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"Soy un hombre de armas, un guerrero, scout. Paradójicamente, al único de mi especie que admiro, empuñó solamente la palabra, su técnica fue la humildad, su táctica la paciencia y la estrategia que le dio su mayor victoria fue dejarse clavar en una cruz por aquellos que amaba"

Desde La Trinchera Del Buen Combate en Argentina. Un Abrazo en Dios y La Patria.

From the Trench of the Good Fight in Argentina. An Enbrance in God and the Homeland.

30 de junio de 2016

DÍA DEL SERVICIO RELIGIOSO DEL EJÉRCITO ARGENTINO, 29 de Noviembre de 1813.

El 28 de junio de 1813, la Asamblea General Constituyente creó el Servicio Religioso del Ejército Argentino.
Luego, el 29 de noviembre del mismo año nombró al primer Vicario General Castrense y dio forma jurídica a lo que sería el “Cuerpo de Capellanes”; lo hizo en un contexto muy particular: cuando las ideas emancipadoras de la Revolución Francesa llegaban a estas tierras y, al tiempo que se proclamaba la libertad de religión, no dudaron en nombrar al Capellán Castrense de Ejército, porque no vieron contradicción alguna entre la libertad de conciencia y la asistencia espiritual y religiosa a las instituciones patrias.
Así como aprobaron: la Bandera Nacional, el Escudo Nacional, el Himno Nacional… dieron cabida al EVANGELIO DE CRISTO entre nuestros pilares fundacionales. Damos gracias a DIOS y nos encomendamos a su Protección Providente.
El 29 de noviembre de 1813, la Asamblea Constituyente dio forma jurídica al clero castrense con el nombramiento del primer vicario del Ejército —hoy capellán mayor—. 
Misión del Servicio Religioso en el Ejército
"NUNCA TAN ALTO COMO DE RODILLAS ANTE DIOS"
Las actividades religiosas en el Ejército se inscriben en el marco del ejercicio de los derechos fundamentales de los ciudadanos. A los hombres de armas, por las exigencias de su profesión, les resulta indispensable un permanente y sólido apoyo espiritual, según las propias convicciones y necesidades.
Se estima que más de un noventa por ciento de la población militar es de religión católica y por eso se tratará de responder a los requerimientos y necesidades confesionales en forma eficiente a través del servicio religioso, que ofrece la misma disponibilidad a todo el personal, sin distinción de jerarquías o confesión religiosa, y considerando que su tarea tiene, para creyentes y no creyentes, una significación humanitaria de máxima relevancia. La Capellanía Mayor del Ejército existe en el marco del Acuerdo entre la Santa Sede y el Estado de la Nación Argentina expresado en la Constitución Apostólica Spiritule Militum Curae del año 1986
MENSAJE DEL JEFE DEL ESTADO MAYOR GENERAL DEL EJÉRCITO EN OCASIÓN 
DE CONMEMORARSE EL DÍA DEL SERVICIO RELIGIOSO. Jefe del Ejército General LUIS ALBERTO POZZI
Deseo hacer llegar en nombre de todos los integrantes de la institución el respetuoso y cordial saludo a los miembros del servicio religioso de la fuerza. La presencia del clero castrense en los ejércitos, se remonta a la era del romano emperador Constantino. en esa época, los sacerdotes acompañaban a los fieles militares que iban a la guerra ya que éstos no podían recibir la asistencia espiritual de los párrocos vinculados a su territorio. de este modo, los capellanes escoltaban a las tropas para que los soldados no se quedaran sin el socorro piadoso de los sacramentos en momentos particularmente significativos para sus vidas. 
Su tarea pastoral en nuestra fuerza se inicia a partir de la conformación de los primeros cuerpos de milicias. pero fue la asamblea del año mil ochocientos trece, la que organizó, en noviembre de ese año, la vicaría del ejército, para dar respaldo institucional a los religiosos que prestarían apoyo a las tropas que se alistaban para luchar en las campañas del General Belgrano y del General San Martín. 
