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"Soy un hombre de armas, un guerrero, scout. Paradójicamente, al único de mi especie que admiro, empuñó solamente la palabra, su técnica fue la humildad, su táctica la paciencia y la estrategia que le dio su mayor victoria fue dejarse clavar en una cruz por aquellos que amaba".

Desde La Trinchera Del Buen Combate en Argentina. Un Abrazo en Dios y La Patria.

20 de julio de 2017

LIDERAZGO/LEADERSHIP. LAS 15 ENFERMEDADES DEL JEFE. Del discurso del PAPA Francisco a la Curia Romana en diciembre del 2014. A los lectores de este Blog. ¡La mejor reflexión extractada/resumida sobre liderazgo, que he visto en mi vida! (Teniente Coronel EA Carlos Alberto Santostefano).

TOMANDO COMO BASE EL DISCURSO DEL PAPA FRANCISCO A LA CURIA ROMANA DE 2014, EL PROFESOR DE LA LONDON BUSINESS SCHOOL GARY HAMEL HA ADAPTADO ESTE MENSAJE AL MUNDO DE LA EMPRESA, CON EL FOCO ESPECIALMENTE PUESTO EN EL EMPRESARIO. EL RESULTADO, PUBLICADO POR LA REVISTA HARVARD BUSINESS REVIEW, ES ESTA LISTA DE 15 ENFERMEDADES DEL LÍDER.
Papa Francisco. Foto: Bohumil Petrik / Imagen referencial. Foto: Flickr de Universidad de Deusto (CC-BY-NC-SA-2.0)
BOSTON, 15 Abr. 15 / 04:05 pm (ACI).- En diciembre pasado, el Papa Francisco pronunció un discurso en el que detalló 15 “enfermedades” que aquejan a la Curia Vaticana. Gary Hamel, considerado en la última década como uno de los expertos en negocios más influyentes del mundo, adaptó este mensaje al mundo corporativo y ofreció desde la revista Harvard Business Review los 15 males que pueden afectar a cualquier líder en el mundo.
Hamel firma el artículo titulado “LAS 15 ENFERMEDADES DEL LIDERAZGO, SEGÚN EL PAPA FRANCISCO” y sostiene que estos males
“Son un peligro para todo líder y toda organización, y pueden afectar a nivel individual y comunitario”.
Hamel, que no es católico, considera que 
“Los líderes son susceptibles a adquirir enfermedades debilitantes, incluidas la arrogancia, la intolerancia, la miopía, la mezquindad. Cuando esas enfermedades no se tratan, la organización se debilita. Para tener una iglesia saludable, necesitamos líderes saludables”.
“A través de los años, he escuchado a decenas de expertos en administración enumerar las cualidades de grandes líderes. Pero es raro que hablen claramente sobre las ‘enfermedades’ del liderazgo. El Papa es más directo. Él entiende que como seres humanos somos proclives a ciertas cosas, no todas nobles”, sostiene Hamel y agrega que “el consejo del Papa es relevante a los líderes en todo el mundo”.
Hamel transformó las enfermedades descritas por el Papa en estos consejos para líderes, con un lenguaje más corporativo.
Traducción: Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
1. LA ENFERMEDAD DE CREERSE INMORTAL, INMUNE E INDISPENSABLE
Un equipo de liderazgo que no es autocrítico y que no busca mejorar es un cuerpo muerto. Una simple visita al cementerio nos podría ayudar, al ver los nombres de tantas personas que se creían inmortales, inmunes e indispensables. Es la enfermedad de los que se ven mandando sobre los demás, y no al servicio de los demás. Es la patología del poder, y procede de un complejo de superioridad, de un narcisismo que impide ver a los demás, especialmente a aquellos más necesitados. El antídoto para esta plaga es la humildad, decir: «No soy más que un servidor, solo he hecho mi trabajo».

