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"Soy un hombre de armas, un soldado, scout. Paradójicamente, al único de mi especie que admiro, empuñó solamente la palabra, su técnica fue la humildad, su táctica la paciencia y la estrategia que le dio su mayor victoria fue dejarse clavar en una cruz por aquellos que amaba".

Desde La Trinchera Del Buen Combate en Argentina. Un Abrazo en Dios y La Patria.

1 de mayo de 2018

TENIENTE PRIMERO CARLOS DANIEL ESTEBAN, EL TIENE SU LUGAR EN LA HISTORIA.

Teniente Primero Carlos Daniel Esteban (Regimiento de Infantería 25) - Medalla La Nación Argentina al Valor en Combate, es la segunda más alta condecoración militar propuesta por la República Argentina. (Ley 24.020/1991 y Ley 25.576). Hoy Coronel de Infantería Retirado.
(Trascripción textual del reportaje brindado a la Revista Gente Nro 882 – 17 de Junio de 1982)
Tiene 27 años y hace ocho que egresó del Colegio Militar. El teniente 1º Carlos Daniel Esteban, jefe de la compañía que enfrentó con 115 hombres el desembarco inglés en la Bahía de San Carlos, relata como fueron los combates en San Carlos, Pradera del Ganso (Goose Green) y Darwin. El y sus hombres fueron tomados prisioneros precisamente en Puerto Darwin, pero sólo después de haber cumplido con su misión. Una historia de valor y coraje que el tiempo no debe borrar.
Soldados del E.C. "Güemes" durante un acto en Malvinas antes del desembarco inglés. Junto al abanderado, marcha el Teniente Primero Carlos Esteban.
- Nosotros nos embarcamos para reconquistar las Islas Malvinas el 27 de marzo. La operación fue bastante simple puesto que los efectivos que desembarcaron eran muy grandes. Nosotros participamos en el asalto y algunas secciones, como reserva. Una vez que termina y el enemigo es reducido en Stanley, recibo la orden de consolidar un punto de apoyo entre la localidad de Pradera del Ganso (Goose Green) y Darwin.
_ ¿Con cuánto tiempo de anticipación les avisaron a ustedes de este operativo?
- A nosotros nos avisaron con 48 horas de anticipación. Recibimos la orden del jefe de regimiento para un alistamiento en 24 horas y tuvimos 24 horas más para iniciar la operación.
_ ¿Cuántos eran ustedes?
- Bueno, mi gente integraba una compañía de asalto con tres secciones de tiradores que en total integraban 115 hombres.
_ ¿Cómo se desarrollaron las acciones?
- Bueno, en un primer momento, una vez reducido el enemigo que se encontraba en la isla, se pasó a reconquistar y a reconocer el terreno que nosotros teníamos. Primero vino una integración con la población de Darwin a medida que se iba trabajando en la defensa y en la fortificación del lugar en espera de un posible desembarco inglés. En ese lugar estuvimos unos 25 días aproximadamente.
_ A continuación, ¿cuál fue su misión?
- En Puerto San Carlos, una localidad chica con un puerto de aguas profundas en el norte del canal San Carlos, teníamos una misión muy clara por el reducido número que veníamos: teníamos que dar el “alerta temprana” ante un desembarco, teníamos que tratar de inflingirles algunas pérdidas al enemigo, si desembarcaban. Y por sobre todo, ejercer un pequeño control sobre el canal San Carlos para evitar todo tipo de movimiento por ellos.
_ ¿Ustedes suponían que San Carlos podía convertirse en una cabeza de playa en ese momento? ¿Eso estaba en los cálculos?
- Sí, podía haber un desembarco, pero no teníamos la total seguridad.
_ ¿Cómo siguieron los acontecimientos después?
- Nosotros ya teníamos una semana en San Carlos y la relación con la población en ese momento era un poco más dura porque, quizá, era una población más chica y porque además era una localidad privada. Así pasamos una semana prácticamente sin novedad; solamente con algunos helicópteros enemigos que sobrevolaban. Hasta que llega el día 21 de Mayo.
A la madrugada, sentimos un poderoso fuego naval en una zona que no podíamos detectar con exactitud dónde era…
Teniente Coronel Mohamed Alí Seineldín y a la derecha, con gorro de lana, el en ese momento Teniente Primero Carlos Daniel Esteban.
_ ¿Hasta ese día, cómo era el ánimo de su gente, había tensión, nervios…?
