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"Soy un hombre de armas, un guerrero, scout. Paradójicamente, al único de mi especie que admiro, empuñó solamente la palabra, su técnica fue la humildad, su táctica la paciencia y la estrategia que le dio su mayor victoria fue dejarse clavar en una cruz por aquellos que amaba"

Desde La Trinchera Del Buen Combate en Argentina. Un Abrazo en Dios y La Patria.

From the Trench of the Good Fight in Argentina. An Enbrance in God and the Homeland.

20 de octubre de 2016

WILM HOSENFELD. SALIÓ DEL ANONIMATO GRACIAS A LA NOVELA AUTOBIOGRÁFICA DEL MÚSICO POLACO WŁADYSŁAW SZPILMAN (EL PIANISTA DEL GUETO DE VARSOVIA), POPULARIZADA POR LA PELÍCULA DE ROMAN POLAŃSKI EL PIANISTA.

Wilm Hosenfeld
Wilm Hosenfeld (nombre completo: Wilhelm Adalbert Hosenfeld; Mackenzell, población cercana a Fulda, 2 de mayo de 1895 - Stalingrado, 13 de agosto de 1952).
Wilhelm Adalbert Hosenfeld
Información personal
Apodo"Wilm"
Nacimiento02 de mayo de 1895
Bandera de Alemania MackenzellFulda,Imperio Alemán
Fallecimiento13 de agosto de 1952(57 años)
Bandera de la Unión Soviética StalingradoURSS
NacionalidadAlemana Ver y modificar los datos en Wikidata
Partido políticoBandera de Alemania Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP)
Otras afiliaciones políticasImperio AlemánAlemania nazi
Información profesional
OcupaciónMilitar
TratamientoCapitán
Rango
Participó enPrimera Guerra Mundial ySegunda Guerra Mundial Ver y modificar los datos en Wikidata
Miembro de
Distinciones
EN NOVIEMBRE DE 2008 HOSENFELD FUE HONRADO POR YAD VASHEM CONLA DISTINCIÓN DE “JUSTO ENTRE LAS NACIONES“
ISRAEL RINDE HOMENAJE A OFICIAL ALEMÁN DE 'EL PIANISTA'
Capitán Wilm Hosenfeld . 
Fuente de prensa: 
El Yad Vashem, (Museo Memorial del Holocausto de Israel) anunció que otorgará un reconocimiento al Capitán Wilm Hosenfeld, quien ayudó a salvarse al pianista judío Wladyslaw Szpilman, luego de que este escapara del Gueto de Varsovia tras ser encarcelado por Judío.

“El Pianista”, la increíble historia del músico judío polaco, fue documentada por el director Roman Polanski y llevada a las salas de cines en el 2002. 
El ya difunto Capitán Wilm Hosenfeld es uno de los pocos solados alemanes de la Segunda Guerra Mundial que ganó el reconocimiento de Justo entre las Naciones”, titulo que ya les fue otorgado a más de 22.000 personas que ayudaron a salvar vidas judías durante la Shoa, donde perecieron 6 millones de almas.
En una declaración, el museo Yad Vashem dijo:
  • Que había decidido honrar a Hosenfeld, protagonizado en la película por el actor de origen alemán Thomas Kretschmann, luego de verificar que a pesar de tener un papel militar en la ocupación de Varsovia, no había participado en los crímenes de guerra. 
Hosenfeld, quien residió en la capital de Polonia ocupada por los nazis de 1940 a 1944, sirvió principalmente como oficial encargado del área de deportes y cultura, aunque había participado en los interrogatorios, dijo el museo.
El pianista, escribió en su diario sobre la amabilidad de Hosenfeld luego de un encuentro cercano en el cual el oficial alemán proveyó de vivienda y alimento al desgastado judío.

HOSENFELD TAMBIÉN ES NOMBRADO EN EL DIARIO DE OTRO SOBREVIVIENTE.

El escrito cuenta cuenta que el oficial le había dado trabajo después de haberse escapado de un tren que iban rumbo a Treblinka, campo de exterminio donde la mayoría de los residentes del gueto de Varsovia fueron enviados, afirmó Yad Vashem. 
Fuente de prensa:

Wilm Hosenfeld, que fue galardonado con la Cruz de Hierro durante la Primera Guerra Mundial, fue llamado a servir en el ejército alemán de nuevo en 1939.
En su juventud profesor, fue un oficial alemán de la Wehrmacht en la Segunda Guerra Mundial que alcanzó el rango de capitán al final de la guerra. Ayudó a rescatar y esconder a polacos, incluyendo judíos, en la Polonia ocupada por los nazis.
Segunda Guerra Mundial
WW2Montage.PNG
De izquierda a derecha y de arriba abajo: tropas de la Mancomunidad de Naciones en el desierto, civiles chinos siendo enterrados vivos por soldados japoneses, un submarino alemán siendo atacado, fuerzas soviéticas en el centro de Stalingrado tras la capitulación alemana en la ciudad, tropas soviéticas en Berlín y aeronaves japonesas a punto de despegar de un portaaviones.

Fecha1 de septiembre de 1939-2 de septiembre de 1945
(6 años y 1 día)
LugarTodos los continentes y océanos, pero especialmente EuropaÁfrica del NorteExtremo OrienteAtlántico NorteOcéano Pacífico.
Casus belliInvasión nazi de Polonia
ResultadoVictoria aliada
Consecuencias
Cambios territorialesVéase anexo
Beligerantes
Potencias del EjeAliados
Figuras políticas
Bajas
Muertos
Más de 12 000 000
  • 8 000 000 de civiles
  • 4 000 000 de militares
  • Y más...
Muertos
Más de 49 000 000
  • 33 000 000 de civiles
  • 16 000 000 de militares
  • Y más...
Heroe: Momento en que Hosenfeld descubrió al pianista Wladyslaw Szpilman escondido en un edificio abandonado en Varsovia, que había guardado ya a un hombre judío, y había ayudado a muchos otros (interpretado juntos en la película "El pianista")
EL HEER (EJÉRCITO, EN ALEMÁN) ERAN LAS FUERZAS TERRESTRES DE LA WEHRMACHT
LAS FUERZAS ARMADAS ALEMANAS DESDE 1935 A 1945.
La Wehrmacht también incluía a la Kriegsmarine (Armada) y la Luftwaffe (Fuerza Aérea). Durante la Segunda Guerra Mundial, un total de unos 15 millones de soldados sirvieron en el Heer, de los cuales murieron unos 4 millones. Separado del Heer, el Waffen-SS era una fuerza militar multi-étnica y multi-nacional del Tercer Reich. Creciendo desde tres regimientos a más de 38 divisiones durante la Segunda Guerra Mundial, sirvió al lado del Heer pero formalmente nunca fue parte de éste.
Wehrmacht
Balkenkreuz.svg
La Balkenkreuz, una versión estilizada de la Cruz de Hierro, era el emblema de la Wehrmacht.

Activa19351945
PaísBandera de Alemania nazi Alemania nazi
FidelidadBandera de Alemania nazi Tercer Reich
RamaHeer
Kriegsmarine
Luftwaffe
Waffen-SS (desde 1940)
Volkssturm (desde 1944)
TipoFuerzas armadas
TamañoHasta 20.700.000
AcuartelamientoZossen
Comandantes
Comandantes
notables
Wilhelm Keitel
Karl Dönitz
Hermann Göring
Erich von Manstein
Erwin Rommel
Insignias
Símbolo de
identificación
Balkenkreuz
Símbolo de
identificación
Insignia casco Wehrmacht
Cultura e historia
PatrónAdolf Hitler
Guerras y batallas
Guerra Civil Española
Segunda Guerra Mundial
'Su brújula moral y ético se mantuvo intacta durante toda la guerra, "dijo Hermann Vinke, que ha escrito una biografía del oficial. En la foto: Hosenfeld, en el invierno de 1939, con un judío polaco, en Wegrow.
Heer
Balkenkreuz.svg
La Balkenkreuz, una versión estilizada de la Cruz de Hierro, era el emblema de la Wehrmacht.