2. LA ENFERMEDAD DEL TRABAJO EXCESIVO
La encontramos en aquellos inmersos en el trabajo y que no se conceden un respiro. Negarse el descanso necesario lleva al estrés y a la agitación. El tiempo de reposo, para aquellos que ya han hecho su trabajo, es necesario y obligatorio, y debería ser tomado en serio. Pasar el tiempo con la familia y respetar los días libres y las vacaciones sirven para cargar las baterías de nuevo.

3. LA ENFERMEDAD DE LA PETRIFICACIÓN MENTAL Y EMOCIONAL
La podemos encontrar en líderes que tienen un corazón de piedra y un cuello rígido, en aquellos que a lo largo de la jornada pierden la serenidad y se esconden bajo una pila de papeles, y no son personas de compasión. Es peligroso perder la sensibilidad que nos permite llorar con los que lloran y alegrarnos con los que ríen. El tiempo pasa y nuestro corazones se vuelven duros e incapaces de amar a aquellos alrededor de nosotros. Ser un líder significa tener sentimientos de humildad y desprendimiento, de desapego y generosidad.

4. LA ENFERMEDAD DE UNA PLANIFICACIÓN EXCESIVA Y FUNCIONALISMO. 

Cuando un jefe planifica todo hasta el último detalle y cree que con un plan perfecto todo va a ir bien, entonces se convierte en un contable nada más. Es preciso preparar bien las cosas, pero sin caer en la tentación de intentar eliminar la espontaneidad y la capacidad de sorpresa, que son siempre más flexibles que toda planificación humana. Contraemos esta enfermedad porque es más fácil y cómodo instalarse en un modo de pensar sedentario y cerrado a los cambios.

5. LA ENFERMEDAD DE UNA POBRE COORDINACIÓN
Una vez que el líder pierde el sentido de comunidad, el entorno entero pierde su armonioso funcionamiento y equilibrio. Entonces se convierte en una orquesta que solo produce ruido: sus miembros no trabajan juntos y se pierde el espíritu de camaradería y de trabajo en equipo.

6. LA ENFERMEDAD DEL ALZHEIMER DEL JEFE
Consiste en perder la memoria de aquellos que nutrieron, dirigieron y nos apoyaron en nuestro viaje. La vemos en aquellos que han olvidado sus encuentros con los grandes líderes que los inspiraron; en aquellos que están completamente atrapados en el momento presente, en sus pasiones, caprichos y obsesiones; en aquellos que construyen muros y rutinas a su alrededor, y que cada vez se convierten en más y más esclavos de los ídolos que han construido con sus propias manos.

7. LA ENFERMEDAD DE LA RIVALIDAD Y LA VANAGLORIA
Cuando las apariencias, los beneficios y nuestros títulos se convierten en nuestro primer objetivo vital, olvidamos nuestro deber fundamental como líderes: 
«No hagáis nada por egoísmo o por presunción, sino en todo estimad a los demás por encima de vosotros». 
Un líder debe mirar no solo por su propio interés, sino también por el interés de los otros.

8. LA ENFERMEDAD DE LA ESQUIZOFRENIA EXISTENCIAL
Es la enfermedad de aquellos que llevan una doble vida, fruto de esa hipocresía típica de la mediocridad y del vacío emocional que ningún título y ningún logro pueden llenar. Es una enfermedad que afecta a menudo a aquellos que no están en contacto habitual con sus clientes ni con sus empleados, y que les aísla en tareas de despacho perdiendo contacto con la realidad y con las personas concretas.

9. LA ENFERMEDAD DEL COTILLEO, LA QUEJA Y LA MURMURACIÓN
Se trata de una grave enfermedad que comienza sencillamente, quizás incluso con una pequeña charla, y que toma posesión de una persona, haciéndole convertirse en un sembrador de malas hierbas, y en muchos casos, en un asesino a sangre fría del buen nombre de los compañeros. Es la enfermedad de las personas cobardes que no tienen el valor de hablar a la cara, sino que hablan a espaldas de los demás. ¡Guardémonos del terrorismo de los chismes!

