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"Soy un hombre de armas, un guerrero, scout. Paradójicamente, al único de mi especie que admiro, empuñó solamente la palabra, su técnica fue la humildad, su táctica la paciencia y la estrategia que le dio su mayor victoria fue dejarse clavar en una cruz por aquellos que amaba".

Desde La Trinchera Del Buen Combate en Argentina. Un Abrazo en Dios y La Patria.

16 de enero de 2017

BATALLA DE ALCOCER. LA MÍTICA BATALLA EN LA QUE EL CID CAMPEADOR DERROTÓ A LOS MUSULMANES CON UN CURIOSO ENGAÑO. Siglo XI.

El Cantar de mío Cid fue escrito un siglo después de la muerte del Cid, y mezcla hechos reales con otros inventados para dar lugar a un personaje literario muy potente: el Cid Campeador que ha llegado a nuestros días. En la imagen: la estatua más fotografiada de la ciudad de Burgos es esta del Cid, obra del escultor Juan Cristóbal / ALC.
DURANTE SU PRIMER DESTIERRO, RODRIGO DÍAZ DE VIVAR TOMÓ UNA FORTALEZA UBICADA CERCA DEL JALÓN TRAS 15 SEMANAS DE ASEDIO. HASTA AHORA, ESTA CONTIENDA NAVEGABA ENTRE LA VERDAD Y LA INVENCIÓN, PERO UNA EXCAVACIÓN ARQUEOLÓGICA HA DESVELADO SU VERACIDAD.
El Cid es uno de los grandes mitos literarios españoles, pero a diferencia de otros, como el Quijote o el Don Juan, el personaje literario está basado en un personaje histórico: Rodrigo Díaz, un guerrero castellano que vivió en el siglo XI. Imagen: estatua del Cid, en Vivar del Cid (Burgos): desde aquí partió Rodrigo hacia el destierro, según cuenta el Cantar, "con lágrimas en los ojos" / ALC.
EL CANTAR DE MIO CID
El Cantar de mio Cid es un cantar de gesta anónimo que relata hazañas heroicas inspiradas libremente en los últimos años de la vida del caballero castellano Rodrigo Díaz el Campeador. La versión conservada del Cantar de mio Cid fue compuesta, según la mayoría de la crítica actual, alrededor del año 1200. Se trata de la primera obra narrativa extensa de la literatura española y el único cantar épico de la misma conservado casi completo.
Primer folio del manuscrito del Cantar de mio Cid 
conservado en la Biblioteca Nacional de España
RODRIGO DÍAZ DE VIVAR
Rodrigo Díaz (¿Vivar del Cid, Burgos?, c. 1048 -Valencia, 1099) fue un caballero castellano que llegó a dominar al frente de su propia mesnada el Levante de la península ibérica a finales del siglo XI de forma autónoma respecto de la autoridad de rey alguno. Consiguió conquistar Valencia y estableció en esta ciudad un señorío independiente desde el 17 de junio de 1094 hasta su muerte; su esposa Jimena Díaz lo heredó y mantuvo hasta 1102, cuando pasó de nuevo a dominio musulmán.
Rodrigo Díaz
Señor de Valencia
El Cid-estatua-(Parque de Balboa).jpg
Estatua del Cid por Anna Hyatt Huntington en la Avenida del Cid de SevillaAndalucíaEspaña.
Información personal
Nombre secularRodrigo Díaz, el Campeador
Nacimiento
Fallece
Entierro
SucesorJimena Díaz
Familia
PadreDiego Laínez o Flaínez
ConsorteJimena Díaz
Descen-
dencia
Pese a su leyenda posterior como héroe nacional (y más concretamente de Castilla) o cruzado en favor de la Reconquista, a lo largo de su vida se puso a las órdenes de diferentes caudillos, tanto cristianos como musulmanes, luchando realmente como su propio amo y por su propio beneficio, por lo que el retrato que de él hacen algunos autores es similar al de un mercenario, un soldado profesional, que presta sus servicios a cambio de una paga.
Se trata de una figura histórica y legendaria de la Reconquista, cuya vida inspiró el más importante cantar de gesta de la literatura española, el Cantar de mio Cid. Ha pasado a la posteridad como «el Campeador» (‘experto en batallas campales’) o «el Cid» (del árabe dialectal سيد sīdi, ‘señor’).
Estatua ecuestre del Cid en Burgos, esculpida por González Quesada e inaugurada en 1955.
ENTRE LA HISTORIA Y LA LEYENDA
Así permanecía hasta ahora la batalla de Alcocer. Una contienda en la que Rodrigo Díaz de Vivar (más conocido por su apodo: el Cid Campeador) tomó con una curiosa treta una fortaleza inexpugnable ubicada cerca del Jalón. Todo ello, después de ser desterrado por el rey Alfonso VI
Diego Rodríguez, hijo del Cid Campeador
Según el «Cantar del Mio Cid» (el mítico poema que relata las hazañas de este personaje con más misticismo que verdad) el líder militar, al ver que no podía conquistar la plaza, decidió fingir una retirada. Para ello, levantó todo su campamento menos una tienda y, cuando los musulmanes se acercaron a investigar (dejándose las puertas de la fortaleza abierta) él y sus hombres les atacaron. El plan salió a pedir de boca.
El Cid fue en vida un guerrero temido y un poderoso señor de la guerra con grandes aptitudes como estratega y como diplomático. Los apodos por los que es conocido los obtuvo por méritos propios: "Cid" proviene del árabe y quiere decir "señor"; "Campeador" proviene del latín "campidoctoris" que viene a significar ducho o maestro en el campo de batalla. / José Beut Duato.