Activa19351945
PaísBandera de Alemania nazi Alemania nazi
FidelidadBandera de Alemania nazi Tercer Reich
TipoEjército
Tamaño10.000.000
Parte deWehrmacht
Comandantes
Comandantes
notables
Walther von Brauchitsch
Erich von Manstein
Erwin Rommel
Friedrich Paulus
Hermann Hoth
Gerd von Rundstedt
Fedor von Bock
Ewald von Kleist
Heinz Guderian
Insignias
Símbolo de
identificación
Balkenkreuz.
Insignias para el casco utilizadas por el Heer.Insignia casco Wehrmacht.
Cultura e historia
ColoresFeldgrau
Guerras y batallas
Guerra Civil Española
Segunda Guerra Mundial
Salió del anonimato gracias a la novela autobiográfica del músico polaco Władysław Szpilman (El pianista del gueto de Varsovia), popularizada por la película de Roman Polański El pianista.
Gorra usada por los oficiales del Heer.
El Pianista del Gueto de Varsovia es un libro de las memorias del músico polaco de origen judío Wladyslaw Szpilman, escrito y elaborado por un autor polaco, Jerzy Waldorff, quien se reunió con Szpilman en 1938 en Krynica (Polonia) y se convirtió en un amigo suyo. 
Władysław Szpilman
Władysław Szpilman.jpg
Władysław Szpilman
Datos generales
NacimientoBandera de Polonia SosnowiecPolonia
5 de diciembre de 1911
NacionalidadPolaca
MuerteBandera de Polonia VarsoviaPolonia
6 de julio de 2000 (88 años)
CónyugeHalina (Grzecznarowski) Szpilman
HijosOscar Jatsiyoryiu, Andrzej Szpilman
OcupaciónCompositor y pianista
Información artística
Instrumento(s)Piano
El libro está escrito en primera persona y en él cuenta como sobrevivió a las deportaciones alemanas de judíos a los campos de exterminio, la destrucción de 1943 del Gueto de Varsovia y en 1944 el Alzamiento de Varsovia durante la Segunda Guerra Mundial. La primera versión de este libro se publicó en Polonia titulado Śmierć miasta (Muerte de una Ciudad), publicado por la editorial polaca Wiedza pero enseguida fue retirado de la circulación por las nuevas autoridades comunistas polacas.
EN 1998, EL HIJO DE SZPILMAN, ANDRZEJ SZPILMAN, PUBLICÓ LAS MEMORIAS DE SU PADRE.
Primero en alemán como Das wunderbare Überleben (La milagrosa supervivencia) y luego en inglés como El pianista. Más tarde se publicó en más de 30 idiomas. En 2002, Roman Polanski dirigió una versión para la pantalla, también llamada El pianista, pero Szpilman murió antes de que la película fuera terminada.
Casa Niepodległości 223 en Varsovia, donde en 1944 Wilm Hosenfeld encontró Szpilman

Horror: Hosenfeld fue destinado en Polonia, terminando en Varsovia en 1940. 
Después de presenciar el tratamiento de los polacosos, escribió: 
"Es una pena ver a estos pobres hombres ... pero somos impotentes".  Privatarchiv der Familie Hosenfeld
WILM HOSENFELD (NOMBRE COMPLETO: WILHELM ADALBERT HOSENFELD; MACKENZELLEL OFICIAL QUE SALVÓ AL PIANISTA.