10. LA ENFERMEDAD DE IDEALIZAR A LOS SUPERIORES
Es la enfermedad de los que agasajan al jefe con la esperanza de ganar su favor. Son víctimas del carrerismo y del oportunismo. Honran más a las personas que a la misión de la organización. Piensan más en lo que pueden conseguir que en lo que deberían dar; personas de mente corta, infelices y a menudo inspiradas únicamente por su letal egoísmo. Los líderes pueden verse afectados por esta plaga cuando tratan de obtener la sumisión, lealtad y dependencia psicológica de sus subordinados, con el resultado final de una insana complicidad.

11. LA ENFERMEDAD DE LA INDIFERENCIA HACIA LOS DEMÁS.
Sucede donde el líder solo piensa en sí mismo, y pierde la sinceridad y la calidez de las relaciones humanas genuinas. Esto pasa de muchas maneras: 
  • Cuando la persona más competente no pone sus conocimientos al servicio de otros compañeros con menos destrezas, 
  • Cuando sabes algo y te lo quedas para ti mismo en lugar de compartirlo de manera provechosa con los demás, 
  • Cuando llevado por los celos te alegras de los fracasos de los demás en lugar de ayudarles y darles ánimos.
12. LA ENFERMEDAD DE LA «CARA LARGA»
Se puede observar en aquellas personas sombrías y austeras que creen que ser serios significa mostrar una cara de melancolía y severidad, y tratan a los demás –especialmente a sus subordinados– con rigor, brusquedad y arrogancia. De hecho, mostrar severidad y un estéril pesimismo es frecuentemente síntoma de miedo e inseguridad. Un líder debe esforzarse en ser cortés, sereno, entusiasta y alegre, una persona que transmite alegría allá donde va. Un líder no debería perder nunca ese espíritu alegre y lleno de humor que hace a la gente amable incluso en situaciones difíciles. ¡Qué beneficiosa es una buena dosis de humor!

13. LA ENFERMEDAD DE LA CODICIA
Esto ocurre cunado un líder trata de rellenar su vacío existencial acumulando bienes materiales, no porque los necesite, sino para sentirse seguro. El hecho es que no podremos llevarnos ninguno de estos bienes con nosotros cuando dejemos este mundo, porque «la mortaja no tiene bolsillos» y nuestros tesoros no podrán nunca rellenar ese vacío; al contrario, lo harán cada vez más profundo y al mismo tiempo exigente. Acumular cosas es solo una carga y ralentiza inexorablemente nuestro camino.

14. LA ENFERMEDAD DE LOS CÍRCULOS CERRADOS, EN LA QUE PERTENECER A UNA CAMARILLA ES MÁS FUERTE QUE NUESTRA IDENTIDAD COMPARTIDA.
Esta enfermedad también empieza con una buena intención, pero con el paso del tiempo esclaviza a sus miembros y se convierte en un cáncer que amenaza la armonía de la organización y causa mucho daño, especialmente a quienes consideramos apartados. Este “fuego amigo” de nuestros compañeros es un gran peligro, es un daño que golpea desde dentro. Como dice la Biblia, «todo reino dividido contra sí mismo no subsistirá».

15. LA ENFERMEDAD DE LA EXTRAVAGANCIA Y LA AUTO-EXHIBICIÓN
Esto pasa cuando un líder convierte el servicio en poder, y usa ese poder para una ganancia material, o para adquirir más poder todavía. Es la persona que acumula poder insaciablemente, difamando y desacreditando a otros, que muestra constantemente que es más capaz que los otros. Esta enfermedad es muy dañina porque lleva a la gente a justificar cualquier cosa para lograr un objetivo, a menudo en nombre de la justicia o de la transparencia. Como aquel líder que solía llamar a los periodistas para contar e inventar cosas sobre sus colegas, solo para verse él en primer lugar y sentirse poderosos y lleno de glamour, lo que al final daña a otros y daña a la propia organización.