Hasta ahora, se consideraba que la batalla de Alcocer había sido imaginada por el autor del cantar. Sin embargo, un nueva investigación desveló que de mitológica no tuvo nada, y que -al menos- se sucedió. Y es que, una excavación llevada a cabo en Zaragoza acaba de descubrir un material hispano musulmán de entre los siglos XI y XII que podría pertenecer al asentamiento que asedió el Campeador. La contienda, curiosamente, no se ubica así en Alcocer (Guadalajara), el pueblo que cuenta con el mismo nombre que el mítico enfrentamiento.
EL CAMINO DEL CID RECORRE OCHO PROVINCIAS ESPAÑOLAS: BURGOS, SORIA, GUADALAJARA, ZARAGOZA, TERUEL, CASTELLÓN, VALENCIA Y ALICANTE
El Camino del Cid recorre ocho provincias españolas: Burgos, Soria, Guadalajara, Zaragoza, Teruel, Castellón, Valencia y Alicante
El Camino del Cid por carretera
PORMENORES DE ESTA BATALLA Y CÓMO SE SUCEDIÓ SEGÚN LOS TEXTOS ANTIGUOS.
REYES Y PARIAS
Para suerte cristiana, cuando el Cid empezó a levantar su espada contra los musulmanes estos andaban dándose de mandobles entre sí. Estaban divididos en multitud de reinos llamados «taifas». Cada uno de ellos, dirigido por un líder diferente ansioso por aplastar a sus compatriotas para evitar que adquiriesen poder.
La fuerza del Cantar de Mío Cid fue tan grande que muy pronto traspasó las fronteras y fue "adoptado" por los franceses, especialmente desde la publicación de la obra teatral del Cid, de Corneille, en el siglo XVII. Imagen: existen numerosas representaciones artísticas del mito del Cid. Una de las más interesantes se encuentra en las escaleras del Palacio Provincial de la Diputación Burgos, frescos obra del pintor burgalés Vela Zanetti / ALC.
Como explica José Luis Martín (catedrático de Historia Medieval) en su dossier «La espada de Castilla», los árabes eran «incapaces de unirse frente a los cristianos». Pero no solo eso, sino que también solicitaban alguna ayudita que otra a los seguidores de la cruz para lograr resistir los tortazos y, llegado el momento, atacar a sus compatriotas en venganza. Con ese percal, también pagaban tributos a sus enemigos para que no hicieran expediciones de castigo contra ellos 
«Para evitar sus ataques necesitaban pagar la protección de los cristianos, y reunían el dinero mediante una mayor presión fiscal que, con frecuencia, daba origen a motines y revueltas que eran dominadas nuevamente con ayuda de las tropas cristianas», añade el experto. 
Ilustración de c. 1118 de un armiger regis en el Libro de los testamentos. Rodrigo Díaz entró a servir de muy joven en el séquito del aún infante Sancho II de Castilla y podría haber sido su armígero regio, que en esa época era un escudero protocolario que llevaba la espada y el escudo de su señor en actos solemnes.
Esto provocaba, a su vez, que los líderes musulmanes se vieran obligados a pedir todavía más dinero a los seguidores de Cristo. Algo que les convertía en deudores (todavía más si cabe). Este curioso sistema económico (conocido como el de impuestos o «parias») fue de sumo interés para los reyes hispanos que azuzaban con la Reconqusita desde el norte. Y es que, a los cristianos este «dinerillo extra» les permitía llenar su bolsa de un oro que ahorraban para, posteriormente, crear su propio ejército y avanzar sobre las mismas regiones árabes que les pagaban.
Una estatua del Cid en la localidad turolense de El Poyo del Cid recuerda la importancia estratégica que otorga el Cantar de mío Cid a esta población, ya que desde aquí lanzaba ataques y algaras por los territorios circundantes / ALC.
EN ESE CONTEXTO VINO EL CID AL MUNDO
O más bien Rodrigo Díaz de Vivar (pues este era su nombre verdadero). Lo hizo en el año 1043 y como el noble de una familia menor. Una fortuna que le permitió entrar a los 14 años en la corte a las órdenes del príncipe Sancho, el primer hijo y heredero del rey Fernando I.
Dicen de él los cronistas que, además de ser todo un virtuoso de la espada, tampoco andaba mal en lo que a cocorota se refiere, ya que sabía leer, escribir y entendía de leyes. Al final, con poco más de una veintena de años, logró ascender en el escalafón medieval como vasallo y soldado hasta convertirse en el hombre de armas de su señor. Uno de los cargos más altos al que se podía 
llegar como militar.
El Cid obliga a jurar al rey que no ha colaborado en la muerte de su hermano- WIKIMEDIA
Y así siguió hasta que comenzó el juego de tronos en la Península tras la muerte del Su Majestad Fernando en el 1065. ¿Por qué? Pues porque al monarca no se le ocurrió otra cosa que dividir sus dominios entre sus hijos. A Sancho, el primogénito, le cedió Castilla. Hasta aquí, todo correcto. El problema fue que a su retoño Alfonso le cedió las tierras de León, por entonces más fértiles.
El Camino del Cid sigue principalmente las aventuras del Cid recogidas en el Cantar, aunque también incluye lugares exclusivamente relacionados con el Cid histórico y otros enclaves medievales de interés en el camino. Se trata de un gigantesco escenario de 2.000 km de longitud que ofrece una visión muy amplia de la Edad Media Hispánica / Anton Pentinat Ayelo.
EL LÍO ESTABA ARMADO
Poco después se inició una guerra entre ambos en la que el Cid acudió al campo de batalla bajo la bandera del que siempre había sido su principie y señor: Sancho. El enfrentamiento perduró durante varios años. 