- No. Si bien estábamos solos y alejados de nuestras primeras líneas o de las fortificaciones más importantes argentinas, noté una tranquilidad absoluta en mi gente, y sobre todo entendían la responsabilidad que teníamos porque ejercíamos el control de la entrada del canal por el Norte. Bueno, luego de eso, luego de sentir el fuego naval que duró dos o tres horas (que evidentemente fue a cualquier lado de la isla porque nosotros teníamos comunicación con todas las fortificaciones argentinas y ninguna estaba recibiendo fuego naval), tratamos de ver, pero la noche era muy oscura y recién conseguimos obtener datos del enemigo cuando se hicieron las primeras luces (allá amanece muy tarde, aproximadamente a las ocho y media). Ahí vimos la presencia (en la entrada del canal) de un buque blanco y muy grande. Aparentemente, por lo que yo había visto en fotografías, podría ser el Canberra o un buque muy similar. Y a ese buque lo rodeaban un conjunto de fragatas. A esta información no la obtengo en un primer momento por mi conocimiento directo, sino porque tenía hombres “elevados” que bajaron y me dijeron lo que estaban viendo. Subo a la “altura Norte” y con un elemento óptico observo que era exacta la información: un buque grande blanco, del que se desprendían lanchones de desembarco. Los helicópteros lo sobrevolaban y había unas cinco o seis fragatas (había mucha bruma, por eso no podíamos distinguir bien la última fragata tipo 42 ó 22) que lo estaban custodiando. Además un buque pequeño rojo en el cual se montaban tropas y salía en dirección al establecimiento San Carlos, que es una pequeña localidad que se encuentra a unos dos kilómetros de Puerto San Carlos. Ese era el momento justo para cumplir nuestra misión. O sea que había que proporcionar la “alerta temprana” a los comandos superiores de un desembarco del enemigo, que era indudable. Entonces bajé hasta la radio y me comuniqué con mi comando superior que estaba en Puerto Argentino. Informé lo que estaba pasando y el lugar exacto del desembarco para que pudiesen actuar otras fuerzas. Ahí les relaté la presencia del buque grande y blanco, todas las fragatas, los lanchones de desembarco y el gran movimiento de helicópteros en la zona, estableciéndoles que la dirección principal de desembarco era el establecimiento San Carlos. Estaba terminando de relatar esto a mi comando y llega el observador adelantado del sector Sur. Me dice que ya la infantería estaba avanzando hasta Puerto San Carlos y que la teníamos aproximadamente a 1.200 metros. Avisé de esto a mi comando superior. Les dije el tipo de uniforme que portaban, para que pudieran distinguir la tropa que habían desembarcado y le impartí la orden al subteniente Vázquez, que era el que me seguía en la cadena de mando, para que organizara las columnas de soldados para tomar la altura norte de la localidad de Puerto San Carlos, puesto que si no el enemigo nos iba a emboscar en el bajo de San Carlos.
A la izquierda, en Puerto Argentino, el Teniente Primero Carlos Daniel Esteban, del RI 25, condecorado con la medalla La Nación Argentina al Valor en Combate, luego de haber enfrentado el desembarco inglés en San Carlos al mando de un grupo de conscriptos. Sus bisoños soldados resultaron ser "de tal palo tal astilla", fueron fiel reflejo de su corajudo jefe.
_ ¿Cuál era la relación entre ustedes y ellos?
- Bueno, la relación era gigante. Es imposible hacerla porque estaba la mas del desembarco. Ahora bien, hacia nosotros venían avanzando unos 250 infantes de marina que creo eran paracaidistas por sus boinas rojas. Pero muchos más avanzaban hasta el establecimiento San Carlos y el desembarco seguía normalmente. O sea que seguían viniendo más lanchones y más helicópteros con soldados. Entonces le avisé a mi comando superior que yo cortaba las comunicaciones. Yo tenía una radio fija que no podía transportar porque la fuente de alimentación era un motor a explosión. Entonces lo único que hicimos fue romper los elementos que podían ser útiles a la inteligencia enemiga. Pasamos a tomar posiciones en la altura norte, en la que había una columna a cargo del subteniente Vázquez y otra columna a cargo mío con frente al enemigo.
_ ¿Qué pasa en ese momento?