Desde aquellos lejanos tiempos, cuando se decidía a nuestra libertad o la continuidad del dominio europeo, los capellanes castrenses han estado presentes en nuestras filas, aportando su sabiduría espiritual para reconfortar nuestras almas. 
En Malvinas, estuvieron alineados codo a codo con la tropa, celebrando misas y administrando sacramentos en los regimientos de primera línea, acompañando a los enfermos y heridos y dando cristiana bendición a los caídos en combate. 
Hoy nuestros futuros capellanes se forman y capacitan para su apostolado castrense en el seminario de la diócesis de mercedes. es allí donde reciben su educación clerical y, además, la información esencial sobre aquellos puntos neurálgicos relativos a las necesidades pastorales que caracterizan la vida militar. 
En nuestras guarniciones, desplegadas en todo el territorio nacional, los capellanes atienden espiritualmente no sólo a los cuadros y soldados sino también a las familias de aquellos que profesan la religión católica. 
Debemos destacar este año la gran repercusión que tuvo en los hombres y las mujeres de la fuerza la misión apostólica realizada por los capellanes castrenses en los barrios militares de palermo, en la ciudad autónoma de buenos aires. 
Esta relevante labor incluyó el desarrollo de encuentros de matrimonios, atención de confesiones, charlas personalizadas en los hogares y un campamento religioso con niños. 
Asimismo, los capellanes y capellanes auxiliares del ejército participan en nuestro adiestramiento operacional sumándose a las salidas al terreno y maniobras, oportunidades en que llevan su mensaje de aliento tan necesario para los soldados después de marchas y entrenamientos. 
Su servicios nutren además a las campañas de apoyo a la comunidad que efectúa la institución. fue meritoria la actuación de nuestros sacerdotes en ocasión del desastre natural provocado por la erupción del volcán puyehue en la provincia de neuquén donde, pese a todas las dificultades celebraron misa entre las cenizas y llevaron consuelo a la castigada población de villa la angostura y zonas aledañas. 
Del mismo modo que el resto del personal, los capellanes castrenses integran contingentes de misiones de paz, y así amplían su apostolado a países en conflicto como haití y chipre. alli atienden no sólo a aquellos que son católicos, sino también a todo aquel que necesite una ayuda espiritual. 
Debemos destacar a su vez la tarea realizada por la capellanía mayor del ejército, que en sus constantes recorridas por los cuarteles y dependencias de la fuerza ha sabido llevar un mensaje esperanzador. 
Al conmemorar el día de tan apreciado servicio, invoco a dios nuestro señor y a su santo patrono, juan de capistrano, para que mantengan incólumes sus votos sacerdotales tan necesarios para el bienestar de quienes constituimos el ejército argentino.
DATOS HISTÓRICOS 
La atención sacerdotal de los militares en el territorio nacional, provista por la Santa Sede, encuentra sus lejanos orígenes en el Patriarca de las Indias Occidentales en cuanto capellán mayor o vicario de los ejércitos del Reino de España, hasta el período de la independencia en 1810. Desde allí, por medio de la Vicaría General de Ejército, la Iglesia veló ininterrumpidamente por estos fieles, hasta la creación por la Santa Sede del Vicariato Castrense, establecido por el Acuerdo entre la Nación Argentina y la Santa Sede "Sobre jurisdicción castrense y asistencia religiosa a las fuerzas armadas" el 28 de junio de 1957, ratificado por el gobierno nacional el 5 de julio de 1957, y erigido oficialmente por el Sumo Pontífice el 8 de julio de ese mismo año. 