¿ERES UN LÍDER SALUDABLE? - PARA SABER SI UNO ES UN LÍDER SALUDABLE, CONTESTE A ESTA PREGUNTAS.
  • * ¿Me siento superior a aquellos que trabajan para mí?
  • * ¿Hay un equilibrio entre mi trabajo y otras áreas de mi vida?
  • * ¿Sustituyo la intimidad humana verdadera por la mera formalidad?
  • * ¿Confío demasiado en mis planes y no lo suficiente en la intuición o la improvisación?
  • * ¿Paso poco tiempo construyendo puentes?
  • * ¿Reconozco debidamente mi deuda con mis maestros y mentores?
  • * ¿Obtengo demasiada satisfacción en mis beneficios y privilegios?
  • * ¿Me aíslo de mis clientes y de mis empleados?
  • * ¿Reconozco los logros de los demás?
  • * ¿Muestro servilismo hacia mis superiores?
  • * ¿Pongo mi propio éxito por delante del éxito de los demás?
  • * ¿Cultivo la alegría en mi entorno laboral?
  • * ¿Soy egoísta cuando se trata de compartir los premios y las alabanzas?
  • * ¿Cultivo las camarillas, o la comunidad?
  • * ¿Me comporto de manera egocéntrica con los que están a mi alrededor?
THE 15 DISEASES OF LEADERSHIP, ACCORDING TO POPE FRANCIS
Artículo original en inglés de la Revista HARVARD BUSINESS REVIEW
 Pope Francis has made no secret of his intention to radically reform the administrative structures of the Catholic church, which he regards as insular, imperious, and bureaucratic. He understands that in a hyper-kinetic world, inward-looking and self-obsessed leaders are a liability.

Last year, just before Christmas, the Pope addressed the leaders of the Roman Curia — the Cardinals and other officials who are charged with running the church’s byzantine network of administrative bodies. The Pope’s message to his colleagues was blunt. Leaders are susceptible to an array of debilitating maladies, including arrogance, intolerance, myopia, and pettiness. When those diseases go untreated, the organization itself is enfeebled. To have a healthy church, we need healthy leaders.

Through the years, I’ve heard dozens of management experts enumerate the qualities of great leaders. Seldom, though, do they speak plainly about the “diseases” of leadership. The Pope is more forthright. He understands that as human beings we have certain proclivities — not all of them noble. Nevertheless, leaders should be held to a high standard, since their scope of influence makes their ailments particularly infectious.

The Catholic Church is a bureaucracy: a hierarchy populated by good-hearted, but less-than-perfect souls. In that sense, it’s not much different than your organization. That’s why the Pope’s counsel is relevant to leaders everywhere.

With that in mind, I spent a couple of hours translating the Pope’s address into something a little closer to corporate-speak. (I don’t know if there’s a prohibition on paraphrasing Papal pronouncements, but since I’m not Catholic, I’m willing to take the risk.)

