la mera lógica de las armas"».
  • Continuaba el cardenal: «El principal calificador es que "habrá que hacer un mayor y mejor uso de lo que prevé la Carta de las Naciones Unidas". Esto es importante, son los calificadores que no mencionan ni Weigel ni Turner, es decir, se debe respetar la ley internacional, se debe implicar a esta organización internacionalmente reconocida».
Johnson y Weigel afirman
  • que los obispos de Estados Unidos han falsificado la tradición católica de la guerra justa al proclamar que comienza con una «presunción en contra de la guerra», de manera que «la función de los criterios de la guerra justa es dar la vuelta a la "presunción en contra de la guerra"». En un documento de 1983, la conferencia episcopal de Estados Unidos sostenía que la doctrina católica contiene una «presunción en contra de la guerra».
A esto, el cardenal Stafford respondía
  • «La enseñanza del Papa en su mensaje del año 2000 equivale al significado de la frase de "presunción en contra de la guerra" de los obispos de Estados Unidos: "Con la guerra, la humanidad es la que pierde. Sólo desde la paz y con la paz se puede garantizar el respeto de la dignidad de la persona humana y de sus derechos inalienables. Frente al escenario de guerra del siglo XX, el honor de la humanidad ha sido salvado por los que han hablado y trabajado en nombre de la paz... Ejemplos luminosos y proféticos nos han dado quienes han orientado sus opciones de vida hacia el valor de la no-violencia"».
  • «Se debe observar», afirmaba el cardenal Stafford, «que el Papa pone explícitamente su elección enfática a favor de la paz en contra de la perspectiva de guerra total del siglo XX, no en contra de los conflictos tribales del norte de África en el siglo V, cuando San Agustín hizo la primera exposición de los criterios de la guerra justa. Creo que hay que mirar la declaración de los obispos a la luz del aborrecimiento del Papa por la guerra y cuando dice que es una derrota para la humanidad. «El mismo Papa está construyendo sobre la experiencia del siglo XX y modificando, según lo percibe él, los criterios de la guerra justa. Agustín no habla tan claro como lo hace el Papa, "la guerra es una derrota para la humanidad"».
El cardenal continuaba
  • «Creo que hay una evolución a la luz no sólo de Juan Pablo II sino también de Benedicto XV, en su propuesta de plan de paz de 1917, que fue rechazada por los aliados, y de Juan XXIII en 1963 en contra del contexto de guerra total que se había visto en Nagasaki, Hiroshima, Dresde... que es la indiferencia máxima hacia la población civil».
  • «Esto no lleva a un pacifismo funcional sino a una presunción en contra de la guerra preventiva», afirmaba el cardenal Stafford. «El Papa está diciendo que debemos agostar todo medio posible, incluyendo a la ONU, antes de que se pueda superar esta presunción. No creo que esto se vea acentuado por argumento neoconservadores».
EL ÉNFASIS DEL PAPA EN EL PAPEL DE LA ONU EN EL DERECHO INTERNACIONAL LO CONTRADICEN LOS CONSERVADORES QUE AFIRMAN QUE LAS NACIONES UNIDAS SON UNA ORGANIZACIÓN INEFICIENTE, INCAPAZ DE LLEVAR A CABO SUS MANDATOS Y, PEOR, QUE APOYA POLÍTICAS QUE SE OPONEN DIRECTAMENTE A LA ENSEÑANZA DE LA IGLESIA CATÓLICA.
Johnson llama a las Naciones Unidas «ineptas». Weigel afirma que es sorprendente que el apoyo de la Santa Sede a la organización
«se haya intensificado al mismo tiempo que la ONU y sus agencias filiales han adoptado políticas con respecto al aborto, la familia y la respuesta apropiada a la pandemia de SIDA en África, que se oponen a la enseñanza moral de la Iglesia católica».
El cardenal Stafford admitía que él también se muestra «disconforme» por algunas posturas de las Naciones Unidas. Pero afirma que es un «tema diferente».
  • «El Papa en varios mensajes con motivo del Día Mundial de la Juventud ha puesto de relieve la importancia de no simplemente confiar en las Naciones Unidas como existen ahora, sino de realzar sus capacidades para lograr la paz», declaraba el cardenal. «De hecho, vivimos en un mundo en que la única autoridad importante reconocida internacionalmente es la ONU».
  • «Estoy convencido de que la Santa Sede debe discernir críticamente el papel de las organizaciones no gubernamentales que son activistas muy fuerte de posiciones antifamilia, antivida, anticoncepción, pro aborto y pro-gays, posiciones que la ONU ha adoptado o hacia las que parece moverse. Pero esto es un tema diferente y creo que hay importantes aliados por todo el mundo que trascienden las culturas, incluyendo a las naciones islámicas, en los que la Santa Sede y los pueblos católicos y cristianos pueden confiar en cuanto a estas materias».
  • «Estamos viviendo en una situación moral muy ambigua en la que tanto el trigo como la cizaña están creciendo juntos y ya se sabe lo que Jesús dijo sobre esto: Déjalos crecer juntos», afirmaba el cardenal Stafford.
  • «¿Hasta cuándo toleraremos esto?», preguntaba. «Todavía no ha llegado el momento de decir que debemos desechar el apoyo de la Iglesia a las Naciones Unidas sobre la base de las posturas morales que está adoptando sobre los temas de la familia, el matrimonio y la vida».
Finalmente, el cardenal Stafford precisaba un elemento importante de la enseñanza católica sobre la guerra, mencionado por Juan Pablo II en repetidas ocasiones, que ha sido ignorado en los debates sobre el tema.
  • «Nadie ha mencionado el principal y repetido tema del Papa en la mayoría de sus mensajes para el Día Mundial de la Paz, al menos desde el 2001, de la necesidad absolutamente fundamental del perdón», afirmaba el cardenal. «El Papa Juan XXIII habló de él en 1963 cuando dijo que un programa de paz se basa "en el Evangelio de la obediencia a Dios, la misericordia y el perdón". Gran parte de los mensajes para el Día Mundial de la Paz desde 2001 se ha dedicado al perdón y la reconciliación.
  • «Nadie está hablando de que la comprensión y la práctica del perdón cristianas sean únicas. Sería importante estudiar el concepto musulmán de perdón. No parece ser un tema central, aunque las suras, las divisiones del Corán, se abren con la hermosa fórmula invocacional, "en el nombre de Dios, el Misericordioso, el Compasivo». La compasión y la misericordia a un Dios que perdona, y los musulmanes mencionan el perdón en algunas de sus oraciones».
El cardenal Stafford continuaba
  • «El Papa pone un gran hincapié en el perdón como condición para la paz – perdón de un ser humano a otro, y no sólo éste, sino también el de una sociedad a otra: es decir, perdonar el entero pasado de las cruzadas o de las naciones del Este de Europa, los Balcanes, antes de Viena. El perdón de todo esto, no es sólo individual, sino también social y cultural. ¿Cuánto de esto suena realmente como verdadero en la fe musulmana? ¿Qué papel tiene el perdón?».
  • «La religión musulmana rechaza la idea de redención», observaba el cardenal. «Los musulmanes rechazan la idea de la redención porque desean poner el énfasis en la responsabilidad humana por los propios pecados. Y uno debe, de manera pelagiana, abrirse totalmente a la misericordia de Dios. Pero no parece hacerse mucho énfasis en el elemento horizontal del perdón».
  • «¿Hay algo en la religión musulmana que fuera paralelo a la posición central dada al perdón en nuestro Padrenuestro: "Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden"? Jesús insiste en la conexión esencial entre el perdón vertical y el perdón horizontal».
Continuaba el cardenal
  • «Sería útil tener un diálogo basado en las enseñanzas del Santo Padre desde el 2001, volviendo al santo Juan XXIII en 1963, sobre que el fundamento de la paz de hoy ha de ser el perdón, la reconciliación—y su resonancia en la tradición religiosa islámica».
Y añadía: 
  • «Ninguno de los participantes incluidos en el diálogo que he leído en First Things, entre el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, y George Weigel habla de la centralidad de la enseñanza del Papa sobre el perdón y la reconciliación como condición para la paz – o más bien como una manera creativa de generar la paz internacional».
Por Delia Gallagher, colaboradora de Zenit y corresponsal del canal de televisión CNN en Roma. - ZSI04052901
RELEYENDO A TÁCITO - César Vidal
Mi pasión por los clásicos es conocida. No sólo encuentro en ellos un deleite continuo y renovado sino que además siempre tropiezo con episodios y referencias que, surgidos en Roma o la Hélade, parecen estar escritos esta misma mañana. 
Eso me ha sucedido en las últimas horas con Tácito, el gran historiador latino, autor de los «Anales», las «Historias o la Vida de Agrícola» de la que se ha cumplido el 1905 aniversario. Me lo ha recordado la afirmación del señor Rodríguez Zapatero, en el sentido de que tiene intención de retirar a las tropas españolas de Iraq. Semejante acción es posible que satisfaga al colectivo que gritó hasta la saciedad «No a la guerra» y a un electorado no muy ducho en geoestrategia.
Efigie figurada de Tácito
🔺Cornelio Tácito (en latín, Publius -o Gaius- Cornelius Tacitus; c. 55-c. 120) fue un historiador, senador, cónsul y gobernador del Imperio romano.
Sin embargo, a España la coloca a los pies de los caballos del terrorismo internacional. El mensaje lanzado con semejante decisión equivale a decir que España es una nación que, cuando es golpeada, salvaje, injusta y brutalmente, no responde sino que, por el contrario, se doblega. Lejos de agruparnos en torno a los que encarnan nuestras instituciones, los cambiamos inmediatamente y, acto seguido, nos replegamos. No sólo eso. Junto con el mensaje de nuestra fragilidad, Rodríguez Zapatero deja claro que no somos un aliado fiable, lo que debería llevarnos a pensar que tampoco contaremos con nuestros aliados cuando nos sean necesarios. Muchos pensarán que esto es paz pero a ésos mi releído Tácito les diría que son de aquellos que «donde crean la deserción, la denominan paz» y, seguramente, añadiría que «la guerra es mejor que una paz miserable e insegura». 
Y tanto, porque cualquier grupo terrorista sabe ya que los golpes no nos llenan de una rabia que nos impulse a enfrentarnos con el terror sino que nos ponen de rodillas para emprender la retirada. No resulta extraño que estas ideas de Tácito quedaran recogidas en la obra que Grocio dedicó a la Ley de la guerra y de la paz. Los romanos, que salvaguardaron la civilización durante siglos, lo sabían de sobra. Y si no que se lo dijeran a Séneca cuando afirmó aquello de «es justo enfrentarse con el peligro cuando un daño igual resultaría de ceder en un ataque». Claro que para saber esto hay que haber leído a los clásicos y ahí Zapatero parece ser fiel seguidor de Felipe González el que afirmaba que Héctor era un nombre bíblico. 2004-03-17
SIMÓN PEDRO ERA -COMO LA MAYORÍA DE LOS PRIMEROS DISCÍPULOS DEL SEÑOR.
Natural de Betsaida, ciudad de Galilea, en la ribera nordeste del lago de Genesaret. Lo mismo que su padre Juan y su hermano Andrés, era pescador. Estaba casado, pues el Evangelio nos refiere cómo Jesús curó a su suegra, que vivía en Cafarnaúm. Pescador y príncipe de los apóstoles, primer papa y piedra sobre la cual se edifica la Iglesia. Éste es Pedro. Pedro dijo: 
«Señor, en tu palabra, echaré la red» †
El musulmán Saladino se apoderó de Jerusalén en 1187 y, desde entonces, la peregrinación a los Santos Lugares fue una empresa casi suicida para todos los cristianos y más aún para los cristianos negros que provenían desde Etiopía.
«El terrorismo religioso no conoce la autocontención del primigenio terrorismo político del XIX, cuyos supuestos mártires no querían pasar a la Historia como carniceros. Ahora se impone la barbarie sin límites. Y, traspasado el umbral donde la cólera anula la razón, parece cándido pretender que hay una camino de vuelta que debemos asfaltar sólo con buenas intenciones». 2004.
Las denominadas conquistas democráticas, las mismas liberté, egalité et fraternité, se fundamentan, en última instancia, en un solo hecho: la vida de un hombre no es en modo alguno, ni por ningún motivo, medible, mensurable, cuantificable.
EL TERRORISMO 
SURGE COMO LA EXTREMA CONSECUENCIA DE UNA MANERA DE ENTENDER AL HOMBRE COMO JUEZ ÚLTIMO DE TODAS LAS COSAS, QUE SE ARROGA LA POTESTAD DE PESAR, DE CONTABILIZAR A SU FAVOR LA VIDA DE LOS HUMILDES, LOS MISERABLES, LOS HOMBRES SIN ROSTRO.
Ningún palestino sin tierra, ninguna mujer chechena, ningún iraquí invadido puede arrogarse el derecho, con motivo de la injusticia sufrida, de disponer de la vida de otro: ninguna causa puede relativizar la vida de un hombre.
Ésta es la razón que puede romper la espiral de violencia, pero que, por desgracia, falla un poco en todos, si bien en modos diferentes. Así se inició la primera y la segunda guerra del Golfo, con el juicio contrario de la Iglesia y del Papa, provocando destrucción y muertos inocentes; se recorre el camino de una represión indiscriminada, sabiendo que muchos no culpables se verán golpeados y que se desencadenará una reacción aún más violenta.
LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL NACE DE LA SUPERACIÓN DEL OJO POR OJO.
Nace de un perdón que no significa debilidad, sino participación en la experiencia de un Dios que perdonó a quien lo acusaba y mataba injustamente y que ha vencido al mal. Un perdón que es positividad, reconstrucción, civilización, paz, trabajo, ciencia, progreso, democracia, tolerancia, posibilidad de ser siempre más grande que las circunstancias que nos oprimen. Desgraciadamente, no son suficientes los encuentros entre religiones, si permanecen en un nivel abstracto. (…)
La mujer chechena y el palestino en lucha, a los que ninguna reivindicación conseguida les devolverá el hijo o el amigo asesinado, deben encontrar hombres diferentes que, teniendo la experiencia del perdón, testimonien un modo más humano de tratar a la mujer, las cosas, el trabajo.
Deben encontrar cristianos que dejen de hacer el juego a las ideologías y vivan auténticamente sus comunidades precursoras de paz; laicos que reconozcan y defiendan la inviolabilidad del hombre individual; hombres de Estado que amen a los pueblos como los padres de Europa; musulmanes profundamente movidos por su sentido religioso, que defiendan la sacralidad de la vida. Así lo han hecho los firmantes de la llamada de los musulmanes moderados italianos comentada en estos días por el ministro Pisanu y Magdi Allam (subdirector del Corriere della Sera)». José Francisco Serrano 2004. 09 
LA GUERRA JUSTA, ANTES Y AHORA - INFORME 2005. Por Rafael Serrano (*) En ACEPRENSA, servicio 12/01/2005, nº 1/05
En 2003, Kofi Annan, secretario general de la ONU, encargó a dieciséis personalidades de cuatro continentes (en su mayoría políticos o diplomáticos) un estudio sobre seguridad mundial. Los peligros los de siempre y otros nuevos se han "globalizado" y exigen de la comunidad internacional respuestas en consonancia.
  • Los conflictos lejanos ya no lo son tanto en este mundo interconectado;
  • el terrorismo y la delincuencia organizada cruzan las fronteras; 
  • las rivalidades étnicas se contagian a los países vecinos; 
  • adquirir arsenal nuclear está al alcance de más naciones. 
EL ASÍ LLAMADO "GRUPO DE ALTO NIVEL SOBRE LAS AMENAZAS, LOS DESAFÍOS Y EL CAMBIO" ACABA DE PUBLICAR SU INFORME, TITULADO "UN MUNDO MÁS SEGURO: LA RESPONSABILIDAD QUE COMPARTIMOS".
Entre las cuestiones candentes que hubo de examinar el Grupo se encuentra, naturalmente, la doctrina de la "guerra preventiva", que fue motivo de hondas divisiones en la ONU cuando Estados Unidos y Gran Bretaña preparaban el ataque a Irak. Para tomar decisiones correctas en lo sucesivo, 
EL GRUPO PROPONE CINCO "CRITERIOS BÁSICOS" QUE EL CONSEJO DE SEGURIDAD DEBERÍA TENER SIEMPRE EN CUENTA ANTES DE APROBAR EL USO DE LA FUERZA MILITAR.
  • El primero es la "gravedad de la amenaza", que ha de ser suficientemente clara para justificar la respuesta bélica. 
  • El segundo es el "propósito correcto": el "objetivo primordial" de la acción militar ha de ser "poner fin a la amenaza o evitarla", con independencia de cualesquiera otros motivos que entren en juego. 
  • Tercero, el empleo de la fuerza tiene que ser el "último recurso", una vez agotados todos los medios pacíficos. 
  • Cuarto, "proporcionalidad de los medios", que deben ser los mínimos necesarios para alcanzar el objetivo legítimo. 
  • Por último, es preciso calcular el "balance de las consecuencias", para asegurarse de que el recurso a la fuerza no traerá males mayores.
A MENUDO ES DIFÍCIL APLICAR PRINCIPIOS A LAS SITUACIONES CONCRETAS, Y LLEGADO EL CASO, EL CONSEJO DE SEGURIDAD PUEDE NO LOGRAR LA UNANIMIDAD AUNQUE TENGA EN CUENTA LO QUE EL GRUPO PLANTEA. Pero es obligado admirar la luminosidad de esos cinco criterios y felicitar a los miembros del Grupo por su perspicacia y lucidez ética.
A la vez, resulta palmario que estos expertos no han llegado con sus reflexiones más lejos que Cicerón, san Agustín, santo Tomás de Aquino, Francisco de Vitoria y Hugo Grocio. Los criterios propuestos coinciden con los clásicos requisitos para iniciar una guerra justa, según la doctrina elaborada a lo largo de diecisiete siglos, como se puede ver, entre otros lugares, en el Catecismo de la Iglesia católica (n. 2.309).
Soldado Ruso tocando un piano abandonado en Chechenia, 1994...
REQUISITOS CLÁSICOS
LAS CLÁUSULAS DE "GRAVEDAD DE LA AMENAZA", "ÚLTIMO RECURSO" Y "PROPORCIONALIDAD DE LOS MEDIOS" CONCUERDAN A LA LETRA CON PRINCIPIOS DE LOS AUTORES ANTIGUOS.
El "balance de las consecuencias" se reduce a una de las condiciones que señala, por ejemplo, Grocio en De iure belli ac pacis (1625)
  • la razonable probabilidad de éxito, pues una derrota militar sería un mal mayor.
Con el segundo criterio, el Grupo afina mucho, pero no más que el de Santo Tomás de Aquino
  • el "propósito correcto" es lo que en la Suma teológica (II II, q. 40, a. 1, c.) se llama "recta intención", exigencia que santo Tomás incluye apoyándose en san Agustín (Contra Faustum XXII, cap. LXX). 
En fin, el informe no indica expresamente otro de los requisitos tradicionales
  • que la guerra sea declarada por la autoridad legítima; pero está implícito en cuanto que los cinco criterios son para que el Consejo de Seguridad decida si debe aprobar el uso de la fuerza.
NADA NUEVO, PUES. PERO NO POR ELLO SE HA DE QUITAR MÉRITO AL INFORME, PUES LO ACERTADO NO PIERDE VALIDEZ SI ES VIEJO, NI LA VERDAD SE HACE SUPERFLUA POR REITERARLA. 
Y si acaso los expertos repitieran ideas antiguas sin darse cuenta, enhorabuena por mostrar que unas mentes del siglo XXI llegan, al reflexionar sobre la guerra, a las mismas conclusiones que muy ilustres predecesores.
DEL MEDIEVO ACÁ EL MUNDO HA SUFRIDO CAMBIOS DRÁSTICOS, LA GUERRA NO ES COMO ENTONCES; PERO LOS PRINCIPIOS MORALES NO ESTÁN SUJETOS A VICISITUDES.
También la biotecnología actual permite posibilidades otrora insospechadas para obrar sobre la vida humana, y a veces, como fascinados por la novedad, tomamos lo factible por permisible, lo justificamos por el fin sin atender a los procedimientos. Haríamos bien en repasar añosos tratados y aprender algo sobre la "causa justa", los "medios proporcionados", el "último recurso" y la "recta intención"..
(*) En ACEPRENSA, servicio 12/01/2005, nº 1/05
  • Año 638: Los árabes invaden, conquistan e islamizan Jerusalén por la fuerza.
  • Año 902: Los árabes invaden, destruyen y aniquilan pueblo y cultura en Sicilia.
  • Año 935: Los Musulmanes intentan construir una mezquita al lado de la basílica.
  • Año 966: Nuevo incendio provocado por los musulmanes.
  • Año 1009: El califa Hakim ordena destruir el temple constantiniano. La tumba de Jesús fue destruida.
AQUÍ UNA SÍNTESIS HISTÓRICA
  • Año 30: Ano de la crucifixión de Jesús135: Construcción del foro romano y del Templo de Venus sobre el lugar del Calvario
  • Año 326: Santa Elena llega a Jerusalén. Se destruye el Templo pagano y se inicia la construcción de la basílica
  • Año 614: Los Persas invaden Palestina e incendian la basílica
  • Año 634: Modesto reconstruye la basílica
  • Año 638: Siendo Patriarca Sofronio Jerusalén se rinde al califa Omar
  • Año 815: El Patriarca Tomas repara los danos causados por un terremoto
  • Año 841: Incendio de la basílica causado por un aventurero
  • Año 935: Los Musulmanes intentan construir una mezquita al lado de la basílica
  • Año 966: Nuevo incendio provocado por los musulmanes
  • Año 1009: El califa Hakim ordena destruir el temple constantiniano. La tumba de Jesús fue destruida
  • Año 1042: Constantino Monomaco realiza un esquema de reconstrucción
  • Año 1130-49: Los Cruzados construyen una nueva basílica de estilo románico
  • Año 1808: Nuevo incendio
  • Año 1927: Un terremoto puso en peligro la basílica
  • Año 1998: Nueva cúpula
EL MUSULMÁN SALADINO SE APODERÓ DE JERUSALÉN EN 1187 Y, DESDE ENTONCES, LA PEREGRINACIÓN A LOS SANTOS LUGARES FUE UNA EMPRESA CASI SUICIDA PARA TODOS LOS CRISTIANOS Y MÁS AÚN PARA LOS CRISTIANOS NEGROS QUE PROVENÍAN DESDE ETIOPÍA.
‘TERROSIMO, GUERRILLAS Y GUERRAS’ - LA VERDAD DE LAS VÍCTIMAS - Por MIKEL BUESA
... La sociedad democrática no puede perdonar a los terroristas sin socavar sus propios cimientos. Por tal motivo, no cabe el perdón en un sentido jurídico, aunque sí pueda haberlo con un significado moral..
EN la vorágine de los acontecimientos que de manera confusa se han ido amontonando unos sobre otros a lo largo de los últimos meses, restando claridad al juicio y entretejiendo una historia de ocultación y mentira, es llegado el momento en el que debe reflexionarse acerca de la verdad de las víctimas del terrorismo. Quienes han asumido la conducción de esa historia, han procurado confundir a los ciudadanos adoptando una actitud de simulado respeto a los que hemos sufrido el zarpazo de la violencia, a la vez que descalificando nuestra capacidad y lucidez para ser partícipes de una política conducente a la derrota de ETA. Y, sin embargo, somos nosotros y no ellos los que poseemos esa sabiduría que todos quisiéramos no haber adquirido, pero que nos ha otorgado la experimentación del dolor. 
«El sufrimiento -como dejó escrito Dzevad Karahasan en su diario sobre Sarajevo- es una forma importante de conocimiento»; 
Un conocimiento que nos hace conscientes de la ilimitada profundidad de la maldad humana, y que nos señala que ésta puede acabar impregnando a las instituciones, la política y la vida cotidiana hasta sus más apartados rincones.
NUESTRA TAREA -EL QUEHACER AL QUE NOS IMPELE HABER SIDO TESTIGOS DE LA RADICALIDAD DEL MAL- ES RECLAMAR LA MEMORIA Y EL DUELO. PRETENDEMOS LA MEMORIA PORQUE SABEMOS QUE LAS VÍCTIMAS ABATIDAS POR LA VIOLENCIA POLÍTICA LO FUERON SIN CULPABILIDAD ALGUNA QUE LES HICIERA MERECEDORAS DE TAN INJUSTO CASTIGO.
Su sacrificio fue la consecuencia de una pretensión totalitaria cuyo objetivo no era otro que el de someternos a todos al dictamen de una minoría nacionalista fanatizada por la exaltación de su identidad. Y, por ello, nuestra memoria ha de ser la palanca que empuje a la sociedad española a redescubrir que la verdadera libertad no es la que nos hace homogéneos, la que nos confunde a todos y nos ahorma en un único corsé identitario, sino la que podemos compartir con los demás, con esos otros seres humanos que son otros porque, cabalmente, no son como nosotros, no piensan, ni creen como nosotros, ni aman, ni desean lo mismo que nosotros.
LA MEMORIA ES EXIGENCIA DE RECONOCIMIENTO ACERCA DEL DAÑO INFLINGIDO.