- En ese momento se produce, al parecer, una descoordinación entre la infantería y los helicópteros enemigos porque primero llegan los helicópteros por la retaguardia antes que la infantería nos aferre por el frente. Entonces ordenamos a las fracciones abrir fuego sobre el primer helicóptero que aparece por la retaguardia. Es un helicóptero tipo Sea King que podía venir con unos quince hombres y que además transportaba municiones. El helicóptero /ante el fuego de la fuerza argentina, con mucha munición trazante) no deja la carga, sale humeando y se retira hacia la zona de los barcos.
Luego de eso, la infantería al ver el fuego sobre el primer helicóptero se aplasta en el terreno y empieza a efectuar su fuego de morteros. El primer fuego de mortero lo recibimos con explosivos tipo “fósforo”; lo recibimos a unos doscientos metros a la derecha del último hombre nuestro. Quiere decir que en uno o dos disparos más ya podían caer con precisión sobre el blanco. Entonces efectúo un cambio de posición para las dos fracciones de aproximadamente unos trescientos metros hacia el este. No habríamos estado unos treinta, cuarenta segundos sobre la nueva posición, que ya aparece un helicóptero de ataque, un helicóptero tipo Gazelle que tenía misiles y una ametralladora; aparece aparentemente para registrar el fuego naval, o sea para poder dirigir el fuego naval o el fuego de morteros sobre nosotros. Ese helicóptero aparece sobre nuestra retaguardia, pero el cambio de posición lo desorientó y queda colocado frente a nuestras posiciones. Entonces se ordena fuego de fusileros sobre el helicóptero y vemos que éste se precipita rápidamente a las aguas del río San Carlos. Vemos que uno de los pilotos está muerto y que hay más cuerpos flotando y otro de los pilotos nada hasta una boya y uno de los kelpers que estaba mirando el combate, automáticamente toma una lancha y sale a socorrerlo. Vemos también que un grupo de kelpers, unos diez o doce, nos abucheaban desde el fondo de Puerto San Carlos e indicaban con sus brazos las posiciones de nuestros hombres al ejército enemigo que estaba atacando con fuego de morteros.
Regreso del equipo de combate Guemes a Puerto Argentino. El Tte 1º Carlos Daniel Esteban (2do desde la derecha) luego de volver de San Carlos.
_ ¿Ustedes habían requisado las casas de los kelpers en San Carlos cuando llegaron?
- No, requisa no hicimos. Se efectuó un estricto control de que no existiese armamento de guerra, de calibre grande. Porque la población de esos lugares vive mucho de la caza del ganso, de pequeñas aves, entonces todos, en general, tiene calibre 22.
_ ¿Cómo actuó usted ante la ayuda de los kelpers al enemigo?
- Por supuesto, lo consideré totalmente lógico y nosotros no tomamos ninguna medida contra ellos. Procedimos a hacer inmediatamente otro cambio de posiciones y ya el comandante enemigo había ordenado la presencia de un nuevo helicóptero Gazelle sobre la retaguardia nuestra para poder dirigir el fuego naval. El helicóptero fue unos quinientos metro a retaguardia de la primera posición donde cayó el primer helicóptero.
Entonces, nuevamente vuelve a quedar sobre nosotros, que habíamos hecho un círculo de 360 grados. Fue atacado y el helicóptero cayó con toda su tripulación muerta en el centro de nuestras posiciones.
_ ¿La situación estaba controlada?
- No, no… controlada ante un desembarco de esa magnitud, no.
_ Por lo menos ante los primeros ataques.