Nació en la familia de un piadoso maestro de escuela católica que vivia cerca de Fulda. Durante la primera guerra mundial entró en servicio activo y después de haber sido gravemente herido en 1917 recibió la Cruz de Hierro de segunda clase. A continuación, se retiró del ejército y se convirtió en un maestro y se casó con una mujer pacifista, Annemarie.
El Dr. Detlev Hosenfeld en el Jardín de los Justos en el que el nombre de su padre está en la pared.  Privatarchiv der Familie Hosenfeld
ANTES DE 1939
Nacido en una familia de fuertes tradiciones patrióticas y cristianas bávaras en Mackenzell, tras finalizar su formación pedagógica, participó en la I Guerra Mundial, desde 1914, en la infantería. Retornó en 1917, herido de gravedad.
A partir de 1918 trabajó como maestro rural, animado de un fuerte compromiso social, patriótico y cristiano, primero en la comunidad de Biebergemünd en el Spessart, más adelante en Thalau, pequeña población cercana a Fulda in der Rhön.
Sobreviviente: El pianista Wladyslaw Szpilman judío que ocultó en noviembre de 1944 en una casa de Varsovia de los alemanes. Allí descubrió el oficial de la Wehrmacht Hosenfeld. En vez de traicionarlo, Hosenfeld ayudó a los perseguidos y le llevaba comida. Szpilman sobrevivió a la guerra y trabajó de nuevo para la Radio Polaca.  Privatarchiv der Familie Hosenfeld
En 1920 se casó con Annemarie Krummacher, hija de uno de los pintores de Worpswede. Con ella tuvo cinco hijos; todos ellos terminaron trabajando en profesiones médicas. Hosenfeld gozó de ser un buen padre de sus dos hijos varones y tres hijas. En 1935 se afilió al partido NSDAP obnubilado por un discurso de Hitler, sin embargo nunca llegó a ser un fanático partidista y se le reprochaba su falta de compenetración con el nazismo debido principalmente a su cristianismo activo. Hosenfeld más que un nazi, era un patriota idealista.
Wilm Hosenfeld, Varsovia, abril de 1942.  Privatarchiv der Familie Hosenfeld
HOSENFELD SE UNIÓ AL PARTIDO NAZI EN 1935 Y FUE RECLUTADO POR LA WEHRMACHT EN AGOSTO DE 1939.
Él estaba estacionado en Polonia a partir de mediados de septiembre de 1939 hasta su captura por el ejército soviético el 17 de enero de 1945. Su primer destino fue Pabianice, donde participó en la construcción y explotación de un campo de prisioneros. Después, él fue destinado a Węgrów en diciembre de 1939, donde permaneció hasta que su batallón se trasladó otros 30 km al Jadów a finales de mayo 1940.
Wilm Hosenfeld, marzo de 1944, Varsovia. De acuerdo con el hijo, Detlev, esta fue la foto preferida de su madre.  Privatarchiv der Familie Hosenfeld
Fue trasladado finalmente a Varsovia en julio de 1940, donde pasó el resto de la guerra, en su mayor parte unido al Wach-Bataillon (guardias batallón) 660, parte del Regimiento de la Guardia de Varsovia en el que se desempeñó como oficial de Estado Mayor y como el oficial de los deportes de batallón.
Wilm Hosenfeld sosteniendo en brazos a un niño polaco, marzo/1944, en Varsovia, Polonia.
A medida que pasaba el tiempo Hosenfeld se desilusionó con el partido y sus políticas, sobre todo al ver cómo fueron tratados los polacos y los Judíos. Él y varios oficiales compañeros del ejército alemán sentían simpatía por todos los pueblos de la Polonia ocupada. Avergonzado de lo que algunos de sus compatriotas estaban haciendo, ofreció ayuda a aquellos que podía siempre que fuera posible.
Wilm Hosenfeld conocía la política de ocupación alemana inhumana en Polonia. Intelectuales polacos fueron fusilados o encarcelados en campos de concentración sistemática. Hosenfeld trató de ayudar en lo posible. El oficial distribuido como secreto pan y agua a los prisioneros. Esta fotografía muestra a prisioneros de guerra polacos en la construcción del campo de Hosenfeld en Pabianice en septiembre de 1939. Privatarchiv der Familie Hosenfeld
Sus acciones en favor de los polacos comenzaron ya en el otoño de 1939, cuando en contra de algunas regulaciones permitió que los prisioneros de guerra polacos pudieran tener acceso a sus familias e incluso presionó con éxito para la pronta liberación de al menos uno. Hizo un esfuerzo para aprender la lengua polaca y asistió a la Santa Misa en las iglesias polacas, que fue prohibida por el régimen nazi.
Diferencias: esposa de Hosenfeld Annemarie fue en contraste con su marido convencida pacifista. Alrededor de 800 cartas escribió a su marido de la Polonia ocupada. Sus rescates ocultó en vista del riesgo de descubrimiento. La foto es de la década de 1920. Privatarchiv der Familie Hosenfeld
El primer Judio al que Hosenfeld es conocido por haberlo ayudado era Leon Warm. Warm, escapó de un tren que iba al campo de exterminio nazi de Treblinka durante las deportaciones de 1942 del gueto de Varsovia. Wilm le dio una identidad falsa y un trabajo.
Refugio: El sacerdote polaco Anton Cieciora en la lista de buscados de la Gestapo. Pertenecía a la resistencia. Por lo tanto Hosenfeld lo empleó con un nombre falso. Privatarchiv der Familie Hosenfeld
Durante su estancia en Varsovia, Wilm Hosenfeld utilizó su posición para dar refugio a personas independientemente de su origen, que se encontraban en peligro de persecución o incluso la detención por la Gestapo. A veces se les dio los papeles que necesitaban y puestos de trabajo en el estadio deportivo que estaba bajo su supervisión.
Privatarchiv der Familie Hosenfeld
En noviembre de 1944, meses después del levantamiento de Varsovia, Hosenfeld conoció al músico judío Wladyslaw Szpilman, que estaba escondido en un edificio abandonado desde agosto de 1944. Descubrió el demacrado Szpilman y cuando se enteró de que él era un pianista le pidió que tocara algo en el piano de la planta baja. Szpilman tocó Nocturne de Chopin en Do sostenido menor. Hosenfeld luego mostró a Szpilman un mejor lugar para esconderse y le trajo pan y mermelada en numerosas ocasiones. También ofreció a Szpilman uno de sus abrigos para mantener el calor en las temperaturas tan extremas que habia. Szpilman no supo el nombre del oficial alemán hasta 1951.
La foto fue tomada en 1940, cuando Hosenfeld acompañó a un equipo de filmación para las grabaciones de propaganda en Prusia Oriental.
Hosenfeld fue capturado por los soviéticos en Błonie, una pequeña ciudad polaca a unos 30 km al oeste de Varsovia, con los hombres de una compañia de la Wehrmacht que lideraba. Fue condenado a 25 años de prisión en 1950 bajo cargos de haber interrogado prisioneros durante el Levantamiento de Varsovia y que los envió a prisión. Los soviéticos ignoraron sus declaraciones de que él había ayudado a Judíos y polacos y que sólo era responsable de la escuela de deportes y el entrenamiento de los soldados alemanes.
La familia Hosenfeld a pleno, de izquierda a derecha: Wilm, Jorinde (n.1932), Detlev (n.1927), Anemone (n.1924), Annemarie y Helmut (n.1921), en Thalau, año 1936. Uta, la hija menor, nacería en 1937
Warm y Szpilman solicitaron a los soviéticos la liberación de Hosenfeld. Los soviéticos se negaron a considerar las peticiones, en la creencia de que Hosenfeld había estado involucrado en crímenes de guerra. En 1952, Hosenfeld murió después de una serie de golpes en una prisión soviética.
EN NOVIEMBRE DE 2008 HOSENFELD FUE HONRADO POR YAD VASHEM CONLA DISTINCIÓN DE “JUSTO ENTRE LAS NACIONES“, 10 AÑOS DESPUÉS DE QUE SZPILMAN HABÍA SOLICITADO EL RECONOCIMIENTO.
Los hijos de Wilm Hosenfeld recibiendo el nombramiento oficial de su padre.
Sus acciones para salvar a Szpilman fueron inmortalizadas en El Pianista, una película de drama histórico del 2002. Está basado en el libro autobiográfico El Pianista, el libro de memorias de la Segunda Guerra Mundial por Wladyslaw Szpilman. En la película Hosenfeld es interpretado por Thomas Kretschmann.
Wilm Hosenfeld y su esposa, 1920
EL OFICIAL QUE SALVÓ AL PIANISTA
PEDAGOGO APASIONADO, DEVOTO CATÓLICO Y CARIÑOSO PADRE DE FAMILIA, SUCUMBIÓ AL DISCURSO NAZI Y SE AFILIÓ A LAS SA Y AL PARTIDO DE HITLER
FUE UN ENCUENTRO EN EL INFIERNO
La sublevación de la resistencia ya había sido reprimida a sangre y fuego aquel 17 de noviembre de 1944 en Varsovia, y las fuerzas alemanas estaban cumpliendo a rajatabla la orden de Hitler de no dejar en la capital polaca una piedra sobre otra. En una abandonada casona residencial a punto de ser convertida en el cuartel general de las fuerzas de ocupación, el destino ese día juntó a dos hombres: Wladyslaw Szpilman, pianista milagrosamente escapado del Holocausto, y Wilm Hosenfeld, un capitán alemán ya desprovisto de cualquier ilusión o esperanza.
Wilm Hosenfeld escuchando la radio en Varsovia, en 1940
El oficial pidió al pianista probar su condición de músico y Szpilman, con las manos aún entumecidas por el horror, tocó el Nocturno en cis moll de Chopin. Tras descubrir que aquel hombre era judío, Hosenfeld le ayudó a perfeccionar un escondite en la buhardilla y durante un mes le proveyó de comida, envuelta en periódicos que daban fe del inminente final del Tercer Reich.
Wladyslaw Szpilman, pianista
Por lo que cuenta Szpilman en su libro de recuerdos, ambos hombres poco pudieron hablar por temor a ser descubiertos. Pero Szpilman alcanzó a expresar su sorpresa ante lo que estaba sucediendo: "¿Es usted alemán?", increpó al uniformado. Hosenfeld reaccionó muy alterado: "Sí. Soy alemán", vociferó. "Y después de todo lo que ha sucedido, me avergüenzo de ello". El libro de Szpilman fue recreado por Roman Polanski en la película El pianista, que en 2003 obtuvo el Premio Oscar a la mejor dirección, al mejor guión (Ronald Harwood) y al mejor actor protagonista (Adrien Brody).
Wilm Hosenfeld 1944
Szpilman había tocado la fibra más íntima y convulsa de este hombre que, aparte de ser soldado nazi, era también entusiasta pedagogo, cariñoso padre de familia, devoto católico y, ante todo, orgulloso patriota. Extractos de su diario y sus cartas han sido publicados en Alemania bajo el título Ich versuche jeden zu retten(Intento salvar a todos, editorial Deutsche Verlags-Anstalt, 2004).
Wilm Hosenfeld 
Hosenfeld nació el 2 de mayo de 1895 en una familia relativa-mente acaudalada de un pequeño pueblo de la región de Hesse. Su padre fue maestro de escuela, la misma profesión por la que también él optaría. A los 19 años fue enviado a la I Guerra Mundial antes de acabar sus estudios y enrolarse a fondo en los Wandervögel, un movimiento juvenil que pregonaba la vuelta a la naturaleza y la camaradería entre los sexos, pero también coqueteaba con la mitología germánica. Combatió en Flandes, en los países bálticos y en Rumania. Herido de gravedad en dos ocasiones, nunca dejó de considerar como una humillación la derrota alemana, más aún por la manera como quedó sellada en el Tratado de Versalles.

En 1942, los nazis enviaron 242.000 Judios a su muerte, incluyendo la familia de Szpilman. Hosenfeld escribió: "Con el asesinato horrible en masa de los Judios hemos perdido esta guerra. Hemos traído una maldición eterna en nosotros mismos '
De regreso a casa, se casó con Annemarie Krummacher. La pareja tuvo cinco hijos, y se interesaba por la música, el arte y la literatura. Hosenfeld tenía verdadera vocación de maestro y era un apasionado de una pedagogía más respetuosa con las personalidades individuales de los alumnos. Pero pese a este espíritu crítico y a alguna que otra simpatía republicana, el ex combatiente de la I Guerra Mundial rápidamente sucumbió al discurso nacionalsocialista de Adolf Hitler, una vez que su partido tomó el poder, en 1933. Se afilió a las fuerzas parapoliciales de las SA y al partido único, NSDAP, a cuyos congresos de Núremberg asistió en dos ocasiones. "Una vez más se apodera de mí la experiencia de la gran comunidad de la que formo parte. Es como en la guerra", escribió a propósito de uno de ellos, en 1936.
Wilm Hosenfeld entre amigos en Pabianice (© Foto. De la colección de Paul Reising)
Sin embargo, nunca llegó a ser "cien por cien nazi", según se le reprochó en su entorno. A juzgar por sus escritos, ni compartía el virulento antisemitismo del Tercer Reich, ni estaba de acuerdo con los métodos de adoctrinamiento imperantes en las Juventudes Hitlerianas. Tampoco comprendía cómo el régimen podía prescindir del sustento de la Iglesia.
Pero la subordinación al designio nacional fijado por el Führer seguía incólume. Cuando Hitler ordenó atacar Polonia, en 1939, Hosenfeld sentenció:
  • "Ahora, todas las diferencias políticas e ideológicas han de relegarse a un segundo plano. Todos tenemos que ser alemanes y dar la cara por nuestro pueblo".