Reclamamos de los poderes públicos un reconocimiento que, yendo más allá de proclamas retóricas, asigne las cuotas de culpabilidad que correspondan a las personas e instituciones que han planificado, ejecutado, justificado o encubierto la violencia. Por ello, no puede admitirse que una mera suspensión temporal de ésta se considere como una justificación suficiente para tolerar o legalizar a partidos que, como Batasuna, se han implicado en el terrorismo. 
Tampoco es aceptable el manto de olvido que se está tendiendo sobre las múltiples complicidades del nacionalismo institucional con ETA; ese nacionalismo que ha coadyuvado a la extensión y justificación de la violencia, que ha procurado medios financieros a las organizaciones del entorno terrorista, y que, en todo momento, ha pretendido extraer réditos políticos del miedo que se ha extendido sobre la sociedad vasca. Y menos aún es tolerable que a las víctimas se nos exija una reconciliación claudicante que excluye la verdadera pacificación de las relaciones sociales; esa pacificación que, al emerger de la culpa admitida, rompe de manera lenta y paulatina el ciclo de la violencia política, y que requiere, seguramente, el esfuerzo de toda una generación para que la historia que nos ha tocado vivir no pueda volver a repetirse.
EL DUELO ES JUSTICIA Y REPARACIÓN
La reivindicación de justicia está para nosotros llena de radicalidad. Si no hubiera sanción penal para los responsables de tantos delitos, si no hubiera castigo, entonces esos crímenes imprescriptibles -que lo han sido no sólo contra tal o cual persona, sino también contra la humanidad- quedarían impunes; y la impunidad es insoportable para todos. 
¿Cómo podría edificarse, sin justicia, una sociedad en la que no pueda darse cabida a la tentación del Mal? 
EL MAL NO MERECE PREMIO NI PUEDE SER RECOMPENSADO CON EL EJERCICIO DEL PODER.
De la misma manera, el sufrimiento que ha provocado no puede ser la excusa para construir sobre él una venganza cuya única función sería la de perpetuarlo. Por ello, en una sociedad verdaderamente democrática no puede haber perdón para los que han ejercido el crimen con una finalidad política, para los que le han hurtado al Estado el legítimo ejercicio de la violencia. 
LA SOCIEDAD DEMOCRÁTICA NO PUEDE PERDONAR A LOS TERRORISTAS SIN SOCAVAR SUS PROPIOS CIMIENTOS. POR TAL MOTIVO, NO CABE EL PERDÓN EN UN SENTIDO JURÍDICO, AUNQUE SÍ PUEDA HABERLO CON UN SIGNIFICADO MORAL.
Las víctimas, en un acto libérrimo inducido por sus convicciones éticas o religiosas, pueden perdonar el agravio sufrido; pero también pueden negarse a hacerlo sin que quepa ningún reproche a su decisión. Ésta les es privativa, de manera que no sería lícito que nadie -y menos aún el Gobierno- hablara o actuara en su nombre. Además, las víctimas de los crímenes irreparables, las que se han visto sometidas a un silencio inapelable, desde el nicho que alberga sus restos nunca podrán perdonar.
La justicia necesita que las penas, tanto cuando privan de libertad al reo, como cuando le sustraen sus derechos políticos, sean cumplidas en su integridad. Pues, si como tantas veces ha ocurrido en España esas penas se ven horadadas por unos beneficios penitenciarios heredados del viejo régimen autoritario que, además, con demasiada frecuencia se han concedido fraudulentamente, entonces no se realiza la justicia que anula la venganza y edifica la sociedad democrática. Y necesita también la reparación material y moral hacia las víctimas; una reparación que expresa el reconocimiento de la deuda contraída con quienes han experimentado un sufrimiento incomprensible, un agravio injustificable.
EL DUELO ES ASÍ UN COROLARIO DE LA MEMORIA, DE LA VERDADERA HISTORIA QUE HEMOS VIVIDO Y QUE NOS HA TRAÍDO HASTA AQUÍ.
Si nuestra reivindicación de justicia cayera en el olvido, si fuera silenciada, enterrada bajo la losa de una pacificación condescendiente con los que tratan de extraer algún rendimiento político del terrorismo nacionalista, entonces se estaría escribiendo una historia falsa, atenta únicamente al cínico interés de los que, por el mismo motivo, estarían ostentando ilegítimamente el poder.
LAS SOCIEDADES DEMOCRÁTICAS SE ENFRENTAN EN OCASIONES A ENEMIGOS QUE PUEDEN LLEGAR A DESTRUIRLAS.
Cuando ello ocurre, los ciudadanos hemos de encarar los riesgos con lucidez y, sin mirar para otro lado, sin dar albergue a la cobardía, hemos de exigir a los Gobiernos que salvaguarden los verdaderos valores que dan sentido a nuestro sistema político; pues, como en el proceso de Nuremberg proclamó el magistrado Dan Haywood, 
«un país... es aquello que se defiende; ... quede constancia, por ello, ante el mundo, de nuestra decisión de que esto es lo que defendemos: la justicia, la verdad y el valor de cada ser humano».
Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid . 2006-VIII-08-‘ABC’
Jesús de Nazaret está con los hombres y mujeres de nuestro tiempo, víctimas de la violencia, de la guerra, de la persecución, del terrorismo.
ISLAM: UNAS PREGUNTAS
Messori expone una reflexión haciendo algunas preguntas: 
  • «Todavía hoy: ¿qué país musulmán reconoce a los otros que no sean los suyos, los derechos civiles o la libertad de culto? 
  • ¿Quién se indigna ante el genocidio de lo armenios ayer y de los sudaneses cristianos hoy? 
El mundo, según los devotos del Corán, 
  • ¿no está dividido en "territorio del Islam" y "territorio de la guerra", esto es, todos los lugares todavía no musulmanes que deben serlo, por las buenas o por las malas?».
«Un simple repaso a la historia --escribe Messori-- incluso en sus líneas generales, confirma una verdad evidente: una cristiandad en continua postura defensiva respecto a una agresión musulmana, desde los inicios hasta hoy (en África, por ejemplo, está en curso una ofensiva sangrienta para islamizar a las etnias que los sacrificios heroicos de generaciones de misioneros habían llevado al bautismo). Admitido --y probablemente no concedido-- que alguno, en la historia, deba pedir excusas a otro ¿deberán ser quizá los católicos quienes se hagan perdonar por aquel acto de autodefensa, por aquel intento de tener al menos abierta la vía de la peregrinación a los lugares de Jesús que fue el ciclo de las Cruzadas?». MMII
Aunque sea triste decirlo, está visto que el islam, en donde sea, constituye el agua necesaria a los peces terroristas. Peliagudo problema con millares de tumbas a venir.
Pedro abandona su faena en el lago de Tiberíades para seguir a Cristo
S. S. Juan Pablo II:
"Cualquiera que, conociendo el Antiguo y el Nuevo Testamento, lee el Corán, ve con claridad el proceso de reducción de la Divina Revelación que en él se lleva a cabo. Es imposible no advertir el alejamiento de lo que Dios ha dicho de Sí mismo, primero en el Antiguo Testamento por medio de los profetas y luego de un modo definitivo en el Nuevo Testamento por medio de su Hijo. Toda esa riqueza de la autorrevelación de Dios, que constituye el patrimonio del Antiguo y del Nuevo Testamento, en el islamismo ha sido de hecho abandonada. 
"MIENTRAS EL EVANGELIO NOS OBLIGA A LOS CRISTIANOS A AMAR Y A PERDONAR. NO NOS OBLIGA A SER INGENUOS"
RESPETO POR EL MEDIO AMBIENTE
LA NATURALEZA NOS ESTÁ DANDO A TODOS UNA LECCIÓN DE SOLIDARIDAD QUE CORREMOS EL PELIGRO DEL OLVIDAR.
En el acto mismo de la producción alimentaria, todos los hombres se revelan como elementos activos o pasivos de un ecosistema. Se presenta a la conciencia un nuevo campo de responsabilidad. No se puede pretender, al mismo tiempo, alimentar más bocas y debilitar la agricultura. Además, la agricultura se revela tanto más contaminante (utilización masiva de abonos, de plaguicidas y de máquinas) en cuanto llega a la fase industrial, ya que en ese nivel no se ha llegado todavía a la capacidad de trabajar de manera limpia. Junto con otros elementos necesarios a la vida, el aire, el agua, los suelos y los bosques se ven en peligro debido a la contaminación, al consumo excesivo, a la desertificación provocada y a la deforestación. En cincuenta años, la mitad de los bosques tropicales ha sido arrasada, a menudo con miras a buscar tierras o favorecer políticas de explotación a corto plazo, con objeto de equilibrar la carga de la deuda. En las regiones más pobres, la desertificación es provocada por prácticas de supervivencia que aumentan la pobreza, como el pastoreo excesivo y la tala de árboles y arbustos para leña de cocina y de calefacción.
«EL CREDO Y LAS BIENAVENTURANZAS DEL JURISTA CATÓLICO»