- Eso sí. Yo puedo decir que tuve control de mi situación. Muy crítica, porque estábamos rodeados. Teníamos la infantería al frente, los helicópteros que aparecían por retaguardia y el fuego naval de frente. Ellos quizá se confiaron y no tomaron las alturas y las pude tomar yo antes. Yo tenía la gran ventaja de manejar las mejores alturas y tenía la posibilidad de tener un campo total de combate. Veía con mucha anticipación la aparición de los helicópteros. Y si no las veía yo, las veía mi gente que actuaba por motu propio. Hacemos el último cambio de posición antes de desprendernos del enemigo a unos trescientos o cuatrocientos continuando por la orilla del río San Carlos, porque yo pensé que las lanchas iban a continuar para entrar por detrás del Puerto San Carlos. Pero no fue así. Las lanchas quedaron adelante y volvió aparecer otro helicóptero Gazelle; el último de ese batallón porque los batallones atacan con tres helicópteros misilísticos y ese helicóptero ya vino abriendo el fuego de ametralladoras. Ese fuego de ametralladoras nos rompió un cañón sin retroceso que nosotros teníamos. Automáticamente le volvimos a abrir fuego con todas las ametralladoras y con nuestras armas automáticas; el helicóptero no cae de inmediato, pero lo vemos caer detrás de una colina y frente a nuestras posiciones se retiró totalmente humeando y faltándole pedazos. La infantería no nos siguió en ningún momento; se aplastó en el terreno y nos buscaba solamente con fuego de morteros. Convencido que la situación era crítica y la misión estaba cumplida, pasé a ocupar una posición a mil quinientos metros a retaguardia en una hondonada donde esperé unas tres horas y media la llegada de una fracción que yo tenía como observadores adelantados en el norte del estrecho. Esa fracción no me llegó en ese lapso. Durante las primeras horas vimos, aproximadamente a las 9.30. 9.40, que se produce el ataque de la Fuerza Aérea sobre el desembarco enemigo con varios empleos de los aviones A4B y A4C que atacaron. Viendo ya que con mis fuerzas ya no tenía nada que hacer, dada la cabeza de playa que se estaba montando, decidí emprender el repliegue.
_ ¿Se retira con su objetivo cumplido?
- Si, totalmente.
_ ¿Es cierto que se retiran debido a la escasez de municiones?
- Bueno, escasez de munición… yo diría que muy relativa. Nosotros teníamos la dotación de un soldado combatiente, que son, para dos días, ciento cuarenta cartuchos; habíamos bajado cuatro helicópteros (tres con seguridad y a uno lo inutilizamos) y habíamos gastado aproximadamente un cargador por helicóptero, además de efectuar otros disparos hacia la infantería. Entonces nos quedaba munición suficiente para defendernos de un ataque de la infantería, pero no para seguir provocando daños al enemigo o para defendernos en un posterior repliegue. Pasadas esas tres horas, a “Gato”, que era un hombre que yo tenía colocado en el frente (que no llegó y que desconozco todavía su situación), e iniciamos el repliegue hacia Puerto Argentino, puesto que yo consideré el lugar más seguro para llegar con mis fuerzas y, a su vez, para luego unirme a mis otras fracciones que habían quedado en Pradera del Ganso (Goose Green) y Darwin. Porque evidentemente, si yo ahí me desplazaba hacia Darwin – Pradera del Ganso (Goose Green) me iba a encontrar en un flanco del enemigo y además tenía el obstáculo de cruzar el río San Carlos. En cambio, yendo por la margen derecha del río San Carlos, yo podía llegar en 3 ó 4 días de marcha a Puerto Argentino con una seguridad táctica considerable, puesto que era probable por el tipo de ataque que había recibido, el enemigo iba a tardar varios días en reorganizarse y no creía que intentaría una resolución sobre nosotros.
Caminamos día y noche hasta una localidad que se encuentra a unos 40 kilómetros de Puerto San Carlos. Ahí conseguí una radio y me comuniqué con mi comando superior, con el que había perdido todo contacto en esas 76 horas, e informé que nuestra situación era buena, física y material, ya que sólo habíamos perdido un cañón sin retroceso. Me informan que debo iniciar la marcha a pié hacia Puerto Argentino, y que en el camino me iba a encontrar con helicópteros nuestros, que cuando los desocupasen de otra operación nos iban a buscar. Bien, Cuando estábamos estudiando el camino para regresar a Puerto Argentino recibimos cuatro helicópteros que enviaron nuestros comandos. Nos embarcamos y fuimos a Puerto Argentino. En Puerto Argentino tuvimos casi un día y medio de descanso, donde la tropa fue provista de un nuevo equipo para acampar, completamos nuestras cargas de municiones y nuevamente le pedí a mi comando la posibilidad de ser trasladado al lugar donde yo había dejado dos secciones, que era la zona de Darwin y Pradera del Ganso (Goose Green) y ya teníamos informaciones que el enemigo estaba avanzando hacia esa zona.
El 28 de mayo, aproximadamente a las nueve y media de la mañana, en helicóptero, vamos a la zona de Darwin y Pradera del Ganso (Goose Green), donde se estaban entablando duros combates con el enemigo que ya avanzaba con todas sus fuerzas para conquistar la zona de Darwin y Pradera del Ganso (Goose Green). Cuando llego al lugar, recibo la orden de hacerme cargo de mis fracciones que ya estaban empeñadas en combate. Vi la situación. El enemigo avanzaba realmente con mucha fuerza y hubo que organizar posiciones.