Rescate: Fue en 1942 que Hosenfeld salvó el primer hombre judío, llamado Leon caliente. Se escapó de un tren a Treblinka, y el oficial nazi organizó una nueva identidad y trabajo. En la foto: El levantamiento de 1943
El oficial de la reserva fue enviado a Polonia, donde hasta el final de la guerra formó parte del mando medio de las fuerzas de ocupación. Se encargó de la administración de un campo de prisioneros de guerra y de labores de capacitación en los batallones.
  • "Me desvivo por mis tareas porque la entereza del soldado fluye por mis venas y me satisface la responsable dirección de mis hombres", anotó en una ocasión.

Misericordia: Hosenfeld había realizado otros actos de bondad, como rescatar el marido de una mujer judía embarazada que se encontraba en un campo de concentración. En la foto: Brody como Szpilman en El pianista
Al mismo tiempo, fue temprano testigo de las atrocidades cometidas en contra de la población civil tanto por parte de las SS y del llamado Servicio de Seguridad (SD) como por el mismo Ejército alemán, aunque en menor medida. La II Guerra Mundial apenas había comenzado y Hosenfeld ya se indignaba en su diario por los "crímenes contra la humanidad" que en Polonia cometían los alemanes.

Final de la guerra: Los dos vieron por última vez el 12 de diciembre, cuando Hosenfeld salió de Varsovia. Fue capturado por el ejército soviético en 1945. En la foto: soldados prisioneros de guerra alemanes en Kiev

Sabía lo que estaba ocurriendo. Su interpretación de la barbarie tendía a ser religiosa: 

  • "¿Será que el diablo ha tomado forma humana? No lo dudo". 
Hosenfeld, el patriota, se fue volviendo fatalista y apocalíptico:
  • "Nos hemos llenado de una vergüenza inexpugnable, de una maldición imborrable. No merecemos misericordia, todos somos culpables. Me avergüenzo de caminar por la ciudad, cualquier polaco tiene el derecho de escupirnos en la cara", escribió en su diario el 16 de junio de 1943. Los alemanes acababan de reducir a escombros el gueto de Varsovia.

Gratitud: Szpilman, en la foto en 1999, pasó a vivir una vida feliz y tener una familia. Se declaró con agentes comunistas polacas para liberar Hosenfeld, pero fue en vano
A su manera, y aunque perteneciente al bando de los asesinos, también fue víctima del horror.
  • "Hay que sellar los ojos y el corazón. La población es destruida inmisericordemente. Menos mal que tengo mucho, mucho trabajo", escribió a su amada Annemarie en agosto de 1944, con Varsovia sumida en la hecatombe. 
Tres meses después, en una casona abandonada, salvaría la vida de Wladyslaw Szpilman. El pianista recordaría meses después:
  • "[Hosenfeld] Fue el único ser humano con uniforme alemán que yo conocí".
Wilm Hosenfeld 
SIETE AÑOS EN CAMPOS DE CONCENTRACIÓN DE STALIN
HOSENFELD LO PREDIJO una y otra vez al final de la guerra: los alemanes acabarían pagando por sus crímenes. Como pueblo, pero también como individuos. Resultó ser la cruel premonición de un hombre que, pese a sucumbir a la alucinación nacionalista, nunca perdió su decencia personal. Hosenfeld fue hecho prisionero por el Ejército Rojo en enero de 1945 e internado durante siete años en diversos campos de detención soviéticos.
Wilhelm Hosenfeld En el final de agosto de 1939, una semana antes del ataque alemán a Polonia, de 43 años de edad Hosenfeld fue reclutado por la Wehrmacht (ejército alemán). Lo colocaron en Polonia, por primera vez en Pabiance, y en julio de 1940 en Varsovia, donde permanecería hasta el final de la guerra. 
Al despedirse de él en la casona de Varsovia, Szpilman le había pedido que memorizara su nombre por si algún día necesitaba de un testigo que declarara a su favor. Cuando fue detenido Hosenfeld, alcanzó a transmitirle un mensaje, pero el pianista ya no pudo dar con él, entre otras razones porque ignoraba su nombre. También otros de sus protegidos -entre ellos un antiguo comunista alemán y una familia polaca- intercedieron a su favor y ayudaron a su esposa, Annemarie. "El hecho es que toda suerte de canallas y malhechores siguen libres, mientras que este hombre, que merece una condecoración, tiene que sufrir", se lamentó en 1950 Leon Warm, otro judío a quien Hosenfeld había salvado en Varsovia.
Wilhelm Hosenfeld nació en un pueblo de Hessen, Alemania, en 1895. Su familia era católica y se crió en un ambiente patriótico alemán piadosa y conservador. Después de servir como soldado en la Primera Guerra Mundial, se convirtió en un maestro, y enseñó en una escuela local. En el momento de la Segunda Guerra Mundial estalló, Hosenfeld estaba casado y tenía cinco hijos.
Las peticiones de clemencia, sin embargo, o nunca llegaron a oídos de las autoridades soviéticas o fueron descartadas de plano por el aparato represor de Stalin. En juicio sumario, sin abogados ni garantías jurídicas, Hosenfeld finalmente fue sentenciado a 25 años de prisión. Para entonces había sufrido varios infartos. Su salud se fue deteriorando, como evidencia la errática caligrafía en las pocas cartas que desde aquel infierno pudo enviar a su familia. Wilm Hosenfeld falleció el 13 de agosto de 1952 en un campo de prisioneros en Stalingrado.
* Este articulo apareció en la edición impresa del Domingo, 25 de julio de 2004
Wilhelm Hosenfeld 
WILM HOSENFELD PASÓ LA MAYOR PARTE DE LOS AÑOS DE LA GUERRA COMO OFICIAL DE LOS DEPORTES Y LA CULTURA, PASANDO DEL RANGO DE SARGENTO A CAPITÁN.
En el verano de 1944, durante el levantamiento polaco, cuando todas las fuerzas militares estaban comprometidos en la represión de la revuelta, se vio involucrado en el interrogatorio de prisioneros.
Wilhelm Hosenfeld 
A pesar de unirse al partido nazi en 1935, Hosenfeld pronto se desilusionó con el régimen y disgustado por los crímenes contra los polacos y los Judios que se convirtió en testigo. A lo largo de su servicio militar que llevó un diario en el que expresaba sus sentimientos. Los textos sobrevivieron porque él enviaría periódicamente los cuadernos casa. En su escrito, Hosenfeld destacó su creciente disgusto con la opresión de los regímenes 'de polos, la persecución del clero polaco, el abuso de los Judios, y, con el inicio de la "Solución Final", su horror ante el exterminio del pueblo judío.
Wilhelm Hosenfeld 
En 1943, después de ser testigo de la represión de la revuelta del Gueto de Varsovia, escribió en su diario: 
  • "Estos animales con el asesinato horrible masa de los Judios que hemos perdido esta guerra nos han traído una maldición eterna en nosotros mismos y serán siempre cubierto con.. . Es una pena que no tienen derecho a la compasión ni piedad, todos tenemos una parte de la culpa que siento vergüenza de caminar en la ciudad ... "..
Dos páginas del diario de Hosenfeld desde el año 1942
DIARIO DEL CAPITÁN ALEMÁN  WILM HOSENFELD
Existe un libro que recopila las cartas y diarios de Wilm Hosenfeld, llamado Ich versuche jeden zu retten. Das Leben eines deutschen Offiziers in Briefen und Tagebüchern, que viene a ser algo así como Intento salvarlos a todos. La vida de un oficial alemán en cartas y diarios. 
El libro recopila toda la correspondencia de Wilm Hosenfeld, durante la contienda, y como poco a poco el oficial alemán va tomando conciencia de los crímenes del régimen nacionalsocialista. Lamentablemente no está disponible en castellano.