«Al final, combatiendo en Zamora […] Sancho murió en el 1072», añade el experto. 
Que el primero de los herederos se fuera al otro barrio no pudo ser mejor para su hermano, que se quedó sus tierras y dio por finalizada la contienda con un (para él) feliz final.
Las calles dedicadas al Cid son bastante comunes en la ruta / ALC.
EL DESTIERRO
Cuenta la leyenda que Rodrigo Díaz de Vivar (más conocido por su apodo: el Cid Campeador), héroe de decenas de batallas, exigió entonces al rey Alfonso que jurara no haber tenido nada que ver con la muerte de su hermano. Lo hizo a cambio de ser su vasallo. La realidad, no obstante parece que fue diferente. Y es que, por mucho que nos guste imaginarnos a este héroe poniendo entre la Tizona y la pared a un monarca, poco tiene esto de verdad. 
Diego Rodríguez, único hijo varón del Cid y doña Jimena, murió combatiendo contra los almorávides en la batalla de Consuegra (Toledo, 1097) en el ejército de Alfonso VI. Finalmente, la victoria fue para los almorávides de Yusuf ibn Tasfin
Por el contrario, lo más probable es que (aunque las habladurías pueblerinas sí cargasen contra el de la corona), nuestro protagonista, simplemente, aceptase rendirle pleitesía para tener un señor por le que luchar. Algo tan necesario en aquellos años como contar con un buen filo con el que atravesar (o partir por la mitad) al contrario.
En todo caso, parece que no le fue mal al Cid como vasallo de Alfonso VI, pues fue nombrado juez por él en varias ocasiones, participó en campañas militares como la de Navarra, y fue destinado a cobrar las «parias» a los musulmanes. Y no es muy lógico dejar el dinero en poder de alguien del que, al fin y al cabo, no te fías.
Estatua del Cid a caballo- ABC
Además, tampoco era extraño que, en plena corte, los mejores puestos fueran para aquellos que más lamían las botas a su señor y que le habían seguido desde sus inicios. El roce, que hace el cariño, como se suele decir. Sin embargo, el idilio del Campeador con el monarca fue breve.
Apenas duró hasta que nuestro protagonista tuvo un incidente militar con el conde García Ordóñez, quien tenía bastante mano dentro de la corte. Este, haciendo honor a su apodo («boca torcida», por su capacidad -según algunos autores- de introducir mentiras en cabezas ajenas) logró poner en contra a Rodrigo y al monarca. Todo ello, afirmando que el Cid se quedaba con parte de los tributos que recogía de los musulmanes.
Alfonso VI de León y Castilla en una ilustración del siglo XII.
Esa falacia, unida a alguna desavenencia más, provocó que el rey desterrara al Campeador de sus tierras. O lo que es lo mismo, que confiscase sus dominios y le mandase al quinto pino del reino con todo aquel que quisiera seguirle. «Alfonso VI desterró a Rodrigo en 1081, cuando este atacó a los musulmanes de Toledo, protegidos del rey», añade el experto en su dossier.
«Pasó los cinco años 
siguientes como soldado
mercenario al servicio 
del gobernador 
musulmán de Zaragoza»
Dos de los viajeros más ilustres de finales del XIX y principios del XX fueron Ramón Menéndez Pidal, gran estudioso del Cid y del Cantar, y Archer Milton Huntington, un millonario norteamericano fundador de la Hispanic Society of America. Su mujer, la artista Anna Hyatt, esculpió una estatua ecuestre del Cid cuyas reproducciones pueden verse en las calles de Valencia, Sevilla, Nueva York, San Diego, Buenos Aires o san Francisco. En la imagen, la estatua del Cid en la ciudad de Valencia, obra de Anna Hyatt Huntington / ALC.
Desterrado, se vio obligado a ir de ciudad en ciudad alquilando su vida y la de sus hombres al mejor postor. 
«Pasó los cinco años siguientes como soldado mercenario al servicio del gobernador musulmán de Zaragoza. En el transcurso de ellos, Rodrigo siguió adquiriendo fortuna y renombre»,explican los autores Richard A. Fletcher y Javier Sánchez García-Gutiérrez en su obra «El Cid»
Fue precisamente en la jornada 16 de este destierro cuando el Cid llegó a la ciudad de Alcocer.
Castillo de Puebla de Alcocer
ALCOCER Y EL CAMPAMENTO
A partir de este punto es en el que la mitología supera a la realidad y la fuente principal es el «Cantar del Mio Cid». Este poema deja escrito que Rodrigo llegó a esta población después de abandonar Castejón y saquear Alcarría (Guadalajara) y el valle del Tajuña. A partir de ese momento, y tal y como explica Alberto Montaner Frutos (de la Universidad de Zaragoza) en su dossier 
«La toma de Alcocer en su tratamiento literario: un episodio del cantar del Cid»
El texto tan solo aporta alguna que otra pista que puede dar idea de dónde se hallaba concretamente la villa de Alcocer.
Así se puede leer en la versión actualizada del «Cantar del Mio Cid» elaborada por Frutos: 
«Cruzaron los ríos, entraron a Campo Taranz. por esas tierras abajo a toda velocidad, entre Ariza y Cetina mio Cid se fue a albergar; grande es el botín que obtuvo en la zona por donde va. No saben los moros que propósito tendrá. Otro día se puso en marcha mio Cid el de Vivar y pasó frente a Alhama, por la hoz abajo va, pasó por Bubierca y por Ateca, que está adelante, y junto a Alcocer mio Cid iba a acampar». 