CREDO DEL JURISTA CATÓLICO

1. CREEMOS en el Dios de la vida; en Jesucristo, abogado de los desprotegidos; en el Evangelio que nos da libertad y liberta a los hombres y mujeres; en la inviolabilidad de la dignidad humana y de la conciencia; en la esencial igualdad de todo ser humano y en su dignidad de hijo/a de Dios; en el valor del "estar" y de la escucha; en la capacidad y el derecho de los privados de liberad a redimirse.
2. CREEMOS que el jurista católico es una persona llamada y enviada por Jesucristo a ser instrumento del Reino de Dios en el mundo, con la fuerza y el poder del Espíritu Santo, siendo signo y testigo del amor y misericordia de Dios hacia los más desfavorecidos, especialmente en el mundo de la "carcelación", los marginados y excluidos.
3. CREEMOS que la misión esencial del jurista católico consiste en vivir y ser un servidor de la justicia, la verdad, la libertad, la vida, la reconciliación y la paz, la dignificación y humanización de las personas, mediante el aporte creativo de sus talentos y el ejercicio de su profesión.
4. CREEMOS que el jurista católico debe fundamentar su acción en la Doctrina Social de la Iglesia y en una espiritualidad profunda y encarnada, con el apoyo efectivo de sacerdotes y obispos.
5. CREEMOS que el jurista católico debe crear puentes de colaboración con profesionales y organismos de la sociedad civil para defender, denunciar y promover ante autoridades gubernamentales cambios en las políticas públicas.
6. CREEMOS que un jurista católico debe ser una persona: competente en el ejercicio de su profesión, leal, honesta, humilde (reconocerse amada en la vulnerabilidad y pecadora), profundamente solidaria, capaz de soñar un mundo sin cárceles ni estructuras injustas e inhumanas.
7. CREEMOS que es necesario vivir en un proceso de formarnos permanente para ser verdaderos discípulos y misioneros de Jesucristo, en y desde el ejercicio de nuestra profesión.
BIENAVENTURANZAS DEL JURISTA CATÓLICO
1. BIENAVENTURADO el jurista católico que sigue a Cristo, lo conoce, vive en su palabra, y es coherente en su fe y actuar, porque le dará credibilidad a la Iglesia y a su labor como jurista.
2. BIENAVENTURADO el jurista católico que defiende y promueve la dignidad humana y el derecho de los privados de la libertad, marginados y expulsados, reconociendo en cada uno el rostro de Jesús, porque se identificará con Jesucristo solidario.
3. BIENAVENTURADO el jurista católico que, con humildad de corazón y con perseverancia, presta un servicio incondicional y desinteresado a los privados de libertad, porque será signo e instrumento del Reino de Dios.
4. BIENAVENTURADO el jurista católico que, valorando la dignidad humana de los que han sido privados de la libertad, ejerce el manejo de un proceso justo y lucha contra las propuestas inhumanas de la estructura sociopolítica, porque será constructor de una nueva sociedad.
5. BIENAVENTURADO el jurista católico que visita a los privados de la libertad, comparte su sufrimiento y con su presencia les hace sentir el amor de Dios, porque eso le permitirá identificarse con ese hermano.
6. BIENAVENTURADO el jurista católico que ama la verdad, denuncia las injusticias y no se deja aprisionar por las estructuras legales de pecado, porque hará presente a Cristo redentor del ser humano.
7. BIENAVENTURADO el jurista católico que vive su bautismo en comunión y participación con toda la Iglesia y pone todo su esfuerzo y creatividad para que quienes están en el mundo de la carcelación tengan vida plena en Cristo, porque así se mostrará como verdadero discípulo y misionero de Jesucristo.
RESUMIENDO Y OTRAS CONSIDERACIONES


“Id quod maioribus nostris sacrum erat, nobis manet sacrum et grande”. - «Lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros permanece sagrado y grande». 
Benedicto XVI, 07 Jul. 2007

CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s2c2a5_sp.html#III La defensa de la paz
TERCERA PARTE
LA VIDA EN CRISTO
SEGUNDA SECCIÓN
LOS DIEZ MANDAMIENTOS
CAPÍTULO SEGUNDO
«AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO»
ARTÍCULO 5
EL QUINTO MANDAMIENTO
  • «No matarás» (Ex 20, 13).
  • «Habéis oído que se dijo a los antepasados: “No matarás”; y aquel que mate será reo ante el tribunal. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal» (Mt 5, 21-22).
2258 “La vida humana ha de ser tenida como sagrada, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término; nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae, intr. 5).

I. EL RESPETO DE LA VIDA HUMANA
EL TESTIMONIO DE LA HISTORIA SAGRADA

2259 La Escritura, en el relato de la muerte de Abel a manos de su hermano Caín (cf Gn 4, 8-12), revela, desde los comienzos de la historia humana, la presencia en el hombre de la ira y la codicia, consecuencias del pecado original. El hombre se convirtió en el enemigo de sus semejantes. Dios manifiesta la maldad de este fratricidio: “¿Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo. Pues bien: maldito seas, lejos de este suelo que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano” (Gn 4, 10-11).

2260 La alianza de Dios y de la humanidad está tejida de llamamientos a reconocer la vida humana como don divino y de la existencia de una violencia fratricida en el corazón del hombre:
«Y yo os prometo reclamar vuestra propia sangre [..] Quien vertiere sangre de hombre, por otro hombre será su sangre vertida, porque a imagen de Dios hizo él al hombre» (Gn 9, 5-6).
El Antiguo Testamento consideró siempre la sangre como un signo sagrado de la vida (cf Lv 17, 14). La validez de esta enseñanza es para todos los tiempos.