EXTRACTOS DEL DIARIO DE ESTE CAPITÁN ALEMÁN, QUE AYUDÓ A MUCHOS JUDÍOS Y POLACOS DURANTE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL
18 de enero de 1942 
La Revolución Nacionalsocialista parece falta de entusiasmo en todos sus aspectos. La Historia nos habla de hechos espantosos y barbaridades terribles durante la Revolución Francesa. También la Revolución Bolchevique consintió que se perpetraran atrocidades horribles contra la clase dominante, dictadas por los malos instintos de seres infrahumanos llenos de odio. Aunque condenemos y 
deploremos tales acciones desde un punto de vista humano, no podemos dejar de reconocer su carácter incondicional, implacable e irrevocable. No hubo acuerdos, componendas ni concesiones. 
Esos revolucionarios hicieron lo que hicieron con total entusiasmo y resolución, sin atender a cuestiones de conciencia, moralidad o costumbre. Tanto jacobinos como bolcheviques dieron muerte a las clases dominantes y ejecutaron a la familia real. Rompieron con el cristianismo y lo combatieron, decididos a borrarlo de la faz de la tierra. Consiguieron hacer participar al pueblo en guerras nacionales libradas con energía y entusiasmo: las guerras revolucionarias del pasado, la actual contra Alemania. 
Sus teorías e ideas revolucionarias ejercieron una influencia enorme más allá de las fronteras de su país. Los métodos de los nacionalsocialistas son diferentes, pero en esencia persiguen una sola idea: el exterminio y la aniquilación de quienes piensan de modo diferente. 
De vez en cuando se fusila a cierto número de alemanes, pero se echa tierra sobre el asunto y no se hace de conocimiento público. Se encierra a otras personas en campos de concentración, donde se consumen y mueren. Pero no llega a oídos del público. Si se va a detener a enemigos del Estado hay que tener el valor de acusarlos públicamente y entregarlos a la justicia. 
Por un lado se alían con las clases dominantes del capital y la industria, y apoyan los principios capitalistas, pero por el otro predican el socialismo. Se declaran a favor del derecho a la libertad personal y religiosa, pero destruyen las iglesias cristianas y libran contra ellas una guerra secreta. 
Hablan de los derechos de quienes están dotados de aptitudes a desarrollarlas en libertad, pero hacen que todo dependa de la pertenencia al Partido. Ni siquiera los más capaces y brillantes son tenidos en cuenta si permanecen fuera del Partido. Hitler dice ofrecer la paz mundial, pero al mismo tiempo se arma de una manera preocupante. Afirma ante el mundo que no tiene intención de incorporar otras naciones a los estados alemanes ni de negarles el derecho a la soberanía pero, ¿qué ocurre con los checos, los polacos y los serbios? Especialmente en Polonia, tal vez no era necesario despojar a una nación de la soberanía sobre su área independiente de asentamiento. 
Pero fijémonos en los propios militantes y veamos hasta qué punto viven en realidad los principios nacionalsocialistas; por ejemplo, en cuanto a la idea de que el bien común está antes que el individual. Piden a la gente normal que observe ese principio pero no tienen intención de seguirlo ellos. 
¿Quién se enfrenta al enemigo? El pueblo, no el Partido. Ahora están llamando a los enfermos a servir en el ejército, mientras que en la policía y las oficinas del Partido vemos trabajando a hombres jóvenes y sanos. ¿Por qué están exentos? 
Se incautan de propiedades judías para disfrutarlas ellos. Ahora los polacos y los judíos no tienen qué comer, viven en la necesidad, mueren de frío, y los nacionalsocialistas no encuentran nada malo en quitárselo todo.
Judíos capturados durante el alzamiento del gueto de Varsovia (1943). Fuente: Yad Vashem
Varsovia, 17 de abril de 1942 
He pasado unos días tranquilos aquí, en el Colegio de Educación Física Apenas percibo la guerra, pero no puedo sentirme feliz. De vez en cuando llega algo a mis oídos. Aquí las noticias están constituidas por lo que ocurre detrás de la primera línea: tiroteos, accidentes, etcétera. En Lietzmannstadt [Lodz] fueron asesinadas cien personas —ejecutadas a pesar de ser inocentes— porque unos bandidos habían disparado contra tres oficiales de policía. Otro tanto ha ocurrido en Varsovia. La consecuencia es que no se provoca pánico y terror, sino amarga determinación, cólera y aumento del fanatismo. 
En el puente de Praga dos chicos de las Juventudes Hitlerianas estaban molestando a un polaco y, cuando éste se defendió, llamaron en su ayuda a un policía alemán. Acto seguido, el polaco mató a tiros a los tres. Un gran coche militar arrolló a un rickshaw con tres personas en la plaza donde está Correos. El conductor del rickshaw murió en el acto. El coche siguió adelante,arrastrando debajo al rickshaw, en el que todavía quedaba un pasajero. Se agolpó mucha gente, pero el coche siguió su marcha. Un alemán intentó detenerlo. Luego el rickshaw se enganchó en las ruedas del coche y éste tuvo que parar. Los hombres que iban en él se bajaron para apartar el rickshaw y siguieron adelante. 
Algunos polacos de Zakopane no entregaron sus esquís. Se registraron las casas y doscientos cuarenta hombres fueron enviados a Auschwitz, el temido campo de concentración del este. En él la Gestapo tortura a la gente hasta matarla. Condujeron a los infortunados a una celda y acabaron con ellos gaseándolos. La gente es golpeada salvajemente durante los interrogatorios. Y hay celdas de tortura especiales; por ejemplo, una en la que la víctima, atada por las manos y los brazos a un poste que luego se levanta, permanece colgada hasta quedar inconsciente. También ponen a la víctima en un cajón en el que sólo cabe en cuclillas, y la dejan allí hasta que pierde la conciencia. ¿Qué otras cosas diabólicas han ideado? ¿Cuántos inocentes hay en sus prisiones? La comida escasea cada día más; el hambre crece en Varsovia. 
Gueto de Varsovia
Bundesarchiv Bild 101I-134-0791-29A, Polen, Ghetto Warschau, Ghettomauer.jpg
Muro del gueto de Varsovia. Vista del Palacio Lubomirski bombardeado en el parque Puerta de Hierro, 24 de mayo de 1941.
También conocido comoEn alemán: Warschauer Ghetto
En polaco: Getto Warszawskie
UbicaciónVarsovia:
Barrios: Muranów, Powązki, Nowolipki, Śródmieście Północne y Mirów.
ContextoHolocausto
Segunda Guerra Mundial
PerpetradoresAlemania nazi
Schutzstaffel (SS)
VíctimasPueblo judío
Campo de concentraciónTreblinka
Majdanek
Cifra de víctimas400 000
Tomaszów, 26 de junio de 1942 
Oigo música de órgano y cánticos procedentes de la iglesia católica. Entro; ante el altar hay niños de blanco que toman la primera comunión. La iglesia está llena de gente. Acaban de cantar el Tantum ergo y están dando la bendición. Dejo que el sacerdote me bendiga también a mí. Niños inocentes en una ciudad polaca, en una ciudad alemana o en algún otro país, que rezan todos a Dios y que en unos pocos años estarán luchando y matándose con odio ciego. Incluso hace siglos, cuando las naciones eran más religiosas y llamaban a sus gobernantes reyes cristianos, ocurría lo mismo que hoy, cuando la gente se aparta del cristianismo. La humanidad parece más predestinada al mal que al bien. El ideal máximo en la tierra es el amor entre los seres humanos.
Soldados alemanes arrestando a judíos durante el levantamiento del Gueto de Varsovia, en mayo de 1943.
Varsovia, 23 de julio de 1942
Leyendo los periódicos y escuchando las noticias de la radio se podría pensar que todo va muy bien, la paz está asegurada, la guerra ya se ha ganado y el futuro del pueblo alemán está lleno de esperanza. Sin embargo, me resulta imposible creerlo, aunque sólo sea porque, a la larga, la injusticia no puede prevalecer, y la forma en que los alemanes gobiernan los países que han conquistado está condenada a provocar resistencia tarde o temprano. Basta ver la situación aquí en Polonia, y eso que no me entero de mucho de lo que ocurre porque nos cuentan muy poco. Pero, en cualquier caso, con todas las observaciones, conversaciones e información que nos llegan todos los días, podemos formarnos una imagen clara. Si los métodos de administración y gobierno, la opresión de la gente del país y las operaciones de la Gestapo revisten aquí especial brutalidad, supongo que en los demás países conquistados ocurrirá más o menos lo mismo.