Castillo de Puebla de Alcocer, del siglo XIII aunque remodelado a finales del siglo XV. Está situado en una mole rocosa alargada que permitía vigilar y defender una extensa área. Constituye una de las atalayas más formidables de Extremadura, pues desde su cima se divisa un panorama de grandiosidad inigualable, cuyos amplísimos horizontes se extienden llanos en todas las direcciones.
¿DÓNDE PODRÍA SITUARSE EL CAMPO DE BATALLA?
En palabras del experto, es difícil saberlo, pues únicamente ubica vagamente la zona mediante algunos «vagos topónimos». El texto no ahonda demasiado en la construcción del campamento ideado por el Cid para asediar la ciudad. Un emplazamiento del que se dice poco más que se edifica encima de un otero (un pequeño monte) «fuerte e grande» y al cual «agua no le puede faltar» porque «corre cerca el Jalón» (uno de los principales afluentes del Ebro).
En definitiva, se dice que la posición no podía ser mejor, pues contaba con inmediato acceso al líquido elemento y permitía a los sitiadores resistir un posible ataque realizado desde la urbe. Tampoco se explica de forma pormenorizada el tipo de campamento que se crea, del cual únicamente se da alguno que otro detalle: 
«Bien se planta en el otero, hace firme su acampada, los unos hacia la sierra y los otros hacia el agua. El buen Campeador, que en buena hora ciñó espada, alrededor del otero, muy cerca del agua, a todos sus hombres les mandó hacer una zanja, que ni de día ni de noche por sorpresa les atacaran, que supiesen que mio Cid allí arriba se afincaba».
San Sisebuto, Abad del Monasterio de Cardeña. apoyado en el báculo con la cabeza cubierta con mitra. En el Monasterio de Cardeña, durante el destierro del Campeador, se albergó doña Jimena (esposa del Cid) con sus tres hijos Diego, Cristina y María
En los siguientes versos, el cantar explica de forma supina como el Cid actuó como era menester por aquellos tiempos: sitió la ciudad de Alcocer y le solicitó tributos o «parias» a cambio de no atacarla. También hizo lo propio con algunas otras urbes de la zona, como Ateca y Terrer». El Campeador, de esta guisa (recibiendo más oro del que podía soportar su bolsa y atesorando riquezas) se mantuvo frente a las murallas de Alcocer más de dos meses. O, más concretamente, «15 semanas», en palabras del Cantar.
«No es posible creer que el poeta haya querido sugerir que el Cid se comportó de mala fe para con los alcocereños»
Esta cofia de malla protegía la cabeza, el cuello y los hombros de los guerreros, y fue muy utilizada hasta bien entrada la Edad Media. Podrás ver algunas buenas reproducciones en las muchas recreaciones medievales que tienen lugar a lo largo del Camino del Cid / ALC.
No obstante, Alberto Montaner Frutos (de la Universidad de Zaragoza) hace hincapié en que no hay que llevarse a engaños, y el objetivo último de este guerrero no es otro que terminar conquistando la plaza debido a la supuesta «importancia estratégica» que se le da en el texto.
Con todo, algunos autores como Peter Edward Russell afirman en sus escritos que no hay que entender al Cid como un tirano que pretendía esquilmar la zona para luego conquistarla, sino como un estratega militar que entendía la importancia psicológica de asediar una plaza fuerte: 
«No es posible creer que el poeta haya querido sugerir que el Cid se comportó de mala fe para con los alcocereños. Parece que introdujo el tema de las parias con el fin de llamar la atención sobre el temor que sentía la guarnición al verse asediada por el Cid, pero sin atender debidamente a las consecuencias jurídicas de dicha introducción».
Con posterioridad el Cid fue recuperado por los románticos alemanes y desde entonces la leyenda del Cid ha contado con numerosas reinterpretaciones que han acrecentado el mito: obras de teatro, óperas, novelas, o películas, como la que protagonizaron Charlton Heston y Sofía Loren en 1961, en la imagen / Castillo de Belmonte.
EL PLAN
A las quince semanas el Cid se hartó de que Alcocer no se rindiese y pasó a la acción. ¿Qué se le pasó por la cabeza? Una curiosa estratagema para hacer salir a los defensores de la ciudad. Ordenó recoger todas las tiendas menos una y fingir una retirada. 
«La retirada tenía como objetivo desconcertar a los alcocereños e invitarles a aprovechar la situación abandonando el refugio de las murallas», añade el experto. 
¿Por qué abandonarían estos la seguridad de su ciudad? Sencillamente, por las ansias de vil metal: las «parias» que el Campeador llevaba acumulando durante más de dos meses.
Dona Jimena Chimène burgos
Así se narra este suceso en la versión modernizada de Alberto Montaner Frutos (de la Universidad de Zaragoza) del poema: 
«Él hizo una estratagema, más no lo retrasaba: plantada deja una tienda, las otras se las llevaba, avanzó Jalón abajo con su enseña levantada, con las lorigas puestas y ceñidas las espadas, a guisa de hombre prudente, para llevarlos a una trampa. Lo veían los de Alcocer, ¡Dios, como se jactaban! -Le han faltado a mio Cid el pan y la cebada; las otras apenas se lleva, una tienda deja plantada; mio Cid se va de tal modo cual si en derrota escapara. Vayamos a asaltarlo y obtendremos gran ganancia, antes de que le cojan los de Terrer, si no, no nos darán de ello nada; la tributación cogida devolverá duplicada».
Estatua del Cid en la fachada del Monasterio de San Pedro de Cardeña, en Burgos / ALC.
El plan había funcionado. El Cid había logrado que abandonaran la seguridad de su plaza fuerte. A su vez, la suerte le sonrió, pues 
«con las ansias del botín, de lo otro no piensan nada, dejan abiertas las puertas, las cuales ninguno guarda». 