_ ¿Cuánta gente tenía a su mando en ese momento?
- Bueno, en ese momento tenía aproximadamente unos 85 hombres, entre las tres secciones, puesto que una ya estaba muy diezmada porque había tenido duros combates con el enemigo. Podemos consolidar con un duro encuentro con el enemigo que ya estaba muy cerca de las inmediaciones de Darwin y Pradera del Ganso (Goose Green). Luego, la otra sección consolida una altura y prácticamente recuperamos el sector perdido en la margen norte de la localidad de Pradera del Ganso (Goose Green).
Las horas fueron pasando y el comando superior que teníamos en Pradera del Ganso (Goose Green) dijo que la misión estaba cumplida, o sea que se había podido atraer la masa del ejército inglés hacia la localidad de Darwin y Pradera del Ganso (Goose Green), permitiendo a la defensa de Puerto Argentino que se reorganizara para hacer frente a la masa del ejército enemigo. En ese momento recibimos la orden de alto el fuego y se produce una parlamentación entre el comandante nuestro y el comandante enemigo.
_ ¿Cuántas bajas tiene usted, entre muertos y heridos?
- Entre muertos y heridos, tengo aproximadamente unos sesenta hombres.
_ ¿De un total de cuántos?
- Sobre un total de ciento quince hombres.
_ ¿Tenía sentido seguir defendiendo el aeropuerto de Pradera del Ganso (Goose Green)?
- Defender ese aeropuerto no tenía ningún sentido. La pista estaba destruida. En ese aeropuerto se hacía el mantenimiento y había tres pucará de señuelo, que ya habían sido destruidos por un bombardeo enemigo. Defender el aeropuerto era un objetivo sin sentido, porque como le decía estaba ya destruido e inoperable. Y así fue entonces que nos entregamos. Nuestra misión fue cumplida en todos sus puntos. A pesar de la rendición, el objetivo que se nos había asignado se cumplió al pie de la letra.
Espero que la nota haya sido de vuestro agrado. En lo personal, me parece que quien efectúa las preguntas (no está identificado en la revista), por la terminología utilizada, lucía en esos momentos uniforme verde oliva...
Mis más cordiales saludos
Pensando Malvinas: charla con CARLOS DANIEL ESTEBAN
Juan Ignacio Maquieyra, subsecretario de Relaciones Internacionales e Institucionales de la Ciudad, conversó con Daniel Esteban respecto a la historia y el presente de la cuestión Malvinas. Esteban, además de ser especialista en ciencia política, se desempeñó durante la Guerra de Malvinas como jefe de la Compañía C y recibió la Condecoración al Valor en Combate por "sus relevantes méritos, valor y heroísmo en defensa de la Patria.".
https://www.youtube.com/watch?v=ULGXPVMDUSA
LOS HÉROES NEGADOS QUE LA ESCUELA NO QUIERE RECORDAR
Cuando el teniente trepó hasta la cima y se llevó los prismáticos de campaña a los ojos, vio el escalofriante espectáculo que se abría paso en la bruma: fragatas, destructores, helicópteros y lanchones iniciaban el masivo desembarco. Era el Día D en el estrecho San Carlos, y la treta del teniente primero Esteban había sido un éxito: una vez tomado el pueblo y requisadas prolijamente las viviendas en busca de radios, armas y vehículos, había permitido que los isleños continuaran con su rutina y había escondido a su tropa. De lejos y con aquellas apacibles chimeneas humeantes, parecía un acceso despejado; si los ingleses no hubieran caído en la trampa su estrategia hubiese sido distinta: los comandos habrían llegado por la noche y habrían asesinado a los soldados argentinos.
El 42º Commando desembarcando en San Carlos el 21 de mayo de 1982, detrás el HMS Fearless.