El 21 de abril de 1992 se actualizó y modificó el citado Acuerdo de 1957 a la luz de los principios establecidos por el Concilio Vaticano II; en consonancia con el Acuerdo del 10 de octubre de 1966, sobre la situación jurídica de la Iglesia Católica en la Argentina; de acuerdo con el nuevo Código de Derecho Canónico promulgado el 25 de enero de 1983; y en conformidad con la Constitución Apostólica "Spirituali Militum Curae" promulgada el 21 de abril de 1986, que creó y reglamentó los Ordinariatos Castrenses y los equiparó a los Obispados. 
El Ordinariato Castrense de la Argentina, que por autorización de la Santa Sede se denomina Obispado Castrense de la Argentina, tiene como misión la evangelización en el ámbito de su jurisdicción, mediante la específica y cualificada atención docente, sacramental y pastoral de los fieles que le han sido confiados. 

Estos fieles son, además del clero propio y el agregado, todos los fieles militares y civiles que pertenecen al Ejército, a la Armada, a la Fuerza Aérea, a la Gendarmería Nacional y a la Prefectura Naval Argentina, y el personal de los Ministerios de los que dependen. Además, todos los miembros de sus familias, es decir, esposos e hijos, incluidos aquellos que, emancipados, vivan en la misma casa; así como los empleados domésticos que vivan en ese hogar. También están comprendidos dentro del área pastoral del Obispado Castrense los laicos o religiosos que prestan servicios en forma estable en institutos de formación y centros hospitalarios militares y los militares extranjeros presentes en el territorio nacional, durante el tiempo en el que prestan servicio. 
LA CRUZ DE MATARÁ
La Cruz de Matará es un fiel testimonio de la Evangelización de nuestra tierra americana, y una clara muestra de la creatividad y el esfuerzo de aquellos heroicos misioneros, por inculturar el Evangelio en las culturas nativas de este continente.

Debe su nombre a los Matarás, una tribus de naturales que habitaba una zona ubicada al sudeste de Santiago del Estero (Argentina), por entonces capital del Tucumán. 
Se estima que la cruz fue tallada alrededor del año 1594 (año que parece deducirse de los símbolos grabados en la misma ) por los jesuitas que evangelizaron a los matarás, para transmitirles la Buena Noticia de manera gráfica, dado que ellos eran analfabetos, o por alguno de los naturales.

En el año 1961 se crea la diócesis de Añatuya, a la cual pertenece hoy el territorio que habitaron los Matará, y su primer Obispo monseñor Jorge Gottau, entró en conversaciones con la mencionada familia para volver al culto de la añeja reliquia. 
La Cruz estuvo entronizada en la Catedral de Añatuya, en espera de que se construyese un templo en Matará para albergar la cruz, y hubiese allí sacerdotes permanentes, para reintegrarla a su lugar de origen. Finalmente, la iniciativa se cumplió y el mismo prelado fue el encargado de trasladar el tesoro a su ancestral terruño. Una réplica de la Cruz de halla en la Catedral de Santiago del Estero
Obispos castrenses 
El primer Vicario Castrense fue el arzobispo de Córdoba y Administrador Apostólico "sede plena" de la arquidiócesis de Buenos Aires, monseñor Fermín Emilio Lafitte, nombrado por Pío XII el 8 de julio de 1957. Siendo ya arzobispo de Buenos Aires por sucesión del cardenal Santiago Luis Copello, el 8 de agosto de 1959 falleció repentinamente mientras se disponía a celebrar la Santa Misa en la Escuela Naval Militar de la base naval de Río Santiago. 

El segundo fue el cardenal Antonio Caggiano, arzobispo de Buenos Aires, designado por Juan XXIII el 14 de diciembre de 1960. Renunció como arzobispo de Buenos Aires y Vicario Castrense el 22 de abril de 1975. 

Tercer Vicario Castrense fue el arzobispo de Paraná, monseñor Adolfo Servando Tortólo, designado por Pablo VI el 8 de julio de 1975. Renunció por razones de salud el 30 de marzo de 1982. 