2261 La Escritura precisa lo que el quinto mandamiento prohíbe: “No quites la vida del inocente y justo” (Ex 23, 7). El homicidio voluntario de un inocente es gravemente contrario a la dignidad del ser humano, a la regla de oro y a la santidad del Creador. La ley que lo proscribe posee una validez universal: obliga a todos y a cada uno, siempre y en todas partes.

2262 En el Sermón de la Montaña, el Señor recuerda el precepto: “No matarás” (Mt 5, 21), y añade el rechazo absoluto de la ira, del odio y de la venganza. Más aún, Cristo exige a sus discípulos presentar la otra mejilla (cf Mt 5, 22-39), amar a los enemigos (cf Mt 5, 44). El mismo no se defendió y dijo a Pedro que guardase la espada en la vaina (cf Mt 26, 52).

LA LEGÍTIMA DEFENSA
2263 La legítima defensa de las personas y las sociedades no es una excepción a la prohibición de la muerte del inocente que constituye el homicidio voluntario. “La acción de defenderse [...] puede entrañar un doble efecto: el uno es la conservación de la propia vida; el otro, la muerte del agresor” (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 2-2, q. 64, a. 7). “Nada impide que un solo acto tenga dos efectos, de los que uno sólo es querido, sin embargo el otro está más allá de la intención” (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 2-2, q. 64, a. 7).

2264 El amor a sí mismo constituye un principio fundamental de la moralidad. Es, por tanto, legítimo hacer respetar el propio derecho a la vida. El que defiende su vida no es culpable de homicidio, incluso cuando se ve obligado a asestar a su agresor un golpe mortal:
«Si para defenderse se ejerce una violencia mayor que la necesaria, se trataría de una acción ilícita. Pero si se rechaza la violencia en forma mesurada, la acción sería lícita [...] y no es necesario para la salvación que se omita este acto de protección mesurada a fin de evitar matar al otro, pues es mayor la obligación que se tiene de velar por la propia vida que por la de otro» (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 2-2, q. 64, a. 7).
2265 La legítima defensa puede ser no solamente un derecho, sino un deber grave, para el que es responsable de la vida de otro. La defensa del bien común exige colocar al agresor en la situación de no poder causar prejuicio. Por este motivo, los que tienen autoridad legítima tienen también el derecho de rechazar, incluso con el uso de las armas, a los agresores de la sociedad civil confiada a su responsabilidad.

2266 A la exigencia de la tutela del bien común corresponde el esfuerzo del Estado para contener la difusión dem comportamientos lesivos de los derechos humanos y las normas fundamentales de la convivencia civil. La legítima autoridad pública tiene el derecho y el deber de aplicar penas proporcionadas a la gravedad del delito. La pena tiene, ante todo, la finalidad de reparar el desorden introducido por la culpa. Cuando la pena es aceptada voluntariamente por el culpable, adquiere un valor de expiación. La pena finalmente, además de la defensa del orden público y la tutela de la seguridad de las personas, tiene una finalidad medicinal: en la medida de lo posible, debe contribuir a la enmienda del culpable.

2267 La enseñanza tradicional de la Iglesia no excluye, supuesta la plena comprobación de la identidad y de la responsabilidad del culpable, el recurso a la pena de muerte, si esta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas.

Pero si los medios incruentos bastan para proteger y defender del agresor la seguridad de las personas, la autoridad se limitará a esos medios, porque ellos corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona humana.

Hoy, en efecto, como consecuencia de las posibilidades que tiene el Estado para reprimir eficazmente el crimen, haciendo inofensivo a aquél que lo ha cometido sin quitarle definitivamente la posibilidad de redimirse, los casos en los que sea absolutamente necesario suprimir al reo «suceden muy [...] rara vez [...], si es que ya en realidad se dan algunos» (EV 56)

EL HOMICIDIO VOLUNTARIO
2268 El quinto mandamiento condena como gravemente pecaminoso el homicidio directo y voluntario. El que mata y los que cooperan voluntariamente con él cometen un pecado que clama venganza al cielo (cf Gn 4, 10).
El infanticidio (cf GS 51), el fratricidio, el parricidio, el homicidio del cónyuge son crímenes especialmente graves a causa de los vínculos naturales que destruyen. Preocupaciones de eugenesia o de salud pública no pueden justificar ningún homicidio, aunque fuera ordenado por las propias autoridades.
2269 El quinto mandamiento prohíbe hacer algo con intención de provocar indirectamente la muerte de una persona. La ley moral prohíbe exponer a alguien sin razón grave a un riesgo mortal, así como negar la asistencia a una persona en peligro.

La aceptación por parte de la sociedad de hambres que provocan muertes sin esforzarse por remediarlas es una escandalosa injusticia y una falta grave. Los traficantes cuyas prácticas usurarias y mercantiles provocan el hambre y la muerte de sus hermanos los hombres, cometen indirectamente un homicidio. Este les es imputable (cf Am 8, 4-10).

El homicidio involuntario no es moralmente imputable. Pero no se está libre de falta grave cuando, sin razones proporcionadas, se ha obrado de manera que se ha seguido la muerte, incluso sin intención de causarla.

EL ABORTO
2270 La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida (cf Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae, 1, 1).
«Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses te tenía consagrado» (Jr 1, 5).
«Y mis huesos no se te ocultaban, cuando era yo hecho en lo secreto, tejido en las honduras de la tierra» (Sal 139, 15).
2271 Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral.
«No matarás el embrión mediante el aborto, no darás muerte al recién nacido» (Didajé, 2, 2; cf. Epistula Pseudo Barnabae, 19, 5; Epistula ad Diognetum 5, 5; Tertuliano, Apologeticum, 9, 8).
«Dios [...], Señor de la vida, ha confiado a los hombres la excelsa misión de conservar la vida, misión que deben cumplir de modo digno del hombre. Por consiguiente, se ha de proteger la vida con el máximo cuidado desde la concepción; tanto el aborto como el infanticidio son crímenes abominables» (GS 51, 3).
2272 La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana. “Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae” (CIC can. 1398), es decir, “de modo que incurre ipso facto en ella quien comete el delito” (CIC can. 1314), en las condiciones previstas por el Derecho (cf CIC can. 1323-1324). Con esto la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad.

2273 El derecho inalienable de todo individuo humano inocente a la vida constituye un elemento constitutivo de la sociedad civil y de su legislación:
“Los derechos inalienables de la persona deben ser reconocidos y respetados por parte de la sociedad civil y de la autoridad política. Estos derechos del hombre no están subordinados ni a los individuos ni a los padres, y tampoco son una concesión de la sociedad o del Estado: pertenecen a la naturaleza humana y son inherentes a la persona en virtud del acto creador que la ha originado. Entre esos derechos fundamentales es preciso recordar a este propósito el derecho de todo ser humano a la vida y a la integridad física desde la concepción hasta la muerte” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae 3).
“Cuando una ley positiva priva a una categoría de seres humanos de la protección que el ordenamiento civil les debe, el Estado niega la igualdad de todos ante la ley. Cuando el Estado no pone su poder al servicio de los derechos de todo ciudadano, y particularmente de quien es más débil, se quebrantan los fundamentos mismos del Estado de derecho [...] El respeto y la protección que se han de garantizar, desde su misma concepción, a quien debe nacer, exige que la ley prevea sanciones penales apropiadas para toda deliberada violación de sus derechos” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae 3).
2274 Puesto que debe ser tratado como una persona desde la concepción, el embrión deberá ser defendido en su integridad, cuidado y atendido médicamente en la medida de lo posible, como todo otro ser humano.

El diagnóstico prenatal es moralmente lícito, “si respeta la vida e integridad del embrión y del feto humano, y si se orienta hacia su protección o hacia su curación [...] Pero se opondrá gravemente a la ley moral cuando contempla la posibilidad, en dependencia de sus resultados, de provocar un aborto: un diagnóstico que atestigua la existencia de una malformación o de una enfermedad hereditaria no debe equivaler a una sentencia de muerte” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae 1, 2).

2275 Se deben considerar “lícitas las intervenciones sobre el embrión humano, siempre que respeten la vida y la integridad del embrión, que no lo expongan a riesgos desproporcionados, que tengan como fin su curación, la mejora de sus condiciones de salud o su supervivencia individual” (Instr. Donum vitae 1, 3).

«Es inmoral [...] producir embriones humanos destinados a ser explotados como “material biológico” disponible» (Instr. Donum vitae 1, 5).

“Algunos intentos de intervenir en el patrimonio cromosómico y genético no son terapéuticos, sino que miran a la producción de seres humanos seleccionados en cuanto al sexo u otras cualidades prefijadas. Estas manipulaciones son contrarias a la dignidad personal del ser humano, a su integridad y a su identidad” (Instr. Donum vitae 1, 6).

LA EUTANASIA
2276 Aquellos cuya vida se encuentra disminuida o debilitada tienen derecho a un respeto especial. Las personas enfermas o disminuidas deben ser atendidas para que lleven una vida tan normal como sea posible.

2277 Cualesquiera que sean los motivos y los medios, la eutanasia directa consiste en poner fin a la vida de personas disminuidas, enfermas o moribundas. Es moralmente inaceptable.

Por tanto, una acción o una omisión que, de suyo o en la intención, provoca la muerte para suprimir el dolor, constituye un homicidio gravemente contrario a la dignidad de la persona humana y al respeto del Dios vivo, su Creador. El error de juicio en el que se puede haber caído de buena fe no cambia la naturaleza de este acto homicida, que se ha de rechazar y excluir siempre (cf. Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Iura et bona).

2278 La interrupción de tratamientos médicos onerosos, peligrosos, extraordinarios o desproporcionados a los resultados puede ser legítima. Interrumpir estos tratamientos es rechazar el “encarnizamiento terapéutico”. Con esto no se pretende provocar la muerte; se acepta no poder impedirla. Las decisiones deben ser tomadas por el paciente, si para ello tiene competencia y capacidad o si no por los que tienen los derechos legales, respetando siempre la voluntad razonable y los intereses legítimos del paciente.

2279 Aunque la muerte se considere inminente, los cuidados ordinarios debidos a una persona enferma no pueden ser legítimamente interrumpidos. El uso de analgésicos para aliviar los sufrimientos del moribundo, incluso con riesgo de abreviar sus días, puede ser moralmente conforme a la dignidad humana si la muerte no es pretendida, ni como fin ni como medio, sino solamente prevista y tolerada como inevitable. Los cuidados paliativos constituyen una forma privilegiada de la caridad desinteresada. Por esta razón deben ser alentados.

EL SUICIDIO
2280 Cada cual es responsable de su vida delante de Dios que se la ha dado. Él sigue siendo su soberano Dueño. Nosotros estamos obligados a recibirla con gratitud y a conservarla para su honor y para la salvación de nuestras almas. Somos administradores y no propietarios de la vida que Dios nos ha confiado. No disponemos de ella.

2281 El suicidio contradice la inclinación natural del ser humano a conservar y perpetuar su vida. Es gravemente contrario al justo amor de sí mismo. Ofende también al amor del prójimo porque rompe injustamente los lazos de solidaridad con las sociedades familiar, nacional y humana con las cuales estamos obligados. El suicidio es contrario al amor del Dios vivo.

2282 Si se comete con intención de servir de ejemplo, especialmente a los jóvenes, el suicidio adquiere además la gravedad del escándalo. La cooperación voluntaria al suicidio es contraria a la ley moral.

Trastornos psíquicos graves, la angustia, o el temor grave de la prueba, del sufrimiento o de la tortura, pueden disminuir la responsabilidad del suicida.

2283 No se debe desesperar de la salvación eterna de aquellas personas que se han dado muerte. Dios puede haberles facilitado por caminos que Él solo conoce la ocasión de un arrepentimiento salvador. La Iglesia ora por las personas que han atentado contra su vida.

II. EL RESPETO DE LA DIGNIDAD DE LAS PERSONAS
EL RESPETO DEL ALMA DEL PRÓJIMO: EL ESCÁNDALO

2284 El escándalo es la actitud o el comportamiento que induce a otro a hacer el mal. El que escandaliza se convierte en tentador de su prójimo. Atenta contra la virtud y el derecho; puede ocasionar a su hermano la muerte espiritual. El escándalo constituye una falta grave si, por acción u omisión, arrastra deliberadamente a otro a una falta grave.

2285 El escándalo adquiere una gravedad particular según la autoridad de quienes lo causan o la debilidad de quienes lo padecen. Inspiró a nuestro Señor esta maldición: “Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y le hundan en lo profundo del mar” (Mt 18, 6; cf 1 Co 8, 10-13). El escándalo es grave cuando es causado por quienes, por naturaleza o por función, están obligados a enseñar y educar a otros. Jesús, en efecto, lo reprocha a los escribas y fariseos: los compara a lobos disfrazados de corderos (cf Mt 7, 15).

2286 El escándalo puede ser provocado por la ley o por las instituciones, por la moda o por la opinión.

Así se hacen culpables de escándalo quienes instituyen leyes o estructuras sociales que llevan a la degradación de las costumbres y a la corrupción de la vida religiosa, o a “condiciones sociales que, voluntaria o involuntariamente, hacen ardua y prácticamente imposible una conducta cristiana conforme a los mandamientos del Sumo legislador” (Pío XII,Mensaje radiofónico, 1 junio 1941). Lo mismo ha de decirse de los empresarios que imponen procedimientos que incitan al fraude, de los educadores que “exasperan” a sus alumnos (cf Ef 6, 4; Col 3, 21), o de los que, manipulando la opinión pública, la desvían de los valores morales.