En ese momento, Esteban hizo un cálculo correcto: había en aquellas costas cinco mil hombres, y él disponía de solo cuarenta efectivos. Nadie le hubiera reprochado seguir la lógica, que consistía en dar por radio la "alerta temprana" a sus superiores, y luego rendirse con honor. Pero aquel muchacho de 28 años que estaba a cargo de la Compañía C hizo lo inesperado: avisó y presentó batalla. Su proeza está en los libros de la historia militar de la Argentina y de Inglaterra; nadie conocía muy bien, sin embargo, lo que pensaba íntimamente durante esa guerra maldita. Carlos Esteban se había recibido en Córdoba de licenciado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Sabía a esas alturas que Galtieri no sabía, y que esa conflagración era un enorme error estratégico. Estaban destinados a perder, pero no podía contárselo a nadie. Tal vez no le hubiera desagradado a Borges relatar la parábola de un valiente que aun reconociendo la futilidad trágica de su sacrificio, carga todo el tiempo con su secreto escepticismo y realiza a su vez una hazaña heroica.
El desembarco pirata del 21 de mayo se hizo bajo el amparo de la niebla y el mal tiempo reinante.
Esteban, sus oficiales y aquella antología de conscriptos de la clase 62 que habían sido entrenados hasta la fatiga formaron parte del discretísimo operativo de reconquista de las islas Malvinas, y más tarde rodearon Darwin y redujeron a una población dócil que los esperaba con banderas blancas. El jefe de esa localidad se llamaba Hardcastle, y mientras tomaban el té en su casa, Esteban advirtió con un estremecimiento que su propia mujer posaba en un retrato con la hija del flemático anfitrión: habían estudiado juntas en un colegio bilingüe de La Cumbre. Se le antojó que esa asombrosa casualidad podía ser una señal del destino. A veces se alejaba del campamento para llorar, extrañaba mucho a su esposa y a su pequeño hijo; creía que nunca iba a volver a verlos. Después se recuperaba y echaba una arenga a sus bravos, a quienes todos cuidaban con esmero y con quienes compartían penurias sin distingos. Esa actitud fue tan ejemplar que años más tarde el Pentágono envió una psiquiatra para determinar por qué entre ese puñado de reclutas no se habían producido ulteriores suicidios ni secuelas graves, ni denuncias ni maltratos, y en qué había consistido la fórmula mágica de sus líderes.
Integrantes del 3º Batallón de Paracaidistas durante el desembarco en la Bahía de San Carlos el 21 de mayo.
El 1° de mayo la Inteligencia les anticipó que sufrirían un ataque de aviación, y se refugiaron en los acantilados; hubo ocho horas de bombardeo y de guerra aérea con varios muertos, pero ellos salieron ilesos. Les dieron una nueva misión: marchar a la zona norte y controlar el estrecho por el que podía colarse la segunda flota más poderosa de Occidente. Es precisamente allí donde sucede el legendario combate de San Carlos, que comienza cuando Esteban baja la colina, se comunica con la comandancia y prepara a los gritos el repliegue. El primer Sea King surge entonces de la nada, y Esteban ordena cuerpo a tierra y silencio absoluto. A los cien metros, da orden de abrir fuego: los fusiles tronaron, las balas sacaron chispas del fuselaje y el helicóptero se bamboleó, empezó a largar humo y aterrizó de manera brusca. Sin pérdida de tiempo, el teniente dispuso un cambio de posición. Justo en ese momento un Gazelle con un sistema de cohetes se les vino encima. Lo atendieron con la misma fusilería. El aparato se sacudió en el aire, la cabina estalló en mil pedazos y el piloto, mal herido, intentó escapar hacia la desembocadura; su máquina cayó en el río y comenzó a hundirse.
El Teniente Primero Esteban (Hoy Coronel Carlos Daniel Esteban) Luciendo con orgullo su medalla al valor en Combate. En la foto con el entonces subteniente José Vázquez,
Los británicos, desde la cabecera, empezaron a dispararles con morteros. Ellos cruzaron otra cuchilla y un Gazelle idéntico quiso cortarles el paso: "Repetimos la concentración de fuego y se desplomó totalmente en llamas -recuerda Esteban-. No hubo chance de que se salvara nadie de la tripulación". En esa mañana de sangre, el efecto sorpresa y la adrenalina jugaban a favor de los perdedores. Que siguieron moviéndose, ahora para ganar altura. El tercer Gazelle se presentó en sociedad apretando los gatillos, pero dibujaba un blanco perfecto: cientos de proyectiles le dieron una dura bienvenida y lo sacaron de circulación. Fue en ese instante en que se abrió una extraña tregua. Cuatro helicópteros que costaban veinte millones de dólares habían sido derribados en veinte minutos. Los ingleses, sorprendidos, hacían el control de daños y evaluaban la insólita situación, y la Fuerza Aérea argentina preparaba un ataque para impedir la avanzada. Esteban sabía que la infantería inglesa los buscaría por cielo y tierra para eliminarlos. Era hora de partir.