Aquí hay por todas partes miedo y terror declarados, empleo de la fuerza, detenciones. Todos los días se apresa a gente para fusilarla. La vida de un ser humano, por no hablar de su libertad personal, carece de importancia. Pero el amor a la libertad es innato en todos los seres humanos y todas las naciones, y no se puede reprimir por mucho tiempo. La Historia nos enseña que la tiranía nunca ha perdurado. Y ahora pesa sobre nuestra conciencia la terrible injusticia de asesinar a la población judía. Hay aquí una operación en marcha para exterminar a los judíos. 
Tal ha sido siempre el propósito de la administración civil alemana desde la ocupación de las regiones orientales, con ayuda de la policía y la Gestapo, pero al parecer ahora se va a aplicar a una escala enorme, radical.
Nos llegan informes creíbles de fuentes de todo tipo que indican que se ha desalojado el gueto de Lublin y se ha sacado de allí a los judíos, que éstos han sido asesinados en masa o conducidos a los bosques, y que algunos de ellos han sido encarcelados en un campo. Gente de Lietzmannstadt y Kutno dice que a los judíos —hombre, mujeres y niños— los envenenan en cámaras de gas móviles y que a los muertos, despojados de sus ropas, los entierran en fosas comunes, mientras que la ropa se envía a fábricas textiles para ser reprocesada. Se cuenta que allí se desarrollan escenas pavorosas. Ahora los informes dicen que se está vaciando el gueto de Varsovia de la misma forma. Hay cerca de cuatrocientas mil personas en él, y se usan para ese propósito batallones de policía ucranianos y lituanos, en lugar de policía alemana. Cuesta creer todo esto e intento no hacerlo, no tanto porque me preocupe el futuro de nuestra nación, que tendrá que pagar algún día esas monstruosidades, sino porque no puedo creer que Hitler quiera una cosa semejante y que haya alemanes que puedan dar
órdenes así. Pero, en tal caso, sólo puede haber una explicación: son enfermos o anormales, o están locos.
Judíos capturados por soldados alemanes eran llevados para la deportación, abril de 1943.
25 de julio de 1942
Si es cierto lo que dicen en la ciudad —y la información procede de fuentes fidedignas— no hay ningún honor en ser oficial alemán y nadie puede aprobar lo que está ocurriendo. Pero no puedo creerlo.
Dicen los rumores que van a sacar a treinta mil judíos del gueto esta semana y los van a enviar hacia el este. A pesar de todo el secretismo, la gente dice que sabe lo que ocurre entonces: en algún punto cerca de Lublin se han construido edificios con salas que se pueden calentar mediante corriente eléctrica, como los crematorios. Se lleva a los infortunados a esas salas y allí son quemados vivos, y
todos los días se puede matar así a miles de personas, con lo que se evitan los inconvenientes de fusilarlos, cavar fosas comunes y enterrarlos. La guillotina de la Revolución Francesa no admite comparación y ni siquiera en los sótanos de la policía secreta rusa se han ideado métodos tan elaborados de matanza en masa.
Pero con seguridad se trata de una locura. No es posible que sea así. Uno se pregunta por qué no se defienden los judíos. Sin embargo, muchos de ellos, en realidad la mayoría, están tan debilitados por el hambre y la miseria que no pueden ofrecer resistencia.
Esquina de la zona donde se encontraba el gueto de Varsovia que todavía se conserva sin restaurar.
Varsovia, 13 de agosto de 1942
Un tendero polaco expulsado de Posen [Poznan] al comienzo de la guerra tiene un negocio aquí en Varsovia. A menudo me vende fruta, verduras y otras cosas. Durante la primera Guerra Mundial luchó como soldado alemán durante cuatro años en el frente occidental. Me enseñó su cartilla de pagas. Tiene fuertes simpatías hacia los alemanes, pero es polaco y siempre lo será. Está desesperado por las espantosas crueldades y la brutalidad bestial de lo que están haciendo los alemanes en el gueto.
Uno no puede evitar preguntarse una y otra vez cómo puede haber tanta gentuza entre los nuestros. ¿Es que han dejado salir a los criminales y a los lunáticos de cárceles y asilos, y los han enviado aquí para que actúen como sabuesos? No, son personas de cierta relevancia dentro del Estado quienes han enseñado a compatriotas en principio inofensivos a actuar así. El mal y la brutalidad están al acecho en el corazón humano. Si se les permite desarrollarse libremente, prosperan y echan terribles retoños, ideas como las que son necesarias para asesinar así a los judíos y los polacos.
El tendero polaco del que hablo tiene conocidos judíos en el gueto y los visita a menudo. Dice que las cosas allí son intolerables y tiene miedo de volver. Yendo por la calle en un rickshaw vio cómo un hombre de la Gestapo obligó a entrar en el portal de un edificio a una serie de judíos, tanto hombres como mujeres, y luego disparó al azar contra el grupo. Hubo diez personas muertas o heridas. Un
hombre salió corriendo y el agente de la Gestapo lo apuntó, pero la recámara de su pistola estaba vacía. Los heridos murieron. Nadie los ayudó; a los médicos ya se los habían llevado o los habían matado, y en cualquier caso los habrían dejado morir. 
Una mujer le dijo a mi conocido polaco que  varios hombres de la Gestapo habían entrado en la maternidad judía, se habían llevado a los recién nacidos, los habían puesto en un saco, habían salido y los habían echado a un coche fúnebre. Los malvados no se conmovieron con el llanto de los niños ni con las quejas desgarradoras de las madres.
Aunque casi no se pueda creer, fue así. Dos de esas bestias estuvieron ayer junto a mí en un tranvía. Llevaban un látigo en la mano y volvían del gueto. Me hubiera gustado empujarlos bajo las ruedas del tranvía.
Qué cobardes somos: pensamos que estamos por encima de todo esto pero dejamos que ocurra. También nosotros seremos castigados por ello. Como lo serán nuestros hijos, inocentes, porque al permitir que se cometan tantos crímenes estamos colaborando.
Tropas alemanas en la calle durante la quema del gueto, abril de 1943.
Después del 21 de agosto de 1942
La mentira es el peor de todos los males. Cualquier otra cosa diabólica viene de ahí. Y también a nosotros nos han mentido; constantemente se engaña a la opinión pública. No hay una sola página de periódico que no contenga mentiras, ya trate de asuntos políticos, económicos, históricos, sociales o culturales. Se deforma la verdad en todas partes, se distorsionan los hechos, se retuercen hasta convertirlos en lo contrario de lo que son. ¿Puede salir bien esto? No, las cosas no pueden seguir así, por el bien de la naturaleza humana y de la libertad de espíritu. Los mentirosos y quienes distorsionan la verdad deben perecer y ser privados de su capacidad de gobernar a la fuerza, y entonces volverá ahaber espacio para una humanidad más libre y noble.
Monumento conmemorativo de los Héroes del Gueto.
1 de septiembre de 1942
¿Por qué ha tenido que ocurrir esta guerra? Porque había que mostrar a la humanidad adonde la estaba llevando su impiedad. Primero el bolchevismo mató a millones de personas diciendo que lo hacía para introducir un nuevo orden mundial. Pero los bolcheviques sólo pudieron actuar como lo hicieron porque se habían apartado de Dios y las enseñanzas cristianas. Ahora el nacionalsocialismo está haciendo otro tanto en Alemania. Prohíbe a la gente practicar su religión, se educa a los jóvenes sin inculcarles creencias, se combate a la Iglesia y se le quitan sus propiedades se aterroriza a cualquiera que piense de modo diferente, se degrada el carácter libre del pueblo alemán, convirtiendo a