2287 El que usa los poderes de que dispone en condiciones que arrastren a hacer el mal se hace culpable de escándalo y responsable del mal que directa o indirectamente ha favorecido. “Es imposible que no vengan escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen!” (Lc 17, 1).

EL RESPETO DE LA SALUD
2288 La vida y la salud física son bienes preciosos confiados por Dios. Debemos cuidar de ellos racionalmente teniendo en cuenta las necesidades de los demás y el bien común.

El cuidado de la salud de los ciudadanos requiere la ayuda de la sociedad para lograr las condiciones de existencia que permiten crecer y llegar a la madurez: alimento y vestido, vivienda, cuidados de la salud, enseñanza básica, empleo y asistencia social.

2289 La moral exige el respeto de la vida corporal, pero no hace de ella un valor absoluto. Se opone a una concepción neopagana que tiende a promover el culto del cuerpo, a sacrificar todo a él, a idolatrar la perfección física y el éxito deportivo. Semejante concepción, por la selección que opera entre los fuertes y los débiles, puede conducir a la perversión de las relaciones humanas.

2290 La virtud de la templanza conduce a evitar toda clase de excesos, el abuso de la comida, del alcohol, del tabaco y de las medicinas. Quienes en estado de embriaguez, o por afición inmoderada de velocidad, ponen en peligro la seguridad de los demás y la suya propia en las carreteras, en el mar o en el aire, se hacen gravemente culpables.

2291 El uso de la droga inflige muy graves daños a la salud y a la vida humana. Fuera de los casos en que se recurre a ello por prescripciones estrictamente terapéuticas, es una falta grave. La producción clandestina y el tráfico de drogas son prácticas escandalosas; constituyen una cooperación directa, porque incitan a ellas, a prácticas gravemente contrarias a la ley moral.

EL RESPETO DE LA PERSONA Y LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA
2292 Los experimentos científicos, médicos o psicológicos, en personas o grupos humanos, pueden contribuir a la curación de los enfermos y al progreso de la salud pública.

2293 Tanto la investigación científica de base como la investigación aplicada constituyen una expresión significativa del dominio del hombre sobre la creación. La ciencia y la técnica son recursos preciosos cuando son puestos al servicio del hombre y promueven su desarrollo integral en beneficio de todos; sin embargo, por sí solas no pueden indicar el sentido de la existencia y del progreso humano. La ciencia y la técnica están ordenadas al hombre que les ha dado origen y crecimiento; tienen por tanto en la persona y en sus valores morales el sentido de su finalidad y la conciencia de sus límites.

2294 Es ilusorio reivindicar la neutralidad moral de la investigación científica y de sus aplicaciones. Por otra parte, los criterios de orientación no pueden ser deducidos ni de la simple eficacia técnica, ni de la utilidad que puede resultar de ella para unos con detrimento de otros, y, menos aún, de las ideologías dominantes. La ciencia y la técnica requieren por su significación intrínseca el respeto incondicionado de los criterios fundamentales de la moralidad; deben estar al servicio de la persona humana, de sus derechos inalienables, de su bien verdadero e integral, conforme al designio y la voluntad de Dios.

2295 Las investigaciones o experimentos en el ser humano no pueden legitimar actos que en sí mismos son contrarios a la dignidad de las personas y a la ley moral. El eventual consentimiento de los sujetos no justifica tales actos. La experimentación en el ser humano no es moralmente legítima si hace correr riesgos desproporcionados o evitables a la vida o a la integridad física o psíquica del sujeto. La experimentación en seres humanos no es conforme a la dignidad de la persona si, por añadidura, se hace sin el consentimiento consciente del sujeto o de quienes tienen derecho sobre él.

2296 El trasplante de órganos es conforme a la ley moral si los daños y los riesgos físicos y psíquicos que padece el donante son proporcionados al bien que se busca para el destinatario. La donación de órganos después de la muerte es un acto noble y meritorio, que debe ser alentado como manifestación de solidaridad generosa. Es moralmente inadmisible si el donante o sus legítimos representantes no han dado su explícito consentimiento. Además, no se puede admitir moralmente la mutilación que deja inválido, o provocar directamente la muerte, aunque se haga para retrasar la muerte de otras personas.

EL RESPETO DE LA INTEGRIDAD CORPORAL

2297 Los secuestros y el tomar rehenes hacen que impere el terror y, mediante la amenaza, ejercen intolerables presiones sobre las víctimas. Son moralmente ilegítimos. El terrorismo, amenaza, hiere y mata sin discriminación; es gravemente contrario a la justicia y a la caridad. La tortura, que usa de violencia física o moral, para arrancar confesiones, para castigar a los culpables, intimidar a los que se oponen, satisfacer el odio, es contraria al respeto de la persona y de la dignidad humana. Exceptuados los casos de prescripciones médicas de orden estrictamente terapéutico, las amputaciones, mutilaciones o esterilizaciones directamente voluntarias de personas inocentes son contrarias a la ley moral (cf Pío XI, Cart enc. Casti connubii: DS 3722).

2298 En tiempos pasados, se recurrió de modo ordinario a prácticas crueles por parte de autoridades legítimas para mantener la ley y el orden, con frecuencia sin protesta de los pastores de la Iglesia, que incluso adoptaron, en sus propios tribunales las prescripciones del derecho romano sobre la tortura. Junto a estos hechos lamentables, la Iglesia ha enseñado siempre el deber de clemencia y misericordia; prohibió a los clérigos derramar sangre. En tiempos recientes se ha hecho evidente que estas prácticas crueles no eran ni necesarias para el orden público ni conformes a los derechos legítimos de la persona humana. Al contrario, estas prácticas conducen a las peores degradaciones. Es preciso esforzarse por su abolición, y orar por las víctimas y sus verdugos.

EL RESPETO DE LOS MUERTOS
2299 A los moribundos se han de prestar todas las atenciones necesarias para ayudarles a vivir sus últimos momentos en la dignidad y la paz. Deben ser ayudados por la oración de sus parientes, los cuales cuidarán que los enfermos reciban a tiempo los sacramentos que preparan para el encuentro con el Dios vivo.

2300 Los cuerpos de los difuntos deben ser tratados con respeto y caridad en la fe y la esperanza de la resurrección. Enterrar a los muertos es una obra de misericordia corporal (cf Tb 1, 16-18), que honra a los hijos de Dios, templos del Espíritu Santo.

2301 La autopsia de los cadáveres es moralmente admisible cuando hay razones de orden legal o de investigación científica. El don gratuito de órganos después de la muerte es legítimo y puede ser meritorio.

La Iglesia permite la incineración cuando con ella no se cuestiona la fe en la resurrección del cuerpo (cf CIC can. 1176, § 3).

III. LA DEFENSA DE LA PAZ
LA PAZ
2302 Recordando el precepto: “No matarás” (Mt 5, 21), nuestro Señor pide la paz del corazón y denuncia la inmoralidad de la cólera homicida y del odio:

La ira es un deseo de venganza. “Desear la venganza para el mal de aquel a quien es preciso castigar, es ilícito”; pero es loable imponer una reparación “para la corrección de los vicios y el mantenimiento de la justicia” (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 2-2, q. 158, a. 1, ad 3). Si la ira llega hasta el deseo deliberado de matar al prójimo o de herirlo gravemente, constituye una falta grave contra la caridad; es pecado mortal. El Señor dice: “Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal” (Mt 5, 22).

2303 El odio voluntario es contrario a la caridad. El odio al prójimo es pecado cuando se le desea deliberadamente un mal. El odio al prójimo es un pecado grave cuando se le desea deliberadamente un daño grave. “Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial...” (Mt 5, 44-45).

2304 El respeto y el desarrollo de la vida humana exigen la paz. La paz no es sólo ausencia de guerra y no se limita a asegurar el equilibrio de fuerzas adversas. La paz no puede alcanzarse en la tierra, sin la salvaguardia de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos, la práctica asidua de la fraternidad. Es la “tranquilidad del orden” (San Agustín, De civitate Dei 19, 13). Es obra de la justicia (cf Is 32, 17) y efecto de la caridad (cf GS 78, 1-2).

2305 La paz terrenal es imagen y fruto de la paz de Cristo, el “Príncipe de la paz” mesiánica (Is 9, 5). Por la sangre de su cruz, “dio muerte al odio en su carne” (Ef 2, 16; cf Col 1, 20-22), reconcilió con Dios a los hombres e hizo de su Iglesia el sacramento de la unidad del género humano y de su unión con Dios. “El es nuestra paz” (Ef 2, 14). Declara “bienaventurados a los que construyen la paz” (Mt 5, 9).

2306 Los que renuncian a la acción violenta y sangrienta y recurren para la defensa de los derechos del hombre a medios que están al alcance de los más débiles, dan testimonio de caridad evangélica, siempre que esto se haga sin lesionar los derechos y obligaciones de los otros hombres y de las sociedades. Atestiguan legítimamente la gravedad de los riesgos físicos y morales del recurso a la violencia con sus ruinas y sus muertes (cf GS 78).

EVITAR LA GUERRA
2307 El quinto mandamiento condena la destrucción voluntaria de la vida humana. A causa de los males y de las injusticias que ocasiona toda guerra, la Iglesia insta constantemente a todos a orar y actuar para que la Bondad divina nos libre de la antigua servidumbre de la guerra (cf GS 81).

2308 Todo ciudadano y todo gobernante están obligados a empeñarse en evitar las guerras.

Sin embargo, “mientras exista el riesgo de guerra y falte una autoridad internacional competente y provista de la fuerza correspondiente, una vez agotados todos los medios de acuerdo pacífico, no se podrá negar a los gobiernos el derecho a la legítima defensa” (GS 79).

2309 Se han de considerar con rigor las condiciones estrictas de una legítima defensa mediante la fuerza militar. La gravedad de semejante decisión somete a esta a condiciones rigurosas de legitimidad moral. Es preciso a la vez:

— Que el daño causado por el agresor a la nación o a la comunidad de las naciones sea duradero, grave y cierto.

— Que todos los demás medios para poner fin a la agresión hayan resultado impracticables o ineficaces.

— Que se reúnan las condiciones serias de éxito.

— Que el empleo de las armas no entrañe males y desórdenes más graves que el mal que se pretende eliminar. El poder de los medios modernos de destrucción obliga a una prudencia extrema en la apreciación de esta condición.

Estos son los elementos tradicionales enumerados en la doctrina llamada de la “guerra justa”.

La apreciación de estas condiciones de legitimidad moral pertenece al juicio prudente de quienes están a cargo del bien común.

2310 Los poderes públicos tienen en este caso el derecho y el deber de imponer a los ciudadanos las obligaciones necesarias para la defensa nacional.

Los que se dedican al servicio de la patria en la vida militar son servidores de la seguridad y de la libertad de los pueblos. Si realizan correctamente su tarea, colaboran verdaderamente al bien común de la nación y al mantenimiento de la paz (cf GS 79).

2311 Los poderes públicos atenderán equitativamente al caso de quienes, por motivos de conciencia, rehúsan el empleo de las armas; éstos siguen obligados a servir de otra forma a la comunidad humana (cf GS 79).

2312 La Iglesia y la razón humana declaran la validez permanente de la ley moral durante los conflictos armados. “Una vez estallada desgraciadamente la guerra, no todo es lícito entre los contendientes” (GS 79).

2313 Es preciso respetar y tratar con humanidad a los no combatientes, a los soldados heridos y a los prisioneros.

Las acciones deliberadamente contrarias al derecho de gentes y a sus principios universales, como asimismo las disposiciones que las ordenan, son crímenes. Una obediencia ciega no basta para excusar a los que se someten a ella. Así, el exterminio de un pueblo, de una nación o de una minoría étnica debe ser condenado como un pecado mortal. Existe la obligación moral de desobedecer aquellas decisiones que ordenan genocidios.

2314 “Toda acción bélica que tiende indiscriminadamente a la destrucción de ciudades enteras o de amplias regiones con sus habitantes, es un crimen contra Dios y contra el hombre mismo, que hay que condenar con firmeza y sin vacilaciones” (GS 80). Un riesgo de la guerra moderna consiste en facilitar a los que poseen armas científicas, especialmente atómicas, biológicas o químicas, la ocasión de cometer semejantes crímenes.

2315 La acumulación de armas es para muchos como una manera paradójica de apartar de la guerra a posibles adversarios. Ven en ella el más eficaz de los medios, para asegurar la paz entre las naciones. Este procedimiento de disuasión merece severas reservas morales. La carrera de armamentos no asegura la paz. En lugar de eliminar las causas de guerra, corre el riesgo de agravarlas. La inversión de riquezas fabulosas en la fabricación de armas siempre más modernas impide la ayuda a los pueblos indigentes (cf PP 53), y obstaculiza su desarrollo. El exceso de armamento multiplica las razones de conflictos y aumenta el riesgo de contagio.