De esta forma, el Campeador (cuyas fuerzas eran formadas por unos 300 hombres, atendiendo a las fuentes) solo tuvo que esperar hasta que sus enemigos (la mayoría, según se da a entender, soldados a pie) estuviesen lo suficientemente lejos de las defensas como para no poder retirarse si él iniciaba la carga.
Cartel de la ópera de Jules Massenet, Le Cid, ilustración de Georges Clairin para el Teatro Nacional de la Ópera de París
LA CARGA
A partir de este momento, existe cierta controversia en relación a la forma en la que el Cid atacó a los musulmanes. La versión modernizada de Alberto Montaner Frutos (de la Universidad de Zaragoza) del «Cantar del Mio Cid» explica que cuando 
«El buen Campeador hacia ellos volvió la cara» y vio que «entre ellos y el castillo el espacio se agrandaba», ordenó girar la bandera, espolear los caballos, y cargar sin ningún pudor a sus hombres contra aquellos «infieles». «¡Heridlos, caballeros, sin ninguna desconfianza! ¡Con la merced del Creador, nuestra es la ganancia!». 
A PARTIR DE ESE MOMENTO COMENZÓ LA VERDADERA BATALLA
Tal y como señala el texto, los jinetes del Cid cargaron, con el Campeador y Álvar Fáñez (uno de los principales capitanes de Rodrigo) en cabeza: 
«Han chocado con ellos en medio de la explanada, ¡Dios, qué intenso es el gozo durante esta mañana! Mio Cid y Álvar Fáñez adelante espoleaban, tienen buenos caballos, sabed que a su gusto les andan, entre ellos y el castillo entonces entraban. Los vasallos de mio Cid sin piedad les daban». 
Poco más se dice de la contienda más allá de que cargaron a gritos mientras la retaguardia de los musulmanes trataba de regresar a la seguridad de Alcocer.
«¡Heridlos, caballeros, sin ninguna desconfianza! ¡Con la merced del Creador, nuestra es la ganancia!»
«En poco rato y lugar a trescientos moros matan. Los de delante los dejan, hacia el castillo se tornaban; con las espadas desnudas a la puerta se paraban, luego llegaban los suyos, pues la lucha está ganada. Mio Cid tomó Alcocer sabed, con esta maña». 
En el Cantar no se habla del número exacto de jinetes que llevaron a cabo el ardid (al menos en estos fragmentos), ni las bajas cristianas, por lo que siempre se ha supuesto que no se había sucedido ninguna. Al menos, en palabras del autor del «Cantar del Mio Cid».


Alvar Fañez Minaya, sobrino del Cid
Más allá de esta fuente, han sido muchos los autores que han tratado de explicar de forma pormenorizada cómo es posible que los musulmanes no tuviesen tiempo suficiente para regresar a la seguridad de Alcocer.
El Cid se despide de los burgaleses. Representación durante el fin de semana cidiano de Burgos, el primer fin de semana de octubre / ALC.
EN BASE A LOS TEXTOS ORIGINALES
Alberto Montaner Frutos (de la Universidad de Zaragoza) es partidario de que el Cid dividió a sus tropas en dos unidades. La primera, encargada de atacar y entretener a los enemigos. La segunda, con órdenes de tomar la urbe. 
«El ardid consistía en una huida fingida que atrajera a los alcocereños a la lucha en campo abierto. Cuando esto se consiguió, el Cid y sus tropas dieron media vuelta y, gracias a una maniobra envolvente, obligaron a los musulmanes a permanecer luchando en el campo de batalla mientras la vanguardia del Campeador , encabezada por él y Minaya, se apoderaban de la plaza desguarnecida», explica.
Puebla de Alcocer es un municipio perteneciente a la provincia de Badajoz. Situado en la comarca de La Siberia
UN FINAL INCIERTO
En todo caso, el Cantar explica que la batalla acabó cuando Pedro Bermúdez, soldado del Cid, puso en la parte más alta de las murallas la bandera de su señor. El Campeador, por su parte, no pudo contener la alegría. Aquella noche, al fin, dejaría la tienda de su campamento en favor de una cómoda habitación. 
«¡Gracias al Dios del cielo y a todos sus santos, ya mejoraremos el aposento a los dueños y a los caballos!». «¡Gracias al Dios del cielo y a todos sus santos, ya mejoraremos el aposento a los dueños y a los caballos!»
A su vez, Rodrigo Díaz de Vivar (más conocido por su apodo: el Cid Campeador) ordenó a sus hombres que no matasen a los prisioneros, pues estaban desarmados.
«Oídme, Álvar Fáñez y todos los caballeros: en este castillo un gran botín tenemos, los moros yacen muertos, vivos a pocos veo; a los moros y moras vender no los podremos, si los descabezamos nada nos ganaremos, acojámoslos dentro, que el señorío tenemos, ocuparemos sus casas y de ellos nos serviremos». 
La conquista había acabado bien. O eso parecía. Y es que, posteriormente, el señor de Valencia ordenó mandar contra Alcocer 3.000 musulamanes armados. Pero eso, como se suele decir, es otra historia.
Tras su muerte, en 1099, su mujer Jimena resistió como gobernadora de Valencia hasta que los almorávides conquistaron la ciudad en el año 1102. Jimena se llevó el cadáver de su marido al Monasterio de San Pedro de Cardeña, donde fue enterrado. Actualmente los restos del Cid y su esposa se encuentran enterrados en la catedral de Burgos bajo el cimborrio de la catedral. Imagen: sepulcros del Cid y Jimena en el monasterio burgalés de San Pedro de Cardeña / ALC.