Inicio del desembarco inglés en San Carlos en la mañana del 21 de mayo de 1982.
Lo que sigue es una ardua aventura que Hollywood no hubiera desaprovechado: los cuarenta y dos, considerados ya "desaparecidos en acción", caminaron tres días y tres noches por la turba y el frío. En el libro Bravo 25 se revelan sus peripecias: encontraron una casa vacía con algunos pocos alimentos donde a veces sonaba el teléfono en vano, pernoctaron al abrigo de las ventiscas y fueron acechados -mientras aguardaban escondidos y con aliento cortado- por un helicóptero que dio varias vueltas a su alrededor sin decidirse a destruirla o a marcharse. Anduvieron bajo el sol pálido hasta el agotamiento, dieron con un caserío kelper, lo coparon a punta de pistola y enviaron dos estafetas en Land Rover a dar la buena nueva al Ejército. Tras incontables peligros, los rescataron, y en Puerto Argentino fueron recibidos con algarabía. Mohamed Alí Seineldín estaba particularmente exaltado. 
Arde la Ardent en las aguas del Estrecho de San Carlos.
Esteban le relataba el despliegue impresionante que había visto en el estrecho, pero el teniente coronel parecía sordo a los datos; confiaba en la Virgen: cuando lleguen los piratas -decía- ella producirá una tormenta y los hundirá. Esteban seguía guardándose su amargo y exacto diagnóstico; a las pocas horas solicitó permiso para regresar a Darwin y participar de la defensa final. Allí su jefe acordó la rendición tras una intensa y desigual refriega. Esteban y sus oficiales eran tratados con deferencia y admiración por el enemigo, aunque nunca quisieron privilegios: compartieron con los soldados rasos sus mismas incomodidades. Al regresar a la patria, toda la "compañía de oro" fue condecorada, y el áspero informe Rattenbach la dejó a salvo de cuestionamientos. Esteban está retirado y es hoy director del Departamento UADE Business School: en su posgrado enseña escenarios estratégicos, planeamiento, negociación política y derecho diplomático. Pocos saben quién es ese profesor afable. Mayo contiene las efemérides de lo que estrategas militares denominan el "combate de San Lorenzo del siglo XX". Escasas o quizá ninguna escuela dará cuenta, sin embargo, de esta historia callada por nuestra estupidez y nuestra mala conciencia. Esta derrota verdaderamente sublime.
Medalla "La Nación Argentina al Valor en Combate"
La Nación Argentina al Valor en Combate
Otorgada por Nación Argentina
TipoCondecoración militar
ElegibilidadLos miembros de las Fuerzas Armadas argentinas
Otorgada por"Actos de valentía en el combate en circunstancias peligrosas"
EstadoOtorgada Actualmente
Estadísticas
Primera otorgada1982
Otorgadas totales321
Póstumas64
Precedencia
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SESENTA HOMBRES ENFRENTARON EL DESEMBARCO DE LOS BRITÁNICOS
La Compañía C del Regimiento 25 recibió las mayores condecoraciones al valor
El 2 de abril de 1982 una sola unidad del Ejército acompañó el desembarco de la Infantería de Marina en las islas Malvinas. Esa situación por sí misma bastaría quizá para dar origen a un relato. Pero la Compañía C del Regimiento de Infantería 25 hizo realmente mucho más en ese conflicto. Luchó en San Carlos contra la cabecera de playa británica, contraatacó en Darwin-Goosen cuando la posición estaba perdida, y una de sus secciones siguió en combate hasta el día final, cuando sólo quedaban seis de sus veinte hombres después de 25 días detrás de las líneas enemigas.
El hoy coronel Carlos Daniel Esteban tenía 28 años entonces y estaba al mando de esa compañía como teniente primero. Rememora ahora esos momentos acompañado por el entonces subteniente José Vázquez, que a cargo de una sección de apoyo de fuego del Regimiento de Infantería 12 estuvo a su lado, con 25 años, primero en San Carlos y después en Darwin-Goosen. Durante la guerra, ambos eran padres de chicos que no superaban los seis meses. Las primeras imágenes se dirigen hacia los hombres que en situaciones extremas recuerdan a sus familias.