2316 La producción y el comercio de armas atañen hondamente al bien común de las naciones y de la comunidad internacional. Por tanto, las autoridades tienen el derecho y el deber de regularlas. La búsqueda de intereses privados o colectivos a corto plazo no legitima empresas que fomentan violencias y conflictos entre las naciones, y que comprometen el orden jurídico internacional.

2317 Las injusticias, las desigualdades excesivas de orden económico o social, la envidia, la desconfianza y el orgullo, que existen entre los hombres y las naciones, amenazan sin cesar la paz y causan las guerras. Todo lo que se hace para superar estos desórdenes contribuye a edificar la paz y evitar la guerra:
«En la medida en que los hombres son pecadores, les amenaza y les amenazará hasta la venida de Cristo, el peligro de guerra; en la medida en que, unidos por la caridad, superan el pecado, se superan también las violencias hasta que se cumpla la palabra: “De sus espadas forjarán arados y de sus lanzas podaderas. Ninguna nación levantará ya más la espada contra otra y no se adiestrarán más para el combate” (Is 2, 4)» (GS 78).
RESUMEN
2318 “Dios [...] tiene en su mano el alma de todo ser viviente y el soplo de toda carne de hombre” (Jb 12, 10).

2319 Toda vida humana, desde el momento de la concepción hasta la muerte, es sagrada, pues la persona humana ha sido amada por sí misma a imagen y semejanza del Dios vivo y santo.

2320 Causar la muerte a un ser humano es gravemente contrario a la dignidad de la persona y a la santidad del Creador.

2321 La prohibición de causar la muerte no suprime el derecho de impedir que un injusto agresor cause daño. La legítima defensa es un deber grave para quien es responsable de la vida de otro o del bien común.

2322 Desde su concepción, el niño tiene el derecho a la vida. El aborto directo, es decir, buscado como un fin o como un medio, es una práctica infame (cf GS 27), gravemente contraria a la ley moral. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana.

2323 Porque ha de ser tratado como una persona desde su concepción, el embrión debe ser defendido en su integridad, atendido y cuidado médicamente como cualquier otro ser humano.

2324 La eutanasia voluntaria, cualesquiera que sean sus formas y sus motivos, constituye un homicidio. Es gravemente contraria a la dignidad de la persona humana y al respeto del Dios vivo, su Creador.

2325 El suicidio es gravemente contrario a la justicia, a la esperanza y a la caridad. Está prohibido por el quinto mandamiento.”

2326 El escándalo constituye una falta grave cuando por acción u omisión se induce deliberadamente a otro a pecar.”

2327 A causa de los males y de las injusticias que ocasiona toda guerra, debemos hacer todo lo que es razonablemente posible para evitarla. La Iglesia implora así: “del hambre, de la peste y de la guerra, líbranos Señor”.

2328 La Iglesia y la razón humana afirman la validez permanente de la ley moral durante los conflictos armados. Las prácticas deliberadamente contrarias al derecho de gentes y a sus principios universales son crímenes.

2329 “La carrera de armamentos es una plaga gravísima de la humanidad y perjudica a los pobres de modo intolerable” (GS 81).

2330 “Bienaventurados los que construyen la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt 5, 9).
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CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA. COMPENDIO
http://www.vatican.va/archive/compendium_ccc/documents/archive_2005_compendium-ccc_sp.html#«AMARÁS
483. ¿Cuándo está moralmente permitido el uso de la fuerza militar?
2307-2310
El uso de la fuerza militar está moralmente justificado cuando se dan simultáneamente las siguientes condiciones: certeza de que el daño causado por el agresor es duradero y grave; la ineficacia de toda alternativa pacífica; fundadas posibilidades de éxito en la acción defensiva y ausencia de males aún peores, dado el poder de los medios modernos de destrucción.
GUERRA JUSTA ES UN CONCEPTO TEOLÓGICO - POLÍTICO DESARROLLADO FUNDAMENTALMENTE POR TEÓLOGOS Y JURISTAS CATÓLICOS Y CUYA DEFINICIÓN HA CONSTITUIDO UN ESFUERZO SERIO PARA REGULAR EL DERECHO A LA GUERRA, EN LA GUERRA Y DESPUÉS DE LA GUERRA.
Hoy, este concepto es parte importante del Derecho Internacional y en torno a él se configuran el Ius ad bellum, versión secular del pensamiento cristiano medieval sobre la guerra justa, el Ius in bello que concierne la justicia sobre el comportamiento de los participantes en el conflicto y el Ius post bellum que concierne a la fase terminal y los acuerdos de paz. Con todo, en su encíclica Pacem in Terris, Juan XXIII cuestionó severamente el concepto de guerra justa al señalar que en la era atómica 
«resulta un absurdo sostener que la guerra es un medio apto para resarcir el derecho violado».1
ÍNDICE
1 Antigua Grecia y Roma
2 Santo Tomás de Aquino
3 Francisco de Vitoria
3.1 La licitud de la guerra para los cristianos
3.2 La autoridad competente para declarar y hacer la guerra
3.3 Las causas justas de la guerra
3.4 Actos lícitos contra el enemigo en guerra justa
3.5 Algunas reflexiones sobre las proposiciones
4 Domingo De Soto
5 Luis de Molina
6 Francisco Suárez
6.1 Que sea declarada por una autoridad legítima
6.2 Que medie una causa justa
6.3 Equidad respecto del enemigo tanto en la guerra como en la paz
7 Diego de Covarrubias y Leyva
7.1 Causas justas para la guerra
8 Carl Schmitt
9 Otros tratadistas
10 Juan XXIII
11 Véase también
12 Referencias
13 Bibliografía
1 Antigua Grecia y Roma
La explicación más clara de la teoría de guerra justa en el mundo antiguo se encuentra en De officiis (De oficios) de Cicerón, Libro 1, secciones 1.11.33-1.13.41.
Principales de guerra justa también están presentes en las obras de Aristóteles y Platón.
🔺Tomás de Aquino (en italiano, Tommaso d'Aquino; Roccasecca, Italia, 1224/1225-Abadía de Fossanova, 7 de marzo de 1274) fue un teólogo y filósofo católico perteneciente a la Orden de Predicadores, el principal representante de la enseñanza escolástica, una de las mayores figuras de la teología sistemática3 y, a su vez, una de las fuentes más citadas de su época en metafísica, hasta el punto de, una vez muerto, ser considerado el referente de las escuelas del pensamiento tomista y neotomista. Es conocido también como Doctor Angélico, Doctor Común y Doctor de la Humanidad, apodos dados por la Iglesia católica, la cual lo recomienda para los estudios de filosofía y teología.
Sus obras más conocidas son la Summa theologiae, compendio de la doctrina católica en la cual trata 495 cuestiones divididas en artículos, y la Summa contra gentiles, compendio de apología filosófica de la fe católica, que consta de 410 capítulos agrupados en cuatro libros, redactado a petición de Raimundo de Peñafort.
Asimismo, fue muy popular por su aceptación y comentarios sobre las obras de Aristóteles, señalando, por primera vez en la historia, que eran compatibles con la fe católica. A Tomás se le debe un rescate y reinterpretación de la metafísica y una obra de teología monumental, así como una teoría del Derecho que sería muy consultada posteriormente.
TOMÁS DE AQUINO ESCRIBE AL REFERIRSE A LA GUERRA JUSTA: "PARA QUE LA GUERRA SEA JUSTA, SE REQUIEREN TRES CONDICIONES.
PRIMERA: LA AUTORIDAD DEL PRÍNCIPE BAJO CUYO MANDATO SE HACE LA GUERRA.
No incumbe a la persona particular declarar la guerra, porque puede hacer valer su derecho ante tribunal superior; además, la persona particular tampoco tiene competencia para convocar a la colectividad, cosa necesaria para hacer la guerra. Ahora bien, dado que el cuidado de la república ha sido encomendado a los príncipes, a ellos compete defender el bien público de la ciudad, del reino o de la provincia sometidos a su autoridad. 
Pues bien, del mismo modo que la defienden lícitamente con la espada material contra los perturbadores internos, castigando a los malhechores, a tenor de las palabras del Apóstol: 
«No en vano lleva la espada, pues es un servidor de Dios para hacer justicia y castigar al que obra mal» (Rm 13,4), 
le incumbe también defender el bien público con la espada de la guerra contra los enemigos externos. Por eso se recomienda a los príncipes: 
«Librad al pobre y sacad al desvalido de las manos del pecador» (Ps 81,41), 
y San Agustín, por su parte, en el libro Contra Faust. enseña: 
«El orden natural, acomodado a la paz de los mortales, postula que la autoridad y la deliberación de aceptar la guerra pertenezca al príncipe»2
SEGUNDA: SE REQUIERE CAUSA JUSTA. ES DECIR, QUE QUIENES SON ATACADOS LO MEREZCAN POR ALGUNA CAUSA.
Por eso escribe también San Agustín en el libro Quaest: 
«Suelen llamarse guerras justas las que vengan las injurias; por ejemplo, si ha habido lugar para castigar al pueblo o a la ciudad que descuida castigar el atropello cometido por los suyos o restituir lo que ha sido injustamente robado»3
TERCERA: SE REQUIERE, FINALMENTE, QUE SEA RECTA LA INTENCIÓN DE LOS CONTENDIENTES; ES DECIR, UNA INTENCIÓN ENCAMINADA A PROMOVER EL BIEN O A EVITAR EL MAL.
Por eso escribe igualmente San Agustín en el libro De verbis Dom.: "Entre los verdaderos adoradores de Dios, las mismas guerras son pacíficas, pues se promueven no por codicia o crueldad, sino por deseo de paz, para frenar a los malos y favorecer a los buenos". Puede, sin embargo, acontecer que, siendo legítima la autoridad de quien declara la guerra y justa también la causa, resulte, no obstante, ilícita por la mala intención. San Agustín escribe en el libro Contra Faust.: «En efecto, el deseo de dañar, la crueldad de vengarse, el ánimo inaplacado e implacable, la ferocidad en la lucha, la pasión de dominar y otras cosas semejantes, son, en justicia, vituperables en las guerras»4
🔺Francisco de Vitoria (Burgos, 1483 o 14861 - Salamanca, 12 de agosto de 1546) fue un fraile dominico español, escritor y catedrático de la Escuela de Salamanca, quien se destacó por sus ideas y contribuciones al derecho internacional y la economía moral basados en el pensamiento humanista del realismo aristotélicotomista.
El salmantino Francisco de Vitoria escribió en 1538 Reelecciones del Estado, de los indios, y del derecho de la guerra. En esta obra formuló los títulos jurídicos para legitimar la ocupación española en América. En la reelección segunda desarrolla una teoría general del derecho a la guerra
Su exposición se divide en cuatro proposiciones: 
  • autoridad competente para declarar y hacer la guerra, 
  • causas justas de la guerra
  • actos lícitos contra el enemigo en la guerra.5
LA LICITUD DE LA GUERRA PARA LOS CRISTIANOS
Vitoria establece la distinción entre enunciados de precepto y enunciados de consejo. 
Como precepto acepta que la guerra está prohibida para los cristianos por las sagradas escrituras.6 
Como enunciado de consejo argumenta que es licito para los cristianos hacer la guerra, para lo que se basa en las palabras que San Juan Bautista dirige a los soldados: no maltraten ni hagan daño y, en el comentario de San Agustín a éstas: 
"si la religión cristiana prohibiera totalmente las guerras se les hubiese ordenado dejar las armas.7 
Luego, citando el Evangelio y a Santo Tomás, llega a probar la licitud de la guerra defensiva y ofensiva. Es lícito repeler una agresión con la fuerza y lícito reclamar por una injuria recibida.8
3.2 La autoridad competente para declarar y hacer la guerra
LA AUTORIDAD COMPETENTE PARA DECLARAR Y HACER LA GUERRA
Francisco de Vitoria divide esta proposición en tres argumentos.
  • Primero, afirma que cualquier particular puede hacer la guerra defensiva y no sólo para defenderse a sí mismo sino que sus bienes y sus cosas.
  • Segundo, afirma que cualquier república tiene derecho a declarar y hacer la guerra 
  • y, tercero dice que el príncipe tiene la misma autoridad que la república.9
3.3 Las causas justas de la guerra
LAS CAUSAS JUSTAS DE LA GUERRA

Según Francisco de Vitoria, la única causa justa de guerra, respetando el principio de proporcionalidad de los medios, es la injuria recibida. Funda su afirmación en la definición de guerra justa que da San Agustín: 
"Las guerras justas suelen definirse diciendo que son aquellas en que se toma satisfacción de las injurias, si ha de castigarse a una ciudad o a una nación que no se ocupa en reparar el daño causado por sus súbditos ni de devolver lo quitado injustamente.7
3.4 Actos lícitos contra el enemigo en guerra justa
ACTOS LÍCITOS CONTRA EL ENEMIGO EN GUERRA JUSTA

La guerra justa está subdividida en varias opciones o partes, entre ellas están:
  • Primera proposición: En la guerra es lícito hacer todo lo necesario para la defensa del bien público.
  • Segunda proposición: Es lícito recobrar las cosas perdidas y sus intereses.
  • Tercera proposición: Es lícito resarcirse con los bienes del enemigo de los gastos de la guerra y de todos los daños causados por él injustamente.
  • Cuarta proposición; El príncipe que hace una guerra justa podrá hacer cuanto sea necesario para mantener la paz y la seguridad frente a sus enemigos.
  • Quinta proposición: Después de obtenida la victoria, recobradas las cosas y asegurada la paz, se puede vengar la injuria recibida de los enemigos y castigarlos por las injurias inferidas.7
3.5 Algunas reflexiones sobre las proposiciones
ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LAS PROPOSICIONES