EN UN TIEMPO EN QUE LOS SUYOS NECESITABAN HÉROES ALLÍ ESTUVO ÉL; SU CONTRIBUCIÓN MILITAR A LA RECONQUISTA FUE LA DE HABER ACTUADO DE FRENO DE LA PRESIÓN ALMORÁVIDE EN EL ESTE DE ESPAÑA.
Mucho de lo que sabemos del Cid se lo debemos a las investigaciones de Ramón Menéndez Pidal
Ramón Menéndez Pidal
Ramón Menéndez Pidal 01.jpg
Información personal
Nacimiento13 de marzo de 1869
La Coruña (España)
Fallece14 de noviembre de 1968
Madrid (España)
99 años
Naciona-
lidad
Española
Familia
Cónyuge
Educación
Alma máter
Información profesional
OcupaciónFilólogohistoriadorfolcloristamedievalista
Poco importa que el propósito (o la conclusión) fuera encontrar un arquetipo del alma castellana, un símbolo de la sobriedad y el heroísmo, un referente de los protoespañoles. Gracias a la historiografía cristiana en latín o en incipiente lengua vernácula, diplomas y documentos de la época se puede trazar una biografía alejada de la fantasía épica, pero que casa bastante con el mito.
Que luchara a favor y en contra de moros y cristianos era una práctica muy común en la época. Que haya sido utilizado como metáfora del casticismo y de la unidad patria no resta importancia a sus gestas. En un tiempo en que los suyos necesitaban héroes allí estuvo él.
Rodrigo Diaz de Vivar, "El Mio Cid", en una de sus batallas.
La vida y hazañas bélicas de  Rodrigo Díaz el Campeador no son las historias que se narran en el «Poema del Mío Cid», pero se le parecen bastante. Nace en torno al año 1040 en el seno de una familia de infanzones (la parte más baja de la nobleza de entonces) en Vivar, una aldea al norte de Burgos.
Estatua ecuestre del Cid en Burgos, esculpida por González Quesada e inaugurada en 1955.
ARDOR GUERRERO
Educado en la corte junto al príncipe Sancho, se piensa que su primer contacto con la sangre fue en la batalla de Graus, en mayo de 1063. En su debut, las tropas castellanas tuvieron a las moras como aliadas contra el enemigo común, los aragoneses. Ganaron los de Rodrigo Díaz. Sancho fue proclamado rey de Castilla en 1065 y una de sus primeras decisiones fue nombrar a Rodrigo Díaz general en jefe de su ejército. En este papel participó en las guerras fratricidas de su monarca contra Alfonso (León), García (Galicia) y Urraca (Zamora). No hay constancia de ninguna embajada como emisario ante doña Urraca, ni persecución contra Vellido Dolfos ni jura de Santa Gadea. Estos hechos pertenecen a la leyenda poética.
El Cid Campeador cabalgando a lomos de su caballo portando en su mano derecha la espada Tizona del Cid.
Con Sancho muerto en combate a la entrada de Zamora, Alfonso es coronado rey de Castilla y de León. Como todos los que apuestan por el caballo perdedor, el Cid quedó arrinconado en un palacio donde imponía sus designios la familia Ansúrez. Alfonso, no obstante, era sabedor de las condiciones militares de aquel valiente de Vivar. Para reconciliarse le propone matrimonio con su prima, Jimena, nieta de Alfonso V de León. La boda se celebra en Burgos, en 1074, donde se conserva la carta de arras.
Rodrigo Díaz de Vivar (más conocido por su apodo: el Cid Campeador)
Faltan diez siglos para que nazca el cobrador del frac y alguien tenía que hacer ese trabajo. En 1079 se encarga al Cid el cobro de las parias, impuesto que el caudillo moro de Sevilla de nombre Mutámid debía pagar todos los años. Camino de su objetivo es atacado por los moros de Granada, aliados en esta ocasión con los hombres del conde García Ordóñez. El Cid los vence en Cabra y mantiene durante tres días prisionero al conde, que a su vuelta a la corte se queja al rey. Al tiempo cobra fuerza el rumor de que el Cid se había quedado entre las uñas con parte del tributo, una comisión al estilo de esa España sempiterna cuyas prácticas hunden su origen en la noche de los tiempos.
Espada Tizona del Cid
La campaña contra el Cid va calando y su ardor guerrero le terminó de enemistar con el monarca. En 1081 lanzó un ataque contra el reino moro de Toledo, en tregua con Alfonso, apresa a 7.000 cautivos y recauda un gran botín. No hay vuelta atrás. Alfonso no tiene otra opción que desterrar a Rodrigo Díaz y privarle de todas sus posesiones. Le da nueve días para abandonar el reino. En la nueva aventura le acompañan vasallos, familiares y un puñado de buscavidas.
Rodrigo Díaz de Vivar (más conocido por su apodo: el Cid Campeador)
AL DESTIERRO EL CID CABALGA
Encamina sus pasos hacia Barcelona y luego a Zaragoza, donde los moros le acogen con cierta simpatía. El destierro le obliga a buscar alianzas con el enemigo natural, al que ofrece sus conocimiento militares. En una época en que las lealtades dependían del interés puntual no resultaba extraño que un caballero cristiano sirviese a príncipes musulmanes.
Escultura ecuestre de bronce sobre basamento de piedra en la Ciudad de Buenos Aires.
De 1082 a 1089 ejerce como jefe del ejército del rey de Zaragoza. En este puesto sofoca una sublevación y lucha contra los cristianos catalanes y aragoneses. En una de estas acciones, en 1082, captura al conde de Barcelona. Evita, no obstante, enfrentarse con Alfonso. Ese mismo año el rey castellano sufrió un intento de asesinato en Rueda. El Cid le ofreció su ayuda y el rey le correspondió con la renovación del decreto de destierro.