El 27 de enero de 1960 Juan XXIII designó obispo titular de Bita y auxiliar del Vicariato Castrense a monseñor Victorio Manuel Bonamín SDB, quien durante los años de enfermedad de monseñor Tortólo estuvo al frente del Vicariato Castrense en calidad de Pro-Vicario Castrense. Renunció el 30 de marzo de 1982. 

El cuarto Vicario Castrense fue el obispo de Jujuy, monseñor José Miguel Medina, designado por Juan Pablo II el 30 de marzo de 1982. Con la Constitución Apostólica "Spirituali Militum Curae" el Vicariato Castrense pasó a ser Ordinariato, equiparado a los obispados, con lo cual monseñor Medina se convirtió, el 30 de marzo de 1982, en el primer Obispo Castrense de la Argentina. Falleció el 7 de marzo de 1990. 

El segundo Obispo Castrense fue monseñor Norberto Eugenio Martina OFM, designado por Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1990. Falleció el 28 de agosto de 2001. 

Durante los 15 meses (agosto de 2001 a diciembre de 2002) que permaneció vacante la sede episcopal castrense, fue regida pastoralmente por el cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires y Primado de la Argentina, en carácter de Administrador Apostólico designado por Juan Pablo II. 

El tercer obispo castrense fue monseñor Antonio Juan Baseotto C.SS.R., a quien el Papa Juan Pablo II, el 8 de noviembre de 2002, lo trasladó de la diócesis de Añatuya. Tomó posesión el 18 de diciembre de 2002. Renunció por edad el 15 de mayo de 2007. 