Según Francisco de Vitoria, para hacer la guerra no basta la simple creencia del príncipe en que una causa es justa , ya que si se da el caso, la guerra sería justa para ambos bandos en conflicto. Por lo tanto, aconseja revisar la justicia y sus causas, así como las razones aducidas por los adversarios. Por otra parte, si a los súbditos les constata la injusticia de una guerra no les es lícito ir a ella aún por mandato del príncipe. esto en virtud de la ilicitud de dar muerte a inocentes.10 Esta preocupación por la justicia de la guerra obliga a los consejeros del rey a examinar las causas de una guerra justa ya que si se concreta una guerra injusta, parecería contar con el consentimiento de ellos ya que "a cada uno se imputa lo que puede y debe impedir si no lo impide".11 Luego, Francisco de Vitoria reflexiona sobre el caso de que ambas partes beligerantes tengan razones aparentes y probables y enumera algunas reglas prácticas para tal situación para entonces preguntarse por la posibilidad que una guerra sea justa para ambas partes, lo que resuelve afirmando que tal probabilidad se daría sólo en el caso de ignorancia 
"porque si consta la justicia de la contraparte, no es lícito ofenderse ni defenderse de él."
LUEGO SE PREGUNTA SI ES LÍCITO MATAR INOCENTES EN UNA GUERRA JUSTA A LO QUE RESPONDE QUE NUNCA ES LÍCITO MATAR A UN INOCENTE CON INTENCIÓN DIRECTA PERO SI SE LES PUEDE DESPOJARLOS DE ARMAS, NAVES Y MÁQUINAS.12
4 Domingo De Soto
Escultura de Domingo de Soto, en Segovia.
🔺Domingo de Soto, O.P., (Segovia, 1494 - Salamanca, 1560), fue un fraile dominico y teólogo español, confesor del emperador Carlos V.
Domingo de Soto13 escribió el tratado De iustitia et iure. En el libro V q. III, podemos encontrar los motivos por los que una guerra puede ser justa. A saber estos son: 
  • La falta de una causa digna 
  • La ausencia de forma jurídica.
La presencia de autoridad. 
“Puesto que solo los jefes de Estado, que gozan de verdadera autoridad, tiene derecho para declarar y hacer guerra los demás poderes y autoridades que viven bajo la autoridad del Jefe de Estado, carecen de él, y solamente pueden hacer uso de la violencia contra los malhechores que le están sujetos (De Soto, [1556] 1968:430)
La presencia de una causa digna.
[…] se necesita que haya una causa y no cualquiera, sino digna, para exponerse por ella a tan grandes riesgos, y para ocasionar tan grandes ruinosas perturbaciones a la nación”. (De Soto, [1556] 1968:430)
La presencia de forma jurídica
Es decir que sólo se declare después de haber ofrecido primero todos los motivos de paz y que no se extienda más de lo que pide la justicia.14
La guerra no puede ser justa para ambas partes, declara Domingo de Soto, a no ser que la ignorancia excuse a una de las partes. Domingo de Soto ilustra lo anterior con un ejemplo: 
Veo que un soldado se lanza sobre mí y sé que él es inocente, es decir, que piensa que la guerra que me hace es justa. En este casi parecen que la razón dicta que no puedo darle muerte; puesto que la guerra no puede ser justa por ambas partes. Y así, si él lucha justamente contra mí, yo no puedo según la justicia defenderme. 
Sin embargo, se responde que es lícito. 
En primer lugar porque ambos por ignorancia podemos luchar justamente, cuando ambos creemos que defendemos la causa justa. Además, aunque en tal conflicto uno de los soldados ciertamente supiera que la justicia estaba de la parte contraria, puede defenderse, porque no está obligado a sufrir aquella muerte […] Pero el soldado que creyere que hace una guerra injusta, no puede lícitamente acometer”. Domingo de Soto.15
Para ilustrar lo dicho por Domingo de Soto respecto de la ignorancia como excusa de una de las partes, cabe señalar siguiendo a Mungía16 que existen al menos cuatro tipos o grados de ignorancia. A saber estos son: 
  • La ignorancia invencible
  • La ignorancia vencible
  • crasa 
  • y afectada. 
La ignorancia invencible, es aquella que destruye la voluntariedad del acto (al igual que el olvido y la inadvertencia absoluta), por lo que no debe de tenerse como pecado lo hecho bajo esta ignorancia. 

La ignorancia vencible: es aquella que no destruye o quita lo voluntario y por consiguiente no excusa de pecado, disminuyéndolos en cambio si se toma en cuenta las dificultades que existen para vencer esa ignorancia (sobre el olvido y la inadvertencia se puede decir lo mismo, ya que estos son inocentes o culpables si es que dependen o no de la persona). 

La ignorancia crasa: ésta no quita ni disminuye el pecado porque es en mayor grado vencible para el que la padece que la anterior. Finalmente, la ignorancia afectada, tampoco quita ni disminuye el pecado, además de que es procurada en cierta medida por el que la padece para engañarse a sí mismo.
5 Luis de Molina
🔺Luis de Molina (Cuenca, 29 de septiembre de 1535 - Madrid, 12 de octubre de 1600) fue un sacerdote jesuitaespañol, teólogo y jurista.
Luis de Molina afirma que la guerra es asunto netamente jurídico,17 pues aunque una guerra injusta se opone a la caridad, también lo hace, y aún más, a la justicia. Así, llega a la conclusión de que 
la guerra deberá examinarse de acuerdo con los principios de la justicia, más que con los de la caridad
Señala nuestro autor que sería un error considerar siempre ilícita la guerra. Sostiene la tesis de que no sólo es lícito a los cristianos el guerrear, siempre y cuando lo hagan guardando ciertas condiciones, sino que en ocasiones será mejor pelear que abstenerse de hacerlo.
De iustitia et iure, 1733
Llega incluso a ser pecado moral el no hacerlo. Afirma que es lícito a los reyes el 
“esgrimir la espada contra los malhechores y sediciosos de su Estado […] ”18 
y pueden emplearla también en contra de los enemigos externos en defensa de sus súbditos. Esto no sólo es lícito hacerlo en las guerras defensivas, sino incluso en las de carácter ofensivo, con el objeto de reclamar lo que haya sido arrebatado, el resarcimiento de daños o la venganza de injurias recibidas.
Para Luis de Molina, las condiciones necesarias para la justicia y licitud de guerra son, 
  • primero, autoridad justa, la guerra deberá ser declarada por quien tenga la autoridad suficiente para hacerlo. 
  • Segundo, causa justa, debe existir una injuria 
  • tercero, debe existir recta intención al guerrear.
La justa autoridad, la tiene el príncipe, que no reconoce a ninguna otra sobre él y la república independiente, como estado íntegro que se basta a sí misma. 

La causa justa hace referencia al requisito establecido por Vitoria como injuria: la injuria que tratamos de impedir, de resarcir o de vengar. Dice que basta en ocasiones que la injuria sólo sea material, es decir, sin culpa.

La recta intención indica que la guerra no puede ser causada por el odio a los enemigos sino el deseo del bien común, el de recuperar lo que le pertenece al atacante o el vengar la injuria recibida. En el caso de que el origen de la guerra fuese el odio al enemigo, existiría en este caso la culpa.

Finalmente, respecto a estas condiciones necesarias para que una guerra sea justa señala 
que existiendo autoridad legítima y una causa justa, no surge la obligación de restituir a los enemigos los daños causados si falta la tercera condición que es la debida intención. Da como razón el hecho de quienes declaran tal guerra ilícita no pecan contra la justicia sino contra la caridad al pelear justamente pero sin la debida intención. 
Las causas particulares de la guerra son:19 
1) Ocupar lo que se le debe al príncipe y que no es obtenible por otra vía, 
2) Para reprender y castigar a los súbditos que injustamente se rebelan contra su señor y se niegan a obedecer una orden justa de éste, 
3) La injuria inferida al príncipe o al Estado, 
4) El hecho de prestar auxilio a quién está en guerra injusta con algún príncipe; en virtud de que por esa razón, dicho príncipe tiene una causa justa de guerra contra quien presta di cho auxilio. Lo anterior en virtud del daño e injuria recibidos, 
5) La defensa injusta de criminales con el fin de evitar el castigo que en justicias se merece, 
6) El incumplimiento por parte de un príncipe o república de un tratado o pacto que sea de gran interés para otro príncipe o república, 
7) Negar cualquiera de las cosas que por derecho de gentes les están a todos permitidas. Esta negación al ser injusta supone una injuria a quien se le niega.
6 Francisco Suárez
🔺Francisco Suárez, S.J., conocido como Doctor Eximius (Granada, 5 de enero de 1548Lisboa, 25 de septiembre de 1617), fue un teólogo, filósofo y jurista jesuita español.
Para Francisco Suárez, la guerra se comprende dentro del Ius inter gentes, de acuerdo con el concepto de derecho de gentes, no siendo la guerra una institución de derecho natural. Por derecho inter gentes podemos entender aquel derecho común a todas las naciones, que fue por todos establecido y sólo puede ser suprimido por el consentimiento unánime de las naciones que lo crearon, mediante la costumbre.

En su tratado De Bello20 empieza por considerar a la guerra como un hecho sin señalar distingo con la simple lucha. Su concepción es de amplitud tal que abarca a todos los hechos de fuerza. 
Posteriormente encuadra y limita a la guerra justa, haciendo notar que sólo podrá se considerada como tal aquella que reúna las siguientes condiciones.
El declarar la guerra es potestad de todo príncipe soberano por derecho natural, ya que este tipo de guerra al estar a veces permitida por este derecho natural, es necesario que alguien tenga el poder suficiente para emprenderla. Así, “la guerra que,… se declara sin legítima autoridad, no solamente es contraria a la caridad, sino también a la justicia, aunque le asista una causa legítima” ya que esa declaración se hace sin una jurisdicción legítima dando como resultado la obligación de restituir todos los daños que se causen. Esto Abarca también al príncipe soberano que decide emprender una guerra en contravención a una prohibición impuesta por el soberano pontífice, dicha prohibición es legítima si el Papa considera que la guerra en cuestión contraria al bien de la iglesia, en virtud de lo cual priva al príncipe del derecho a declararla.21
 6.2 Que medie una causa justa
Francisco Suárez, hace la distinción entre causas justas de la guerra según la razón natural de las que no emana del derecho natural y que son aplicables en particular a los príncipes cristianos.Por justa causa para la guerra debe entenderse “una grave injuria ya consumada que no puede ser devengada, ni reparada de otra manera.” Deberá de demostrarse no sólo la gravedad de la violación sino que es el único medio para lograr reparación. Además establece la necesidad de que exista proporcionalidad entre la gravedad de la causa y los males que se van a acarrear con la guerra.22
 6.3 Equidad respecto del enemigo tanto en la guerra como en la paz
Es menester observar en la guerra la equidad que se cumple en un juicio justo, en el que el reo no puede ser castigado con cualquier tipo de castigo, ni ser privado de la totalidad de sus bienes, sino que deberá de ser castigados de manera proporcional a la gravedad del delito cometido. Existe un deber de la incertidumbre sobre la justicia de la guerra. Francisco Suárez, distingue tres hipótesis respecto de esta obligación. Obligación del Rey o del príncipe soberano. Éste tiene la obligación de estudiar cuidadosamente las causas de la guerra y la justicia de la misma, pudiendo darse los siguiente supuestos. Igualdad de probabilidades estando lo litigado en posesión de alguna de las partes. El que no tiene la posesión no puede declararle la guerra al que posee. Si el primero ataca, el segundo puede justamente defenderse. Francisco Suárez, sostiene que la buena fe en el poseedor se refiere al momento inicial de la posesión, y en el caso de que la duda sea posterior y no se descubra la verdad podrá el poseedor retener la cosa con toda seguridad. Ninguna de las partes está en posesión de lo discutido y hay equivalencia de dudas y responsabilidades. Aquí. La cosa objeto del legítimo deberá de repartirse entre los discrepantes y en le caso de la invisibilidad de la misma se debe de acudir a otro medio de composición. En el caso de que alguna de las partes pretenda apoderarse de lo litigado, a la otra parte le corresponderá un justo título para oponerse.23
🔺Diego de Covarrubias y Leyva (Toledo, 25 de julio de 1512Madrid, 27 de septiembre de 1577) jurista, político y eclesiástico español. Representante de la escuela de Salamanca en su siglo de oro. Su padre, Alonso de Covarrubias (1488–1570), fue arquitecto de la catedral de Toledo, y su hermano Antonio de Covarrubias y Leyva (1514/24–1602) fue profesor de Derecho en Salamanca y Consejero de Castilla.
Según Diego de Covarrubias, para la justicia de la guerra se requiere primeramente, la autoridad del príncipe que la declara. Si alguien que está sujeto a un superior declara la guerra sin la autoridad y contra la voluntad de dicho superior, estará cometiendo una injuria contra él. Así, tiene derecho a declarar la guerra el príncipe que no reconoce autoridad superior alguna en su gobierno. Se requiere también de una causa justa y además de una intención recta en el ánimo de los beligerantes para evitar injurias a las nación o de vengar una ya recibida. Considera Diego de Covarrubias que aún cuando falte esa recta intención, estando presentes la autoridad y la causa justa, no se estará en la obligación de restituir lo apresado en la guerra.24