sus componentes en esclavos aterrados. Se les aparta de la verdad. No pueden desempeñar ningún papel en el destino de su nación. Ahora no existen los mandamientos contra el robo, el asesinato o la mentira si son contrarios a los intereses personales de la gente. Esta negación de los mandamientos divinos conduce a todas las demás manifestaciones de la codicia: enriquecimiento indebido, odio, engaño, desenfreno sexual, que llevan a la esterilidad y perdición del pueblo alemán. Dios permite que ocurra todo esto, deja que esas fuerzas tengan poder y consiente que perezcan tantos inocentes para mostrar a la humanidad que sin Él no somos más que animales en lucha, convencidos de que
debemos destruirnos. No atendemos el mandato divino: «Amaos los unos a los otros». Muy bien, dice Dios, probad entonces el mandato del demonio: «Odiaos los unos a los otros». Conocemos el episodio del Diluvio por las Sagradas Escrituras. ¿Por qué tuvo la primera raza de los hombres un final tan trágico? Porque habían abandonado a Dios y debían morir, fueran culpables o inocentes. Sólo ellos tenían la culpa de su castigo. Y hoy ocurre lo mismo.
Dos soldados ucranianos se disponen a entrar en un apartamento lleno de cadáveres del Gueto de Varsovia.
6 de septiembre de 1942
Un oficial de la Unidad de Comando Especial que participaba en el certamen de esgrima me ha contado las barbaridades cometidas por esa unidad en la ciudad de Sielce, un centro administrativo.
Estaba tan asqueado e indignado que se olvidó por completo de que entre nuestros acompañantes, bastante numerosos, había un cargo destacado de la Gestapo. Un día sacaron a los judíos del gueto y los llevaron por las calles: hombres, mujeres y niños. A una parte de ellos los fusilaron allí mismo, a la vista de los alemanes y la población polaca. Dejaron a algunas mujeres sangrando y retorciéndose bajo el sol del verano, sin prestarles ayuda. A los niños que se habían escondido los arrojaban por las ventanas. Después condujeron a esos miles de personas a una plaza próxima a la estación, donde  supuestamente había trenes preparados para llevárselos. Les hicieron esperar allí tres días bajo el calor del verano, sin comida ni agua. Si alguien se ponía en pie le disparaban en el acto, también a la vista de todos. Luego se los llevaron: doscientas personas hacinadas en un vagón de ganado con capacidad para cuarenta. ¿Qué ocurrió con ellos? Nadie quiere reconocer que lo sabe, pero no se puede ocultar. Cada vez son más las personas que consiguen escapar y relatan cosas espantosas. El sitio se llama Treblinka y está al este del territorio polaco bajo dominio alemán. Allí descargan los vagones; mucha gente llega ya muerta. Todo está rodeado de muros y los vagones entran allí para descargar. Los muertos se apilan junto a las vías del tren. Cuando llegan, los hombres sanos tienen que llevarse los montones de cadáveres, cavar fosas y cubrirlas de tierra una vez llenas. Luego los fusilan a ellos. Los hombres que llegan en los transportes sucesivos se encargan de sus predecesores. Los millares de mujeres y niños tienen que desnudarse, y luego los conducen a una cabaña móvil, donde los gasean. La cabaña se coloca sobre un foso y tiene un mecanismo que abre una de las paredes y levanta el suelo, para que los cadáveres caigan al foso. Lleva mucho tiempo funcionando.
Allí reúnen a infortunados de toda Polonia. A algunos los matan en el acto porque no hay capacidad de carga suficiente, pero si son demasiados se los llevan. Toda la zona de Treblinka está envuelta en el espantoso hedor de los cadáveres. Mi confidente se enteró de todo esto por un judío que consiguió escapar con otros siete misioneros y ahora vive en Varsovia; me han dicho que hay bastantes de ellos en la ciudad. Mostró a mi conocido un billete de veinte zlotys que le había sacado del bolsillo a un cadáver; envolvió muy bien el billete para que no perdiera el hedor de los cadáveres y le sirviera de recordatorio constante para vengar a sus hermanos.
Vida diaria en una calle del Gueto de Varsovia con sus viandantes, tranvía y policías.
Domingo, 14 de febrero de 1943
El domingo, día en que uno puede abandonarse a sus pensamientos, y olvidar el ejército y sus exigencias, afloran todas las ideas que ocultamos en el subconsciente. Estoy muy preocupado por el futuro. Cuando vuelvo los ojos hacia el periodo de la guerra no puedo entender de ningún modo cómo hemos sido capaces de cometer tantos crímenes contra civiles indefensos, contra los judíos. Me pregunto una y otra vez cómo ha sido esto posible. Sólo puede haber una explicación: quienes daban las órdenes y permitían que ocurriera, han perdido por completo el sentido de la decencia y la
responsabilidad. Son impíos consumados, enormes ególatras, despreciables materialistas. Cuando el verano pasado se cometieron los terribles asesinatos en masa de judíos, con la matanza de tantas mujeres y niños, estuve casi seguro de que perderíamos la guerra. Carecía de sentido una guerra que tal vez se habría justificado en algún momento por una búsqueda de la subsistencia y el espacio vital; había degenerado en una carnicería masiva e inhumana que niega todos los valores culturales y no se puede justificar ante el pueblo alemán: será condenada enérgicamente por la nación en su conjunto.
Las torturas a los polacos detenidos, la muerte a tiros de los prisioneros de guerra y el trato bestial que se les dispensa tampoco podrán justificarse nunca.
Mercado negro del Gueto de Varsovia donde afloran las ventas ilegales de alimentos.
El 18 de febrero de 1943
cuando Goebbels pronunció la famosa frase Wollt ihr den totalen Krieg? ante 15.000 personas seleccionadas entre los más adeptos al III Reich, Hosenfeld anotó lo siguiente en su diario: 
"Me pareció como un teatro de guiñol, cuando se pregunta a los niños: ‘¿Estáis todos aquí?’. Los que no están allí no pueden responder. Si hubieran estado las madres y los padres de los caídos, todos aquellos que han sido víctimas de los bombardeos en las ciudades, la respuesta hubiera sido, muy distinta. ¿Para qué ese teatro, si todos saben que no les queda otra elección que luchar y sacrificarse y cargar con lo que sea necesario para evitar el horrible peligro que viene del Este?
Si nuestro gobierno tuviera la conciencia limpia, si esta guerra fuera una guerra contra ataques enemigos, y si hubiéramos dirigido la guerra de un modo humano, si sobre todo no se hubiese producido las horribles carnicerías de la G.Sta.Po en las tierras ocupadas - el asesinato en masa de los judíos -, si, por decirlo con una palabra, fuéramos moralmente intachables, nuestro pueblo tendría ciertamente la fuerza moral para aguantar esos golpes. Y lo que tiene mucha importancia y paraliza la fuerza de resistencia es que el partido, aun durante la guerra, intenta actuar contra las instituciones de la religión, sofocar todo expresión de la vida cristiana. Esto ha hecho perder la confianza. Todos los graves sacrificios los soporta bien el pueblo cuando sabe que se respetan los más sencillos mandamientos de la libertad de conciencia; el terror, la coacción y el temor no son capaces de sostener a una masa en tiempos difíciles." 
Tren cargándose de judíos se prepara para salir del Gueto de Varsovia hacia los campos de exterminio.
16 de junio de 1943
Esta mañana vino a verme un joven. Conocí a su padre en Obersig. El joven trabaja aquí en un hospital de campaña y ha presenciado cómo tres oficiales de la policía alemana mataban a un civil. Al pedirle los papeles, averiguaron que era judío: lo llevaron hasta un portal y le dispararon. Despojaron del abrigo al cadáver y lo dejaron allí tirado. 