Rodrigo Díaz de Vivar 'El Cid Campeador' (1048-1099)
La llegada de los almorávides a la Península obliga a Alfonso a replantearse la relación con el Cid, al que levanta el destierro en 1087 y devuelve sus tierras. Pero sigue sin tener sitio en la corte, por lo que retorna a Zaragoza en 1088, aunque a partir de ese momento fija su objetivo en la conquista del reino de Valencia. El monarca castellano le asigna la posesión de todas las tierras que pudiera conquistar en la zona de Levante, pero un error en su intento de ayudar a las tropas del rey cerca de la localidad murciana de Aledo, en junio de 1089, con el resultado de una estrepitosa derrota, motiva un segundo destierro.
LA TIZONA O TIZÓN
La Tizona o Tizón es una de las espadas (junto a la Colada) que la tradición o la literatura atribuye al Cid Campeador
LA TIZONA O TIZÓN ES UNA DE LAS ESPADAS (JUNTO A LA COLADA) QUE LA TRADICIÓN O LA LITERATURA ATRIBUYE AL CID CAMPEADOR. SEGÚN EL CANTAR DE MIO CID (COMPUESTO HACIA 1200) LA TIZÓN (SU NOMBRE HASTA EL SIGLO XIV)2 PERTENECÍA AL REY BÚCAR DE MARRUECOS Y EL CID SE LA GANÓ EN VALENCIA. CONSTRUCCIÓN SIGLO XI - SIGLO XV.
Una de las espadas que se han identificado con la Tizona de la tradición, procedente del Castillo palacio de Marcilla, se mostró en el Museo del Ejército
VALENCIA Y LOS ALMORÁVIDES
Este nuevo rechazo real le espolea en su empeño de conquistar Valencia, a cuyo rey Alcádir exigió un tributo. Cuando los almorávides asesinaron a Alcádir, protegido del Cid, éste ordenó sitiar la ciudad con un ejército de 8.000 hombres, voluntarios todos. Que alguien fuera capaz de reclutar semejante número de personas ofrece una imagen de su poder de convocatoria.
En junio de 1094 las tropas cristianas ocupan la ciudad. Comienza entonces una nueva era en la zona. El Cid defendió la ciudad de la presión almorávide e incluso extendió sus dominios. En la batalla de Consuegra (1097) perdió a su hijo Diego. Rodrigo Díaz de Vivar muere en 1099. Desde ese momento nace la leyenda.
El Cid Campeador (mural de José Vela Zanetti)
Su contribución militar a la Reconquista fue el haber actuado de freno a la presión almorávide en el Este de España y demostrado que aunque fieros no eran invencibles. En 1101 su viuda Jimena y los fieles tienen que abandonar la ciudad ante el empuje musulmán. Los restos del guerrero fueron llevados entonces a Cardeña.
El Cid Campeador
ESTRATEGIA MILITAR
El Campeador no fue solamente un arrojado guerrero. Era un gran conductor de tropas, capaz de maniobras dinámicas y desconcertantes en el campo de batalla. Conoce a la perfección toda la estrategia militar de la época: toma por sorpresa, treta de abandono del cerco, juego de emboscada combinada con ataque frontal, doble carga de caballería...
El Cid Campeador
Según los expertos, su táctica es mitad mora, mitad cristiana. Usa la algara o incursión de las tropas de caballería en un ataque rápido, también conocida como razia o aceifa. Sus acometidas revelan un prodigio de resistencia física y de facilidad en la maniobra. Cálculo e improvisación a partes iguales: un genio de la milicia.
Resulta normal su mestizaje militar, pues ha aprendido a luchar al lado de los moros de Zaragoza y Sevilla. Cuentan que durante las comidas se hacía leer historias de los grandes guerreros árabes y que instruía a sus caballos al redoble del tambor.
El Cid Campeador
ASÍ VIO EL SIEMPRE GENIAL MINGOTE LA MUERTE DE MENÉNDEZ PIDAL
El «Poema de Mio Cid» refleja un héroe de carne y hueso: guerrero, fiel vasallo, marido y padre. Ramón Menéndez Pidal lo explica así: 
«En el Cid se reflejan las más nobles cualidades del pueblo que le hizo su héroe: el amor a la familia, que anima la ejecución hasta de las más altas y absorbentes empresas; la fidelidad inquebrantable; la generosidad magnánima y altanera aun para con el Rey; la intensidad del sentimiento y la leal sobriedad de la expresión».
El Cid Campeador
De los poemas nacionales de la literatura universal es el que relata acontecimientos más cercanos a la fecha de su creación. Se trata de un personaje heroico, pero nunca fantástico al que apoyan la veracidad histórica y la exactitud geográfica y topográfica. Es un caballero cristiano vital en su época al que la historia recuerda gracias a la literatura.
EL CID Y HOLLYWOOD
Cartel de la película de 1961
Como otros tantos mitos, la figura del Cid traspasó continentes. Hollywood no dudó en hincarle el diente en la época de los largometrajes de carácter histórico. El filme se rodó en España en 1961 con la producción de Samuel Bronston y la dirección de Anthony Mann. Charlton Heston encarnó a Rodrigo y su prometida doña Jimena fue Sofia Loren. La anécdota digna de reseña es que el propio Heston se entrevistó en Madrid con Ramón Menéndez Pidal para conocer en profundidad al personaje y poder meterse en su piel.
Representación del Cid Campeador 
LA ARQUEOLOGÍA DESVELA EL MISTERIO DE LA GRAN VICTORIA DEL CID: LA BATALLA DE ALCÓCER.