Vázquez se daba maña como radioaficionado y con un aparato incautado a los kelpers en Darwin pudo hacer contacto con su esposa. Justo el 20 de mayo, un día antes del desembarco británico. "Barriendo frecuencias encontré a Belgrano II (la base en la Antártida); pedí si podían llamar a la casa de mi suegro para hablar con mi mujer y cuando lo hacemos le cuento dónde estaba medio en clave aprovechando que mi hermano se llama Carlos. Para qué, un día después todos sabían del desembarco en San Carlos; nuestras familias pensaron lo peor."
El destino hizo que Esteban tuviese una señal de su esposa de una insospechada manera: una fotografía de ella estaba en una de las casas requisadas en Darwin. 
"Pensé que estaba soñando. Pero como los isleños no tenían colegios secundarios, iban a estudiar a las escuelas inglesas del Valle de Punilla en Córdoba, y ahí mi esposa se había hecho amiga de la hija de Hardcastle y así encontré la foto de ellas cabalgando."
Dos secciones de la Compañía C y la sección de Vázquez son dirigidas a San Carlos el 15 de mayo, con la misión de dar el alerta sobre movimientos de buques en el estrecho que separa la isla Soledad de la Gran Malvina. Con soldados de sólo 45 días de adiestramiento militar.
Bajo fuego
El bautismo de fuego del Ejército en una guerra moderna fue dado ese 21 de mayo por esos 60 hombres en San Carlos. Esteban sería condecorado luego con la medalla al Valor en Combate.
Unos 600 paracaidistas británicos avanzan a 400 metros de los 40 argentinos, ya que los otros 20 comandados por el subteniente Roberto Reyes habían quedado separados en el puesto de observación avanzada. Llega el primer helicóptero y el disparo de Esteban es la señal convenida para que todos hiciesen fuego sobre la misma posición. Son mil disparos concentrados en segundos sobre esa máquina que es derribada.
Se repite la maniobra sobre un segundo helicóptero, que cae a 15 metros de la posición de Vázquez. Un tercero y un cuarto aparato se desploman igual. "Dios nos fue ayudando", dice Esteban, pero Vázquez aclara: 
"Sí, Dios nos ayudó, pero las decisiones que tomaste vos en ese momento fueron rápidas y correctas".
Reyes y su sección son superados por el movimiento de los enemigos, pero sólo rendirá su grupo el 14 de junio; también él recibirá la medalla al Valor en Combate. Tres días de caminata sin alimentos ni municiones separan a las secciones, sin bajas, de Esteban de Puerto Argentino. Al llegar pide volver a Darwin, donde las secciones de su Compañía C a cargo de los subtenientes Estévez y Gómez Centurión estaban en combate.
"Como jefe de la compañía tenía la obligación moral de estar con mis hombres", dice Esteban.
Cuando llegan, el subteniente Estévez ya había muerto defendiendo herido una posición para que sus soldados pudiesen replegarse. Recibiría de manera póstuma la Cruz al Heroico Valor en Combate. Esteban escucha al subteniente Gómez Centurión pedirle permiso para buscar a un cabo herido. 
"Le prometí que iba a sacarlo de ahí", le informa Gómez Centurión, quien recibiría la Cruz al Heroico Valor en Combate.
La Compañía C cae prisionera en Darwin. Vázquez recuerda que nadie los vio llegar al volver al continente. No sólo los conscriptos fueron repatriados sin reconocimientos.
Integrantes de la Compañía C del Regimiento 25
Fuente:
https://www.zona-militar.com/foros/threads/los-nuevos-h%C3%A9roes-de-mayo-tte-1ro-carlos-daniel-esteban.11517/
https://www.lanacion.com.ar/2130055-los-heroes-negados-que-la-escuela-no-quiere-recordar
http://programacontactoconlacreacion.blogspot.com.ar/2012/05/primer-desembarco-ingles-en-malvinas.html
https://www.lanacion.com.ar/794743-sesenta-hombres-enfrentaron-el-desembarco-de-los-britanicos

1 comentario:

  1. Carlos Daniel esteban, un tipo completo.
    Fuistes mi subteniente en el RI2.
    Imborrables recuerdos de tu profesionalismo y persona.
    Me acuerdo cuando estudiabas relaciones internacionales, JAMAS OLVIDARE aquel gran abrazo que te Di cuando me iba de baja.
    Mis más sinceros respetos para vos.
    Dragoniante clase 58 Carlos mainetti.

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