Otro relato de un testigo presencial, en este caso judío: «Estábamos en un edificio del gueto. Llevábamos siete días encerrados en el sótano. El edificio se incendió, las mujeres salieron corriendo y los hombres hicimos lo mismo; a algunos de los nuestros les dispararon. Luego nos condujeron al Umschlagplatz y nos metieron en vagones de ganado. Mi hermano tomó veneno; nuestras esposas fueron llevadas a Treblinka, donde las incineraron. A mí me enviaron a un campo de trabajo. Nos trataban muy mal, apenas nos daban de comer y teníamos que trabajar mucho». Este hombre había escrito a sus amigos para decirles: «Enviadme veneno. No puedo soportar esto. Muere tanta gente…».
La señora Jait trabajó durante un año como criada para el servicio secreto. A menudo vio de qué forma espantosa trataban sus miembros a los judíos. Los golpeaban salvajemente. A uno lo tuvieron todo un día de pie sobre un montón de carbón, sin ropa de abrigo y con un frío terrible. Un agente del servicio secreto que pasó por allí lo abatió a tiros. Innumerables judíos han muerto así, sin razón, sin sentido. Es incomprensible.
Ahora están exterminando a los pocos habitantes judíos que quedan en el gueto. Un oficial de las SS se vanagloriaba de haber disparado contra los judíos que salían de los edificios en llamas. Todo el gueto ha sido arrasado con fuego.
Estos salvajes piensan que así vamos a ganar la guerra, pero en realidad la hemos perdido con el espantoso asesinato en masa de los judíos. Nos hemos cubierto de una vergüenza que no se puede borrar; es una maldición imposible de levantar. No merecemos perdón; todos somos culpables.
Me avergüenza ir a la ciudad. Cualquier polaco tiene derecho a escupirnos. Todos los días matan a algún soldado alemán. La situación empeorará y no podremos quejarnos, porque no merecemos otra cosa. Cada día que estoy aquí me siento peor.
Reducción de los últimos resistentes y sus familias del Gueto de Varsovia.
6 de julio de 1943
¿Por qué permite Dios esta terrible guerra con sus espantosos sacrificios humanos? Pensemos en los aterradores ataques aéreos, el tremendo miedo de la población civil, el inhumano trato a los prisioneros en los campos de concentración, el asesinato de cientos de miles de judíos por los alemanes. ¿Es culpa de Dios? ¿Por qué no interviene, por qué permite que ocurra todo esto? Podemos plantear tales preguntas pero no obtendremos respuesta. Estamos dispuestos a culpar a otros, pero no a nosotros mismos. Dios permite que se haga presente el mal porque la humanidad se ha sumado a él, y ahora estamos comenzando a notar la carga de nuestro propio mal y nuestras imperfecciones.
Cuando los nazis llegaron al poder no hicimos nada para detenerlos; traicionamos nuestros ideales. Los ideales de la libertad personal, democrática y religiosa. Los trabajadores estuvieron de acuerdo con los nazis, la Iglesia se limitó a observar, las clases medias fueron demasiado cobardes para actuar y lo misino ocurrió con los intelectuales. Permitimos que se abolieran los sindicatos, se reprimieran las confesiones religiosas, no hubiera libertad de expresión en la prensa ni en la radio. Por último, dejamos que nos llevaran a la guerra. Nos avinimos a que Alemania careciera de representantes democráticos y nos conformamos con unos fantoches que en realidad no tienen voz ni voto. No se pueden traicionar los ideales impunemente, y ahora todos hemos de asumir las consecuencias.
El Gueto de Varsovia
5 de diciembre de 1943
En el último año hemos asistido a un revés tras otro. Ahora estamos combatiendo en el Dniéper. Se ha perdido toda Ucrania. Aunque conserváramos lo que todavía nos queda en esa zona, no hay posibilidad de beneficio económico. Los rusos son tan fuertes que nos expulsarán de su territorio. Ha comenzado la ofensiva británica en Italia y también allí estamos entregando posición tras posición. Las ciudades alemanas están siendo destruidas una a una. Ahora le toca a Berlín y en Leipzig hay ataques aéreos desde el 2 de septiembre. La guerra submarina es un fracaso total. ¿Qué piensa la gente que
todavía habla de victoria? No hemos sido capaces de ganar para nuestra causa ni uno solo de los países que hemos ocupado. Nuestros aliados, Bulgaria, Rumania y Hungría sólo pueden proporcionar ayuda local. Se contentan con poder afrontar sus problemas internos y están preparándose para que
las potencias enemigas ataquen sus fronteras. No pueden hacer nada por nosotros, salvo a través de la ayuda económica, como ocurre con las entregas de petróleo de Rumania. En el aspecto militar su ayuda es prácticamente inútil. Desde la caída del gobierno fascista en Italia, ese país no es para nosotros más que un teatro de guerra fuera de las fronteras del Reich en el que, por el momento, se sigue combatiendo.
La superioridad de fuerzas de nuestros enemigos nos deja sin armas. Todo el que intenta permanecer en pie es derribado. Dado el actual estado de cosas, ¿cómo podemos pensar todavía en volver la guerra a nuestro favor?
Tampoco en Alemania cree ya nadie que vayamos a ganar la guerra pero, ¿qué salida hay? No habrá revolución en el interior porque nadie tiene el valor de arriesgar su vida haciendo frente a la Gestapo. ¿Y de qué serviría que unos pocos lo intentaran? La mayoría del pueblo estaría de acuerdo con ellos, pero es una mayoría sojuzgada. No ha habido oportunidad en los últimos diez años de que ni siquiera algunos individuos, mucho menos la población en su conjunto, expresen su libre albedrío. La Gestapo la habría emprendido a tiros de inmediato. Y no podemos esperar que se produzca un golpe militar. El ejército se deja conducir a la muerte de buen grado y también en él se reprime cualquier idea de oposición susceptible de desencadenar un movimiento de masas. Así que hemos de apurar la copa hasta las heces. La nación entera tendrá que pagar todos estos errores y desdichas, todos los crímenes que hemos cometido. Muchos inocentes deberán ser sacrificados todavía antes de que se puedan borrar nuestras culpas. Es una ley inexorable tanto en las cosas grandes como en las pequeñas.
Puente en el Ghetto de Varsovia
1 de enero de 1944
Los periódicos alemanes informan indignados de la confiscación y traslado de tesoros artísticos por parte de los estadounidenses en el sur de Italia. Es absurdo protestar así por los delitos de otros pueblos: como si el enemigo no supiera que nos hemos apropiado de obras de arte en Polonia para exportarlas o que hemos destruido otras en Rusia. Aun cuando adoptemos el punto de vista de «los aciertos y errores de mi país» y aceptemos lo que hemos hecho con ecuanimidad, semejante hipocresía está fuera de lugar y sólo sirve para ponernos en ridículo.
Ghetto de Varsovia
11 de agosto de 1944
El Führer va a promulgar un decreto ordenando que sea arrasada Varsovia. La operación ya ha comenzado. Todas las calles que la sublevación había liberado están siendo destruidas con fuego. Los habitantes tienen que salir de la ciudad y se van a millares hacia el oeste. Estamos abandonando una plaza que hemos retenido durante cinco años, ampliándola y diciendo al mundo que era una confiscación de guerra. Aquí se han usado métodos monstruosos. Hemos actuado como si fuéramos los amos y nunca fuéramos a irnos. Ahora no podemos evitar ver cómo se pierde todo, estamos destruyendo nuestro propio trabajo, todo aquello de lo que estaba tan orgullosa la administración civil, que consideraba que sus principales tareas culturales estaban aquí y quería demostrar al mundo lo necesarias que eran. Nuestra política en el este está en quiebra y le estamos erigiendo un último monumento con la destrucción de Varsovia.
Wilm Hosenfeld

Ghetto de Varsovia
PRISIONEROS FAMOSOS DEL GUETO DE VARSOVIA
Ghetto de Varsovia
Fuente:
http://elpais.com/diario/2004/07/25/domingo/1090727553_850215.html
https://es.wikipedia.org/wiki/Wilm_Hosenfeld
http://ww2info.es/el-oficial-aleman-que-rescato-el-pianista/
https://elfigurante.wordpress.com/2011/12/16/diario-de-wilm-hosenfeld/
http://www.marinamaral.com/blog-2/

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