Herewith, then, the Pope (more or less):
____________________
The leadership team is called constantly to improve and to grow in rapport and wisdom, in order to carry out fully its mission. And yet, like any body, like any human body, it is also exposed to diseases, malfunctioning, infirmity. Here I would like to mention some of these “[leadership] diseases.” They are diseases and temptations which can dangerously weaken the effectiveness of any organization.
  1. The disease of thinking we are immortal, immune, or downright indispensable, [and therefore] neglecting the need for regular check-ups. A leadership team which is not self-critical, which does not keep up with things, which does not seek to be more fit, is a sick body. A simple visit to the cemetery might help us see the names of many people who thought they were immortal, immune, and indispensable! It is the disease of those who turn into lords and masters, who think of themselves as above others and not at their service. It is the pathology of power and comes from a superiority complex, from a narcissism which passionately gazes at its own image and does not see the face of others, especially the weakest and those most in need. The antidote to this plague is humility; to say heartily, “I am merely a servant. I have only done what was my duty.”
  2. Another disease is excessive busyness. It is found in those who immerse themselves in work and inevitably neglect to “rest a while.” Neglecting needed rest leads to stress and agitation. A time of rest, for those who have completed their work, is necessary, obligatory and should be taken seriously: by spending time with one’s family and respecting holidays as moments for recharging.
  3. Then there is the disease of mental and [emotional] “petrification.” It is found in leaders who have a heart of stone, the “stiff-necked;” in those who in the course of time lose their interior serenity, alertness and daring, and hide under a pile of papers, turning into paper pushers and not men and women of compassion. It is dangerous to lose the human sensitivity that enables us to weep with those who weep and to rejoice with those who rejoice! Because as time goes on, our hearts grow hard and become incapable of loving all those around us. Being a humane leader means having the sentiments of humility and unselfishness, of detachment and generosity.
  4. The disease of excessive planning and of functionalism. When a leader plans everything down to the last detail and believes that with perfect planning things will fall into place, he or she becomes an accountant or an office manager. Things need to be prepared well, but without ever falling into the temptation of trying to eliminate spontaneity and serendipity, which is always more flexible than any human planning. We contract this disease because it is easy and comfortable to settle in our own sedentary and unchanging ways.
  5. The disease of poor coordination. Once leaders lose a sense of community among themselves, the body loses its harmonious functioning and its equilibrium; it then becomes an orchestra that produces noise: its members do not work together and lose the spirit of camaraderie and teamwork. When the foot says to the arm: ‘I don’t need you,’ or the hand says to the head, ‘I’m in charge,’ they create discomfort and parochialism.
  6. There is also a sort of “leadership Alzheimer’s disease.” It consists in losing the memory of those who nurtured, mentored and supported us in our own journeys. We see this in those who have lost the memory of their encounters with the great leaders who inspired them; in those who are completely caught up in the present moment, in their passions, whims and obsessions; in those who build walls and routines around themselves, and thus become more and more the slaves of idols carved by their own hands.
  7. The disease of rivalry and vainglory. When appearances, our perks, and our titles become the primary object in life, we forget our fundamental duty as leaders—to “do nothing from selfishness or conceit but in humility count others better than ourselves.” [As leaders, we must] look not only to [our] own interests, but also to the interests of others.
  8. The disease of existential schizophrenia. This is the disease of those who live a double life, the fruit of that hypocrisy typical of the mediocre and of a progressive emotional emptiness which no [accomplishment or] title can fill. It is a disease which often strikes those who are no longer directly in touch with customers and “ordinary” employees, and restrict themselves to bureaucratic matters, thus losing contact with reality, with concrete people.
  9. The disease of gossiping, grumbling, and back-biting. This is a grave illness which begins simply, perhaps even in small talk, and takes over a person, making him become a “sower of weeds” and in many cases, a cold-blooded killer of the good name of colleagues. It is the disease of cowardly persons who lack the courage to speak out directly, but instead speak behind other people’s backs. Let us be on our guard against the terrorism of gossip!
  10. The disease of idolizing superiors. This is the disease of those who court their superiors in the hope of gaining their favor. They are victims of careerism and opportunism; they honor persons [rather than the larger mission of the organization]. They think only of what they can get and not of what they should give; small-minded persons, unhappy and inspired only by their own lethal selfishness. Superiors themselves can be affected by this disease, when they try to obtain the submission, loyalty and psychological dependency of their subordinates, but the end result is unhealthy complicity.