«Ha habido autores muy reconocidos que han pensado que Alcocer no ha existido nunca y que ese episodio fue un invento para realzar la figura del Cid»
Martín Antolinez “Burgalés de pro” según el poema y “ardida lanza” según el Cid, es la persona queabastece al Cid y sus acompañantes de comida y bebida.
EL MISTERIO PARECE HABER TOCADO A SU FIN 
Una excavación llevada a cabo en un páramo de Ateca (Zaragoza) ha descubierto material taifal hispano musulmán del siglo XI o principios del XII. Una serie de objetos que, junto a pruebas documentales, han ayudado a situar un asentamiento musulmán, cuya pista se perdió hace siglos, y que dio nombre a la cidiana batalla de Alcocer.
Estatua de El Cid, Balboa Park, San Diego, California, EEUU
Cuenta el célebre «Cantar de Mio Cid» que el Cid Campeador y su ejército tomaron Alcocer frente a los musulmanes con esta argucia: fingieron abandonar su campamento y cuando los habitantes de Alcocer se acercaron a una tienda abandonada, los del Cid les sorprendieron y tomaron el pueblo.
Otros 3.000 hombres más llegados desde Valencia fueron vencidos en una cruenta batalla por el Cid y los suyos, que prosiguieron el camino del destierro Jalón abajo, con un sustancioso botín en los bolsillos y tres mil marcos de plata, fruto de la venta de Alcocer a los pueblos cercanos.
El Cid Campeador in Balboa Park
Aunque la localidad de Alcocer tiene una gran importancia en el cantar de gesta, que se basa libremente en la figura del caballero castellano del siglo XI Rodrigo Díaz de Vivar, su pista se perdió hace siglos, lo que dio lugar a un debate entre los estudiosos acerca de la existencia real o no de ese asentamiento musulmán que se recoge en el cantar.
«Ha habido autores muy reconocidos que han pensado que Alcocer no ha existido nunca y que ese episodio fue un invento para realzar la figura del Cid», explica el historiador atecano Francisco Martínez, que indaga desde hace más de treinta años acerca de los pasos del personaje.
El Cid  - Parque Balboa
Los topónimos que aparecen en el cantar, las pruebas documentales, así como una excavación previa en 2004 en el paraje de Ateca denominado La Mora Encantada determinaron que se trataba, de forma muy probable, de la ubicación del desaparecido asentamiento de Alcocer.
Evidencias que demuestran que ese lugar «por lo menos geográficamente no es pensado, sino que es real», defiende el estudioso, ya que el cantar tiene un trasfondo biográfico y al tratarse de una gesta hay que averiguar qué episodios se basan en hechos reales y cuáles son imaginarios.
La plaza de la Legión de Honor (Legion of Honor) alberga Museo de Bellas Artes de San Francisco y en sus inmediaciones se encuentra el californiano monumento al Cid
Una nueva excavación realizada por los arqueólogos José Luis Cebolla y Francisco Javier Ruiz y financiada por la Diputación Provincial de Zaragoza, corrobora que los restos de utensilios encontrados pertenecen a finales del siglo XI o principios del XII, por lo que podrían coincidir con la época del Cid.
Sevilla
Lo más curioso es que en el paraje se han encontrado grandes porcentajes de ceniza en la tierra, fragmentos quemados y restos de vasijas rotas en muchos trozos que dan señales, según el historiador, de que ese campamento musulmán fue abandonado precipitadamente y por causas no deseadas por sus pobladores.
El Cid en la Legión de Honor, San Francisco
Pero, ¿por qué esa aparente huida de los habitantes de Alcocer? Martínez enumera dos posibles razones: o bien realmente existió un episodio histórico relacionado con el Cid y el poblado se abandonó a finales del siglo XI, o bien el sitio fue quemado durante la conquista de Alfonso I el Batallador de la comarca de Calatayud en 1120.
«Si además excavas y lo que salen son restos de un poblado que tiene material cerámico del siglo XI y que está abandonado precipitadamente puede coincidir con la historia», relata Martínez en cuanto a las conexiones con el cantar.
Capilla del Cid. Monasterio de San Pedro de Cardeña.
De hecho, del actual camino del Cid que sigue las huellas literarias e históricas de Rodrigo Díaz de Vivar a través de las provincias de Burgos, Soria, Guadalajara, Zaragoza, Teruel, Castellón, Valencia y Alicante, los de Alcocer son, según el investigador,
«los únicos restos cidianos de que se tiene constancia y se ha verificado que existieron en la época del Cid».
El CID in his home city of Burgos, Spain
Ahora, el yacimiento aguarda tapado una posible nueva campaña para descubrir su extensión o cómo fue abandonado y los restos encontrados, que incluyen cerámicas barnizadas y utensilios domésticos, como un molino de mano o el mango de un cuchillo, serán restaurados.
Tumba del Cid y Doña Jimena en el crucero de la Catedral de Burgos
A la espera de despejar incógnitas y fuera realidad o leyenda la batalla de Alcocer, uniendo todos los indicios toponímicos, topográficos y documentales, el sitio que se describe en el cantar, «difícilmente podría ser otro que el de La Mora Encantada», defiende el historiador.
El Cid Campeador
El cid campeador rodrigo diaz de vivar documental
https://www.youtube.com/watch?v=W5rDFWJTFhI
Fuente:
http://www.abc.es/historia/abci-alcocer-mitica-batalla-campeador-aniquilo-cientos-moros-curioso-engano-201701130232_noticia.html
http://www.abc.es/historia-militar/20130412/abci-campeador-agente-doble-lucho-201304091749.html
http://www.abc.es/cultura/abci-arqueologia-desvela-misterio-gran-victoria-batalla-alcocer-201701071842_noticia.html

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