Que la guerra se haga para defensa de la nación y evitar que ésta sea oprimida por la fuerza de algún tirano. Incluye la defensa de las personas y las cosas que se encuentren en el propio imperio. Esta causa la considera de restituir lo apresado en la guerra. La guerra defensiva, es lícita aun para los particulares que no cuentan con la autoridad del príncipe o del superior, en virtud de que la ley natural les autoriza a la defensa.25

La contumacia o rebeldía de quien injustamente rehúsa obedecer a la autoridad, aun después de haber sido convenientemente amonestados. Esto porque los súbditos que resisten la autoridad del príncipe están cometiendo pecado contra Dios y contra su príncipe. En virtud de lo anterior se puede imponer castigo a la nación que descuidó.25

Vengar los crímenes de sus súbditos o se niega a devolver lo robado. Aquí Cobarrubias está confiriéndole potestad al príncipe injuriado para castigar, como juez, a los que lo ofendieron cuando éstos se niegan a restituirles.25

Para recuperar las cosas tomadas violentamente por el enemigo. Señala que esta causa se reduce a la venganza de la injuria consistente en el retener las cosas del ofendido contra su voluntad. Dice Diego de Covarrubias en una Cita que de Budeo, que lo que comúnmente llamamos represalias, pueden llamarse en latín pignorationes1 o clarigacón. En tal sentido las represalias son continuamente aplicadas. 
Da como ejemplo el caso en que ladrones, piratas u otros súbditos de algún cometen injurias o daños y los ofendidos no pudiesen conseguir el castigo debido y la venganza en la nación a quienes pertenecen los autores del ataque, en tal caso es ilícito a injuriados usar pignoraciones contra los habitantes de esa nación. 
Concluye diciendo que las represalias sólo son ilícitas con las condiciones que requiere la guerra por derecho natural, divino y humano, pues de la licitud de la guerra no se desprende la licitud de las represalias. Por lo anterior, es necesaria la autoridad del príncipe que pueda declarar la guerra y además que la nación contra la cual se llevan a cabo las represalias que se rehúse a castigar los crímenes cometidos por sus súbditos. Podemos, con base en lo dicho por Diego de Covarrubias, concluir que quienes ejecutan las represalias deberán contar con la autoridad del príncipe, que en el caso de los corsarios sería la patente. Si en estas clarigaciones y represalias no es lícito, de primera intención, causar daño a los inocentes, se permite sí, per accidens.25

Sobre si la guerra puede ser justa para ambas partes, dice que objetivamente esto no es posible, pues al ser contrarios los enemigos entre sí, también lo son sus derechos, estando por una parte de la justicia y por la otra la injusticia.25

Desde un punto de vista subjetivo, si se puede la guerra ser justa por ambas partes, estando la justicia de la guerra para una de ellas, y actuando la otra de buena fe. Covarrubias hace distinción para posteriormente explicarte en qué caso lo apresado en la guerra pasa a ser legítima posesión de quienes lo toman y en qué casos ha de ser restituido.25

Deja sentado que lo capturado en la guerra justa es de aquél que lo captura. Si son inmuebles, son propiedad del príncipe o Rey que declara la guerra, no del general o soldados que hacen la captura. Los bienes muebles pasan a ser posesión de sus captores y hay que ponerlos en manos del general del ejército para su repartición entre los soldados de acuerdo a sus méritos y dignidad. Deberán de observarse rígidamente las leyes y costumbres legítimamente establecidas para la repartición del botín.25

Surge la duda para Diego de Covarrubias sobre si existe la obligación de restituirle al daño original las cosas tomadas al enemigo que pertenecen a ese primer dueño. En el caso de bienes inmuebles se ha de restituir al primer dueño. Los bienes muebles que estén en manos de los enemigos y que éstos a su vez los hayan tomado de otros, serán de los nuevos captores. Si no fueron los enemigos lo que se adueñaron de las cosas sino ladrones o piratas y éstas fueron recuperadas por soldados que no gozan de paga pública, éstos deberán devolver las cosas a sus legítimos dueños, debiendo recibir a cambio la retribución y pago debido por la recuperación.25
8 Carl Schmitt
🔺Carl Schmitt (Plettenberg, Westfalia, Imperio alemán; 11 de julio de 1888Ib., 7 de abril de 1985) fue un iuspublicista y filósofo jurídico alemán, adscrito a la escuela del llamado realismo político, lo mismo que a la teoría del orden jurídico. Escribió centrado en el conflicto social como objeto de estudio de la ciencia política, y más concretamente la guerra. Su obra atraviesa los avatares políticos de su país y de Europa a lo largo del siglo XX.
Según Carl Schmitt (1991)26 existen al menos dos tipos de guerra que pueden ser llamadas “justas”. 
  • Aquellas de causa formal (la iusta causa del derecho romano)
  • y aquellas de causa moral (las de justificación moral indeterminada del derecho natural). 
Las guerras de causa formal son iustum bellum, iustum por darse entre iusti hostes según el derecho de gentes y atenerse a las reglas del derecho de guerra. Aquí, la razón de guerra es una razón formal no de fondo y por lo mismo es más objetiva y fácil de determinar. En la hostilidad admitida por el derecho de gentes, no existe el riesgo de la criminalización de los vencidos. El destino de los beligerantes puede ser la muerte, incluso, temporalmente el campo de concentración, pero nunca el juicio criminal por el simple hecho de su beligerancia.27

El segundo tipo de guerra llamada justa es el resultado del corrimiento del bellum iustum (formal) a la “guerra justa” (moral). Esto es el resultado del pacifismo que promueve la renuncia a la guerra, el olvido del ius bellum y que ha transformado la guerra en pretexto para criminalizar al vencido.28 La guerra justa de los pacifistas no es bellum iustum es bellum politicum, por lo tanto el vencedor hace hincapié en la distinción entre enemigo y criminal.29
🔺Álvaro d'Ors y Pérez-Peix (nacido en Barcelona, 14 de abril de 1915 - Pamplona, 1 de febrero de 2004) fue un jurista español. Fue, además, uno de los romanistas más influyentes del siglo XX.
Álvaro D'Ors dice que esta perversión criminalizadora de la guerra denunciada por Schmitt, deja sin paliativos formales la discriminación de la justicia moral. Esta criminalización es un retroceso jurídico, como muestra la historia del derecho privado, afirma el catedrático español.27

El bellum politicum es de hecho guerra civil y de ahí que resulte criminalizadora con los vencidos. En otras palabras explica Álvaro D'Ors : el pacifismo al proscribir el derecho del bellum iustum, ha venido a “politizar” toda guerra y a dar el resultado criminalizante del “enemigo” vencido. Por eso toda guerra civil termina argumentando con razones de justicia moral.30
Juan XXIII 
🔺Juan XXIII (latín: Ioannes PP. XXIII), de nombre secular Angelo Giuseppe Roncalli (Sotto il Monte, Bérgamo, Lombardía, Italia, 25 de noviembre de 1881-Ciudad del Vaticano, 3 de junio de 1963), fue el papa número 261 de la Iglesia católica y soberano de la Ciudad del Vaticano entre 1958 y 1963.
La encíclica Pacem in terris (Paz en la Tierra, 1963) fue escrita por Juan XXIII, y dirigida no solo a los católicos, sino «a todos los hombres de buena voluntad». Redactada en plena guerra fría luego de la crisis de los misiles en Cuba de octubre de 1962, la encíclica contiene un rechazo incondicional de la carrera de armamentos y de la guerra en sí misma. Sostiene que en la era atómica resulta impensable que la guerra se pueda utilizar como instrumento de justicia. Esto, a su vez, implicó un fuerte cuestionamiento al concepto de guerra justa.31
[...] la justicia, la recta razón y el sentido de la dignidad humana exigen urgentemente que cese ya la carrera de armamentos; que, de un lado y de otro, las naciones que los poseen los reduzcan simultáneamente; que se prohíban las armas atómicas; que, por último, todos los pueblos, en virtud de un acuerdo, lleguen a un desarme simultáneo, controlado por mutuas y eficaces garantías. [...] en nuestra época, que se jacta de poseer la energía atómica, resulta un absurdo sostener que la guerra es un medio apto para resarcir el derecho violado.1
Juan XXIII, Pacem in terris, 112 y 127
  1. ↑ Saltar a:a b Juan XXIII (1963). «Pacem in terris. Carta encíclica sobre la paz entre todos los pueblos que ha de fundarse en la verdad, la justicia, el amor y la libertad». Libr. Editrice Vaticana. Consultado el 3 de octubre de 2013.
  2. Volver arriba Aquino, Tomás de. (1882). Suma Teológica Madrid: Moya y Plaza Editores. II-II Qu. 40, a 1 ad 3
  3. Volver arriba Santo Tomás, Op. Cit
  4. Volver arriba Santo Tomás, ibidem
  5. Volver arriba Vitoria, Francisco de (1960). Relecciones teológicas. Obras de Francisco de Vitoria. Madrid: Biblioteca de autores cristianos
  6. Volver arriba Vitoria, 1960:815
  7. ↑ Saltar a:a b c ibídem
  8. Volver arriba ídem: 817
  9. Volver arriba Ídem:817
  10. Volver arriba ídem: 831
  11. Volver arriba ídem:832
  12. Volver arriba ídem:844
  13. Volver arriba De Soto, ([1556] 1968)
  14. Volver arriba De Soto. ([1556] 1968:430)
  15. Volver arriba De Soto. ([1556] 1968:400)
  16. Volver arriba Mungía, (1858: 38)
  17. Volver arriba De Molina, Luis. (1947)
  18. Volver arriba De Molina, Luis. (1947: 236)
  19. Volver arriba De Molina, Luis. (1947: 298)
  20. Volver arriba Luciano Pereña Vicente, Teoría de la guerra en Francisco Suárez. Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto Francisco de Vtoria, Madrid, 1954, Tomo I, págs.. 7-13. Es en esta obra, en la versión crítica que de la Disaputatio XIII de Bello contiene y en el estudio de Camilo García Trellez, Francisco Suárez (1548-1617). Internacionalistas españoles del siglo XVI, Universidad de Valladolid, Sección de Estudios americanistas, 1934,
  21. Volver arriba Suárez, F. (1954: 102-103)
  22. Volver arriba Suárez, F. (1954:127)
  23. Volver arriba Ibídem
  24. Volver arriba Rico, Atilano. (1957). Textos Jurídico Políticos de Diego de Covarribias y Leyva. Madrid: Instituto de Estudios Políticos
  25. ↑ Saltar a:a b c d e f g h Ídem
  26. Volver arriba Schmitt, 1991
  27. ↑ Saltar a:a b D' Ors, 1996: 42
  28. Volver arriba Schmitt, 1991:70
  29. Volver arriba “Der gerechte Krieg ist ein bellum politicum; der Sieger im gerechten Krieg hebt den Unterschied von Feind und Verbrecher auf”
  30. Volver arriba D' Ors, 1996: 43
  31. Volver arriba Orlandis, José (1998). La Iglesia católica en la segunda mitad del siglo XX. Madrid: Ediciones Palabra. p. 34. ISBN 84-8239-286-7. Consultado el 3 de octubre de 2013. José Orlandis señala que la encíclica significó la «abolición de la vieja noción de guerra justa».
13 Bibliografía
Bellamy, Alex (2009). Guerras justas de Cicerón a Iraq. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica
De Aquino, Tomás (1882). Ultrum bellare semper sit pecar en Summa Teológica, Tómo III, q.40,1; q.40.1 ad 3
D' Ors, Álvaro (1996). El “Glossarium” de Carl Schmitt en Estudios sobe Carl Schmitt. Dalmacio Negro Pavón (Coordinador). Madrid: Veintiuno.
De Soto, Domingo ([1556] 1968).De la justicia y del derecho. Madrid:Instituto de estudios políticos, Tomo III
De Molina, Luis (1947). De Bello en Manuel Fraga Iribarne, Luis de Molina y el derecho de la Guerra. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto Francisco de Vitoria
Mungía, Clemente de Jesús (1858). Prolegómenos de la teología moral.México: Imprenta Andrade y Escalante
Pereña, Luciano (1954).Teoría de la guerra en Francisco Suárez. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto Francisco de Vtoria. Tomo I: 7-13.
Schmitt, C. (1991). Glossarium. Aufzeichnungen der Jahre 1947-1951. Berlín: Duncker und Humblot
Schmitt, C. (2002). El Nomos de la Tierra en el derecho de gentes del "Ius publicum europaeum". Granada: Comares.
Vitoria, Francisco de (1960).Relecciones teológicas.Obras de Francisco de Vitoria.Madrid:BAC
Walzer Michael (1977). Just ans unjust wars. A moral argument. Nueva York: Basic Books.

Fuente:
http://www.conocereisdeverdad.org/website/index.php?id=3405
http://www.conocereisdeverdad.org/website/index.php?id=2331
https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_justa
http://www.conocereisdeverdad.org/website/index.php?id=3364

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