  11. The disease of indifference to others. This is where each leader thinks only of himself or herself, and loses the sincerity and warmth of [genuine] human relationships. This can happen in many ways: When the most knowledgeable person does not put that knowledge at the service of less knowledgeable colleagues, when you learn something and then keep it to yourself rather than sharing it in a helpful way with others; when out of jealousy or deceit you take joy in seeing others fall instead of helping them up and encouraging them.
  12. The disease of a downcast face. You see this disease in those glum and dour persons who think that to be serious you have to put on a face of melancholy and severity, and treat others—especially those we consider our inferiors—with rigor, brusqueness and arrogance. In fact, a show of severity and sterile pessimism are frequently symptoms of fear and insecurity. A leader must make an effort to be courteous, serene, enthusiastic and joyful, a person who transmits joy everywhere he goes. A happy heart radiates an infectious joy: it is immediately evident! So a leader should never lose that joyful, humorous and even self-deprecating spirit which makes people amiable even in difficult situations. How beneficial is a good dose of humor! …
  13. The disease of hoarding. This occurs when a leader tries to fill an existential void in his or her heart by accumulating material goods, not out of need but only in order to feel secure. The fact is that we are not able to bring material goods with us when we leave this life, since “the winding sheet does not have pockets” and all our treasures will never be able to fill that void; instead, they will only make it deeper and more demanding. Accumulating goods only burdens and inexorably slows down the journey!
  14. The disease of closed circles, where belonging to a clique becomes more powerful than our shared identity. This disease too always begins with good intentions, but with the passing of time it enslaves its members and becomes a cancer which threatens the harmony of the organization and causes immense evil, especially to those we treat as outsiders. “Friendly fire” from our fellow soldiers, is the most insidious danger. It is the evil which strikes from within. As it says in the bible, “Every kingdom divided against itself is laid waste.”
  15. Lastly: the disease of extravagance and self-exhibition. This happens when a leader turns his or her service into power, and uses that power for material gain, or to acquire even greater power. This is the disease of persons who insatiably try to accumulate power and to this end are ready to slander, defame and discredit others; who put themselves on display to show that they are more capable than others. This disease does great harm because it leads people to justify the use of any means whatsoever to attain their goal, often in the name of justice and transparency! Here I remember a leader who used to call journalists to tell and invent private and confidential matters involving his colleagues. The only thing he was concerned about was being able to see himself on the front page, since this made him feel powerful and glamorous, while causing great harm to others and to the organization.
Friends, these diseases are a danger for every leader and every organization, and they can strike at the individual and the community levels.
  • So, are you a healthy leader? Use the Pope’s inventory of leadership maladies to find out. Ask yourself, on a scale of 1 to 5, to what extent do I . . 
  • Feel superior to those who work for me?
  • Demonstrate an imbalance between work and other areas of life?
  • Substitute formality for true human intimacy?
  • Rely too much on plans and not enough on intuition and improvisation?
  • Spend too little time breaking silos and building bridges?
  • Fail to regularly acknowledge the debt I owe to my mentors and to others?
  • Take too much satisfaction in my perks and privileges?
  • Isolate myself from customers and first-level employees?
  • Denigrate the motives and accomplishments of others?
  • Exhibit or encourage undue deference and servility?
  • Put my own success ahead of the success of others?
  • Fail to cultivate a fun and joy-filled work environment?
  • Exhibit selfishness when it comes to sharing rewards and praise?
  • Encourage parochialism rather than community?
  • Behave in ways that seem egocentric to those around me?
  • As in all health matters, it’s good to get a second or third opinion. Ask your colleagues to score you on the same fifteen items. Don’t be surprised if they say, “Gee boss, you’re not looking too good today.” Like a battery of medical tests, these questions can help you zero in on opportunities to prevent disease and improve your health. A Papal leadership assessment may seem like a bit of a stretch. But remember: the responsibilities you hold as a leader, and the influence you have over others’ lives, can be profound. Why not turn to the Pope — a spiritual leader of leaders — for wisdom and advice?
Gary Hamel is visiting professor at London Business School and cofounder of The Management Innovation Exchange. His latest book is “What Matters Now.”





Fuente: 
https://hbr.org/2015/04/the-15-diseases-of-leadership-according-to-pope-francis
http://www.alfayomega.es/119232/las-15-enfermedades-de-un-jefe-segun-el-papa-francisco

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