Desde esa fecha, debido a impedimentos que opone el gobierno nacional, el obispado castrense permanece vacante. Hasta que el Papa designe nuevo obispo, está al frente del obispado castrense en carácter de administrador diocesano el reverendo monseñor Pedro Candia.+
SAN JUAN DE CAPISTRANO PATRONO DE LOS CAPELLANES - FIESTA 23 DE OCTUBRE 
Etimológicamente significa “Dios es misericordia”. Viene de la lengua hebrea.
Nació en Capistrano, diócesis de Sulmona, Italia, en 1385. 
Hijo de un caballero francés o alemán que murió cuando Juan era joven.
Estudió con esmero en la Universidad de Perugia (Cerca de Asís).
Fue abogado y juez. En 1412 fue nombrado gobernador de Perugia por Landislaus rey de Nápoles, quien tenía control de esa ciudad. Luchó contra la corrupción y el soborno.
Cuando estalló la guerra entre Perugia y Malatesta en 1416, Juan trató de conseguir la paz, pero en vez lo tomaron prisionero de guerra. En la cárcel decidió entregarse del todo a Dios. Tuvo un sueño en el que vió a San Francisco que le llamaba a entrar en la orden franciscana. Juan se había casado justo antes de caer preso, pero el matrimonio nunca se consumió y fue anulado.
Entró en la orden franciscana en Perugia el 4 Octubre de 1416. Tenía 30 años por lo que el maestro de novicios lo puso a prueba dándole los mas humildes oficios.
Fue discípulo de san Bernardino de Siena quien le enseñó teología. Se distinguió como predicador aun siendo diácono. Ordenado a los 33 años. Por 40 años fue predicador itinerante por Italia y otros países. Una vez en Brescia (Italia) predicó a una multitud de 126,000 personas que habían venido de las provincias vecinas. Por su radical llamada a la conversión y su sencillez, la gente lo relacionaba con San Juan Bautista. Traían las cosas de superstición y ocultismo y las quemaban en hogueras públicas. Tenía gran fama por su don de curación y le traían a los enfermos para que les haga la señal de la cruz. Como San Bernardino, propagó la devoción al nombre de Jesús, por lo ambos, junto con otros franciscanos, fueron acusados de herejes. El defendió al grupo con éxito.
Muchos jóvenes le seguían a la vida religiosa. Estableció comunidades franciscanas. Escribió extensivamente, sobre todo contra las herejías de su época. Muchos de sus sermones se conservan.
Dormía y comía poco. Hacía mucha penitencia.
Dos veces la comunidad franciscana lo eligió como vicario general. En visita en Francia conoció a Sta. Colette, reformadora de la orden de las clarisas, con la que simpatizaba.
Juan tenía gran don para la diplomacia. Era sabio y prudente, sabiendo medir sus palabras para que estas sirvan la voluntad de Dios. Cuatro Pontífices (Martín V, Eugenio IV, Nicolás V y Calixto III) lo emplearon como embajador en muchas y muy delicadas misiones diplomáticas con muy buenos resultados. Tres veces le ofrecieron nombrarlo obispo de importantes ciudades pero prefirió seguir siendo un pobre predicador.
Fue nuncio apostólico en Austria donde predicó extensivamente y combatió la herejía de los husitas. También predicó con gran fruto en Polonia, invitado por Casimiro IV.
SAN JUAN DE CAPISTRANO
Los cruzados defienden Europa
En 1451 el Sultan Mahoma II se lanzó una campaña con el fin de lograr la conquista de Europa. Conquistó a Constantinopla en 1453 y entonces se preparó para invadir a Hungría. En 1454 Servia cayó en sus manos. Las noticias procedentes Servia eran horribles: quienes se resistían a renunciar a Cristo eran torturados. Todo lo que fuese cristiano era destruido o confiscado.
En 1454 Juan Capistrano participó en la dieta de Frankfort y se dispuso a preparar la defensa de Hungría. Fue a Hungría y predicó una cruzada en defensa de la cristiandad. A la edad de 70 años el Papa Calixto II lo comisionó para dirigirla. En Szeged unió el ejercito de campesinos que había reunido con el ejército de Hunyady y ambos se dirigieron a Belgrado. Se decía que los cuarteles parecían casas de religiosos mas que campamentos militares porque en ellos se rezaba y se predicaba la virtud. Se celebraba misa diaria. A Juan Capistrano le tenían un gran respeto.
El asedio de la ciudad; en el centro Mehmet II con turbante blanco
Batalla de Belgrado, 1456, salva a Europa de los musulmanes
Los musulmanes atacaban a Belgrado Contaban con 200 cañones, 50,000 de caballería y una gran flota que penetró por el río Danubio. Ante la superioridad de las fuerzas enemigas, los cristianos pensaban retirarse. Pero intervino Juan de Capistrano convenciendo a Hunyady a que atacara la flota turca a pesar de ser mucho más numerosa. En el momento en que los defensores de la ciudad se iban a retirar dándose por vencidos, Juan los animó llevando en sus manos una bandera con la cruz y gritando sin cesar: "Jesús, Jesús, Jesús". Recorrió todos los batallones gritando entusiasmado: "Creyentes valientes, todos a defender nuestra santa religión". Juan nunca utilizó las armas de este mundo sino la oración, la penitencia y la predicación.
El héroe húngaro de Belgrado, Titus Dugović, en una pintura húngara del siglo XIX
Mientras se luchaba en Belgrado, el Papa pidió rezar el Angelus por la victoria. Los musulmanes fueron vencidos y tuvieron que retirarse de la región. Así se ganó la batalla de Belgrado el 21-22 de julio de 1456.
San Juan de Capistrano había ofrecido a Dios su vida por salvar la cristiandad. Dios le aceptó su oferta y pronto murió junto con Hunyady víctimas del tifo. Los cadáveres de los muertos en batalla causaron una epidemia de tifo que también contagió al santo que ya estaba débil y anciano. Murió en Villach, Hungría, unos meses mas tarde, el 23 de octubre.
La batalla de Nándorfehérvár. Pintura húngara del siglo XIX. En el centro se puede distinguir a Giovanni da Capistrano, con la cruz en la mano
En Estados Unidos su nombre es famoso por la misión franciscana en California que lleva su nombre.
Fuente: Catholic.net

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